Lo sencillo

Queridos todos: El tema de este mes me apasiona. Soy de las que apuesto por la calidad de vida y quiero huir de la mediocridad somnífera en la que se instala mucha gente, viviendo una existencia sosa, incolora e insípida, sesteando una forma de vivir rutinaria, con cada día igual al anterior, corriendo sin saber tras qué, sin entusiasmo, sin ilusión para poner color a la propia persona, a la vida, a la familia, al trabajo, al ocio, al hogar, a las relaciones, a la fe, al descanso…

Creo que sestear la vida e ir por el mundo “tirando” en vez de recogiendo y aprovechando lo que cada día nos trae, es un pecado grave de omisión. Esta mañana me discutía una compañera que la vida es mucho más triste que alegre, dura que agradable, lucha que disfrute. Y de calidad, no tiene nada que ver con el tener sino con el ser. Por más que nos venden, por todos los frentes, que son los objetos los que nos dan felicidad, o el ser el primero en tener lo último, o el redecorar la casa, o los kilómetros de aventura que recorremos, lo cierto es que una vida de calidad, de armonía interior y plenitud, es aquella en la que vives de acuerdo con tu proyecto personal, en la que guardas todos los días un rato para reflexionar cómo quieres vivir, cuando gastas tiempo en los demás, cuando trabajas aportando a la sociedad lo mejor tuyo, cuando practicas la justicia en pequeños detalles laborales, familiares, sociales, cuando compartes, parte de lo que tienes de más, con los que sabes que no tienen lo necesario, cuando amas gratuitamente, es decir, a fondo perdido, sin esperar que el otro te corresponda, sino aceptándole empáticamente, permitiéndole ser distinto a ti y expresar sus afectos, como puede y como sabe. Y por último, cuando vives la vida como una fiesta y se la haces festiva, agradable y divertida a los demás; si, además, todo esto lo vives acompañado con la presencia y fortaleza de Dios, que nos comprar propecia en vancouver same technique bad like. pone las pilas, nos impulsa la misericordia, la justicia, el sosiego y la ilusión y nos da pistas para vivir una existencia apasionante, entonces ya es el colmo de la felicidad y la plenitud.

El otro día leía que en el mundo hay dos grandes potencias; una es EEUU y la otra soy yo, o eres tú, vaya, con tus capacidades personales y posibilidades, siempre que las pongas al servicio de lo mejor para ti y para los demás. Tenemos posibilidades autodestructivas y adormecedoras o potenciadoras y plenificantes. Pero cada uno elige las que quiere usar. Cuando todas van armónicamente dirigidas hacia la excelencia, expresión que tanto utiliza la otra gran potencia mundial, conseguiremos para nosotros y para los demás una vida de calidad, una historia interesante, una existencia fructífera.

Bueno, no vayan a pensar que estoy hablando líricamente de la vida, como si estuviera en una nube y no recordara que estamos en plena crisis económica. No, es precisamente porque estamos viviendo un momento duro y difícil, porque hay que apretarse el cinturón, porque vamos a tener que bajar nuestro poder adquisitivo y renunciar a lujos que, a fuerza de tenerlos habitualmente los hemos convertido en necesidades y sin los que podremos vivir a nada que nos lo propongamos.

La crisis puede ser una oportunidad de crecimiento, un momento para compartir más, para vivir atentos al que necesita lo que a nosotros nos sobra, para ser más austeros y vivir con menos, para comportarnos con los otros como si fueran nuestros hermanos, es decir, que nuestra familia no sea solo la que consta en el libro de familia, sino que abramos nuestro corazón y nuestra economía y posesiones a vecinos, a amigos, a organizaciones, al mundo en general. Ojala esta crisis nos haga cuestionar el sistema de vida, despertar y retornar de ese camino de ida, que llevábamos hacia el tener y volvamos al del ser, al del estar. Que recuperemos la comunicación, el compartir, el trabajar creando, el hacer familia, el tener ratos para la pareja, para los hijos, para la amistad, para el ocio casero y natural, sabiendo renunciar a cosas como el coche, las exquisiteces gastronómicas, o los mil archiperres que nos han encarecido la vida y llenado de esclavitudes.

