Con la queja perdemos energía

LA QUEJA

Querido familión: ¡Qué bien lo pasamos el otro día, reuniéndonos todos los primos, después de no vernos en tanto tiempo…! La verdad es que nos queremos y disfrutamos juntos un montón.

También es curioso cuánto nos parecemos y cómo llevamos en los genes “la marca de la casa”, en cuanto al humor y la pasión por la gente. Pero una cosa me dejó preocupada y fue la cantidad de veces que se contaminó nuestra conversación con quejas.

A pesar de que nos contamos la vida, y hubo muchas noticias positivas en la conversación, caí en la cuenta de cuantísimo nos quejamos. Dicen los expertos que un deporte nacional es la queja, pero la verdad es que, casi sin darnos cuenta, hablamos de enfermedades, descalificamos comportamientos, gestiones y formas de vida, sacamos a relucir las dificultades del trabajo, de la crisis, de la educación de los hijos, de la falta de sueño, del tiempo, de la urgencia por aprender un idioma, de los transportes, de los medios de comunicación, de…

Estoy convencida de que si hoy falleciera cualquiera de los presentes, que nos queremos tanto, recordaríamos las cualidades que tiene, los ratos buenos vividos, los momentos especiales y las risas compartidas. Pero esos comentarios positivos, esos recuentos tan bonitos como auténticos, los dejamos para los funerales.

Mira que nos queremos todos un montón, pues allí no salió ni una palabra de cariño. Preguntamos unos por otros con verdadero interés, seguimos en la distancia la vida de todos, porque nos importamos, porque juntos somos la familia que da estabilidad a cada persona del clan, pero, la verdad es que cuando estamos juntos decimos paridas, nos reímos mucho, tomamos el pelo, pero nadie habla desde los sentimientos.
Contamos lo último que ha ido mal, aquella dificultad con el coche, con el trabajo o con la salud, pero no nos contamos cómo estamos por dentro, no decimos lo bien que andamos en la pareja, lo ilusionados que estamos con estos hijos que nos llenan la vida de sentido, lo orgullosos que nos sentimos de los detalles de generosidad que están brotando en los descendientes, o del compromiso social que tenemos unos y otros, de lo que nos alegra acoger a gente en nuestra casa y construir un hogar disponible, lo bien que lo hacen los primos que ha adoptado esos niños o las dificultades que están superando con esta situación.

Me ha gustado cuando Elena y Carlos han invitado a que seamos austeros en los regalos y han explicado lo del consumo responsable. También ha sido estupendo cuando Lidia nos ha propuesto lo de apadrinar una familia y la buena respuesta
que ha tenido en todo el grupo. Pero, hay que reconocer que han sido valientes, porque siempre hablamos superficialmente y casi nunca tocamos temas serios. A mí me gusta saber cómo vivís, qué os planteáis, cuáles son vuestros valores y a quién estáis haciendo bien con vuestra historia. A muchos de vosotros os tengo de ejemplo, pero nunca os lo digo. Sois una gente especial, pero tenemos la misma máscara de la sociedad, de juntarnos para quejarnos.

Como sois mi gente, mi familia, las personas que más quiero, me apetece felicitaros por lo bien que sé que vivís…
por el compromiso que tenéis unos en vuestra escalera, cuidando las relaciones y la ayuda entre los vecinos, otros en vuestro barrio, otros en organizaciones solidarias; pero unos y otros estáis comprometidos en apoyar económicamente un comedor en Perú, un hospital en Nicaragua, un apadrinamiento en… y todos estáis haciendo algo para dejar este mundo mejor de cómo os lo encontrasteis.

Y porque estoy orgullosa de vosotros, quiero proponeros que, además, intentemos hablar en positivo, que no digamos sólo lo malo de la gente, de las situaciones y de los políticos. Vamos a elegir contagiar esperanza, positividad, buen humor, ganas de vivir y de querer a la gente, Las emociones, como las enfermedades se transmiten y se contagian, así
que vamos a ser sanadores y pasar el virus del biendecir, que es decir bien del otro y de la vida, ya que las personas
que se quejan son como pequeños ladrones de la felicidad de los de alrededor
.
Vamos a ser buena noticia, pero pronunciada con fuerza y con pasión, con un buen megáfono, con los medios de comunicación que hoy tenemos a nuestro alcance. Vamos a dar limosna de lo de dentro, compartiendo nuestra ilusión, el dinamismo y el sosiego que Dios hace fluir de nuestros adentros y seamos un regalo para los que están
alrededor. No podemos guardarnos esa riqueza para nosotros solos.

