Amores públicos y amores privados

Querida pandilla: Os veía esta tarde en grupo, achuchándoos unos a otros, riéndoos y comentando la vida. Se os veía contentos y vuestros cuerpos reflejaban la edad pletórica en que estáis, vuestras hormonas alteradas os hacen atraeros los unos a los otros y jugar el juego de la seducción y del coqueteo constantemente. Es así de maravillosa la naturaleza y vuestros cuerpos y personalidades están preparándose para vivir en pareja y para continuar la especie.
Me moría de risa cuando contabais que os habíais presentado desnudos a una tienda de la que habéis salido vestidos, junto a otros 500 jóvenes, aunque el premio de entrar desnudos y salir cubiertos con la ropa de su marca comercial sólo admitía a 200 personas. ¡Genial! Me parece una forma divertidísima de hacer publicidad y me parece que vuestra naturalidad para mostrar vuestros cuerpos es muy sana, pero… tengo alguna duda por ahí detrás que me ronda y os la comparto. Me gusta veros tan divertidos y cariñosos, pero me llama mucho la atención el poco pudor que tenéis para vuestras manifestaciones afectivo-sexuales. Dos de vosotros, ajenos a la conversación del grupo, os comíais a besos, os acariciabais por todos los rincones y los demás parecían prescindir de vosotros y de vuestros juegos. Yo pensaba si ese momento tan fuerte de afecto, sexualidad y comunicación, no requeriría un poco más de intimidad… Porque cuando uno está en grupo lo mejor que puede hacer es saber estar con todos, incluir a todos y, si está emparejado, con una mano estar abrazando o expresando tu vínculo afectivo con esa persona y con la otra estar abierto a los demás, no encerrados en vuestra comunicación de a dos sino atentos al grupo y a su marcha, para no hacer de menos ni a uno ni a los otros y para no molestar a nadie. Alguien puede sentirse incómodo por vuestro maratón de efusividad y a mí me extraña, que a vosotros no os resulte molesta la presencia del resto de la pandilla. El amor es precioso y siempre da gusto verlo, a no ser que uno tenga un problema de rechazo o esté viviendo un momento de dolor o de desencanto y esto le haga sufrir. Estamos hechos para el encuentro, para la relación, para emparejarnos y vivir un amor especial con alguien en exclusividad, y a todos nos sienta bien, e incluso nos genera alegría interior, ver a los otros quererse, del mismo modo que ver sufrir nos produce dolor. Pero en nuestra sociedad suele ocurrir, que es tan frecuente ver a parejas jóvenes “enganchadas” en manifestaciones afectivas eternas, como ver a las parejas maduras “desenganchadas”, alejadas, como disimulando el amor y la atracción que existe entre ambos. Y tanto una cosa como la otra no son del todo sanas. Un importante estudio sobre el amor dice, que está compuesto de solicitud, afecto e intimidad. Os lo explico, para que no os suene teórica la idea. Solicitud es atención al otro y a sus necesidades y deseos, ocuparse y preocuparse de lo que necesita. El afecto es desear estar con el otro, querer permanecer junto a él, en cercanía. Y por último intimidad es, no sólo estar junto al otro sino escucharle y prestarle toda tu atención. Porque el encuentro sexual tiene su dosis de misterio, es la danza del amor que podría compararse a una escalera que se va subiendo poco a poco en la que al término de la misma existe una puerta, que sería el coito. Todos sabemos cómo es este final, pero también conocemos el primer peldaño de una relación, ese rozarse mano con mano que le pone a uno los pelos de punta y le da un escalofrío que le recorre desde el dedo del pie al último cabello de la cabeza, y que es ahí donde comienza la atracción de los dos. Entre el primer escalón y el último hay muchos peldaños de ternura, comunicación, caricias, recovecos, confidencias, recorrerse, sentirse, gustarse el uno al otro… Y como la naturaleza está tan bien inventada, todo ese juego amoroso es el que va dilatando a uno y a otro para llegar a ese orgasmo pleno que sería el final de la escalera. Del número de peldaños que tenga cada relación amorosa, del tiempo y el interés que nos dediquemos, del cuidado del otro, del saber pedir lo que uno necesita, de ser exquisito y variado en los detalles, de la no precipitación, depende nuestro éxito final. Hay relaciones tan rápidas, tan urgentes, que se