Calidad de vida

Queridos hijos, nietos y demás parentela: Hoy me vais a permitir que os escriba la carta de la abuela, ese papel que anda por ahí, amarillento, y que se relee en algunos momentos No me quiero poner marisabidilla ni melodramática, pero las cosas que ocurren entre nosotros y alrededor, me hacen alejarme un poco para mirar desde la distancia y tranquilizaros, esperanzaros e incluso felicitaros.

Ya llevamos un tiempo largo de quejas, lamentos y desesperanzas, de crisis, rescates y apuros económicos, de miedos laborales, reducciones salariales y alargamiento de jornadas. Pero hay que reconocer que, en medio de todo este secarral están brotando hojas nuevas que parecían no existir, pero estaban ocultas tras la anterior opulencia, bienvivir, derrochar y tener por tener, o ser lo que se tiene.

Os he visto vivir muy bien, sobradamente bien diría yo. Habíais convertido en normal todo lo extraordinario. Estabais familiarizados con el lujo, la supertecnología, los viajes insólitos y las experiencias más alucinantes. Hemos celebrado eventos que, sin ser ostentosos, han acarreado mucho gasto, que compartido con otros, habría tapado agujeros importantes para vivir mejor más gente. Juntos nos hemos dado caprichillos que, no porque otros se los dieran mayores, dejaban de ser un lujo, en nuestras vacaciones familiares y en algún otro caso.

Yo misma, cuando cuestiono mi vida con el evangelio, siempre me encasquillo en el joven rico y en el que “no se pueden servir a dos señores”… Bueno, pues compartiendo fallos vitales, caigo en la cuenta de que son granitos de arena que forman la playa, o gotas de agua de este mar que, a nivel mundial, está en plena marejada de derroche, crisis, tragedia y caos colectivo. El baile que estábamos bailando no nos sirve y hay que danzar otras danzas, aprender otros pasos o buscar otras pistas. Tenemos que reilusionarnos colectivamente con otros comportamientos que nos hagan pensar globalmente, que nos hagan sentir en plural, que nos lleven a actuar solidariamente con los que viven duramente porque en el reparto injusto de la vida, se les ha robado lo esencial, lo básico y hasta su dignidad.

Hay que echar creatividad a la vida cotidiana para abrir caminos nuevos, ya no de mejorestar, sino de más bienestar para todos. Y afortunadamente, en este momento de la historia me llena de esperanza encontrar los brotes positivos que ha traído esta crisis que nos envuelve y caigo en la cuenta de que se han creado nuevas organizaciones solidarias, actividades ecológicas y comportamientos de cuidado del bien común. El 15 M fue una explosión de solidaridad y de justicia que anda por ahí, como las flores que nacen rasgando el cemento, demostrando su vitalidad, fuerza y posibilidades. No apaguemos los sueños de los que quieren vivir atentos a los necesitados, desconformes con la injusticia y las diferencias sociales.

Nuestra capacidad altruista aflora en los tiempos difíciles. Y, aunque en algunas personas la estrechez le lleva a la mezquindad, cada día hay más personas, organizaciones y “empresas con corazón” que se han sensibilizado con la desigualdad social y están trabajando y compartiendo para que haya de todo para todos. Gente, mucha gente que antes vivía indiferente a la pobreza, está hoy luchando activamente para que todo el mundo cubra sus necesidades básicas. Ha surgido un gran movimiento social y una sensibilización al compartir, al reciclar, a la austeridad como beneficio común. El paro y los recortes han afectado a tantas familias, que nos ha hecho responder a todos, despertar de ese adormecido bienestar y tomar posturas activas.

Sueño yo con que llegue un día en el que no consumamos más que lo necesario, en que caigamos en la cuenta que el cine es un capricho, el aperitivo un lujo, la moda y la redecoración del hogar una locura que nos arrastra para tirar las cosas nuevas y el deseo de ser el primero en tener lo último, una enfermedad social que perjudica a todos y que, sobre todo, genera diferencias entre unos y otros y nos hace competir, en vez de ser más hermanos.

Se están creando redes de solidaridad y confianza que permiten seguir creyendo en el ser humano. Me gusta la iniciativa de llevarse cada uno las sobras de su comida del restaurante; la de pasarse las ropas unos a otros y, para ello cuidarlas mientras se utilizan, con sentido solidario; la de reutilizar los libros; el apurar los lapiceros, el renunciar a caprichos gastronómicos, porque son un gasto que podría ayudar a cubrir lo necesario de otro; la de invitar austera y sencillamente; la de montar los cumpleaños en casa, o en el parque, unificando el regalo con un aporte mínimo de cada uno, que no dañe ninguna economía y beneficie al que deja de recibir un montón de regalos; la de aprovechar el espacio en el coche e invitar a compartir viaje a otros, por ahorro y bienestar común… y así seguiría infinitamente.

Estamos pasando de una época en la que se nos llenaba la boca de la expresión “calidad de vida” y perseguíamos la calidad de los productos, a otra en la que está brotando la calidad humana. Es la hora de la vida en común, de no dejar a nadie en la cuneta, de mirar al otro, fortaleciendo el cuidado de los vínculos entre las personas, rehaciendo relaciones, echándonos una mano unos a otros, escuchando las necesidades que antes no oíamos porque estábamos distraídos en nuestro vivir bien y tener más. Vivir solidariamente es la gran transformación individual y social que urge adoptar como estilo de vida y que pueda hacer recuperar la esperanza a los caídos en esta batalla.

Este verano, mucha gente se ha quedado sin vacaciones. Bueno, no es que no haya descansado, igual es que sólo ha dejado de viajar o alejarse obligatoriamente de su vida habitual, pero es posible que muchos hayan disfrutado más que otros veranos corriendo tras su cámara de video, que inmortalizaba la experiencia cumbre de visitar la otra punta del mundo. Quizás este año haya disfrutado del vivir la vida cotidiana sin reloj, de echar una partida en familia, de leer un libro despaciosamente, de decir el cariño, de redescubrir el entorno, la ciudad o el pueblo, de vivir sin prisas ni carreras el aquí y ahora de cada día y cada encuentro con la gente, la pareja, la familia, los amigos, los vecinos, los de siempre, que son aquellos que forman la historia personal. Igual hasta alguien ha resucitado un antiguo ocio de pintar, pasear, fotografiar, ordenar los álbumes familiares o visitar a personas, que en la vida normal no encuentra uno tiempo para cuidar bien las relaciones.

Y los hay que pudiéndose haber ido lejos, han elegido ayudar a otros a hacer una chapuza, a cuidar unos niños, mientras sus padres trabajan, a compartir la extraordinaria y así poder vivir mejor juntos el veraneo, a integrarse en una actividad social comunitaria o a entregar parte de su tiempo en ir a leer, un rato, a unos ancianos que están en grupo, pero se sienten solos.

Muchas personas este verano han acompañado a los que desahuciaban de sus casas, otros han participado en campos de trabajo que echaban una mano a personas en situación de necesidad, otros han colaborado en acciones sociales a favor de los más vulnerables, otros se han ido a encontrarse a solas con Dios, otros han acogido en su casa a niños que no podían veranear en su tierra… Y tantos y tantos que se arriesgan, participan, comparten y salen de su ombligo para ver qué necesita el otro y qué pueden tener ellos que les facilite la vida.

En junio, alguien propuso por la red que quien quisiera cambiar las cosas que saliera a la calle, un día concreto, con una prenda del revés… Daba gusto coincidir con alguien que también llevaba las costuras y la etiqueta al aire, pero no por despiste, sino por demostrar públicamente que se sentía comprometido con el cambio del mundo y quería colaborar en dar la vuelta a la tortilla de la vida. Era un pequeño gesto de solidaridad, como tantos que os estoy contando y que no puedo seguir por que no caben en mi carta, pero lo que sí estoy pensando, mientras os escribo, es que me voy a poner todos los días algo del revés, por fuera o por dentro, a ver si consigo que se me de la vuelta el corazón y viva cada día más atenta y comprometida con los hermanos. Y a ver si en familia nos vamos contagiando solidaridad unos a otros. Os quiero,

Mari Patxi.

Religiosidad o espiritualidad

Querida familia al completo: Con las cosas que nos están ocurriendo últimamente, he decidido que hoy voy a ser menos pudorosa y voy a contaros cómo la relación con Dios fortalece para vivir mejor la vida y poder con las dificultades que, por cierto, ahora las tenemos y de muchos modelos. Del mundo espiritual se habla muy poco y en algunas familias se vive en opuestos extremos religiosos, desde el más radical ateísmo, o alergia a todo lo que huela a Dios, de unos, hasta los que practican con gran fervor, unos ritos que tienen poco que ver con la experiencia espiritual.

Y lo más curioso es que algunos cambian de situación, según les venga la vida. Cuando hay una muerte o una enfermedad, unos se enfadan con Dios, “que permite esas cosas”, como la tía Ángela, que pone boca abajo al cuadro religioso de su mesilla, y solo le nombran para reprocharle, o echarle la culpa de todo lo malo que ocurre en el mundo. No piensan que nos ha hecho libres y que depende de nosotros, de nuestras acciones, alimentación y forma de vida el que alguien enferme o se cumpla en él el proceso natural que va de nacer a morir.

El otro día Maite contaba lo bien que les había venido no casarse, para beneficiarse de las ayudas a las madres solteras y así, conseguir llevar a sus tres hijos a un colegio religioso, junto a su casa. Pero como sus hijos quieren hacer la primera comunión, como todos los niños de su clase, les han bautizado unos días antes y así han hecho dos fiestas familiares, una por el bautizo y otra por la Primera Comunión. El colegio les está dando una educación religiosa a sus hijos, que ellos ni complementan ni contradicen en nada…

Cuado falleció el padre de Pedro, dejaron muy claro que “pasaban de lo religioso”, para no hacer un funeral, pero pidieron que algún creyente dijéramos unas palabras durante la incineración y se ofrecieron a hacer ellos mismos alguna lecturas del evangelio, ya que sin ello resultaba muy frío el acto.

Mientras, las abuelas se juntan para ir a San Judas, a pedirle por todos los problemas de la familia; los viernes de principio de mes van al Cristo de Medinaceli, fielmente, con la misma misión y, además llenan su casa de lamparillas y estampas, que pretenden asegurar vuestros éxitos en exámenes y dificultades. ¡Ah! Y, a todos, os han regalado un San Pancracio, que preside sin pudor vuestros hogares, para que os vaya bien la economía.