Dice la ciencia que nuestros pensamientos son los que crean nuestros sentimientos y ellos nuestras acciones.
La psiconeuroinmunobiología (vaya palabreja) asegura que, una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma, puede ir mucho más allá de lo que uno puede imaginar. El pensamiento y la palabra son una forma de energía
vital que tiene la capacidad de producir cambios físicos y anímicos muy profundos en el organismo. Se ha demostrado que, un minuto manteniendo un pensamiento negativo, puede lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje y afectar nuestra capacidad intelectual, porque deja sin riego sanguíneo las zonas del cerebro donde se toman las decisiones. No es por hacerme la “marisabidilla”, pero he leído que un valioso recurso contra la preocupación, la ira o el desánimo es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro, favorecer la secreción de hormonas, como la serotonina y la endorfina, y mejorar la sintonía de los ritmos cerebrales. Todos podemos llegar a ser escultores de nuestro propio cerebro, teniendo un discurso interior positivo, ya que nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestra percepción de la vida. Por eso, no vemos el mundo que es, sino que vemos el mundo que somos por dentro.

Además, como algunos científicos dicen que cuando uno repite una conducta durante 21 días seguidos, ésta se convierte en hábito, pues vamos a desaprender la queja habitual que todos hacemos desde muy niños y a dar noticias positivas, verdaderas, claro está.
Este reto podría cambiar nuestra vida y la de los de alrededor. Yo me voy a poner un hilo, a modo de anillo, para proponerme frenar quejas, críticas y chismes y, cuando falle, me lo cambio de mano y comienzo a contar otros 21 días, a ver si consigo hacerme una limpieza interior que me energetice y me ayude a vivir mejor y a contagiar mejor vida. ¿Alguien se apunta conmigo?

Un abrazo Mari Patxi

Cuando el amor se rompe

LA SEPARACIÓN ES UN GRAN DUELO

Querida sobrina, sé lo mal que lo estás pasando desde que te separaste, y que este aviso del colegio en el que diagnosticaban a tu hijo de 5 años tristeza, te ha hundido ya en la miseria, por eso hoy me gustaría echarte una mano, a ver si entre las dos conseguimos mirar tu familia con lupa y ver la forma de ponerle un poco más de salud mental a la situación o, por lo menos, suavizar un poco el dolor.

Te ha ocurrido algo dolorosísimo, como es la ruptura de vuestro matrimonio. Es verdad, y dicen que después de la muerte de un hijo, es el duelo mayor que pueden sufrir unas personas, la separación conyugal, la ruptura de vuestro proyecto de pareja, que os deja a los dos con la vida paralizada, con todos vuestros sueños rotos, con el corazón partido, por lo que sufrís los dos y el niño, que quiere vivir en una sola casa y quiere juntaros como sea.

Sé que es tremenda vuestra separación y no por ser muy frecuente es menos dolorosa. Me molesta a mí mucho cuando alguien comenta, a la ligera, que está de moda separarse y se hace muy alegremente, con lo que lleva consigo de sangre, sudor y lágrimas. Las personas que hablan así es porque no han vivido el deterioro de una pareja de cerca y saben poco del corazón humano. También me consta que hay personas que lo superan antes que otras, que parece que encuentran antes motivos para ilusionarse, para llenar su vida de sentido y para reorganizar su nueva manera de vivir.

