Sexualidad y Espiritualidad (sexpiritualidad)

SexpiritualidadQueridos lectores: me comunican que el tema de la revista que tiene ya en sus manos es la espiritualidad. Y yo, encantada, porque no hay nada que me interese tanto en la vida, como la parcela interior del ser humano, descanso aliviada, porque algunos meses no sé cómo hincarle el diente a esta sección tan cotidiana como complicada. Creo que ya se ha escrito y dicho todo lo que podía hablarse de sexualidad y que lo que hago para ustedes no es más que marear la perdiz con el mismo tema de lo bien que nos ha hecho Dios a hombres y mujeres, con este cuerpo que nos ha dado para la comunicación, el encuentro, el placer y el amor.

 De todas formas, no estaría de más que, a la vez que les pido disculpas por ser repetitiva y monótona, les estaría eternamente agradecida si a alguien se le ocurre plantearme alguna duda, propuesta o sugerencia, siempre que no sea demasiado complicada para mi preparación en el tema, que ya habrán comprobado ustedes no es muy letrada.

 Bueno, pues les decía que me apasiona el tema de la espiritualidad, porque estoy convencida de que estamos dotados con una parcela interior, un espacio secreto, profundo e íntimo, como una especie de tesoro oculto, al que hay que saber “darle vidilla” y con el que hay que saber convivir.

 Si les digo que todos tenemos un cuerpo, que necesita su ración de alimento, ejercicio, higiene, embellecimiento, descanso, cuidado y atenciones, nadie me llevaría la contraría. Si les cuento que también tenemos todos una mente pensante, positiva para unos, pichi-pichí, para otros, y negativa para los más cenizos, a la que se le nutre de formación e información, seguramente también estarán de acuerdo conmigo. Si, además les comunico que tenemos una parcela social, que nos hace vivir en relación y a la que se le va ayudando a crecer, poquito a poco, a base de encuentros, relaciones, afectos y conflictos, para desarrollar unas habilidades que nos faciliten la vida con los demás, también, no les costará nada creérselo. Pero si les explico que todos poseemos una parcela espiritual en nuestros adentros, que es algo que puede desarrollarse o no, estarán de acuerdo conmigo, aunque, desgraciadamente, hay personas que viven solo desde su parcela externa y nunca han tomado contacto con su mundo interior, ni se han parado a pensar, reflexionar o encontrarse a solas consigo mismas. Dicen que esa es la gran enfermedad de este siglo, que mucha gente es incapaz de estar en solitario, sin tener que recurrir a la televisión, al walkman, al móvil, a un libro, a un ruido o a una persona…

 Y es en esa parcela interior donde se fragua lo mejor de la persona, donde se cuecen, a fuego lento, los sueños, los ideales, los proyectos, los grandes amores… Es también donde crece lo más íntimo y profundo de la exquisitez humana, desde donde se dinamiza la sensibilidad, la afectividad, la estética, el arte, la mística, la poesía, etc. Sólo quien cuida esta parcela personal llegará a ser en plenitud. Porque hace falta dejar tiempo para saborear lo que uno va viviendo y para cuestionarse si es eso lo que realmente quiere hacer con su vida. Es desde donde nacen los grandes ideales y se va fraguando el propio proyecto personal y se le va dando forma y coherencia, a lo largo de toda la vida.

 Pensarán ustedes en qué tendrá que ver esta parcela espiritual con nuestro tema de la sexualidad… pues les voy a decir, sin lugar a dudas, que tiene muchísimo que ver. Porque una persona plena desarrollará armónicamente las cuatro parcelas del ser, que les he explicado anteriormente. Y, cuando la comunicación afectivo sexual se vive desde las cuatro, es decir, desde la totalidad del ser, llega a ser algo completo, mágico, maravilloso, profundo y hasta místico.

Todavía hay demasiada gente que vive la sexualidad desde la parcela puramente física, y entonces se produce, simplemente un encuentro de dos cuerpos que se divierten y sienten cosas juntos, sin más. Pero el amor es uno de los grandes placeres de la vida, en el que interviene la persona en su totalidad, con los cinco sentidos. Se comienza con la vista, que es determinante, influye el olfato que desempeña un papel muy sugestivo, al que unas personas son más sensibles que otras. El tacto, que distingue lo suave, áspero, frío, caliente, húmedo… El oído es también muy importante pues la palabra, los susurros, la música favorecen el encuentro amoroso y el gusto que hace que lo más sabroso sean los previos en los que uno y otro se van estimulando y saboreando el placer del contacto de dos cuerpos que palpitan al unísono.

Y, puestos a vivir la sexualidad con los cinco sentidos, también podríamos añadirle otros dos, para hacerla más completa, que son el sentido común y el sentido del humor, ambos tan importantes como los anteriores, ya que hay saber controlar el propio deseo sexual y además añadirle una buena dosis de risas, carcajadas y detalles de humor que, en definitiva, es una cualidad del amor.

Pero, aunque es muy importante el placer del juego sexual y de la danza amorosa, el vínculo emocional que se va creando entre los dos es superior a todo lo demás. Es una especie de profunda comunión íntima, que brota de la comunicación intensa de dos vidas y de la complicidad emocional de ambos, que va aumentando con los años. Porque la edad dorada del sexo es la madurez, cuando uno va adquiriendo mayor sabiduría. Los datos de un estudio realizado en la Universidad de Gotemburgo (Suecia) confirman que los mayores de 70 años mantienen más relaciones sexuales satisfactorias que hace 30 años. Porque se va aprendiendo a relacionarse fuera y dentro de la cama, de otra manera mejor. Conforme va mejorando la comunicación en la pareja, se va hablando con más seguridad y naturalidad de los propios deseos y apetencias. Es bonito que hoy en día, las personas de más edad, hablan y tratan su sexualidad con mucha más libertad, belleza, curiosidad, y la reivindican.

No hay que olvidar que el miedo al envejecimiento y al deterioro corporal limitan, muchas veces, las relaciones íntimas entre mayores. Para eso es importante tener una mente abierta para ser conscientes de que, con el tiempo, nuestros cuerpos, formas de sentir, ritmos y apetencias van a evolucionar y debemos adaptarnos a esos cambios. Pero la capacidad de amar, de sentir y de disfrutar no desaparece nunca, sólo cambia a lo largo de la vida y se va aprendiendo a gozar de otra manera menos rápida, más intensa, incluso más espiritual. Buzon

 Muchas parejas tienen grabada la idea de que la penetración es la única forma de disfrutar de la relación y se pierden cantidad de momentos tiernos, de encuentros, de juegos y de placeres. Hay personas que dan por terminada su actividad sexual, a una edad determinada, renunciando así a una de las facetas de su vida que les puede proporcionar muchas alegrías y mucho amor. Porque el sexo tiene muchas cosas positivas en todas las edades. El cultivo del aspecto relacional, la intimidad y la comunicación son importantes en todo momento, se tenga la edad que sea. Y, además, el placer y la diversión rejuvenecen y aportan ganas de vivir. Por eso podemos estar siempre aprendiendo, experimentando, inventando la relación, como se experimentan siempre nuevas recetas de cocina para romper la monotonía alimenticia. Porque en la vida, el que no evoluciona, no avanza, sino que se queda estacionado y fosilizado en lo de siempre. Y es que envejecer es obligatorio, pero crecer es opcional, así que elijamos ir creciendo en todas nuestras dimensiones personales, a lo largo de toda nuestra vida, ya que vivir es un arte y cada uno nos traemos entre manos nuestra propia vida, que es nuestra gran obra de arte.

Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR

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