El bueno de Carlos ha pedido a sus hijas que, cuando la abuela les acueste, que viene muchas noches, cuando a ellos se les complica el horario de trabajo, no le dejen rezarles y, si lo hace, que ellas le hagan burla, para que así “no les coma el coco”, con las cosas de Dios.

También me llama la atención la formalidad y fidelidad de toda la familia a todos los funerales y actos religiosos, mientras intercambiáis risitas maliciosas, tras los ritos. Me sorprende que la mayoría os casáis por la iglesia, porque luce mucho más el vestido y la ceremonia. Me disgusta que muchos niños vuestros puedan hacer la Primera y la última Comunión el mismo día. Me cuesta veros en las celebraciones religiosas, mascando chicle, en esa postura pasota de quien tiene que soportar un acto social absurdo y desconocido.

Pero lo que realmente me duele es que muchos de vosotros, la mayoría, no conozcáis a Dios y su propuesta de vida, ya que con El se vive la vida mejor y la llena de seguridad, entusiasmo, sentido y misión. Si tuviera más confianza, me gustaría tener una sentada íntima. sobre este tema, con cada uno de vosotros, pero como no la tengo, os escribo esta carta desde el fondo del alma. A ver si tengo la suerte de que me salga clara y concreta. Veréis, ser cristiano es tener la certeza de que Dios es tu Padre, que El es todo Amor y, por eso, solo amando podemos conocerle y disfrutarle y que en lo que se debería notar que somos sus seguidores, sería en que lo vivimos como El, a pleno pulmón, sin condiciones, sin freno y sin medida.

Dios nos quiere y nos conoce a cada uno. Como decimos en un salmo, tiene cada uno de los pelos de nuestra cabeza contados, conoce cada célula y neurona de nuestro organismo, cada pensamiento y palabra aún antes de pensarla o decirla. El nos ha hecho únicos e irrepetibles y no hay dos personas iguales. Tiene para cada uno de nosotros un sueño de plenitud y felicidad y nos impulsa hacia ello. Y cuando oramos o celebramos juntos, nos vamos animando unos a otros a intentar esa vida abundante y esa felicidad completa. Dios se hizo hombre en Jesús para contarnos que El tiene una historia de Amor personal con cada uno de nosotros y cómo lo único que nos invita es a vivirlo, a querernos mucho a nosotros mismos y a los demás de la misma manera.

Dios nos da las pistas para vivir en el evangelio y en el fondo del corazón, porque somos personas habitadas. Dios está dentro de cada uno y, cuando se vive la vida en comunión con El, en diálogo constante, se siente la gran fuerza de su Espíritu que impulsa por los adentros, que invita a ser más osado y a amar más, que quita los miedos, susurrándote que no temas porque El estará contigo hasta el fin de los días. Dios potencia lo mejor de cada persona y llena la vida de sentido y de misión, proporcionando una alegría desbordante, una sensación plenificante y un dinamismo interior que le vuelve a uno cada día más grande, alegre, coherente feliz, sosegado y confiado, en la seguridad de su Amor y su presencia.

A este Dios que os cuento, muchas veces se le presenta de forma enfermiza, como un juez controlador e implacable, como un ente mercantil, al que le ofreces algo y te concede lo que le pides, o como un ser lejano todopoderoso que nos controla, castiga e infantiliza y nos premia o condena según nos comportemos. En cambio el Dios del que nos habla Jesús es un Padre/Madre que nos amó primero e incondicionalmente y que tiene para cada uno de nosotros un gran sueño de felicidad y plenitud. Yo creo que nos vendría bien desaprender lo religioso. para poder avanzar en lo verdaderamente espiritual, en experimentar a Dios en nuestra vida cotidiana.

Pero vivimos rodeados de tantos ruidos exteriores e interiores… Estamos dispersos con tantas cosas, con tanto exceso de información y de actividad, que no resulta fácil sumergirse en el silencio, que sabemos lleva al equilibrio, que ayuda a que todo en la vida se vaya encajando, que desnuda y vacía para poder después sentirse pleno y lleno. Por que, si haces silencio podrás encontrarte a ti mismo; si perseveras te liberarás de ti mismo, pero, si sigues es posible que halles el Amor, que es Dios. Cuando uno consigue hacer silencio se da cuenta de su propia prisión, de lo que le impide ser y dejar fluir el tanto amor que uno posee dentro, para experimentar el gozo completo.

Me gusta escribir todo esto porque me hace repensar mi cristianismo y revivir mi apuesta por el evangelio. A estas alturas de mi existencia he vivido tantas horas con El que siento que me da fortaleza interior para exprimir la vida, para comprometerme en el cambio del mundo, para disfrutar de los hermanos, para sorprenderme de las pequeñas cosas, para dar menos importancia al poder y al tener y para entender de qué va realmente la vida. Dios nos invita a ser cada día más libres y con sentido crítico, serenos y fuertes, sencillos y austeros, sin estar jamás de vuelta de nada, atentos a las necesidades del otro, y sin quejarnos de ninguna tontería nuestra.

No me gusta mucho cómo os estoy contando estas cosas que son tan importantes para mí, quizás os resulte rollo o “marisabidilla”. Lo único que querría conseguir con mi carta es animaros a disfrutar de Dios que, como el sol, sale para todos, es gratuito y revitaliza. Y a regalárselo a los hijos, que es el mejor tesoro que les podéis dejar de herencia. Yo después de escribiros, doy gracias a Dios que me pone en comunicación con vosotros. Ahí va un abrazo Mari Patxi

Revista Humanizar.

Querido Dios

Querido Dios: hoy me dirijo a ti en mi correspondencia porque ando un poco preocupada por las cosas del querer y de la sexualidad. ¡Me encuentro tanta gente que tiene tatuado en el inconsciente que su corporalidad está reñida contigo! que cree que tú andas vigilante para pillarnos en falta, como si nos hubieras dado el cuerpo nada más que de adorno y todo lo que se haga con él está mal visto por ti…!

Conozco a cantidad de parejas que no terminan de gozar de su encuentro sexual porque tu fantasma está entre los dos, tu perenne enfado y tiranía por lo que no es políticamente correcto para ti, anda siempre rondando su juego sexual, su comunicación corporal. ¡Qué pena que desconozcas cómo nos sueñas felices y como nos llenas de pasión por la vida, cómo nos plenificas e impulsas hacia la plenitud!…

Yo querría gritar a todos los vientos que tú nos has dado este cuerpo para querer, que tiene miles de terminaciones nerviosas y posibilidades de comunicación que le hacen embellecerse, expresarse, encontrarse y fundirse en un abrazo y en una entrega completa y plena como es el amor que tú nos enseñas. Una característica que nos diferencia de los animales y con la que nos has dotado a los seres humanos es que podemos comer sin tener hambre y hacer el amor en todo tiempo. Y además tenemos el salero de embellecer cada necesidad que tenemos; para la de guarecernos del frío inventamos la decoración, para la de abrigarnos tenemos la moda, para la de alimentarnos tenemos la gastronomía, para la necesidad de cobijarnos creamos el arte, y así sucesivamente.

Me gustaría proponer que igual que en la gastronomía el que más y el que menos va haciendo sus pinitos de romper con la rutina en la comida, añadiéndole una dosis de variedad y estética, en la sexualidad también fueran dando pasos de crecimiento con erotismo, poesía, variedad, placer, ternura, humor y picardía, mientras disfrutan de su cariño y de su historia común. Es el encuentro sexual el único modo de comunicación que se vive en exclusividad porque todas las demás relaciones se pueden repetir, como la amistad, la paternidad, la fraternidad, etc. pero el recorrerse piel a piel, descubrirse, conocerse, hacerse experto en uno mismo y en el otro, esa magia de belleza y expresión sublime del amor, sólo se da en el encuentro afectivo sexual.

En muchas mentes femeninas todavía anda paseándose el fantasma de Eva, aquella mujer maléfica que indujo al varón a caer en el deseo sexual, y frenan toda creatividad y espontaneidad que les brota del alma, en aras de una fidelidad a ti, Dios, que te imaginan alérgico al amor, al erotismo y al divertido juego de dos cuerpos y almas que se ríen al unísono entre caricias y arrumacos. Y ahí andan muchos hombres, convencidos también de que a ti no te van estas cosas, aguantando aburrimientos y rutinas, y algunos de ellos escapándose a vivir sus fantasías fuera del hogar o borrándolas de su mente como si de enfermos sexuales se tratara, no vaya a ser que tengan razón tus representantes, que casi siempre suelen tocar estos temas para expresar tu furor… o para manipular al personal, ellos, los célibes, los que no deberían tener ni idea de esto, porque se les supone inexpertos en la materia. He de decirte, Señor que a vivir bien la sexualidad se va aprendiendo con los años de vida en común, de ternuras y juegos.
Perdona que me meta con tu gente, los expertos, esos que han controlado las conciencias del personal en este tema del sexto, sin t, del sexo, y curiosamente se han metido menos con la solidaridad, la economía y la justicia, algo que es mucho más grave y urgente en nuestra vida de cristianos.

Bueno, no son todos los tuyos, los anunciadores de tu buena noticia, los que malforman conciencias, pero han sido muchos y yo me enfado cada vez que conozco un nuevo caso, y ahora estamos en tiempos en que se está retrocediendo en esto de hacer a los cristianos libres, adultos y maduros y se nos vuelve a infantilizar y a hacernos dependientes … Eso tienes que reconocerlo, Dios mío, que tienes un problema serio con tu Iglesia, que se te está encogiendo y volviendo conservadora en muchos rincones de nuestra tierra, en vez de ser liberadora y
dinamizadora de vida en abundancia.

A propósito de esa vida en plenitud que tú Jesús viniste a proponer, he de decir que tiene mucho que ver con el vivir intensamente todas las facetas de la persona. Y la sexualidad es una de ellas. No puede una persona ser madura si no se lleva bien con su cuerpo, si no lo reconoce como su tarjeta de presentación y sabe utilizarlo para comunicarse lo mejor posible, para gozar, sonreír, abrazar, seducir, descubrir… y muchos verbos más que tienen que ver con hacer el amor con los cinco sentidos, bueno, con los siete, porque también es necesario usar el sentido del humor y el sentido común.

No sé si me pasaré un poco, Señor, pero en mis charlas recuerdo que al caer de la tarde, cuando nos examines del amor, nos preguntarás por todas esas veces que hemos sido sosos en el amor, perezosos, poco creativos, apresurados, distraídos, rutinarios, que no nos hemos entregado del todo porque estábamos divididos, pensando en otras cosas en vez de ocuparnos en dar nuestro amor del todo y saber recibir al otro del todo.