Llevabais muchos años construyendo vuestro proyecto de pareja y ha tardado poco en romperse, en apearse uno de los sueños comunes y conformarse con una vida mediocre y uniformada. Es duro ver cómo te echan la culpa los que esperaban de ti un comportamiento sacrificado y abnegado, en el que te conformaras con la armonía, al precio que fuera, aunque sea el de vivir una vida gris y sin sentido, uniformada con la de otros seres humanos que sólo aspiran a vivir trabajando, comprando, redecorando su casa, corriendo y gastando las horas restantes delante del televisor. A ti te gustaba crear hogar, tener una casa abierta, tener amigos, vivir un compromiso con el entorno, gastar algo de tu vida en mejorar el mundo, en cuidar las relaciones y la ayuda a los de alrededor. Tú no te conformabas con gastar tu existencia en llenar de caprichos al niño, ahorrar para llevarle a Euro Disney y esperar las vacaciones viviendo los días cada uno igual al anterior, sin disfrutar de lo pequeño, de lo sencillo, de vuestro amor, de las sorpresas cotidianas de la vida y de llenarla de detalles del uno hacia el otro, para hacer crecer vuestro amor y fortalecer vuestra relación.

Has de reconocer que creíste que le ibas a cambiar, que lo que él no valoraba en el noviazgo, acabaría eligiéndolo, al vivir la vida contigo… y no fue así. El no necesitaba la dosis de ilusión y novedad que tú le echas a la vida diaria. A él le bastaba con vivir en blanco y negro, sin utilizar el resto de pinturas con que Dios le dotó al llegar a este mundo, para vivir una vida de colores. Y tú pusiste color a su vida mucho tiempo… y su seriedad llegó a robarte tus colores y enfermaste de depresión varias veces, aunque nos lo quisiste disimular a todos. Y es que no sé qué demonio pasa en el noviazgo, que uno tiene una miopía total, ve las cosas como las quiere ver, en vez de cómo son, y está convencido de que luego conseguirá cambiar al otro.

A él le volvías loco con tus coloridos, le entusiasmabas la vida, se la iluminabas… pero al mismo tiempo no lo podía soportar y te rechazaba tanto como te admiraba, le gustabas tanto como le invadías, le producías envidia, rabia y humor al mismo tiempo. El caso es que todos nos emparejamos buscando en el otro lo distinto, lo opuesto, lo complementario y luego, nada más casarnos, queremos cambiarles porque, aquello por lo que les hemos elegido, lo que nos hacía gracia, nos incomoda, nos irrita, nos aleja y nos rompe el amor. Hay motivos que son pequeños y superables. Los vuestros son graves e insalvables. Lo sé por la de veces que has pedido consejo, asesoramiento, apoyo a expertos y acompañamiento en la conciliación.

Como dice Antoine Filissiadis en el libro “Persigue tus sueños”, la mayoría de las personas vive la vida como un autómata, ignorando que vivir es un arte, que tenemos que ir inventando. Nos pasamos la vida intentando, al precio que sea, respetar las consignas acordadas. Y si el juego no nos hace felices, pues sufrimos y, en un tono fatalista, exclamamos: ¡es la vida! Y no es verdad. La vida no es para sufrir. ¡Somos artistas! Nuestra historia es una obra de arte. ¿Por qué vivirla en blanco y negro? ¡Podemos pintarla de colores añadiendo un toque de alegría, un reflejo de placer, un abanico de felicidad!

¡Tú has sido una valiente, la verdad! Te has currado la pareja y después te has trabajado mucho el romper sin causar dolor, intentando que hubiera poca sangre, poco desgarro emocional para los tres… pero no lo has conseguido. Me consta que una y otra vez te preguntas si te habrás equivocado, que si habría sido más fácil rendirte y conformarte con una vida gris, rutinaria y mediocre, antes que montar esta guerra dolorosa en la que él ha querido acabar. Tú eres una persona buena, buenísima diría yo. Y los demás te acusan de no haberte sabido “santificar con el hombre que Dios puso en tu vida”. Y esa crítica sé que te hace daño, que te cuestiona, que te duele en el alma porque es lo primero que te planteaste, lo que luchaste durante años, antes de dar el paso.

