EL DIFÍCIL ARTE DE HACER FAMILIA

Querida sobrina: Acabas de comunicarnos tu próxima boda y nos has puesto a todos tan contentos y sorprendidos, pues vuestro noviazgo ha sido de lo más fugaz. Parece que siempre alegra la noticia de un enlace, aunque he de decirte que tras felicitarte con pasión, te propondría que os pararais a tener en cuenta unas pocas cosillas que, además del amor y la atracción, son importantes para formar una familia.

No quiero hacer de tía temerosa, ni marisabidilla, pero, como te quiero tanto y, además eres mi ahijada, me voy a tomar la libertad de hacerte unas poquitas recomendaciones. Os conocisteis en un viaje de ensueño, en su tierra, donde el lujo, el despilfarro y la aventura eran los reyes de la fiesta. Mohamed, que me parece adorable, era el guía y te conquistó con la primera mirada. Después estuvo todos los días acompañándoos y llenándoos de detalles, obsequios y sorpresas, de forma que no solo tú, sino todas tus amigas, os rifabais a ver quién era la que se llevaba al chico “buenorro” al huerto… Pasasteis juntos unos días de lujo y fantasía y a esos les siguieron unas cartas apasionadas, otra visita de él a tu terreno y tu comportamiento de perfecta azafata, guía, anfitriona y, final… “amiga especial”.

Ahora estáis programando a toda prisa esa boda alucinante que, nos contabas, va a ser una auténtica obra de arte, creada por los dos y que nos sorprendería y encantaría a todos. Estás radiante, guapísima, agobiada y llena de sueños. Me gusta verte así, entre otras cosas porque había esperado mucho este momento, ya que el calendario corre y los años de fertilidad pasan muy deprisa, cuando se está sumergido en la realización personal y en vivir para viajar. Quiera Dios que lleguéis a tiempo para ser padres, que será lo que coronará vuestro amor y que inventéis una familia estupenda, de la que salga gente feliz, sabia y generosa.

Quiero recordarte que no es nada fácil el acople de dos vidas que vienen de situaciones diferentes. Porque en todas las parejas hay que pasar una etapa de acoplamiento larga y costosa. No hay dos casas en las que se viva igual y cada uno viene a la pareja con la mochila llena de aprendizajes, costumbres y hábitos, que habría que compartir y pactar la forma nueva en que se va a vivir juntos. Siempre es difícil inventar un hogar nuevo, al que cada uno aporta lo que aprendió en su casa. Porque, de niño, uno aprende en la familia qué es el amor, la casa, la enfermedad, los amigos, el dinero, el uso de las habitaciones y los muebles, el tener invitados o el temer a los que llegan de fuera, el uso del baño, el descanso, la fiesta, la comida, la enfermedad, la relación con el otro sexo, la valoración del hombre y de la mujer, el reciclaje, la decoración, la forma de ordenar o desordenar los espacios, los ritmos de vida, los bebés, los hijos, el ocio, las ilusiones, el ritmo vital… y así podría decirte las mil cosas que se quedan tatuadas en la mente de los niños y que son los aprendizajes vitales con los que saldrá al mundo.

Harán falta miles de conversaciones para pactar acuerdos, intentando no molestar al otro y creando una relación y un hogar que os sea agradable para los dos. Ahí está la auténtica dificultad de todas las parejas y ese es el verdadero arte, el de construir una forma de vivir nueva, diferente y única, sumando lo que cada uno siente, sueña, desea y necesita, quedando los dos igualmente satisfechos, sin que nadie tenga que hacer un holocausto de renuncia radical por el otro. Hace falta ser muy artista para adquirir nuevas formas, decoración, hábitos y modos de vivir que os deje a los dos satisfechos.

Por eso, no puedo por menos que recordarte algunas dificultades que pueden surgir en vuestra relación. Venís de dos culturas completamente diferentes. No es lo mismo ser mujer y hombre, en su país y en el tuyo, no es lo mismo creer en un Dios que prohíbe, que creer en uno que ama y libera, no es lo mismo tener un concepto del hogar como espacio de encuentro, acogida y comunicación, como el de tener un museo intercultural en el que cada uno lucha por potenciar su estilo y preferencias.