Hoy te pido, Dios mío, que cures a la gente de esos miedos inconscientes que les impiden amar a fuego lento y con ternura, y que les ayudes a descubrir que el orgasmo lo inventaste tú y que estos cuerpos tan complementarios nos los has regalado para hacer que nuestras historias de amor y juego sexual duren hasta el fin de nuestros días, de los que brote la ternura, la chispa del encuentro y el agradecimiento a ti que nos has hecho únicos y mágicos.

No dejes de ocuparte de tu gente, de la que aún no está reciclada en estos temas y anda llenando de culpa y escrúpulos a la gente, hasta el punto de hacerles alejarse de ti del todo, por vivir una vida sexual plena. Hay que recuperar a esos hermanos alejados por una información equivocada. ¿Cómo lo podríamos hacer? Yo voy contando a mis amigos lo bien que has hecho las cosas y lo que te gusta que nos queramos bien. Un abrazo
Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR

A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


4 Queridos medios de comunicación: Sí, os escribo a todos juntos, radio, televisión, red, prensa y publicidad, porque entre vosotros hay una complementariedad con respecto a mí que no me favorece en exceso. Quiero deciros que yo, la sexualidad humana, soy importante y preciosa y me molesta verme banalizada constantemente y utilizada para a través mío vender casi de todo.

Yo tengo que ver con la atracción que sienten las personas entre sí y con esa comunicación afectivo-sexual que une el cuerpo y el espíritu, pero vosotros queréis hacer creer que sólo tengo que ver con la belleza, la utilización del cuerpo del otro y el desahogo físico. Y me molesta, he de reconocer que me fastidia bastante verme manipulada en una parada de autobús para vender una exquisita fragancia, que nada tiene que ver con la maravilla del olor de los cuerpos en el amor, ni con la perfección corporal a la que vais induciendo a la gente que hace que el 99% de las personas se sientan insatisfechas por su lejano parecido con los preciosos cuerpos que exhibís en los anuncios para ofrecer otro producto.

Me da rabia que para vender un coche mostréis a una señora estupenda que va haciendo un despacioso estrep-tease, hasta que termina desnuda en su coche y, entonces vosotros decís la marca, para que se nos quede grabada en la memoria, pero con lo que habéis estado jugando mientras es con la atracción entre las personas, con el juego de la seducción que prepara para el encuentro sexual y que ya lo es en sí mismo.

No me parece bien que se me ofrezca de forma cutre y ordinaria en la red, porque yo soy algo nuclear para la persona y más aún para el encuentro y la comunicación del amor en la pareja. Vosotros os empeñáis una y mil veces en divulgar primeros planos morbosamente obscenos, en los que apenas hay belleza ni relación sino sólo gimnasia forzada y de mal gusto. Pero con ello encabritáis las hormonas de los más jóvenes o distraéis a los que en vez de vivir un amor pleno y feliz, se satisfacen creyendo que es sexualidad sólo corporal lo que necesita el ser humano. E inventáis orgías que despiertan el apetito físico, e imágenes que se enredan en la mente de manera obsesiva, en lugar de presentar buenas películas que hablen de mí con naturalidad y exquisitez, como algo maravilloso que forma parte del ser humano y que potencia la atracción de los cuerpos y el encuentro desde los adentros de la pareja.

No sé defenderme bien, estoy tan acostumbrada a ser mal tratada, a ser descalificada, a confundirme con algo malo e incluso denominado “pecado” o falta…. Es como si yo desagradase a Dios, cuando ha sido El mismo el que me ha creado, el que me ha incluido en la plenitud del ser humano para que, cuando me viva a pleno pulmón, se convierta casi en divino, mientras se entrega del todo, ama y juega con pasión, disfruta de las caricias y del contacto físico, gozando y recibiendo, en un encuentro que sólo en esa dimensión es completo y pleno.

Vosotros sabéis muy bien que la información y la educación sexual han pasado de ser una tarea propia del ámbito privado de la familia y del entorno más íntimo, a formar parte también de la vida social, cultural, política y educativa. Pero vosotros ganáis la partida porque tenéis mucho espacio y una gran capacidad de persuasión, de forma que ya pueden estar contando los padres y el colegio la belleza del encuentro sexual, que si vosotros decidís presentarme de forma competitiva, morbosa, gimnástica y ajena al amor, es difícil desaprender todo aquello que dejáis vosotros tatuado en la mente, en la retina y en las emociones del oyente, lector u espectador.

En nuestra cultura no se suelen expresar los sentimientos ni vivencias interiores, ni se habla de la propia sexualidad, no sólo los niños sino tampoco los adultos. Muchas personas tienen dudas sobre su propia vivencia sexual, pero no encuentran el lugar para expresar sus sensaciones, incomodidades, ansiedades e incertidumbres. Por eso se habla de mis temas sólo trivializándolos, con un tono jocoso y superficial, como si no les afectara lo más mínimo y dando por supuesto que todo lo tienen resuelto.

Como en la mayoría de las facetas de la vida, uno está aprendiendo y desaprendiendo siempre, y la sexualidad no se queda atrás. Soy un tema que necesito ser desculpabilizado, embellecido, liberado y rescatado como un tesoro de la persona que lo vive con un alguien especial con el que se comunica a un nivel total, como no lo hace con ningún otro ser humano.
Se necesitan desaprender conceptos sórdidos, rutinas, descalificaciones, tabúes y recuperar poesía, belleza, sorpresa, intimidad, misterio, gozo y divertimento, sabiendo que todo esto que viven estas dos personas Dios lo está bendiciendo y potenciando, como todo lo que es amor y bienestar.

Mucha gente tiene ligado a Dios su escepticismo, su aburrimiento o su desinterés sexual y yo estoy convencida de que, cuando al atardecer de la vida, El les examine del amor, preguntará por las veces que han sido aburridos, sosos, roñosos en la entrega, poco implicados, pudorosamente acaparadores de rincones de su cuerpo y alma, que deberían haber entregado del todo para fundirse en un amor, así, a lo grande y con mayúsculas, que haga feliz al otro y al tiempo les haga aún más a ellos mismos.

Todas estas cosas me gustaría que transmitierais los medios de comunicación de otra manera. Hay canciones preciosas, que educan para el amor y la sexualidad, pero que pasan desapercibidas porque la mayoría aceptan esa oferta de sexo light que es la que se maneja en vuestra vida cotidiana. Todos saben chistes que mantienen los papeles típicos de hombres
“tarzanes” y mujeres “paralíticas”; todos conocen a los que siguen valorando la genitalidad por encima de todo, el tamaño y la cantidad de las relaciones, pero en sus reuniones de amigos no son capaces de hablar en serio de lo importante que es la calidad del encuentro sexual, de cómo se va consiguiendo el acople de los cuerpos y de los ritmos y de qué es lo que les ayuda y hace crecer en este tema.

En este momento de la historia es positivo que se hayan desaprendido cosas que me presentaban como falta o pecado y, afortunadamente, se va aceptando y respetando la homosexualidad. Pero la rapidez de los cambios en la forma de vivir y el “todo vale” del presente dejan a las personas desconcertadas en su vivencia de la sexualidad, lo que les lleva a generarse constantes necesidades e insatisfacciones, como si de un producto más de consumo se tratara, en vez de vivirme cada día mejor, dejando sentir y expresarse a sus más de tres metros y medio de piel, que es su gran órgano sexual para el encuentro y el gozo. Yo quiero pediros a todos los medios de comunicación que caigáis en la cuenta de vuestra importancia en este tema, de cómo sois los que vais creando pensamiento y estilo, los que contagiáis valores. Y no es que esté yo queriendo escaquearme de mi tarea, no, lo que estoy haciendo es haceros cómplices de esta gran labor educativa que nos queda por transmitir, de retaros a que no os conforméis con despertar deseo sexual y dar unas cuantas pistas físicas, sino que tratéis a la
persona en su totalidad y sea a ella completa a la que os dirijáis; que valoréis que el ser humano es su cuerpo, pero también su mente y sus relaciones y su parcela espiritual, donde reside su interioridad, donde se pone en contacto con lo mejor de sí misma. Comunicaos hasta ahí, al hondón del alma, donde se generan los auténticos valores, de donde brota el amor, ese que
sabemos hace plenamente felices y todos quisieran lograr.

Medid el alcance de vuestra publicidad y de los valores que transmite; buscad los mejores profesionales que hablen con claridad “de todo” lo mío, pero liberando y dignificando a la persona, elevándola a la categoría de sagrada, de dueña y señora de su historia personal y de pareja. Abandonad esas imágenes de sexo robado, de urgencia del encuentro sexual en el que uno al otro parece que se devoran y se arrancan la ropa porque no pueden controlar su deseo, mientras saltan botones por los aires y caen al suelo echas jirones las prendas hasta que consiguen una penetración rápida que les hace recuperar otra vez su ser persona, dueña de sus actos. Esa no soy yo, esa es una imagen peliculera que se sigue ofreciendo y que todos sabemos que nada tiene que ver con lo que vive una pareja normal, pero incita a los primerizos a creer que tienen que comportarse como animales en celo más que como personas exquisitamente amorosas y divertidas.

