ABUSO Y ACOSO… STOP!

Estas dos palabras, por desgracia, las escuchamos constantemente en los medios de comunicación y en la vida cotidiana. Antes eran impensables, casi desconocidas y ahora, cada día más, forman parte de nuestro vivir, de las noticias diarias y de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Todos hemos oído hablar del acoso escolar y de cómo sufren niños y jóvenes esta barbaridad que se está produciendo en los colegios, centros de trabajo y universidades.

Y el abuso, antes pertenecía a la intimidad de la persona, pero ahora se está dando entre niños, en cualquier espacio donde interactúan seres humanos. Se abusa de familiares, de niños, de trabajadores, de mujeres en cualquier lugar y de otras personas indefensas que tenemos alrededor.

Y detrás de todo esto hay una actitud humana importante, que está basada en la forma en que se ve la vida, las cosas y los acontecimientos. Dicen que cultura es educar la mirada para ver lo belloLa persona se diferencia del animal en que pone belleza en todo lo que hace. Por eso, para su necesidad de alimento, tenemos la gastronomía, que consiste en embellecer los alimentos. Y así, como a un animal le da igual que su comida esté tirada en el suelo o roto, como el arroz roto que se les da a los perros, a los humanos, nos gusta más un plato decorado, con los huevos fritos con puntilla, el arroz enmoldado y el tomate decorándolo alrededor. Para la necesidad de guarecernos del frío, tenemos la decoración y nuestras casas están adornadas y envueltas en belleza y no solo nos quitan el frío, sino que, además, ponemos belleza en nuestro entorno y decoramos nuestras habitaciones con gusto y con estilo. Para la necesidad de reproducirnos tenemos los humanos, el amor y el erotismo, con el que embellecemos nuestras relaciones sexuales. Para la necesidad humana de arroparnos, tenemos la moda y el estilo, que es también poner belleza en nuestro vestir y variedad y véase cómo vamos todos de bien vestidos y diferentes, hombres y mujeres, con gusto, con colores, con formas, según los consejos de la moda y de las tendencias de cada temporada o época. Los animales, en cambio, con su piel pasan toda la vida, sin cuidarla ni embellecerla. Nosotras, las mujeres y cada día más los hombres, tenemos además el maquillaje y cuidado de la piel, por lo que, cuando queremos estar estupendos, nos decoramos el rostro y la piel, para estar más atractivos y seductores, algo impensable en los animales, que se atraen por instinto y el olor, sin más medios que embellezcan su estado.

Curiosamente, cuando una persona está mal de ánimo o de equilibrio personal, no sabe o no puede poner belleza en su entorno y, cuando alguien está deprimido o desequilibrado, suele tener desorden alrededor y caos, incapaz de poner una flor en su mesa de estudios, o un cuadro o un adorno que lo embellezca y suele ir descuidado o poco limpio, en su cuerpo, como síntoma de ese malestar, que le hace llevarse mal con la belleza.

También el ser humano sabe poner belleza en el lenguaje y los hay que prefieren las palabras soeces y malsonantes, antes que el vocabulario correcto y normal con el que nos comunicamos habitualmente. Además, hay quien habla de forma bonita y musical, que sabe poner belleza en su lenguaje y hace atractivo su mensaje y su forma de comunicación. Todos somos capaces de instalarnos en el léxico grueso, pero elegimos expresarnos bien y con cierta estética, pues su contrario suena peor, a pandilla, a banda, a querer subrayar la diferencia entre los que hablan de una manera o de otra.

Todos aprendemos a comunicarnos y a ver de un modo o de otro. Y elegimos ver la belleza o la parte oscura de la vida. Al elegir a nuestros amigos, nos influye su lenguaje, si coincide con el nuestro o no. Los jóvenes se unen por su lenguaje común. Vivo yo frente a un instituto y compruebo cómo los adolescentes dicen burradas a los del sexo opuesto, para llamar la atención y para demostrar su diferencia con el entorno, como si quisieran ver lo menos bello de la vida, como si sus palabras gruesas rompieran el amor y ese deseo que tienen sus hormonas, en plena ebullición, del sexo opuesto. Les gusta provocar y así autoafirmarse. Necesitan sobresalir de la pandilla por sus barbaridades y así parece que en vez de seducir, lo que hacen es espantar, alejar y crear rechazo… Pero esa es mi opinión y, si se lo preguntáramos a ellos, igual pensarían todo lo contrario a mí.