No quiero hacerte daño, sobrinilla, que te quiero mucho, pero necesito recordarte que vivir es un arte y vuestra obra de arte es vuestra vida, esa que tenéis cada uno y a la que estáis llamados a ser en plenitud los dos. Mirad si juntos os hacéis crecer, os frenáis, os empujáis u os sostenéis. Si tú a él no le haces mejor persona, no te cases con él, si piensas cambiarle y forzarle para que piense como tú y termine abandonando su religión para bajar el nivel de tu compromiso con Dios y con el mundo y juntos vivir una fe light, que os aune, minimice y empobrezca… no merece la pena que forméis una familia que os raquitice.

La verdadera obra de arte no es inventar una celebración más loca que las de tus amigos, ni unos efectos especiales más sorprendentes, ni que tenga maquilladora el salón del banquete, ni que haya baile toda la noche para desayunar todos los invitados juntos y hacer una aventura mañanera, para que dure mucho la ceremonia. No se trata de que te cambies de vestidos, como en las bodas de la familia de Mohamed, ni de que regaléis a los asistentes el recuerdo más estrambótico y sorprendente que se haya podido imaginar. No… la obra de arte que os traéis entre manos los dos es la de construir un hogar en el que los dos viváis felices, una relación que os potencie a ambos, una casa abierta, que se enriquezca con la presencia y la confidencia de los amigos y familiares, un ocio que os descanse y os entusiasme, un romance que os haga crecer y vivir ilusionados por reencontraros, por hacer el amor, sin prisas, por hacer que el tiempo común sea gozoso para los dos y sea algo que estáis esperando con ilusión.

Os queda mucha tarea por hacer, y no es sólo el follón de la boda y sus efectos especiales. |No, lo más importante sería que hagáis un buen cursillo prematrimonial, que os enriquezca, que aprendáis de otras parejas a complementaros, a reíros juntos, a manejar la ira y acortar los enfados, a frenar los reproches que castran y raquitizan al otro, a potenciar el hablaros bien, el regalaros estímulos, el cuidar los detallicos de ternura, de sorpresa, de novedad en el d’ia a d’ia. También sería importante que vuestro acople sea corporal, pero también mental, porque vais aprendiendo y creciendo juntos, social, porque os relacionáis acogiendo la familia del otro, cuidando de los amigos, siendo alguien que enriquece el lugar donde está, sea el trabajo, la familia, el super, el ocio, el mundo o la sociedad. Y, por ‘ultimo os deseo que enriquezcáis vuestra parcela espiritual y cuidéis ambos vuestro encuentro con Dios, aunque le llaméis por distinto nombre, pero que os ha soñado felices y plenos.

Que no sea vuestro principal interés el vestido, el banquete, la invitación, el baile, el regalico a los invitados, la tarta sorprendente, el lugar donde se celebre, la batukada de después, la barra libre, las alpargatas para los que les duelan los pies, por los zapatos nuevos, el coctel de media noche o el carrito de chuches que se paseará por el baile.…

Me vas a perdonar, pero lo más importante es que cuidéis la ceremonia, que os comprometéis públicamente a quereros para siempre, que expreséis vuestro amor, de forma que sea auténtico, contagioso para los asistentes y fiel a vosotros. Y si, además, nos compartís vuestro proyecto de pareja, la forma en que queréis vivir vuestro complicado amor, si hacéis de la ceremonia algo cálido, fresco y humano, que todos entendamos y podamos celebrar vuestro cariño y pedir a Dios que os bendiga e impulse para conseguir juntos una vida bonita y feliz para los dos y que el mundo esté un poco mejor porque vosotros sois un regalo para quien viva a vuestro lado, sea hijo, trabajador, compañero, vendedor, mecánico, autobusero, … en todos ellos puede repercutir vuestro amor, si conseguís ir aumentándolo cada día, como la chimenea a la que cada uno va echando leña, para mantener el calor de hogar y el bienestar para los de dentro y los de afuera.

Sobrinísima, te he metido un buen rollo, y estoy encantada de que os caséis, pero sólo he hecho advertiros de algunas cosillas que con el subidón del enamoramiento se os podían pasar de largo.

Que Dios bendiga vuestro amor y os ayude a comunicaros, pactar y comentar todo, para que sigáis queriéndoos cada día un poco más. Yo también os quiero un montón. Un abrazo a ambos MP.

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