Hace falta cubrir las necesidades básicas propias y ajenas, pero cuidado con los deseos, que son imposibles de satisfacer, como pozos sin fondo, que tiran de nosotros para hacernos creer que necesitamos mucho más de lo que tenemos, para una vida digna y de calidad. Frenemos la prisa, el gasto loco, el despilfarro contagioso, el lujo que se nos ha colado en la vida cotidiana y amemos más, adivinemos lo que necesita el otro y compartamos, reciclemos, acojamos, pidamos y ofrezcamos. Invitemos en casa, ya que comer fuera es un lujo, juguemos una partida de cartas, montemos una tarde de cine doméstico (con palomitas mejor), inventemos un ocio en transporte público, recuperemos los paseos, la contemplación, las tertulias, el préstamo de libros, música o cine, las excursiones a la naturaleza, la visita a exposiciones, parques y zonas de nuestro entorno, que nos seguirán sorprendiendo. Y también dejemos ratos para no hacer nada, que es tan sano y relajante.

Este es un momento sagrado e importante para conseguir una vida de calidad, unos encuentros profundos, unas redes sociales sólidas que nos ayuden a entusiasmarnos con esta nueva etapa de bajón económico y de subidón de lo principal, lo importante, lo bello, lo sosegado, lo sagrado y lo gratuito. Que Dios nos ayude a hacer la revolución del Amor, que es en definitiva lo que estoy escribiendo. Ahí va un abrazo.