Bueno, pues en esa necesidad de poner belleza en todo lo que hacemos, es algo en lo que tenemos que educar, algo que se aprende poco a poco en la vida familiar, en el colegio, con los amigos y en el entorno. Hay personas muy educadas y correctas, que, en cuanto se juntan con otros de su mismo sexo, se vuelven horteras y eligen palabras malsonantes y burdas, con el fin de impresionar, demostrar algo o simplemente presumir. En la base está la falta de respeto: esencia del maltrato, con estructuras abusadoras y acosadoras donde te lo esperas y donde no te lo esperas.

Pero el lenguaje es un tema social. Lo contagiamos todos y si hablamos bien las mujeres de los hombres y, al revés, y si sabemos decir lo bonito de la vida y expresar el cariño, y hablar bien de los tuyos, en vez de en tono despectivo y con hartura, pues pondremos belleza en nuestra familia y en nuestro entorno. No sé por qué, jóvenes majos, buenos hijos, que, en cuanto se juntan con su panda, hablan mal de sus viejos, como con desprecio y usan expresiones como “me la suda”, en vez de “me da lo mismo”, o estoy hasta los co…, en lugar de “estoy cansado…”

Y este lenguaje malsonante tiene mucho que ver con los acosos y los abusos, pues con el lenguaje se respeta al otro… y a uno mismo, ya que la imagen que uno da hablando soezmente no le gustaría a nadie verse grabado… Bueno, quizás no esté siendo muy adecuada, pues muchos jóvenes hacen burradas que luego disfrutan viéndose en video a sí mismos, hechos una pena y deshumanizados. Es extraño que estos chicos quieran provocar, en un momento de la historia en que se oyen estas expresiones en cualquier programa televisivo y se oyen zafiedades pueriles, que en muchos casos sonrojan a algunos espectadores. Ayer, frente a mi balcón, había un grupo de adolescente jugando y, cada vez que pasaba una chica, miraba desafiante a los chicos y les decía, “Putos, ¿qué miráis?…” Era una venganza, una provocación o una reivindicación femenina…, me pregunto yo, analfabeta de esos lenguajes.

Aún así, yo estoy segura de que se siente mejor uno cuando se expresa con belleza que cuando habla mal, agrediendo a otros, descalificando o desvalorizando. Pero la familia tiene mucho que ver en cómo se tratan ambos sexos. Hay familias donde se desprecia a la mujer o hay una agresividad encubierta hacia el género masculino y eso luego se refleja en la calle, en las pandillas de jóvenes, en clase y en el ocio. La verdad es que urge más educación infantil y de los padres, que tenemos que conseguir educar esa mirada que vea la belleza, que la valore. A los animales les da igual estar todo el día sobre sus excrementos, en cambio, afortunadamente, las personas tenemos otro lugar para depositarlos y preferimos estar en espacio limpios y bonitos, rodeados de belleza y bienestar.

Y parece que el lenguaje no tiene que ver con los abusos, pero se empieza hablando mal, faltando al respeto y luego ya se utiliza al otro como una cosa, en vez de como una persona. Desgraciadamente, nos rodean situaciones de abusos y de acoso y tenemos todos que hablar de estas cosas en la vida familiar, en la mesa, en las tertulias y en todo lugar, para tener posturas claras, educativas y embellecedoras de la vida y del entorno. Porque la capacidad de la palabra para comunicar emociones no se limita al uso que hacemos de ellas para brindar apoyo a alguien en situaciones difíciles. Podemos decirnos a nosotros mismos palabras bonitas al levantarnos, tener un discurso interior positivo, de cariño, de potenciarnos, de animarnos y de felicitarnos incluso por algunas cosas conseguidas. Y, además, si se las regalamos a los demás, vamos generando un entorno de bienestar para todos, de buen rollo familiar, en la pandilla, en clase y en todos los grupos donde estemos. Además, cuando uno habla bien, se siente mejor, porque el cerebro se adecua al lenguaje y cuando decimos la palabra peligro, el cerebro se pone alerta y se alía con nuestra tensión para estar a la defensiva. Es como los que siempre están mal y hablan mal de todo, instalados en la queja, que al final se deprimen y hasta su postura corporal expresa su malestar con la vida y con todo lo que ocurre alrededor. 