Desde aquí reivindico mi belleza, mi poesía, mi diversión, goce y encuentro profundo. Protesto por el mal uso que se hace de mí en el lenguaje, en las imágenes y en los chistes y os animo a que os quejéis cuando sea mal tratada, para que me conozcan las nuevas generaciones como algo valioso, importante y mágico que posee el ser humano para su plenitud y felicidad. Gracias por leerme

La sexualidad REVISTA HUMANIZAR

Amores públicos y amores privados

Querida pandilla: Os veía esta tarde en grupo, achuchándoos unos a otros, riéndoos y comentando la vida. Se os veía contentos y vuestros cuerpos reflejaban la edad pletórica en que estáis, vuestras hormonas alteradas os hacen atraeros los unos a los otros y jugar el juego de la seducción y del coqueteo constantemente. Es así de maravillosa la naturaleza y vuestros cuerpos y personalidades están preparándose para vivir en pareja y para continuar la especie.
Me moría de risa cuando contabais que os habíais presentado desnudos a una tienda de la que habéis salido vestidos, junto a otros 500 jóvenes, aunque el premio de entrar desnudos y salir cubiertos con la ropa de su marca comercial sólo admitía a 200 personas. ¡Genial! Me parece una forma divertidísima de hacer publicidad y me parece que vuestra naturalidad para mostrar vuestros cuerpos es muy sana, pero… tengo alguna duda por ahí detrás que me ronda y os la comparto. Me gusta veros tan divertidos y cariñosos, pero me llama mucho la atención el poco pudor que tenéis para vuestras manifestaciones afectivo-sexuales. Dos de vosotros, ajenos a la conversación del grupo, os comíais a besos, os acariciabais por todos los rincones y los demás parecían prescindir de vosotros y de vuestros juegos. Yo pensaba si ese momento tan fuerte de afecto, sexualidad y comunicación, no requeriría un poco más de intimidad… Porque cuando uno está en grupo lo mejor que puede hacer es saber estar con todos, incluir a todos y, si está emparejado, con una mano estar abrazando o expresando tu vínculo afectivo con esa persona y con la otra estar abierto a los demás, no encerrados en vuestra comunicación de a dos sino atentos al grupo y a su marcha, para no hacer de menos ni a uno ni a los otros y para no molestar a nadie. Alguien puede sentirse incómodo por vuestro maratón de efusividad y a mí me extraña, que a vosotros no os resulte molesta la presencia del resto de la pandilla. El amor es precioso y siempre da gusto verlo, a no ser que uno tenga un problema de rechazo o esté viviendo un momento de dolor o de desencanto y esto le haga sufrir. Estamos hechos para el encuentro, para la relación, para emparejarnos y vivir un amor especial con alguien en exclusividad, y a todos nos sienta bien, e incluso nos genera alegría interior, ver a los otros quererse, del mismo modo que ver sufrir nos produce dolor. Pero en nuestra sociedad suele ocurrir, que es tan frecuente ver a parejas jóvenes “enganchadas” en manifestaciones afectivas eternas, como ver a las parejas maduras “desenganchadas”, alejadas, como disimulando el amor y la atracción que existe entre ambos. Y tanto una cosa como la otra no son del todo sanas. Un importante estudio sobre el amor dice, que está compuesto de solicitud, afecto e intimidad. Os lo explico, para que no os suene teórica la idea. Solicitud es atención al otro y a sus necesidades y deseos, ocuparse y preocuparse de lo que necesita. El afecto es desear estar con el otro, querer permanecer junto a él, en cercanía. Y por último intimidad es, no sólo estar junto al otro sino escucharle y prestarle toda tu atención. Porque el encuentro sexual tiene su dosis de misterio, es la danza del amor que podría compararse a una escalera que se va subiendo poco a poco en la que al término de la misma existe una puerta, que sería el coito. Todos sabemos cómo es este final, pero también conocemos el primer peldaño de una relación, ese rozarse mano con mano que le pone a uno los pelos de punta y le da un escalofrío que le recorre desde el dedo del pie al último cabello de la cabeza, y que es ahí donde comienza la atracción de los dos. Entre el primer escalón y el último hay muchos peldaños de ternura, comunicación, caricias, recovecos, confidencias, recorrerse, sentirse, gustarse el uno al otro… Y como la naturaleza está tan bien inventada, todo ese juego amoroso es el que va dilatando a uno y a otro para llegar a ese orgasmo pleno que sería el final de la escalera. Del número de peldaños que tenga cada relación amorosa, del tiempo y el interés que nos dediquemos, del cuidado del otro, del saber pedir lo que uno necesita, de ser exquisito y variado en los detalles, de la no precipitación, depende nuestro éxito final. Hay relaciones tan rápidas, tan urgentes, que se fuerza esa puerta de entrada, saltándose peldaños y esa relación es dolorosa, ya que no se ha preparado con la ternura y el juego anterior. También comenzar nuestra relación por los últimos peldaños, sin haber cuidado ternuras preliminares, dificulta la “armónica entrada de los dos por la puerta grande”. Y para toda esta danza del amor se necesita intimidad, privacidad y atención total del uno al otro. Por eso no entiendo las relaciones afectivo-sexuales masivas, ni las exageraciones en manifestaciones, gestos y posturas que requerirían vivirse en un clima romántico de intimidad, de exclusividad y de entrega total. Claro que el modelo de sexualidad que se nos ofrece en los medios de comunicación es así; simplemente genital. Te veo, me gustas, me apeteces e intento tener una relación sexual contigo… sin más… como si buscaras compañero de patinaje o de partido de tenis… Luego te dejo y no ha pasado nada entre nosotros. Pero es que hacer el amor no es algo que se haga sólo con el cuerpo. En ello entra nuestra mente, todo aquello que pensamos, los valores que tenemos, nuestra capacidad de encuentro, relación y la intimidad compartida. También entran en juego nuestros valores y nuestros sueños. Si trato a la otra persona en plan de “usar y tirar”, habré llegado hasta el último rincón de su cuerpo sin dejar nada de mí en ello. Y me marcharé a buscar la siguiente relación sexual, ya que en ella no he puesto nada más que mi biología… el resto de mi persona me la he dejado en casa. No se ha implicado en esta aventura amorosa… o quizás más bien sólo gimnástica. Pero la sexualidad no se desarrolla plenamente si no se vive de manera integral, es decir, implicando a todas las partes de la persona, abarcando su dimensión corporal, mental, social y espiritual. Y el otro tipo de relaciones solo físicas nos dejará insatisfechos, solos y vacíos. En cambio, el encuentro total, el hacer el amor nos deja con sensación de complicidad, de desear volver a fundirse el uno en el otro en cuerpo y alma. Muchas personas contabilizan sus encuentros sexuales por la cantidad, en vez de tener en cuenta la calidad. Se habla mucho, mejor dicho se presume mucho, de actividad y habilidad sexual, como se comentan los viajes o las comilonas…Y con el amor ocurre como con la comida, que cuando uno se levanta satisfecho de la mesa no está pensando en volver a comer de nuevo. Cuando se vive un encuentro profundo, se goza del placer de la fusión de los dos, se siente uno íntimamente unido al otro con sensación de complicidad, amor, ternura y plenitud. Además es con la única persona con la que vives esa parcela completa de tu vida, a la que le entregas del todo, en alma y cuerpo, y al otro le ocurre lo mismo. Es como pisar un terreno sagrado, mágico, precioso… aunque algunos lo quieran envolver en vulgaridad, obscenidad y superficialidad. No sé si mi carta de hoy es demasiado larga. Mi idea era sólo invitaros a vivir el amor, a no gastaros en encuentros superficiales y gimnásticos porque os arrastra la moda o la pandilla. ¡Hay tanto dolor en una sexualidad mal vivida, por no haberse iniciado adecuadamente en el amor…! Sed los dueños y protagonistas de vuestra propia historia y vivid siempre lo mejor, lo que os deja bien y os hace sentiros personas en plenitud. ¡Vaya rollo que os metido! Y todavía se me quedan cosas pendientes. Un abrazo CINCO COSAS PARA DESAPRENDER: 1.- Los encuentros sexuales se miden por su cantidad no por su calidad. 2.- La persona que más farda de su vida sexual es la más activa y divertida en el sexo. 3.- La naturalidad en la afectividad y sexualidad es vivirla en cualquier lugar y situación. 4.- Los jóvenes se quieren más porque se tocan más. 5.- Cuando uno es mayor pierde el interés sexual. CINCO COSAS PARA TENER EN CUENTA: 1.- La persona está formada por su cuerpo, su mente, sus relaciones y su espiritualidad. 2.- La sexualidad es una dimensión importantísima de todo ser humano. 3.- Hay que tener buena relación con el propio cuerpo y aprender, cada día más, a gozar y hacer disfrutar más del encuentro sexual. 4.- El amor está compuesto por solicitud, intimidad y afecto. 5.- No se nos ha educado para la intimidad, para hablar desde los adentros. Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR

CARTA A MIS HIJOS MARTA Y JAVIER

CARTA A MIS HIJOS MARTA y JAVIER

Queridos hijos:
esta carta va dirigida a los dos, porque nacisteis el mismo día. Sé que sois muy distintos y que no os suele gustar leer las mismas cosas, pero en esta ocasión quiero que vaya dirigida a los dos precisamente por eso, por que sois tan maravillosamente distintos por vuestras diferencias de mujer y de hombre. Me parece importante que tanto uno como otro tengáis una buena relación con vuestro cuerpo y conozcáis su funcionamiento así como el del otro sexo.

Llegasteis a este mundo uno detrás de otro, con unos minutos de diferencia. Ya dentro de mí estaban vuestros cuerpos juntos. Luego habéis jugado durante mucho tiempo juntos y amigos, hasta que las diferencias os separaron. De pronto un día a ti Marta, tu hermano te resultaba un poco “burro” y a ti Javier tu hermana te parecía “mimosa”. Uno tenía preferencia por los coches mientras que otra quería jugar a las mamás con todo lo que tenía alrededor.

Crecisteis juntos, compañeros de juegos y de colegio, pero es ahora cuando más se diferencian vuestros cuerpos. Tú, Marta, te estás haciendo mujer. Tu cuerpo se va curvando, se está poniendo precioso, atractivo, femenino. Van tomando forma tus pechos, que se adivinan bajo tu ropa, nace vello en tu pubis y en las axilas y pronto tendrás la primera regla. Todo esto parece un poco caótico, pero es lo normal.

Mientras, tú, Javier, también vas cambiando, no sólo porque te crecen brazos y piernas, manos y cuello demasiado deprisa, como a tu hermana, sino que también tu pene está creciendo y dejándose notar, al igual que los testículos. También tus axilas y tu pubis se han cubierto de un vello. Pero es tu voz lo que más se nota distinta en esta época de la vida. Parece que todo tu cuerpo de hombre grita que ya no eres un niño.

Lo que está ocurriendo en vuestro cuerpo es que el organismo está poniendo en marcha un nuevo sistema hormonal. Es posible que os sintáis un poco torpes en este cuerpo nuevo. Os miraréis una y otra vez en el espejo, controlando la forma y el tamaño. Quiero recordaros que vuestro cuerpo se va preparando para el amor, para la comunicación, para el encuentro hombre y mujer. Todos los cuerpos son diferentes. No hay dos mujeres con el pecho igual, como no hay dos hombres con el mismo tamaño de pene. Os recuerdo a los dos que el tamaño no guarda relación con el placer sexual.