Como ya te he dicho muchas veces, una vez más os pongo a los tres ante el Señor, pidiéndole que os haga sentir su compañía y su impulso y a ti, especialmente, que te de mucha fuerza para vivir este tiempo doloroso, de rechazo familiar, de tensión al inventar esta nueva manera de vivir, de pactar los ratos del niño, de utilizar las matemáticas para programar las vacaciones, de sentirte fiscalizada, acusada, casi psicológicamente apedreada, como la adúltera del evangelio, porque no entienden tu separación no habiendo malos tratos, ni infidelidad, ni otra causa grave, simplemente por sentirte empujada a vivir como una mujer bonsái, una vida pobre, sosa, gris, rutinaria, anodina y sin ilusión. Eso la mayoría de la gente lo considera “pecata minuta” y no lo encuentra motivo para romper un matrimonio e intentar reiniciar una nueva vida de colores, sola o con alguien que como tú, sueñe con disfrutar del arcoiris de la vida.

Me imagino a Jesús a tu lado diciéndote, yo tampoco te condeno, vete en paz… y vive, y sé libre por dentro, porque ninguna de esas piedras que te tiran es justa ni pensada, sólo es un hábito social de juzgar a los otros con una ligereza nada fraterna, nada comprensiva ni compasiva. Sigue adelante, hija mía, que yo he soñado para ti, y para tu hijo, la Vida en Abundancia, que vivas divinamente, que vengas a mí cuando estés cansada y agobiada, que yo te aliviaré y empléate en el afán de cada día, siendo pobre, sencilla, trabajando por la justicia y por la paz y dejando este mundo mejor de cómo lo encontraste al llegar.

A ver si conseguimos que este duelo dure poco y sientas el impulso de Dios a vivir, día a día, a poquitos, una vida bonita, sin culpa, sin tener que agradar a todos, fallando a lo que se esperaba de ti, “oficialmente”… y construyendo tu vida, esa gran obra de arte que has empezado en contra de los que te quieren uniformar y meter por el carril oficial…Sabes que me tienes, para lo que quieras… ¡te quiero tanto!

Un abrazo Mari Patxi

Revista Humanizar

Un verano diferente

UN VERANO DIFERENTE

Queridos sobrinos: Contabais el otro día el planazo que tenéis para este verano y me lla maba la atención lo poco que tiene que ver con los viajes que se monta todo el mundo. Vosotros vais a ir de campamento con chavales de familias desestructuradas, a hacerles disfrutar de una experiencia de grupo divertida, solidaria y educativa. Siempre he envidiado vuestra pertenencia a un grupo scout, entre otras cosas porque en mis tiempos no había y es de las cosas que me habría gustado experimentar, igual que vivir una temporada en un colegio mayor y acompañar una jornada de trabajo en un barco de pescadores. Son cosas que habría querido vivir, casi tanto como el visitar el tercer mundo, para dejarme interpelar y convertir por sus gentes, que es algo que haré algún día.

Os decía que me gusta vuestro plan de vacaciones porque, me parece, que va a ser un verano que no os va a dejar indiferentes. A toda la familia nos interpelan y nos gustan vuestros planteamientos de vivir comprometidos con el mundo y de seguir trabajando para dejarlo mejor de cómo lo encontrasteis, que es el lema scout que os he oído expresar durante toda la vida. Y además podría asegurar que lo habéis conseguido porque se está bien a vuestro lado, cuidáis las relaciones familiares, nos implicáis en vuestras cosas y, con las “jornadas de puertas abiertas” que montáis en vuestros cumpleaños, conseguís que nos conozcamos y queramos todos vuestros amigos, compañeros, parientes y conocidos. No tenéis pudor en contarnos vuestros sueños, demostrarnos vuestro talante austero y pedirnos que no os hagamos regalos, para no fomentar vuestra parcela caprichosa y consumista.

Es bonita esa opción vuestra de hacer que por cada cosa que entre en vuestra casa, ha de salir otra igual, es decir, que si os regalamos un libro, vosotros regaláis otro, si llevamos unos guantes para la niña, salen otros guantes de la casa y si le llevamos un juguete, ya sabe la niña que daréis otro de sus juguetes a otros niños, para no acumular y no tener tanto de todo. En vuestra casa se conjuga mucho el verbo compartir y hasta los niños pequeños lo expresan con naturalidad y frecuencia. Es importante y un buen testimonio que, en un momento de la historia en el que todos queremos tener de todo, mucho, y ya… vosotros elijáis tener poco y vivir austeramente como valor, como libertad, para caminar ligeros de equipaje y sin agobios de espacio y de chismes.