Acosar es importunar al otro, molestar, perseguirle para conseguir algo. Y muchas veces chicos y chicas se acosan mutuamente o un grupo decide acosar a alguien porque es un poco diferente, en lo que sea, o porque es más listo, o lleva gafas, o le cae bien al profesor… y los compañeros deciden perseguirle e incomodarle y hacerle la vida imposible, para que pague caro el precio de la preferencia del profe. En otros casos se acosa a una chica, por guapa, o por cutre, o por lo que sea, y se hace lo mismo, enviarle mensajes por el móvil, mandarle cartitas en clase, o descalificarle constantemente, con el fin de que se sienta mal consigo misma y cambie de postura, de actitud o de imagen… Acosar es tratar al otro como una cosa, no como una persona, es interferir en su vida, tomándose unas libertades que no les corresponden y hacen daño a la persona físico o moral. Y este acoso se da en la vida laboral, en la escolar, en los barrios y en todos los lugares. Desgraciadamente, cada día es más frecuente conocer el caso de niños o mujeres acosados o perseguidas, por algún grupo o persona que ha decidido hacerle la vida imposible y lo malo es que en demasiados casos llegan a conseguirlo.

Y abusar es tomar de la persona algo que ella no quiere darte, como un abrazo, una caricia, una intimidad y se produce entre hombres y mujeres o entre chicos, o en cualquier otro grupo humano, de la misma forma que el acoso, pero este suele ser en intimidad, en el mundo laboral, de forma oculta o engañosa. Es frecuente “cobrarse en carne”, favores laborales, ascensos, privilegios y acciones cotidianas. Una persona le da algo a otra, cobrándose el precio que él decide, abusando de la fragilidad de la otra persona, de su cuerpo o de su sexualidad.     

Vivimos en un momento de la sociedad, en el que se paga por vender la intimidad de los demás, en el que los programas de televisión ofrecen dinero a quien cuente intimidades de famosos o a quien muestre el cubo de la basura de alguien y luego hacen sangre de ello y le dan vueltas y más vueltas hasta descubrir la verdad y los horrores de cada persona en su intimidad. Y, desgraciadamente, eso es contagioso y se hace en la vida normal con los amigos, los compañeros, los vecinos y se ve tan natural hablar mal de alguien y contar sus penas y averías, que nos deshumanizamos, sin acompañar con cariño la vida de los que nos rodean, sino hablando morbosamente de sus heridas y de su cubo de la basura. Y es que todos tenemos maravillas y basuras, pero no es lo primero que enseñamos, sino que tenemos pudor para lucirlo y nos da apuro que se vean nuestras miserias, pero hay programas que todo su argumento es pasearse ante las miserias humanas, con desprecio y superioridad, en vez de acariciarlas y acompañarlas con ternura y compasión.