Amores públicos y amores privados

Querida pandilla: Os veía esta tarde en grupo, achuchándoos unos a otros, riéndoos y comentando la vida. Se os veía contentos y vuestros cuerpos reflejaban la edad pletórica en que estáis, vuestras hormonas alteradas os hacen atraeros los unos a los otros y jugar el juego de la seducción y del coqueteo constantemente. Es así de maravillosa la naturaleza y vuestros cuerpos y personalidades están preparándose para vivir en pareja y para continuar la especie.
Me moría de risa cuando contabais que os habíais presentado desnudos a una tienda de la que habéis salido vestidos, junto a otros 500 jóvenes, aunque el premio de entrar desnudos y salir cubiertos con la ropa de su marca comercial sólo admitía a 200 personas. ¡Genial! Me parece una forma divertidísima de hacer publicidad y me parece que vuestra naturalidad para mostrar vuestros cuerpos es muy sana, pero… tengo alguna duda por ahí detrás que me ronda y os la comparto. Me gusta veros tan divertidos y cariñosos, pero me llama mucho la atención el poco pudor que tenéis para vuestras manifestaciones afectivo-sexuales. Dos de vosotros, ajenos a la conversación del grupo, os comíais a besos, os acariciabais por todos los rincones y los demás parecían prescindir de vosotros y de vuestros juegos. Yo pensaba si ese momento tan fuerte de afecto, sexualidad y comunicación, no requeriría un poco más de intimidad… Porque cuando uno está en grupo lo mejor que puede hacer es saber estar con todos, incluir a todos y, si está emparejado, con una mano estar abrazando o expresando tu vínculo afectivo con esa persona y con la otra estar abierto a los demás, no encerrados en vuestra comunicación de a dos sino atentos al grupo y a su marcha, para no hacer de menos ni a uno ni a los otros y para no molestar a nadie. Alguien puede sentirse incómodo por vuestro maratón de efusividad y a mí me extraña, que a vosotros no os resulte molesta la presencia del resto de la pandilla. El amor es precioso y siempre da gusto verlo, a no ser que uno tenga un problema de rechazo o esté viviendo un momento de dolor o de desencanto y esto le haga sufrir. Estamos hechos para el encuentro, para la relación, para emparejarnos y vivir un amor especial con alguien en exclusividad, y a todos nos sienta bien, e incluso nos genera alegría interior, ver a los otros quererse, del mismo modo que ver sufrir nos produce dolor. Pero en nuestra sociedad suele ocurrir, que es tan frecuente ver a parejas jóvenes “enganchadas” en manifestaciones afectivas eternas, como ver a las parejas maduras “desenganchadas”, alejadas, como disimulando el amor y la atracción que existe entre ambos. Y tanto una cosa como la otra no son del todo sanas. Un importante estudio sobre el amor dice, que está compuesto de solicitud, afecto e intimidad. Os lo explico, para que no os suene teórica la idea. Solicitud es atención al otro y a sus necesidades y deseos, ocuparse y preocuparse de lo que necesita. El afecto es desear estar con el otro, querer permanecer junto a él, en cercanía. Y por último intimidad es, no sólo estar junto al otro sino escucharle y prestarle toda tu atención. Porque el encuentro sexual tiene su dosis de misterio, es la danza del amor que podría compararse a una escalera que se va subiendo poco a poco en la que al término de la misma existe una puerta, que sería el coito. Todos sabemos cómo es este final, pero también conocemos el primer peldaño de una relación, ese rozarse mano con mano que le pone a uno los pelos de punta y le da un escalofrío que le recorre desde el dedo del pie al último cabello de la cabeza, y que es ahí donde comienza la atracción de los dos. Entre el primer escalón y el último hay muchos peldaños de ternura, comunicación, caricias, recovecos, confidencias, recorrerse, sentirse, gustarse el uno al otro… Y como la naturaleza está tan bien inventada, todo ese juego amoroso es el que va dilatando a uno y a otro para llegar a ese orgasmo pleno que sería el final de la escalera. Del número de peldaños que tenga cada relación amorosa, del tiempo y el interés que nos dediquemos, del cuidado del otro, del saber pedir lo que uno necesita, de ser exquisito y variado en los detalles, de la no precipitación, depende nuestro éxito final. Hay relaciones tan rápidas, tan urgentes, que se fuerza esa puerta de entrada, saltándose peldaños y esa relación es dolorosa, ya que no se ha preparado con la ternura y el juego anterior. También comenzar nuestra relación por los últimos peldaños, sin haber cuidado ternuras preliminares, dificulta la “armónica entrada de los dos por la puerta grande”. Y para toda esta danza del amor se necesita intimidad, privacidad y atención total del uno al otro. Por eso no entiendo las relaciones afectivo-sexuales masivas, ni las exageraciones en manifestaciones, gestos y posturas que requerirían vivirse en un clima romántico de intimidad, de exclusividad y de entrega total. Claro que el modelo de sexualidad que se nos ofrece en los medios de comunicación es así; simplemente genital. Te veo, me gustas, me apeteces e intento tener una relación sexual contigo… sin más… como si buscaras compañero de patinaje o de partido de tenis… Luego te dejo y no ha pasado nada entre nosotros. Pero es que hacer el amor no es algo que se haga sólo con el cuerpo. En ello entra nuestra mente, todo aquello que pensamos, los valores que tenemos, nuestra capacidad de encuentro, relación y la intimidad compartida. También entran en juego nuestros valores y nuestros sueños. Si trato a la otra persona en plan de “usar y tirar”, habré llegado hasta el último rincón de su cuerpo sin dejar nada de mí en ello. Y me marcharé a buscar la siguiente relación sexual, ya que en ella no he puesto nada más que mi biología… el resto de mi persona me la he dejado en casa. No se ha implicado en esta aventura amorosa… o quizás más bien sólo gimnástica. Pero la sexualidad no se desarrolla plenamente si no se vive de manera integral, es decir, implicando a todas las partes de la persona, abarcando su dimensión corporal, mental, social y espiritual. Y el otro tipo de relaciones solo físicas nos dejará insatisfechos, solos y vacíos. En cambio, el encuentro total, el hacer el amor nos deja con sensación de complicidad, de desear volver a fundirse el uno en el otro en cuerpo y alma. Muchas personas contabilizan sus encuentros sexuales por la cantidad, en vez de tener en cuenta la calidad. Se habla mucho, mejor dicho se presume mucho, de actividad y habilidad sexual, como se comentan los viajes o las comilonas…Y con el amor ocurre como con la comida, que cuando uno se levanta satisfecho de la mesa no está pensando en volver a comer de nuevo. Cuando se vive un encuentro profundo, se goza del placer de la fusión de los dos, se siente uno íntimamente unido al otro con sensación de complicidad, amor, ternura y plenitud. Además es con la única persona con la que vives esa parcela completa de tu vida, a la que le entregas del todo, en alma y cuerpo, y al otro le ocurre lo mismo. Es como pisar un terreno sagrado, mágico, precioso… aunque algunos lo quieran envolver en vulgaridad, obscenidad y superficialidad. No sé si mi carta de hoy es demasiado larga. Mi idea era sólo invitaros a vivir el amor, a no gastaros en encuentros superficiales y gimnásticos porque os arrastra la moda o la pandilla. ¡Hay tanto dolor en una sexualidad mal vivida, por no haberse iniciado adecuadamente en el amor…! Sed los dueños y protagonistas de vuestra propia historia y vivid siempre lo mejor, lo que os deja bien y os hace sentiros personas en plenitud. ¡Vaya rollo que os metido! Y todavía se me quedan cosas pendientes. Un abrazo CINCO COSAS PARA DESAPRENDER: 1.- Los encuentros sexuales se miden por su cantidad no por su calidad. 2.- La persona que más farda de su vida sexual es la más activa y divertida en el sexo. 3.- La naturalidad en la afectividad y sexualidad es vivirla en cualquier lugar y situación. 4.- Los jóvenes se quieren más porque se tocan más. 5.- Cuando uno es mayor pierde el interés sexual. CINCO COSAS PARA TENER EN CUENTA: 1.- La persona está formada por su cuerpo, su mente, sus relaciones y su espiritualidad. 2.- La sexualidad es una dimensión importantísima de todo ser humano. 3.- Hay que tener buena relación con el propio cuerpo y aprender, cada día más, a gozar y hacer disfrutar más del encuentro sexual. 4.- El amor está compuesto por solicitud, intimidad y afecto. 5.- No se nos ha educado para la intimidad, para hablar desde los adentros. Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR

