Carta al programa “Escenas de matrimonios"

Indices de audienciaCarta al programa “Escenas de matrimonios”: Aunque todos conocemos parejas que se llevan mal, y sufrimos por ello, que el suyo sea el programa televisivo premiado por ser el de mayor audiencia de nuestro país, sobre tres parejas, de diferentes edades, que se hacen la vida imposible, es algo que me preocupa y me produce una pena infinita. Comentan los expertos que su éxito tiene que ver con que los espectadores nos identificamos con ellos y eso nos produce cierto grado de satisfacción, o consuelo, al ver que la incomunicación y la lucha entre hombres y mujeres es algo normal, que sufre todo el mundo. Lo cual me parece aún más espantoso.

 Yo siento pudor, como mujer, al ver a unas féminas que descalifican continuamente a su pareja, que insultan, ridiculizan y chantajean a su persona “querida”. Siento vergüenza ajena cuando veo que en su sexualidad no hay el más mínimo atisbo de afectividad, que la ternura se utiliza únicamente como moneda de cambio para comprar algo del otro y que, además, descalifican sus cuerpos mutuamente, en aras de una perfección no lograda y de una no aceptación de la propia anatomía.

 Me molesta tremendamente ver cómo se aprovechan los defectos físicos del otro para echárselos en cara, para ridiculizarle constantemente y para hacer concursos de ver quién es más cruel y más hortera. Me da rabia que sigan manteniendo prototipos caducos de mujeres de rulos y bata, dispuestas siempre a negarse al juego amoroso, y de hombres presuntuosos, burdos y prepotentes, que esconden su impotencia sexual hablando siempre de genitalidad o de intercambio físico a secas.

 Y me duele que pongan esa risa de fondo en algunos momentos sangrantes en los que dan ganas de llorar ante la crueldad, desilusión y falta de amor de esas parejas, en vez de reír a carcajadas. Me sorprende bastante que sigan produciendo capítulos de estos esperpénticos amores y que se vean en familia, pues me preocupa lo que estamos enseñando a generaciones futuras, sobre la vida en común, el amor, el deseo y el encuentro sexual.

 Quiero soltar mi queja a los cuatro vientos para que frenen estos exitosos programas, porque creo que están haciendo daño a los que se ven reflejados en ese tremendo desamor, envuelto en humor; porque, en estos tiempos en que vivimos para “tener” y el sacrificio está devaluado, es peligroso vender la pareja como la guerra entre hombres y mujeres y olvidar que el amor se nutre de años de roce y convivencia, que nos casamos para siempre, con idea de ayudarnos a vivir la enfermedad y la salud, la prosperidad y la dificultad, las alegrías y las penas durante todos los días de la vida.

 Me dan ganas de manifestarme en la Castellana, con una pancarta enorme en la que pidiera socorro ante el sufrimiento de la familia, por el desgarro que produce este hábito de ruindad malévola entre hombre y mujer, por el contagio que se puede hacer de falta de respeto al otro, por hacer un canto a la expresión de sentimientos negativos, quejas, rutinas y aburrimientos; por esconder el amor, la paciencia, la ternura, la empatía, la complicidad, la ilusión, el placer, la cercanía… y así podría hacer una lista infinita de emociones, sentimientos y actitudes que, al no expresarlas, parece que se niega su existencia. Parece que tengo claro de qué me quiero quejar, pero no sé redactar mi pancarta porque quiero decir muchas cosas en poco espacio y ese no es mi fuerte, pero os propongo que, si estáis de acuerdo conmigo, juguéis en familia o con vuestro grupo de amigos a inventar esa pancarta que no se quejaría de cómo vive cada uno su sexualidad, ni de ninguna persecución religiosa, sino de la falta de valores en nuestra televisión, esa que preside nuestro salón, como si de un sagrario se tratara, y no es nada fácil apagar…

 Bueno, que mi sección no tiene que ver con la crítica televisiva y parece que me he escapado un poco de las cosas del querer, que son mi tema, pero ya habrán visto que me he sentido herida en aquello que yo defiendo, en lo que pretendo vender, en lo que estoy convencida y me gustaría transmitir a generaciones siguientes y a las parejas que lo viven malamente… que no son pocas, por cierto, pues últimamente, cuando hablamos con gente de estos temas del amor, de la vivencia de la sexualidad, de la ternura y del aburrimiento, nos encontramos con muchas parejas que creen haberlo vivido ya todo y están como de vuelta, sin ilusión por el otro, sin poner pasión en su vida común, sin ser capaces de dejarse sorprender por el compañero o de inventar algo para poner novedad y chispa en su historia cotidiana.Buzon

 Quiero recordar esa frase que tanto me gusta de que AMAR ES UNA DECISIÓN y, como vivimos juntos para vivir mejor, pues hay que decidir mantener vivo ese amor. Es de tontos conformarse con una vida sosa, anodina, sin chispa. Es de inteligentes emocionales “dar vidilla a la pareja”, como en el noviazgo, que no es lo que ocurre lo que nos tiene entusiasmados, sino nuestra propia actitud mental que nos hace pensar constantemente en el otro, buscar lo mejor que tiene y potenciarlo, dejarnos seducir por su persona, su mirada, su olor, su sabor, su calor… Demasiados matrimonios creen que el amor caduca, pierde propiedades, o se seca como las plantas… y, es verdad, si no se le riega, no se echa leña al fuego, esperando que sea el otro el que lo mantenga vivo, si no se renueva con la ilusión interior y con la decisión de querer al otro hasta el hondón, el matrimonio se convierte en algo gris, mortecino, que huele a naftalina y a aburrimiento eterno.

 Yo, por si acaso, quiero exprimir cada día que vivo con mi pareja, sentir su amor, disfrutar la caricia, gozar su ternura, reírme de las torpezas y morirme de placer y de pasión. Y de paso le pido al Señor que nos siga bendiciendo para que las rarezas y la enfermedad no rompan nuestro romance. También le pido por ti, lector, y por todas las parejas del mundo, que ese Dios que nos creó para la plenitud, nos haga maestros en las cosas del querer.

Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR

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