Vuestro cuerpo se está transformando, pero también dentro de vuestra personalidad se está produciendo un cambio tremendo. Ya no pensáis ni sentís de la misma manera. Ya vais teniendo vuestra propia opinión en muchas cosas. Os gusta contrastarla con la de los adultos y eso está muy bien, para que cada uno os hagáis un ser independiente, que sabe ocupar bien su lugar en el mundo, que está reservado sólo para él.

También habrá momentos en que nos os aguantéis a vosotros mismos. Estáis raros, picajosos, susceptibles y maravillosamente encantadores al mismo tiempo… Es normal, todos hemos sido un poco insoportables en la misma etapa de la vida y todos tenemos derecho a cambiar de humor. Pero en vuestra edad se nota mucho más y eso os hace sentiros mal. No pasa nada, aunque a veces nos impacientemos, que sepáis que nos tenéis incondicionales a todos los de la familia. Os ayudaremos a pasar esta etapa lo mejor posible y recordad que a vuestros hermanos también les llegará.

Cuando tengáis ratos de melancolía o deseéis encerraros en un mutismo total, para no ver ni oír a nadie, pensad que es vuestro lío psicológico natural el que os mantiene así, pero no os toméis demasiado en serio. Al momento siguiente posiblemente estéis de nuevo encantadores y dicharacheros.
Ser adolescente significa sufrir y disfrutar, amar y odiar, quererlo todo de una vez o pasar olímpicamente de todo lo que te rodea.

Queréis aprenderlo todo, vivirlo todo, verlo todo…, es vuestro derecho a la experiencia, a la vivencia, a conocer y disfrutar, ya que en cada uno de vosotros hay un mundo interior y exterior por descubrir y queréis hacerlo solos. Pues sabed que aquí, muy cerquita, está vuestra familia que os quiere, confía en vosotros y os tenderá una mano siempre que lo necesitéis.

Creced, disfrutad, amad mucho. Aprended los dos cómo es el cuerpo de una mujer. El milagro que se produce cada mes dentro de su cuerpo, preparado para la maternidad, como se prepara la habitación a un invitado que anuncia su visita. Luego no viene y se renueva el dormitorio. Eso pasa con la sangre que regla la mujer cada ciclo y que volverá a acumularse en espera de ser fecundado. Aprended también lo que le ocurre al hombre con sus poluciones nocturnas que le sorprenden, con su sexualidad más externa que la de la mujer. Es precioso pensar que cada uno de vosotros podría vivir un día la maternidad o la paternidad, si así lo decidís. Vuestro padre y yo tuvimos la suerte de vivir la espera de vosotros dos, que ocupabais más sitio que otros, dabais más guerra que otros y costó sacaros adelante. Hoy nos parece mentira que aquellos dos seres os hayáis transformado en ese hombre y esa mujer que tanto ocupan en esta casa..

Los hombres y las mujeres somos muy diferentes, incluso en alguna etapa de la vida parece que somos incompatibles… pero no es así. Dios nos ha creado complementarios, con unas capacidades especiales a cada uno. Y cuando en el encuentro hombre y mujer cada uno ayuda al otro a sacar lo mejor de sí mismo, los dos se vuelven unos seres fantásticos, completos, armónicos y plenos. Porque las mujeres tenemos unas cualidades femeninas, como son la ternura, la estética, la sensibilidad, y los hombres otras cualidades masculinas, como la lógica, la concreción, la racionalización. Pero dentro de cada persona están dormidas esas capacidades del sexo contrario y al vivir el amor la mujer se hace más práctica, más astuta, más racional y el hombre se hace más sensible, más tierno, más exquisito. Y esa es la maravilla de la pareja, que hace a cada uno aún mejor.

Javier, respeta a todas las chicas con las que trates como te gusta que respeten a tu hermana y tú, Marta, haz lo mismo, trata a todos los chicos como Te gustaría que tu hermano fuera tratado. Pensad que los cuerpos y la personalidad de los demás son tan sagrados como los vuestros.

La sociedad gasta muchas energías en marcar la diferencia entre hombre y mujer, pero no ayuda nada a que nos complementemos, a que nos hagamos amigos, a que nos hagamos el uno al otro más pleno, más persona. Vosotros dos, Marta y Javier, sed de los que construyen una sociedad nueva, donde vivan bien hombres y mujeres, porque todos nos ayudemos a crecer, a desarrollar lo mejor que llevamos dentro y a vivir nuestra propiainclinación sexual, que no todos la vivimos de la misma manera.

Este mundo os necesita. Quizás cada uno de vosotros forme una familia donde se viva el amor, donde nazcan unos hijos felices, constructores de ese mundo nuevo que está por hacer, porque, se me había olvidado recordaros, que el mundo anda muy pachucho, que hay mucha desigualdad social, sexual, racial, y que hace falta gente maja que aporte su grano de arena para que esto funcione
mejor.

Hoy le pido a Dios, que os quiere y os conoce todavía más que yo, que os mantenga bien abrazados, que os sugiera el mejor modo de crecer, de amar, de expresar, de gozar… y que os prepare para que con vuestra presencia desaparezcan algunas de las heridas que entorpecen la felicidad de tanta gente.

Marta, Javier, que viváis la vida con los cinco sentidos, mejor dicho, con los siete, también con sentido del humor y con sentido común. Que no se os quede nada por disfrutar, por amar, por mejorar… Os quiero tanto

MAMÁ

CINCO COSAS PARA DESAPRENDER

1.- El hombre es superior a la mujer en los temas de sexualidad.

2.- Mujeres y hombres siempre estamos discutiendo o buscándonos porque nos interesamos.

3.- Los hombres tienen que aprovecharse de las mujeres y ellas defenderse de ellos.

4.- Los chicos siempre quieren sexo y las chicas tienen que hacer lo mismo para no ser menos.

5.- El otro sexo tiene siempre más suerte. Es un rollo que las chicas se embaracen.

COSAS QUE HAY QUE TENER MUY CLARAS

1.- Mujer y hombre son complementarios y la sexualidad les ayuda en su encuentro y comunicación.

2.- Se nos ha enseñado a hacernos el amor o la guerra, pero no a ser amigos los hombres y las mujeres, que es lo más importante que puede conseguir una pareja.

3.- Hombres y mujeres somos responsables de nosotros mismos y no debemos hacer a nadie nada que no nos gustaría que nos hicieran. Es importante saber respetarse mutuamente.

4.- La relación afectiva-sexual es algo muy valioso y especial que se vive entre dos personas y hay que saber vivirlo con respeto, cariño, responsabilidad y delicadeza. Hay que ser adulto para amar, porque la sexualidad no es un juego de niños, es algo sagrado que brota del amor.

5.- La mujer y el hombre viven la sexualidad de muy diferente forma, ambas son preciosas. Los dos tienen que ser conscientes y responsables de su sexualidad y de las consecuencias posibles.

Mari Patxi Revista Humanizar

CARTAS ALREDEDOR DE LA SEXUALIDAD

1 ESCRIBIR, POR NO CALLAR

Si, mejor escribir de las cosas del sexo que esconderlas, callarlas, envolverlas de oscurantismo y misterio. Por eso me he propuesto conseguir con estas líneas que toquemos los temas cotidianos de la sexualidad con la misma naturalidad con la que ocurren en la vida y con la misma belleza con la que Dios las creó, porque, aunque no lo parezca, fue El, precisamente, el que nos dio estos cuerpos atractivos y nos hizo variados y capaces de seducir y comunicar, para un mejor encuentro de unos con otros y para el disfrute de la pareja y mantenimiento de
la especie humana. ¿No es suficiente importante la misión que la sexualidad tiene en nuestra vida?

CARTAS EN TORNO A LA SEXUALIDAD

Queridos nietos: Me ha extrañado esta tarde oíros jugar y comprobar cuántos nombres usabais el grupo de niños para denominar los genitales. Es curioso. Sabéis nombrar perfectamente cualquier parte del cuerpo y todos sus órganos y resulta que para nombrar los relativos a la sexualidad ya vais aprendiendo los sinónimos de mal gusto que utilizamos los mayores.

 

Mirad, es que en las cosas de la sexualidad, aquellas que nos diferencias a hombres y mujeres, como son el pecho, el pene, la vagina o los testículos, resulta que la gente que siente pudor al hablar de ellos, en vez de hacerlo con naturalidad, los nombra de mil formas distintas, muchas de ellas ridículas y otras feas o misteriosas. Y es que hay personas que creen que le sexualidad, esa atracción que sentimos hombres entre y mujeres, ese juego que hacemos para decirnos el cariño, comunicarnos de forma especial, reproducirnos y sentir placer, es algo malo y que pertenece a la parte oscura y negativa de la persona.

Y me importa mucho que sepáis, ya desde muy pequeños, que no hay nada malo en el ser humano, que todo es bello y atractivo, que cada persona posee una cualidades y un cuerpo único. Nadie tiene las neuronas ni las células como otro y todos poseemos un atractivo que nos hace especiales e irrepetibles.

Ahora sólo notáis la diferencia de si sois niño o niña en vuestros genitales, pero, poco a poco iréis aprendiendo a comportaron de una manera diferente, según vuestro sexo. Algunas veces hombres y mujeres nos comportamos como si fuéramos enemigos y como si no pudiéramos entendernos, pero la realidad es que nos atraemos y nos gustamos, como les ocurre a vuestros padres, abuelos y a todas las parejas que tenéis alrededor.

Y porque se atraen y se quieren, deciden vivir toda su vida juntos y de su amor y su juego sexual nacisteis vosotros, como todos los niños del mundo, que nacen del encuentro de hombre y mujer, de su relación afectivo sexual, que es algo que les une y les pone contentos, que fortalece su relación y su amistad y les hace divertirse juntos y jugar con sus cuerpos y su persona entera.

Poco a poco iréis conociendo cómo están hechas las mujeres y los hombres y cómo se parecen y se diferencian. Pero ahora, como en todo lo que vais aprendiendo, elegid el tener un lenguaje limpio y bonito. Procurad llamar a todas las cosas por su nombre, especialmente a las partes de vuestro cuerpo que son muy importantes y no hay que disimularlas ni ignorarlas. Con esto de la sexualidad pasa como cuando a un niño le dicen que coma “chicha”, en vez de decir carne, como si el niño fuera tonto o incapaz de pronunciar las palabras tal cual son.

Muchos adultos en la sexualidad se comportan como niños y son incapaces de hablar en serio de estos temas y sólo se atreven a decir burradas y ordinarieces, en vez de expresarse como personas inteligentes, que van aumentando sus conocimientos poco a poco, como todo en la vida.