LA AUSTERIDAD, LA SOLIDARIDAD, VALORES DE LA FAMILIA

Queridos sobrinos: Contabais el otro día el planazo que tenéis para este verano y me llamaba la atención lo poco que tiene que ver con los viajes que se monta todo el mundo. Vosotros vais a ir de campamento con chavales de familias desestructuradas, a hacerles disfrutar de una experiencia de grupo divertida, solidaria y educativa. Siempre he envidiado vuestra pertenencia a un grupo scout, entre otras cosas porque en mis tiempos no había y es de las cosas que me habría gustado experimentar, igual que vivir una temporada en un colegio mayor y acompañar una jornada de trabajo en un barco de pescadores. Son cosas que habría querido vivir, casi tanto como el visitar el tercer mundo, para dejarme interpelar y convertir por sus gentes, que es algo que haré algún día.

Os decía que me gusta vuestro plan de vacaciones porque, me parece, que va a ser un verano que no os va a dejar indiferentes. A toda la familia nos interpelan y nos gustan vuestros planteamientos de vivir comprometidos con el mundo y de seguir trabajando para dejarlo mejor de cómo lo encontrasteis, que es el lema scout que os he oído expresar durante toda la vida. Y además podría asegurar que lo habéis conseguido porque se está bien a vuestro lado, cuidáis las relaciones familiares, nos implicáis en vuestras cosas y, con las “jornadas de puertas abiertas” que montáis en vuestros cumpleaños, conseguís que nos conozcamos y queramos todos vuestros amigos, compañeros, parientes y conocidos. No tenéis pudor en contarnos vuestros sueños, demostrarnos vuestro talante austero y pedirnos que no os hagamos regalos, para no fomentar vuestra parcela caprichosa y consumista.

Es bonita esa opción vuestra de hacer que por cada cosa que entre en vuestra casa, ha de salir otra igual, es decir, que si os regalamos un libro, vosotros regaláis otro, si llevamos unos guantes para la niña, salen otros guantes de la casa y si le llevamos un juguete, ya sabe la niña que daréis otro de sus juguetes a otros niños, para no acumular y no tener tanto de todo. En vuestra casa se conjuga mucho el verbo compartir y hasta los niños pequeños lo expresan con naturalidad y frecuencia. Es importante y un buen testimonio que, en un momento de la historia en el que todos queremos tener de todo, mucho, y ya… vosotros elijáis tener poco y vivir austeramente como valor, como libertad, para caminar ligeros de equipaje y sin agobios de espacio y de chismes.

Pues en vuestra campaña de vivir felices, de trabajar por la justicia y el bien común, os habéis planteado ir al campamento a compartir con estos niños vuestros días de vacaciones, porque es un gran regalo que hacéis a vuestros hijos, el vivir con otros, el compartiros, el que aprendan a querer y se sientan queridos por otros niños que habitualmente no están envueltos en cariño. Estoy segura que yo me habría planteado si mis

hijos se “deseducarían”, si les atendería poco, si aprenderían cosas negativas o si les estaría restando una ración de padres, en vacaciones. En cambio vosotros nos habéis contado, con ilusión, que para ellos puede ser un aprendizaje, ya que son tan cariñosos, comunicativos y tiernos que facilitarán la comunicación del amor a estos chicos, aparentemente rudos, bruscos y poco afectuosos. Estáis convencidos de que toda la familia podéis ser un regalo bonito, para estos muchachos tan poco familiares, que verán cómo os queréis vosotros dos y cómo os comunicáis el cariño los cuatro.