fuerza esa puerta de entrada, saltándose peldaños y esa relación es dolorosa, ya que no se ha preparado con la ternura y el juego anterior. También comenzar nuestra relación por los últimos peldaños, sin haber cuidado ternuras preliminares, dificulta la “armónica entrada de los dos por la puerta grande”. Y para toda esta danza del amor se necesita intimidad, privacidad y atención total del uno al otro. Por eso no entiendo las relaciones afectivo-sexuales masivas, ni las exageraciones en manifestaciones, gestos y posturas que requerirían vivirse en un clima romántico de intimidad, de exclusividad y de entrega total. Claro que el modelo de sexualidad que se nos ofrece en los medios de comunicación es así; simplemente genital. Te veo, me gustas, me apeteces e intento tener una relación sexual contigo… sin más… como si buscaras compañero de patinaje o de partido de tenis… Luego te dejo y no ha pasado nada entre nosotros. Pero es que hacer el amor no es algo que se haga sólo con el cuerpo. En ello entra nuestra mente, todo aquello que pensamos, los valores que tenemos, nuestra capacidad de encuentro, relación y la intimidad compartida. También entran en juego nuestros valores y nuestros sueños. Si trato a la otra persona en plan de “usar y tirar”, habré llegado hasta el último rincón de su cuerpo sin dejar nada de mí en ello. Y me marcharé a buscar la siguiente relación sexual, ya que en ella no he puesto nada más que mi biología… el resto de mi persona me la he dejado en casa. No se ha implicado en esta aventura amorosa… o quizás más bien sólo gimnástica. Pero la sexualidad no se desarrolla plenamente si no se vive de manera integral, es decir, implicando a todas las partes de la persona, abarcando su dimensión corporal, mental, social y espiritual. Y el otro tipo de relaciones solo físicas nos dejará insatisfechos, solos y vacíos. En cambio, el encuentro total, el hacer el amor nos deja con sensación de complicidad, de desear volver a fundirse el uno en el otro en cuerpo y alma. Muchas personas contabilizan sus encuentros sexuales por la cantidad, en vez de tener en cuenta la calidad. Se habla mucho, mejor dicho se presume mucho, de actividad y habilidad sexual, como se comentan los viajes o las comilonas…Y con el amor ocurre como con la comida, que cuando uno se levanta satisfecho de la mesa no está pensando en volver a comer de nuevo. Cuando se vive un encuentro profundo, se goza del placer de la fusión de los dos, se siente uno íntimamente unido al otro con sensación de complicidad, amor, ternura y plenitud. Además es con la única persona con la que vives esa parcela completa de tu vida, a la que le entregas del todo, en alma y cuerpo, y al otro le ocurre lo mismo. Es como pisar un terreno sagrado, mágico, precioso… aunque algunos lo quieran envolver en vulgaridad, obscenidad y superficialidad. No sé si mi carta de hoy es demasiado larga. Mi idea era sólo invitaros a vivir el amor, a no gastaros en encuentros superficiales y gimnásticos porque os arrastra la moda o la pandilla. ¡Hay tanto dolor en una sexualidad mal vivida, por no haberse iniciado adecuadamente en el amor…! Sed los dueños y protagonistas de vuestra propia historia y vivid siempre lo mejor, lo que os deja bien y os hace sentiros personas en plenitud. ¡Vaya rollo que os metido! Y todavía se me quedan cosas pendientes. Un abrazo CINCO COSAS PARA DESAPRENDER: 1.- Los encuentros sexuales se miden por su cantidad no por su calidad. 2.- La persona que más farda de su vida sexual es la más activa y divertida en el sexo. 3.- La naturalidad en la afectividad y sexualidad es vivirla en cualquier lugar y situación. 4.- Los jóvenes se quieren más porque se tocan más. 5.- Cuando uno es mayor pierde el interés sexual. CINCO COSAS PARA TENER EN CUENTA: 1.- La persona está formada por su cuerpo, su mente, sus relaciones y su espiritualidad. 2.- La sexualidad es una dimensión importantísima de todo ser humano. 3.- Hay que tener buena relación con el propio cuerpo y aprender, cada día más, a gozar y hacer disfrutar más del encuentro sexual. 4.- El amor está compuesto por solicitud, intimidad y afecto. 5.- No se nos ha educado para la intimidad, para hablar desde los adentros. Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR

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