Algunos creen que las cosas de la sexualidad están reñidas con las cosas de Dios, lo que es una barbaridad, pues fue El quien inventó el sexo y el orgasmo y el que dotó al ser humano con este cuerpo y esta personalidad tan bonita y tan única. Lo que a Dios le gusta es que nos gustemos como somos, que nos queramos y que sepamos vivir la intimidad sexual con una persona, no con muchas, pues entonces se pierde capacidad de entrega y de intimidad, así que, de vez en cuando, acordaos de dar gracias a Dios por ese cuerpo único que os ha regalado, de niña o de niño y que un día será de mujer y de hombre, de madre y de padre, preparado para el encuentro y para el amor. Y como las cosas de Dios con lo que tienen que ver es con las cosas del querer, pues es el más interesado en que vivamos una sexualidad feliz, liberadora y entregada.

Yo, desde aquí, quiero dar gracias a Dios por este cuerpo mío de mujer que ha vivido en sí mismo el milagro de ser madre tres veces y la de vivir el encuentro sexual con gozo y con pasión, cada vez con más pasión. ¡Qué bien hace Dios las cosas! ¿Verdad?

Os quiero tanto a todos!!!

CINCO COSAS QUE DESAPRENDER

1.- La sexualidad es algo misterioso, oscuro y pecaminoso.

2.- Dios está pendiente de nuestra vida sexual, para pillarnos en falta.

3.- Los órganos sexuales se denominan de muchas maneras, porque es mejor hablar de ello en tono de broma, que llamar a las cosas por su nombre, e intentar vivir bien la sexualidad.

4.- Es pecado mirarse, gustarse, seducir, variar en el juego sexual y disfrutar en pareja.

5.- El hombre es más macho si tiene más deseo y presume de actividad sexual.

COSAS QUE HAY QUE TENER MUY CLARAS

1.- La sexualidad es un regalo de Dios para la comunicación.

2.- Todas las partes de nuestro cuerpo son bellas, dignas y tienen nombre propio.

3.- Dar demasiada importancia al sexto mandamiento es un error cristiano grave, pues las cosas de Dios tienen que ver con el amor, la justicia, la fraternidad, la felicidad y la plenitud de la persona.

4.- Al final de la vida Dios nos pedirá cuenta de si hemos amado de verdad, y utilizado nuestras capacidades corporales para comunicar el amor, para disfrutar y para fortalecer nuestra pareja o hemos sido pasivos o precipitados sexualmente.

5.- Los temas de sexualidad se deben hablar con naturalidad, pero en clima de comunicación íntima y profunda y no en plan ordinario y jocoso. A veces las personas que tienen problemas con su sexualidad son las que más hablan del tema en tono de broma o se jactan de ello.

Mari Patxi Revista Humanizar

Con la queja perdemos energía

LA QUEJA

Querido familión: ¡Qué bien lo pasamos el otro día, reuniéndonos todos los primos, después de no vernos en tanto tiempo…! La verdad es que nos queremos y disfrutamos juntos un montón.

También es curioso cuánto nos parecemos y cómo llevamos en los genes “la marca de la casa”, en cuanto al humor y la pasión por la gente. Pero una cosa me dejó preocupada y fue la cantidad de veces que se contaminó nuestra conversación con quejas.

A pesar de que nos contamos la vida, y hubo muchas noticias positivas en la conversación, caí en la cuenta de cuantísimo nos quejamos. Dicen los expertos que un deporte nacional es la queja, pero la verdad es que, casi sin darnos cuenta, hablamos de enfermedades, descalificamos comportamientos, gestiones y formas de vida, sacamos a relucir las dificultades del trabajo, de la crisis, de la educación de los hijos, de la falta de sueño, del tiempo, de la urgencia por aprender un idioma, de los transportes, de los medios de comunicación, de…

Estoy convencida de que si hoy falleciera cualquiera de los presentes, que nos queremos tanto, recordaríamos las cualidades que tiene, los ratos buenos vividos, los momentos especiales y las risas compartidas. Pero esos comentarios positivos, esos recuentos tan bonitos como auténticos, los dejamos para los funerales.

Mira que nos queremos todos un montón, pues allí no salió ni una palabra de cariño. Preguntamos unos por otros con verdadero interés, seguimos en la distancia la vida de todos, porque nos importamos, porque juntos somos la familia que da estabilidad a cada persona del clan, pero, la verdad es que cuando estamos juntos decimos paridas, nos reímos mucho, tomamos el pelo, pero nadie habla desde los sentimientos.
Contamos lo último que ha ido mal, aquella dificultad con el coche, con el trabajo o con la salud, pero no nos contamos cómo estamos por dentro, no decimos lo bien que andamos en la pareja, lo ilusionados que estamos con estos hijos que nos llenan la vida de sentido, lo orgullosos que nos sentimos de los detalles de generosidad que están brotando en los descendientes, o del compromiso social que tenemos unos y otros, de lo que nos alegra acoger a gente en nuestra casa y construir un hogar disponible, lo bien que lo hacen los primos que ha adoptado esos niños o las dificultades que están superando con esta situación.

Me ha gustado cuando Elena y Carlos han invitado a que seamos austeros en los regalos y han explicado lo del consumo responsable. También ha sido estupendo cuando Lidia nos ha propuesto lo de apadrinar una familia y la buena respuesta
que ha tenido en todo el grupo. Pero, hay que reconocer que han sido valientes, porque siempre hablamos superficialmente y casi nunca tocamos temas serios. A mí me gusta saber cómo vivís, qué os planteáis, cuáles son vuestros valores y a quién estáis haciendo bien con vuestra historia. A muchos de vosotros os tengo de ejemplo, pero nunca os lo digo. Sois una gente especial, pero tenemos la misma máscara de la sociedad, de juntarnos para quejarnos.

Como sois mi gente, mi familia, las personas que más quiero, me apetece felicitaros por lo bien que sé que vivís…
por el compromiso que tenéis unos en vuestra escalera, cuidando las relaciones y la ayuda entre los vecinos, otros en vuestro barrio, otros en organizaciones solidarias; pero unos y otros estáis comprometidos en apoyar económicamente un comedor en Perú, un hospital en Nicaragua, un apadrinamiento en… y todos estáis haciendo algo para dejar este mundo mejor de cómo os lo encontrasteis.

Y porque estoy orgullosa de vosotros, quiero proponeros que, además, intentemos hablar en positivo, que no digamos sólo lo malo de la gente, de las situaciones y de los políticos. Vamos a elegir contagiar esperanza, positividad, buen humor, ganas de vivir y de querer a la gente, Las emociones, como las enfermedades se transmiten y se contagian, así
que vamos a ser sanadores y pasar el virus del biendecir, que es decir bien del otro y de la vida, ya que las personas
que se quejan son como pequeños ladrones de la felicidad de los de alrededor
.
Vamos a ser buena noticia, pero pronunciada con fuerza y con pasión, con un buen megáfono, con los medios de comunicación que hoy tenemos a nuestro alcance. Vamos a dar limosna de lo de dentro, compartiendo nuestra ilusión, el dinamismo y el sosiego que Dios hace fluir de nuestros adentros y seamos un regalo para los que están
alrededor. No podemos guardarnos esa riqueza para nosotros solos.

Dice la ciencia que nuestros pensamientos son los que crean nuestros sentimientos y ellos nuestras acciones.
La psiconeuroinmunobiología (vaya palabreja) asegura que, una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma, puede ir mucho más allá de lo que uno puede imaginar. El pensamiento y la palabra son una forma de energía
vital que tiene la capacidad de producir cambios físicos y anímicos muy profundos en el organismo. Se ha demostrado que, un minuto manteniendo un pensamiento negativo, puede lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje y afectar nuestra capacidad intelectual, porque deja sin riego sanguíneo las zonas del cerebro donde se toman las decisiones. No es por hacerme la “marisabidilla”, pero he leído que un valioso recurso contra la preocupación, la ira o el desánimo es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro, favorecer la secreción de hormonas, como la serotonina y la endorfina, y mejorar la sintonía de los ritmos cerebrales. Todos podemos llegar a ser escultores de nuestro propio cerebro, teniendo un discurso interior positivo, ya que nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestra percepción de la vida. Por eso, no vemos el mundo que es, sino que vemos el mundo que somos por dentro.

Además, como algunos científicos dicen que cuando uno repite una conducta durante 21 días seguidos, ésta se convierte en hábito, pues vamos a desaprender la queja habitual que todos hacemos desde muy niños y a dar noticias positivas, verdaderas, claro está.
Este reto podría cambiar nuestra vida y la de los de alrededor. Yo me voy a poner un hilo, a modo de anillo, para proponerme frenar quejas, críticas y chismes y, cuando falle, me lo cambio de mano y comienzo a contar otros 21 días, a ver si consigo hacerme una limpieza interior que me energetice y me ayude a vivir mejor y a contagiar mejor vida. ¿Alguien se apunta conmigo?

Un abrazo Mari Patxi

Cuando el amor se rompe

LA SEPARACIÓN ES UN GRAN DUELO

Querida sobrina, sé lo mal que lo estás pasando desde que te separaste, y que este aviso del colegio en el que diagnosticaban a tu hijo de 5 años tristeza, te ha hundido ya en la miseria, por eso hoy me gustaría echarte una mano, a ver si entre las dos conseguimos mirar tu familia con lupa y ver la forma de ponerle un poco más de salud mental a la situación o, por lo menos, suavizar un poco el dolor.

Te ha ocurrido algo dolorosísimo, como es la ruptura de vuestro matrimonio. Es verdad, y dicen que después de la muerte de un hijo, es el duelo mayor que pueden sufrir unas personas, la separación conyugal, la ruptura de vuestro proyecto de pareja, que os deja a los dos con la vida paralizada, con todos vuestros sueños rotos, con el corazón partido, por lo que sufrís los dos y el niño, que quiere vivir en una sola casa y quiere juntaros como sea.

Sé que es tremenda vuestra separación y no por ser muy frecuente es menos dolorosa. Me molesta a mí mucho cuando alguien comenta, a la ligera, que está de moda separarse y se hace muy alegremente, con lo que lleva consigo de sangre, sudor y lágrimas. Las personas que hablan así es porque no han vivido el deterioro de una pareja de cerca y saben poco del corazón humano. También me consta que hay personas que lo superan antes que otras, que parece que encuentran antes motivos para ilusionarse, para llenar su vida de sentido y para reorganizar su nueva manera de vivir.