Yo entiendo que, tontos no sois, y sabéis muy bien que ir al crucero, que os invitó vuestro suegro, habría sido fantástico, pero habéis sido valientes al renunciar, ya que habíais adquirido este compromiso con vuestro grupo, en el que durante todo el año colaboráis como voluntarios. Habéis sido muy generosos y, además, lo hacéis sin alardear, sin haceros los mártires sino con el orgullo del bonito regalo que va a ser este verano para vosotros cuatro y compartiéndonos vuestros proyectos y planes, para hacer que los chicos disfruten de una experiencia casi familiar, de vivencias, ocio, aprendizajes y límites.

Me alegra un montón saber que hay cantidad de gente que gasta sus vacaciones en otros. Mi ginecóloga se va todos los veranos al tercer mundo, a operar. Nuestro amigo el óptico, el que recoge gafas usadas para llevarlas a Africa, se pasa dos meses cada verano practicando cirugías oftalmológicas, junto a otros dos amigos que fielmente regalan su veraneo a gente que lo necesita. Me sigue sorprendiendo cuántos sois los que adivináis lo que necesita la gente. Parece que tenéis un radar especial para detectar lo que les hace falta a otros. Es como si fuerais por la vida de forma cóncava, y ahí os caben los demás, mientras otros vivimos de forma convexa… solo llenos de nosotros mismos y ocupados de nuestras necesidades y temores y por eso no nos cabe nadie dentro, porque tenemos la mente ocupada solo en nosotros y en los nuestros y en los miedos a lo que les podría ocurrir.

Os escribo esta carta para daros las gracias, porque vuestra generosidad nos cuestiona, vuestro compromiso nos interroga, vuestra austeridad nos anima a acumular menos, vuestra disponibilidad nos hace plantearnos si no estaremos instalados en un permanente acariciar nuestro yo, nuestro ombligo y, por eso no sabemos mirar al otro, al tú que nos acompaña, al que sufre cerca, al que nos necesita, al que está siendo injustamente tratado en este mal reparto que tenemos hecho de la vida y sus pertenencias.

Dicen que el que es de Dios es de todo el mundo y eso creo que es lo que os ocurre a vosotros. Me consta que vivís en estrecha relación con Dios, que es Él el que os carga las pilas, el que os moviliza, compromete y entusiasma. Y realmente Jesús nos pregunta también a nosotros… ¿quiénes son tu padre y tus hermanos? Pues muchos más que los que están inscritos en tu libro de familia, tus hermanos son todos los seres humanos, mis hijos, especialmente los más pobres y los que sufren… y ante esta respuesta, no tengo nada más que decir que, que lo estáis haciendo muy bien, muy requetebién y que tenéis sólo una vida, que se pasa pitando, y la estáis viviendo coherentemente, de acuerdo con lo que queréis ser y soñáis construir, ese Reino de Dios de paz y de justicia, donde todas las personas vivan bien. ¡Os quiero tanto! Mari Patxi.

EL HUMOR SALUDABLE

Querida familia: Hoy, cuando he ido a ver a mi amigo a oncología del hospital me ha encantado que, al preguntarle cómo estaba, me ha contestado que “en la gloria”, porque estaba maravillosamente atendido y porque además, con un poco de mala suerte, también podría estar cerca de la Gloria… Luego nos hemos estado riendo de que no quiere tener aspecto de enfermo y cada mañana, internado, se levanta, se ducha y se viste de calle, porque le deprime verse en pijama conectado a su chute de quimioterapia. Nos han contado que, como la cama del acompañante es muy incómoda, esta noche ha dormido su mujer en la del enfermo y él en la del acompañante, aunque ella no ha descansado del todo por temor a que le confundieran y le pusieran una inyección, una sonda o cualquier otra fechoría hospitalaria que debería recibir su marido. Nos hemos reído un buen rato con sus ocurrencias y al volver pensaba yo lo bueno que es saber poner humor en las situaciones negativas para suavizarlas.

El sentido del humor es una cualidad del amor que hace soportable lo más duro, que suaviza un dolor, magnifica una emoción o ridiculiza una situación. Cuando mi amigo decía que estaba cerca de la Gloria, me gustaba comprobar que sabe bien dónde está, pone nombre a lo que le ocurre y no necesita mentiras piadosas de los de alrededor, porque es suficientemente adulto para saber con quién se la está jugando. Pero al contarlo con humor se lo hace más llevadero a sí mismo, a sus hijos, amigos, familiares y a todo el entorno y, además, como decía él, deja de sentirse en el mundo de los que se están despidiendo de la vida, para estar en el grupo de los vivos, los que tienen ilusión, los que se ríen de sí mismos, los que saben poner chispa aún en la tragedia.