Es hora de tomar posturas claras ante estos comportamientos tan negativos. Vamos a cuidar la belleza que nos rodea, en el hablar, en la forma de dar noticias, en el trato a los demás, en el entorno en general, en el bolso, en la cartera, en la habitación, en la imagen, en la mesa de trabajo, en el cuarto de estudio y en todos los lugares que habito, a ver si cada día soy menos animal y me hago más humano… y más divino, si cabe.

yo_nosotros

Hasta la próxima Mari Patxi

ABANDONARSE Y ABANDONAR

Hoy el tema es serio y nos toca mirarnos hacia adentro. Enseguida sabemos cuando alguien ha abandonado algo o se ha abandonado en alguna parcela de su vida. Lo solemos decir cuando ha dejado de cuidar alguna actividad, o de aceptar compromisos. Lo normal es que cuando una persona está bien en equilibrio y armonía se haga cargo de su propia vida. Pero ocurre que personas que están mal de ánimo y fortaleza, dejan un trabajo, o el cuidado de la casa, o su arreglo personal y su dejadez es reflejo de su falta de ilusión en la vida y en las cosas normales: de alimentarse, descansar, asearse, embellecerse, cuidar la estética y el orden en su entorno.

Cuando una persona está deprimida, uno de los primeros síntomas es el desarreglo personal, el desorden que le rodea o la dejadez con la que trabaja, sea cual sea su trabajo, laboral o doméstico. La persona se diferencia del animal en que pone belleza en todo lo que hace. Por eso a los animales se les echa de comer, pero a las personas nos gusta más que el plato esté adornado y el huevo frito con puntilla. Y lo curioso es que en cada una de nuestras necesidades ponemos arte y belleza. Para la necesidad de comer tenemos la gastronomía, para la de guarecernos del frío tenemos la decoración, para la de arroparnos tenemos la moda, para la necesidad de reproducirnos tenemos el amor, y para la de comunicarnos tenemos la palabra, las cartas y la música y para comunicarnos con Dios tenemos la fe, la oración.

De niño, la responsabilidad de la propia vida la tienen sus padres. Luego, empieza a decir: “yo solo” y se quiere cambiar el pañal y comer solo e ir haciendo las cosas por sí mismo. Hasta que llega un día en que ya es autónomo e independiente, pero responde de sus actos y aprende a cuidar su aseo personal, su ropa, su orden, su imagen y sus cuartos. Los mayores son responsable de su alimentación, hasta que ya, de joven, quiere independizarse y se hace responsable de sí mismo. Se hace independiente e intenta ganar dinero para cubrir sus necesidades.

Las ilusiones y motivaciones que muevan su vida, le ayudarán a ir haciéndose cargo de sí mismo y de lo que le rodea, a nivel doméstico, alimenticio, de ropa, casa, cama y demás. Pero enseguida se nota si vive en abandono, si se va dejando caer y no se arregla igual, si le falta aseo, alimentación o descanso, y es importante recordarle que necesita dormir, comer adecuadamente, descansar, despejarse, relacionarse y vivir bien.

Algunos adultos se abandonan cuando pierden la ilusión por su familia o por su vida laboral y comienzan a dejar de lado su aseo, sus relaciones, su comunicación con la familia y en otras parcelas de su vida. En los albergues están las personas que viven en abandono: han perdido un trabajo, o se les ha roto la pareja, o están separados de todos los suyos y el propio dolor les lleva al abandono físico, social, humano y espiritual. Cuando una persona se siente abandonada, tiene un dolor profundo y cuando falla la familia, uno se viene abajo y no encuentra el espacio donde vivir y se siente como perdido. En muchos casos se refugian en la bebida o en compañías que no les hacen bien y su abandono suele ser mayor, por su falta de higiene, de limpieza en la ropa, de habilidades de relación y de modales.

El abandono puede ser físico, emocional o espiritual y uno deja de cuidar su aspecto corporal, sus relaciones o su comunicación. Mucha gente, que ha tenido una experiencia fuerte de Dios y vivido en amistad con El, la abandona por algún percance de la vida o por agobios, y vive alejado de El, por lo que pierde una fuente de equilibrio y bienestar que antes le hacía bien. Menos mal que Dios siempre anda por ahí, esperándonos y nos va tendiendo manos para que recuperemos la amistad con El.

El abandono relacional o social es una parte bastante peligrosa de la vida, que ocurre cuando se tiene excesivo trabajo o se está muy volcado en alguna tarea de la vida, y deja de frecuentar a los amigos, familiares, compañeros y personas que antes le hacían la vida más bonita y llevadera. Muchos, por exceso de trabajo laboral o doméstico, dejan a un lado a las personas y se sienten incompletos.