Llevabais muchos años construyendo vuestro proyecto de pareja y ha tardado poco en romperse, en apearse uno de los sueños comunes y conformarse con una vida mediocre y uniformada. Es duro ver cómo te echan la culpa los que esperaban de ti un comportamiento sacrificado y abnegado, en el que te conformaras con la armonía, al precio que fuera, aunque sea el de vivir una vida gris y sin sentido, uniformada con la de otros seres humanos que sólo aspiran a vivir trabajando, comprando, redecorando su casa, corriendo y gastando las horas restantes delante del televisor. A ti te gustaba crear hogar, tener una casa abierta, tener amigos, vivir un compromiso con el entorno, gastar algo de tu vida en mejorar el mundo, en cuidar las relaciones y la ayuda a los de alrededor. Tú no te conformabas con gastar tu existencia en llenar de caprichos al niño, ahorrar para llevarle a Euro Disney y esperar las vacaciones viviendo los días cada uno igual al anterior, sin disfrutar de lo pequeño, de lo sencillo, de vuestro amor, de las sorpresas cotidianas de la vida y de llenarla de detalles del uno hacia el otro, para hacer crecer vuestro amor y fortalecer vuestra relación.

Has de reconocer que creíste que le ibas a cambiar, que lo que él no valoraba en el noviazgo, acabaría eligiéndolo, al vivir la vida contigo… y no fue así. El no necesitaba la dosis de ilusión y novedad que tú le echas a la vida diaria. A él le bastaba con vivir en blanco y negro, sin utilizar el resto de pinturas con que Dios le dotó al llegar a este mundo, para vivir una vida de colores. Y tú pusiste color a su vida mucho tiempo… y su seriedad llegó a robarte tus colores y enfermaste de depresión varias veces, aunque nos lo quisiste disimular a todos. Y es que no sé qué demonio pasa en el noviazgo, que uno tiene una miopía total, ve las cosas como las quiere ver, en vez de cómo son, y está convencido de que luego conseguirá cambiar al otro.

A él le volvías loco con tus coloridos, le entusiasmabas la vida, se la iluminabas… pero al mismo tiempo no lo podía soportar y te rechazaba tanto como te admiraba, le gustabas tanto como le invadías, le producías envidia, rabia y humor al mismo tiempo. El caso es que todos nos emparejamos buscando en el otro lo distinto, lo opuesto, lo complementario y luego, nada más casarnos, queremos cambiarles porque, aquello por lo que les hemos elegido, lo que nos hacía gracia, nos incomoda, nos irrita, nos aleja y nos rompe el amor. Hay motivos que son pequeños y superables. Los vuestros son graves e insalvables. Lo sé por la de veces que has pedido consejo, asesoramiento, apoyo a expertos y acompañamiento en la conciliación.

Como dice Antoine Filissiadis en el libro “Persigue tus sueños”, la mayoría de las personas vive la vida como un autómata, ignorando que vivir es un arte, que tenemos que ir inventando. Nos pasamos la vida intentando, al precio que sea, respetar las consignas acordadas. Y si el juego no nos hace felices, pues sufrimos y, en un tono fatalista, exclamamos: ¡es la vida! Y no es verdad. La vida no es para sufrir. ¡Somos artistas! Nuestra historia es una obra de arte. ¿Por qué vivirla en blanco y negro? ¡Podemos pintarla de colores añadiendo un toque de alegría, un reflejo de placer, un abanico de felicidad!

¡Tú has sido una valiente, la verdad! Te has currado la pareja y después te has trabajado mucho el romper sin causar dolor, intentando que hubiera poca sangre, poco desgarro emocional para los tres… pero no lo has conseguido. Me consta que una y otra vez te preguntas si te habrás equivocado, que si habría sido más fácil rendirte y conformarte con una vida gris, rutinaria y mediocre, antes que montar esta guerra dolorosa en la que él ha querido acabar. Tú eres una persona buena, buenísima diría yo. Y los demás te acusan de no haberte sabido “santificar con el hombre que Dios puso en tu vida”. Y esa crítica sé que te hace daño, que te cuestiona, que te duele en el alma porque es lo primero que te planteaste, lo que luchaste durante años, antes de dar el paso.

Como ya te he dicho muchas veces, una vez más os pongo a los tres ante el Señor, pidiéndole que os haga sentir su compañía y su impulso y a ti, especialmente, que te de mucha fuerza para vivir este tiempo doloroso, de rechazo familiar, de tensión al inventar esta nueva manera de vivir, de pactar los ratos del niño, de utilizar las matemáticas para programar las vacaciones, de sentirte fiscalizada, acusada, casi psicológicamente apedreada, como la adúltera del evangelio, porque no entienden tu separación no habiendo malos tratos, ni infidelidad, ni otra causa grave, simplemente por sentirte empujada a vivir como una mujer bonsái, una vida pobre, sosa, gris, rutinaria, anodina y sin ilusión. Eso la mayoría de la gente lo considera “pecata minuta” y no lo encuentra motivo para romper un matrimonio e intentar reiniciar una nueva vida de colores, sola o con alguien que como tú, sueñe con disfrutar del arcoiris de la vida.

Me imagino a Jesús a tu lado diciéndote, yo tampoco te condeno, vete en paz… y vive, y sé libre por dentro, porque ninguna de esas piedras que te tiran es justa ni pensada, sólo es un hábito social de juzgar a los otros con una ligereza nada fraterna, nada comprensiva ni compasiva. Sigue adelante, hija mía, que yo he soñado para ti, y para tu hijo, la Vida en Abundancia, que vivas divinamente, que vengas a mí cuando estés cansada y agobiada, que yo te aliviaré y empléate en el afán de cada día, siendo pobre, sencilla, trabajando por la justicia y por la paz y dejando este mundo mejor de cómo lo encontraste al llegar.

A ver si conseguimos que este duelo dure poco y sientas el impulso de Dios a vivir, día a día, a poquitos, una vida bonita, sin culpa, sin tener que agradar a todos, fallando a lo que se esperaba de ti, “oficialmente”… y construyendo tu vida, esa gran obra de arte que has empezado en contra de los que te quieren uniformar y meter por el carril oficial…Sabes que me tienes, para lo que quieras… ¡te quiero tanto!

Un abrazo Mari Patxi

Revista Humanizar

No soy de aquí, ni soy de allá

NO SOY DE AQUÍ, NI SOY DE ALLÁ…

Querido familión! Mientras estáis en vuestra fiesta, con el volumen a toda pastilla, “para callar las penas”, como decís, se me ocurre escribir algunas cosillas que me gustaría deciros.

Os veo tan unidos como una piña. Vinisteis a nuestra tierra de uno en uno y, enseguida buscasteis alguien de los vuestros, para sentiros menos solos, cómplices en la nostalgia y mano amiga en la dificultad. Os reunís para compartir los sueños que traíais en la maleta y que se han roto nada más llegar; también para que, juntos, os duelan menos las diferencias y conseguir acostumbraros a nuestro tono de voz, que os suena rudo, seco, distante y frío. Os juntáis para aliviaros la morriña digestiva, que os hace mantener la línea, a fuerza de disfrutar sólo con la comida de vuestra tierra. Os apiñáis, con tal de volver a escuchar el mismo tono, el mismo idioma, el mismo tema, la misma música, la misma fe, la misma herida, el mismo sueño o el mismo miedo… Incluso, a veces necesitáis agruparos para defenderos de nosotros, que, en muchas ocasiones, casi siempre sin darnos cuenta, podemos actuar como tiranos, explotadores, indiferentes, despectivos, prepotentes o autistas.

Admiro cuánto valoráis a vuestros ancianos, lo afectivos que sois con vuestros hijos, la ternura que ponéis en el trabajo, la valentía de manteneros fieles a vuestras costumbres y el gran esfuerzo que hacéis por estar aquí y comportaros como si fuerais de los nuestros. Agradezco vuestros desvelos con nuestros mayores, para los que nos queda poco espacio y tiempo en el hogar y en el vivir cotidiano. Tiene un valor infinito cómo estáis criando a nuestros hijos, mientras algunos tenéis en vuestra tierra otros de edad parecida, que hace que se os parta el alma cada vez que pensáis en ellos y que volquéis todo vuestro amor en esos niños caprichosos que creen tener derecho todo, porque os pagan por ello. Me encanta cuando veo a un bebé que se acurruca en vosotras y que, sólo en el color de la piel se nota que no sois su madre, porque en lo demás lo hacéis igual de bien, o incluso mejor, que la auténtica.

Me pongo a reconoceros y agradeceros detalles y no terminaría, pero me gustaría también pediros perdón, porque me duelen, como ser humano, y también como española, muchas situaciones injustas que habéis padecido. Recuerdo cuando a ti Carmen, que estudiaste derecho en tu tierra, te tuvieran sirviendo aislada en aquel chalet, sin permitirte salir nunca a la civilización, porque no había transporte, trabajando de día y de noche, por un sueldo ridículo, pero debías sentirte agradecida, ya que te daban casa, aún sin tener papeles, que eso ya era el colmo de la generosidad. Me enfurece el que a ti, Lesbia, no te permitían probar bocado, hasta que comieran todos los de la casa, y muchos días almorzaste a las 6 de la tarde. Me duele aquello que te hicieron Nikolas, de contratarte por la mitad de sueldo, por el mero hecho de ser extranjero. Me encabrita cuando a ti Gladix, te echaron del coro, porque no estabas casada por la iglesia. Me endemonio cuando recuerdo la tiranía de aquella señora que a ti, Jairo, te alargaba el horario y, encima, te descontaba el tiempo que habías pasado leyéndole, porque no lo consideraba trabajo. Me enfurece recordar el intento de abusos sexuales que sufriste Gerald y todo el tiempo que te guardaste el secreto para ti sola. Me enrabieto, Iris, con quien te trajo para ser modelo y te metió en una red de prostitución, viviendo apiñadas, en una semipocilga, con otra veintena de niñas, con colchones en el suelo y a medio comer, para luego ofreceros “preciosas” a clientes de carretera, ansiosos de carne joven e indiferentes a la persona que estaban prostituyendo…

Por otro lado, estoy encantada con la nueva vecina peruana, que, con ternura infinita, acompaña la vida de un anciano, como si fuera su hija y que es su ángel de la guarda, de día y noche. Me emociona ver a Charly rebajar el precio de las llamadas, en su locutorio, a esos inmigrante que no tienen suficiente dinero para pagar la llamada que se les ha alargado, sin darse cuenta. Es precioso ver a los cuatro chinitos, que van tan contentos al cole, de la mano, protegiendo a su hermana chiquitita, como si fueran sus padres. Me gusta la dignidad, profesionalidad y calidez del nuevo portero, que aprendió en su país nuestra lengua, viendo telenovelas, y hoy custodia nuestros hogares. Me da envidia la naturalidad con que demostráis vuestra fe, en cualquier conversación, o cuando deseáis, con todo cariño, que “Dios te acompañe”… Y me gusta muchísimo cuando hacéis realidad vuestra fe, compartiendo lo poco que tenéis, con el que tiene menos, atentos siempre a “adivinar lo que al otro le haga falta”.