Dicen que es la familia la escuela de casi todo, pero desde luego es en ella donde uno aprende a dramatizar trágicamente los pequeños y grandes reveses de la vida, o a tomarlos con humor, intentando quitarles importancia o, por lo menos procurando vivir más ocupados que preocupados, más poniendo la lupa en lo positivo que en lo negativo que ocurre, o puede ocurrir.

Ya desde niños aprendemos de nuestros padres cómo se viven los problemas, la enfermedad, el dolor, la muerte, las preocupaciones, las tragedias y las dificultades comunes de la vida. También es en casa donde aprendemos a autocompadecernos y hundirnos o a desdramatizar, a reírnos de nosotros mismos, a tomarnos menos en serio y a sobrellevar con humor las dificultades y los defectos propios y de los demás miembros del hogar.

Realmente, si supiéramos tomarnos a broma muchas cosas, la vida sería mucho más sencilla, porque lo que hoy es un drama mañana puede ser una anécdota, sin más importancia. Además, todo se pasa, como dice el refrán, “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”, así que hay que saber relativizar, para poder superar cada situación. Sería bueno iniciar el día como asomándonos al balcón de la vida, desconociendo lo que nos deparará la jornada, pero con ganas e ilusión de poder con lo que venga, de reírnos de lo de ayer, de procurar llorar poco por lo de siempre y de disfrutar al máximo las pequeñas cosillas cotidianas.

Dicen que somos lo que pensamos, pues según lo que nos decimos por dentro, así sentimos y en consecuencia actuamos. Es la fórmula del PSA, que no es el partido socialista andaluz, ni la fórmula prostática, sino el Pienso, Siento y Actúo, lo que rige nuestra vida. Si viene un revés que me cambia los planes o la vida, puedo pensar y recrearme en todo lo negativo que se avecina, entonces sentiré tristeza, amargura, autocompasión y bajón de energía y actuaré sin ganas de vivir, serio, inapetente ante todo lo que la vida me ofrece y me sumergiré en mi dolor. En cambio, si ante ese mismo revés, o conjunto de ellos, que a veces los males parece que nunca vienen solos, pues pensaré en qué es lo peor que puede pasarme y qué puedo hacer para encontrar algo positivo o actuar construyendo, sentiré energía para buscar las mejores soluciones, para dejarme ayudar, para aceptar apoyo, cariño, ayuda y recursos y actuaré buscando personas y actividades nutricias que me hagan este trago más llevadero, para mí y los míos, intentando que haya el menor desgaste de energía, tiempo y pena y, al mismo tiempo, brote de mí lo mejor para cuidar a quien lo necesite y autocuidarme, al mismo tiempo, para dejar fluir recursos que quizás hasta ahora nunca había utilizado, pero que poseo, como saber decir el cariño, aprovechar el tiempo, disfrutar al máximo los pequeños momentos de comunicación, de ternura, de generosidad y de felicidad, que también están presentes en toda dificultad.

Para los que vivimos la vida sabiéndonos hijos de un Padre que nos quiere tanto, que tiene cada cabello de nuestra cabeza contado y nuestro nombre tatuado en la palma de su mano, podemos hacer lo que nos propone y acudir a descansar en Dios nuestros cansancios y agobios, convencidos de que nos sosegará y aliviará e iremos viviendo el cada día apoyados en su presencia, dejando que su Espíritu y su fuerza hagan brotar nuestros recursos interiores y los de los demás, para que nos llene el corazón de risas y la boca de canciones y así poder con los contratiempos y gozar la vida a plena pulmón y con humor.

La mayoría de los filósofos han tenido también un gran sentido del humor. Recuerdo en este momento aquella frase de Beltran Rusell que decía: El secreto de la felicidad está en haber elegido unos buenos padres”… así que ójala los nuestros nos hayan educado con humor, además de con amor. Pero para hablar del sentido del humor, es curioso, que sólo puede hacerlo quien lo posee, cosa que no ocurre en otras materias como, por ejemplo la belleza, que puede describirla hasta la persona más fea del mundo.

Y, como dicen también que toda cosa negativa que nos ocurre trae un regalo, intentaré descubrirlo para vivir la situación como oportunidad de crecimiento y comunicación, de unidad y de florecer fortalezas vitales. Recordemos también que toda persona tiene sus agujeros negros en su historia vital, así que yo voy a sanear un poco los míos y reírme de la última bronca que estoy alargando, pidiendo perdón pronto y perdonándome a mí misma por haberme tomado tan en serio. Ahí va un abrazo Mari Patxi