Hay un abandono social, que es cuando en las calles están las papeleras rotas, las colillas y papeles en el suelo y las bolsas de plástico volando por los jardines. Es un abandono general, pues lo que es de todos, al cuidado de todos se encomienda y todos somos responsables de que esté limpio y cuidado nuestro entorno. Cuando estamos rodeados de desorden y suciedad, nos desarmonizamos por dentro. Es como lo que les ocurre a los adolescentes, que tienen tal caos mental interior que su entorno lo refleja y tienen desorden en los libros, los papeles, la ropa, la habitación y hasta la cartera, porque están así de descolocados por dentro. Y al madurar, consiguen un orden y armonía exterior que expresa lo bien que van estando por los adentros.

Hay personas que saben cuidar lo común y las hay que destrozan lo de todos, e igual rasgan la tapicería del autobús, que rompen una papelera, o queman con los cigarrillos un banco del jardín, o hacen una gran pintada en un espacio público. Todas estas personas viven abandonando los servicios comunes. Yo me pregunto cómo serán en su casa, si pintarán en las paredes de su salón algún grafitti o si tendrán todo sucio y desordenado. 

También puede haber abandono en la sanidad, cuando hay demasiada gente y no pueden llegar a todo y te dan una cita urgente para dentro de ocho meses, y tú, que tienes una avería, te sientes fatal, porque crees que no se ha tomado más interés la persona que te ha hecho la gestión. Afortunadamente, estos servicios van mejorando.

Hay un abandono sano, que es el de ir dejando cosas. Tenemos necesidad de tener cosas, de acumular, de acaparar y es muy bueno mirar lo que uno acumula en casa o en sus estanterías y empezar a despojarse de cosas: algunos libros que ya leíste, o que tienes repetidos, alguna música, que ya no escuchas o que le podría venir bien a alguien, alguna ropa, algunos zapatos,.. porque, sin querer, vamos acumulando cosas y cosas y, como dice una japonesa, Marie Kondo, en su libro LA MAGIA DEL ORDEN: hay que ir ligeros de equipaje y que las cosas enferman en las casas y sus dueños también, por tener tanto. Dice que es bueno ir tirando, o dando, o compartiendo con otros, e ir recuperando espacios libres, estantes, cajones y paredes, para sentirse más libre y más desahogado… Yo lo estoy intentando, pero no lo consigo del todo. Tengo más papelotes de los que me va a dar tiempo a leer, más camisetas de las que usaré y más libros de los que puedo releer en toda mi vida.

Es misterioso el ser humano. A veces te da una pena tremenda despedirte de una bobada, un adorno, un broche, o un cuadro, que te recuerda a alguien o que tiene para ti un sentido especial y no lo quieres dar por nada del mundo. Nos gusta acumular recuerdos, fetiches, bobaditas y cosas mil. Pero no sabemos bien por qué. Pero hay que aprender a abandonarlas y quedarnos más ligeros de equipaje, pues nada de lo que tenemos nos lo vamos a llevar en el último viaje.

Hay que abandonar viejos aprendizajes, que no nos sirven para ser libres, sino que los arrastramos por costumbre o por fidelidad a nuestra biografía y que no valen para nada. Todos tenemos alguna manía oculta que decimos que “no podemos soportar…” y sería bueno que la abandonemos y nos vayamos liberando de ellas.

Pues ya no se me ocurre qué más contar del abandono, del que tenemos que huir y el que tenemos que conseguir. No abandonemos a algún familiar, o a parte de la familia, o la pandilla, o de los que tenemos alrededor de la mesa de trabajo. Pero abandonemos las excesivas cosas que tenemos en la estantería, los cajones, los papeles, la cartera, el bolso, el armario y la casa en general, para ir más libres por la vida y más ligeros de equipaje. A mí, personalmente, me ha venido bien toda esta reflexión. Hasta la próxima.

Un abrazo. Mari Patxi