Son tantas las cosas y situaciones que he aprendido a través vuestro, que no me cabrían en estás dos páginas que tengo, pero quiero desde aquí, haceros un homenaje a vuestras vidas duras, rotas, agotadoras y, en muchos casos inhumanas, junto a vuestra calidez de corazón, categoría humana, sensibilidad para devolver bien por mal, empatía hacia los necesitados, generosidad empática de expertos cuidadores y exquisitez de corazón. Que Dios os siga llevando de su mano y que todos luchemos para que todo el mundo tenga sus necesidades cubiertas y una vida digna, donde quiera vivir, y no haya bandos ni diferencias entre nosotros. Así construiremos entre todos la gran familia de los hijos de Dios, trabajando por hacer un mundo justo, humano y fraterno.

¡Ah! Se me olvidaba deciros que aunque no consigamos acostumbrarnos al volumen de vuestra música, por lo demás, habéis enriquecido nuestras vidas y habéis universalizado nuestros corazones. Gracias por estar ahí, facilitándonos la vida, caminando juntos distintos, pero nunca distantes.

Desde estas páginas quiero felicitar a todas las personas que habéis sabido dar calor de hogar a quien ha trabajado para vosotros, que no le habéis hecho sentir extranjero, sino uno más en el vivir diario y en el trabajo que todos nos regalamos unos a otros, para sentirnos válidos. Hay gente estupenda de la que no he hablado y por la que brindo ilusionada. He gastado más tinta en la denuncia, pero es que yo deseo que no vivamos de espaldas al mundo, dando vueltas a la noria de nuestras preocupaciones. Esto ni es sano ni hace bien a nadie. Se nos está quedando el corazón raquítico de tanto autocompadecernos con la crisis. Yo creo que ha llegado el momento de que digamos ¡Basta ya! Hay más personas en el planeta que nosotros, hay tragedias mundiales que son realmente importantes y nosotros somos capaces de andar dando vueltas a nuestra economía, o trajinando una boda familiar, o viajando y, mientras, vivir aislados del mundo, desentendidos de todas las cosas que les ocurren a los demás, viviendo una vida pobre, egocéntrica e insulsa.

Me viene a la cabeza aquello de que al final de la vida nos examinarán del amor y entonces podremos abrir el corazón lleno de nombres… y a mí en estos últimos tiempos se me han colado en el mío un montón de ellos, extranjeros, además de los que ya he nombrado en mi carta. Un abrazo tierno, acogedor y confiado a cada uno. Mari Patxi Revista Humanizar

Querido familión! Mientras estáis en vuestra fiesta, con el volumen a toda pastilla, “para callar las penas”, como decís, se me ocurre escribir algunas cosillas que me gustaría deciros.

Os veo tan unidos como una piña. Vinisteis a nuestra tierra de uno en uno y, enseguida buscasteis alguien de los vuestros, para sentiros menos solos, cómplices en la nostalgia y mano amiga en la dificultad. Os reunís para compartir los sueños que traíais en la maleta y que se han roto nada más llegar; también para que, juntos, os duelan menos las diferencias y conseguir acostumbraros a nuestro tono de voz, que os suena rudo, seco, distante y frío. Os juntáis para aliviaros la morriña digestiva, que os hace mantener la línea, a fuerza de disfrutar sólo con la comida de vuestra tierra. Os apiñáis, con tal de volver a escuchar el mismo tono, el mismo idioma, el mismo tema, la misma música, la misma fe, la misma herida, el mismo sueño o el mismo miedo… Incluso, a veces necesitáis agruparos para defenderos de nosotros, que, en muchas ocasiones, casi siempre sin darnos cuenta, podemos actuar como tiranos, explotadores, indiferentes, despectivos, prepotentes o autistas.

Admiro cuánto valoráis a vuestros ancianos, lo afectivos que sois con vuestros hijos, la ternura que ponéis en el trabajo, la valentía de manteneros fieles a vuestras costumbres y el gran esfuerzo que hacéis por estar aquí y comportaros como si fuerais de los nuestros. Agradezco vuestros desvelos con nuestros mayores, para los que nos queda poco espacio y tiempo en el hogar y en el vivir cotidiano. Tiene un valor infinito cómo estáis criando a nuestros hijos, mientras algunos tenéis en vuestra tierra otros de edad parecida, que hace que se os parta el alma cada vez que pensáis en ellos y que volquéis todo vuestro amor en esos niños caprichosos que creen tener derecho todo, porque os pagan por ello. Me encanta cuando veo a un bebé que se acurruca en vosotras y que, sólo en el color de la piel se nota que no sois su madre, porque en lo demás lo hacéis igual de bien, o incluso mejor, que la auténtica.

Me pongo a reconoceros y agradeceros detalles y no terminaría, pero me gustaría también pediros perdón, porque me duelen, como ser humano, y también como española, muchas situaciones injustas que habéis padecido. Recuerdo cuando a ti Carmen, que estudiaste derecho en tu tierra, te tuvieran sirviendo aislada en aquel chalet, sin permitirte salir nunca a la civilización, porque no había transporte, trabajando de día y de noche, por un sueldo ridículo, pero debías sentirte agradecida, ya que te daban casa, aún sin tener papeles, que eso ya era el colmo de la generosidad. Me enfurece el que a ti, Lesbia, no te permitían probar bocado, hasta que comieran todos los de la casa, y muchos días almorzaste a las 6 de la tarde. Me duele aquello que te hicieron Nikolas, de contratarte por la mitad de sueldo, por el mero hecho de ser extranjero. Me encabrita cuando a ti Gladix, te echaron del coro, porque no estabas casada por la iglesia. Me endemonio cuando recuerdo la tiranía de aquella señora que a ti, Jairo, te alargaba el horario y, encima, te descontaba el tiempo que habías pasado leyéndole, porque no lo consideraba trabajo. Me enfurece recordar el intento de abusos sexuales que sufriste Gerald y todo el tiempo que te guardaste el secreto para ti sola. Me enrabieto, Iris, con quien te trajo para ser modelo y te metió en una red de prostitución, viviendo apiñadas, en una semipocilga, con otra veintena de niñas, con colchones en el suelo y a medio comer, para luego ofreceros “preciosas” a clientes de carretera, ansiosos de carne joven e indiferentes a la persona que estaban prostituyendo…

Por otro lado, estoy encantada con la nueva vecina peruana, que, con ternura infinita, acompaña la vida de un anciano, como si fuera su hija y que es su ángel de la guarda, de día y noche. Me emociona ver a Charly rebajar el precio de las llamadas, en su locutorio, a esos inmigrante que no tienen suficiente dinero para pagar la llamada que se les ha alargado, sin darse cuenta. Es precioso ver a los cuatro chinitos, que van tan contentos al cole, de la mano, protegiendo a su hermana chiquitita, como si fueran sus padres. Me gusta la dignidad, profesionalidad y calidez del nuevo portero, que aprendió en su país nuestra lengua, viendo telenovelas, y hoy custodia nuestros hogares. Me da envidia la naturalidad con que demostráis vuestra fe, en cualquier conversación, o cuando deseáis, con todo cariño, que “Dios te acompañe”… Y me gusta muchísimo cuando hacéis realidad vuestra fe, compartiendo lo poco que tenéis, con el que tiene menos, atentos siempre a “adivinar lo que al otro le haga falta”.

Son tantas las cosas y situaciones que he aprendido a través vuestro, que no me cabrían en estás dos páginas que tengo, pero quiero desde aquí, haceros un homenaje a vuestras vidas duras, rotas, agotadoras y, en muchos casos inhumanas, junto a vuestra calidez de corazón, categoría humana, sensibilidad para devolver bien por mal, empatía hacia los necesitados, generosidad empática de expertos cuidadores y exquisitez de corazón. Que Dios os siga llevando de su mano y que todos luchemos para que todo el mundo tenga sus necesidades cubiertas y una vida digna, donde quiera vivir, y no haya bandos ni diferencias entre nosotros. Así construiremos entre todos la gran familia de los hijos de Dios, trabajando por hacer un mundo justo, humano y fraterno.

¡Ah! Se me olvidaba deciros que aunque no consigamos acostumbrarnos al volumen de vuestra música, por lo demás, habéis enriquecido nuestras vidas y habéis universalizado nuestros corazones. Gracias por estar ahí, facilitándonos la vida, caminando juntos distintos, pero nunca distantes.

Desde estas páginas quiero felicitar a todas las personas que habéis sabido dar calor de hogar a quien ha trabajado para vosotros, que no le habéis hecho sentir extranjero, sino uno más en el vivir diario y en el trabajo que todos nos regalamos unos a otros, para sentirnos válidos. Hay gente estupenda de la que no he hablado y por la que brindo ilusionada. He gastado más tinta en la denuncia, pero es que yo deseo que no vivamos de espaldas al mundo, dando vueltas a la noria de nuestras preocupaciones. Esto ni es sano ni hace bien a nadie. Se nos está quedando el corazón raquítico de tanto autocompadecernos con la crisis. Yo creo que ha llegado el momento de que digamos ¡Basta ya! Hay más personas en el planeta que nosotros, hay tragedias mundiales que son realmente importantes y nosotros somos capaces de andar dando vueltas a nuestra economía, o trajinando una boda familiar, o viajando y, mientras, vivir aislados del mundo, desentendidos de todas las cosas que les ocurren a los demás, viviendo una vida pobre, egocéntrica e insulsa.

Me viene a la cabeza aquello de que al final de la vida nos examinarán del amor y entonces podremos abrir el corazón lleno de nombres… y a mí en estos últimos tiempos se me han colado en el mío un montón de ellos, extranjeros, además de los que ya he nombrado en mi carta. Un abrazo tierno, acogedor y confiado a cada uno.

Mari Patxi Revista Humanizar