Pues en vuestra campaña de vivir felices, de trabajar por la justicia y el bien común, os habéis planteado ir al campamento a compartir con estos niños vuestros días de vacaciones, porque es un gran regalo que hacéis a vuestros hijos, el vivir con otros, el compartiros, el que aprendan a querer y se sientan queridos por otros niños que habitualmente no están envueltos en cariño. Estoy segura que yo me habría planteado si mis hijos se “deseducarían”, si les atendería poco, si aprenderían cosas negativas o si les estaría restando una ración de padres, en vacaciones. En cambio vosotros nos habéis contado, con ilusión, que para ellos puede ser un aprendizaje, ya que son tan cariñosos, comunicativos y tiernos que facilitarán la comunicación del amor a estos chicos, aparentemente rudos, bruscos y poco afectuosos. Estáis convencidos de que toda la familia podéis ser un regalo bonito, para estos muchachos tan poco familiares, que verán cómo os queréis vosotros dos y cómo os comunicáis el cariño los cuatro.

Yo entiendo que, tontos no sois, y sabéis muy bien que ir al crucero, que os invitó vuestro suegro, habría sido fantástico, pero habéis sido valientes al renunciar, ya que habíais adquirido este compromiso con vuestro grupo, en el que durante todo el año colaboráis como voluntarios. Habéis sido muy generosos y, además, lo hacéis sin alardear, sin haceros los mártires sino con el orgullo del bonito regalo que va a ser este verano para vosotros cuatro y compartiéndonos vuestros proyectos y planes, para hacer que los chicos disfruten de una experiencia casi familiar, de vivencias, ocio, aprendizajes y límites.

Me alegra un montón saber que hay cantidad de gente que gasta sus vacaciones en otros. Mi ginecóloga se va todos los veranos al tercer mundo, a operar. Nuestro amigo el óptico, el que recoge gafas usadas para llevarlas a Africa, se pasa dos meses cada verano practicando cirugías oftalmológicas, junto a otros dos amigos que fielmente regalan su veraneo a gente que lo necesita. Me sigue sorprendiendo cuántos sois los que adivináis lo que necesita la gente. Parece que tenéis un radar especial para detectar lo que les hace falta a otros. Es como si fuerais por la vida de forma cóncava, y ahí os caben los demás, mientras otros vivimos de forma convexa… solo llenos de nosotros mismos y ocupados de nuestras necesidades y temores y por eso no nos cabe nadie dentro, porque tenemos la mente ocupada solo en nosotros y en los nuestros y en los miedos a lo que les podría ocurrir.

Os escribo esta carta para daros las gracias, porque vuestra generosidad nos cuestiona, vuestro compromiso nos interroga, vuestra austeridad nos anima a acumular menos, vuestra disponibilidad nos hace plantearnos si no estaremos instalados en un permanente acariciar nuestro yo, nuestro ombligo y, por eso no sabemos mirar al otro, al tú que nos acompaña, al que sufre cerca, al que nos necesita, al que está siendo injustamente tratado en este mal reparto que tenemos hecho de la vida y sus pertenencias.

Dicen que el que es de Dios es de todo el mundo y eso creo que es lo que os ocurre a vosotros. Me consta que vivís en estrecha relación con Dios, que es Él el que os carga las pilas, el que os moviliza, compromete y entusiasma. Y realmente Jesús nos pregunta también a nosotros… ¿quiénes son tu padre y tus hermanos? Pues muchos más que los que están inscritos en tu libro de familia, tus hermanos son todos los seres humanos, mis hijos, especialmente los más pobres y los que sufren… y ante esta respuesta, no tengo nada más que decir que, que lo estáis haciendo muy bien, muy requetebién y que tenéis sólo una vida, que se pasa pitando, y la estáis viviendo coherentemente, de acuerdo con lo que queréis ser y soñáis construir, ese Reino de Dios de paz y de justicia, donde todas las personas vivan bien. ¡Os quiero tanto!

Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR 117

COSAS DE FAMILIA QUE QUERRÍA CONTAROS.

COSAS QUE ME GUSTARÍA DECIROS A MIS HIJOS

Queridos hijos y nueras: Os veo trabajándoos la difícil tarea de educar a vuestros hijos, mis nietos, y me doy cuenta de que hoy es todavía más complicada de lo que era en mis tiempos. Todo cambia constantemente, pero por otro lado, la mente de los más pequeños es como una hoja en blanco sobre la que estáis escribiendo su futuro. Decía un afamado psicólogo: “Dejadme un niño hasta que cumpla 7 años y os devolveré un hombre”, confirmando la gran importancia de los primeros años en la formación de la persona, pues es durante esta etapa cuando se estructuran las aptitudes físicas y se fundamenta su personalidad.

Por eso quiero recordaros, con mucho cariño y respeto, que, aunque vuestro trabajo y realización personal y profesional sea una tarea importante y requiera de vosotros más tiempo del que deseáis, no perdáis de vista que los primeros años de vuestros hijos son decisivos para impulsar el desarrollo de su cerebro y encauzarlo hacia la optimización de sus inmensas capacidades. Estáis viviendo un tiempo sagrado en vuestro acompañar el hacerse personas de los niños, por eso el que lo viváis sosegados, les habléis en positivo para potenciarles sus posibilidades, el ayudarles a encontrar sus valores y capacidades únicas y especiales y recordárselas con frecuencia, les impulsará a la plenitud y a cumplirse como esa gran persona que Dios ha soñado para cada uno.

No sé por qué demonio, en la vida familiar se recuerdan mucho los defectos y errores, con el deseo positivo de corregirlos, pero la verdad es que, de tanto repetirlos, se quedan tatuados a fuego en el subconsciente del niño, y luego, de adulto, le frenarán para lanzarse a investigar la vida, a abrir nuevos caminos y a desarrollar lo que también tiene de positivo. Es curioso como el mensaje de los padres sobre uno mismo funciona a modo de “profecía autorrealizadora”, con la que uno anda por la vida, respondiendo a las expectativas de sus padres, siendo esa persona mediocre que le decían que era, o ese gran tipo, o ese genio creativo, o ese niño adorable, o ayudador, o puñetero… con el que a cada uno le catalogaban en el hogar o en el colegio.

Bueno, pues lo que quiero recordaros es que aún estáis a tiempo de grabar en vuestro hijos una gran fe en sí mismos, ya que están como el cemento fresco en el que quedan marcadas todas las huellas, o el barro blando que todavía es manejable y flexible y, cuando endurece, ya no hay forma de cambiarlo. Por eso es muy importante que crezcan rodeados de estímulos. Pero un peligro que existe es el no corregirles, para no frustrarles, el no ponerles límites, para no contaminar con normas el poco tiempo que pasáis juntos. No les pasa nada por que les digamos que no a algo, porque se tengan que aguantar un deseo, retrasar una comida, ordenar un cuarto o negarles un capricho. Que ahora estamos en un tiempo en el que hay una adoración social excesiva al niño y tenemos a los adultos sirviéndoles constantemente o haciendo, como peleles, todo lo que a los niños se les antoja.

Una cosa es tener un lenguaje positivo en el hogar, apoyarse en todos los logros y estimularse con frecuencia y otra es permitir todos los caprichos, enfados, mimos y pataletas. No, estáis acompañando el hacerse persona de vuestro hijo y tiene que aprender a llorar poco cuando se de un golpe, a evitar los melodramas, esos tipo jugador de futbol que cae cual enfermo terminar tras una patada, permaneciendo unos segundos medio muerto y que se levanta inmediatamente con cara de víctima, pero sigue jugando… Ojo, que son muy peligrosos los lloros y quejas excesivas. Hay familias en las que ven a un adulto que recibe mucha atención y cuidados por estar enfermo y los niños aprenden a utilizar la enfermedad como medio de obtención de atención y cuidados o para ser el centro de la familia.

Los niños sirven para hacernos de espejo a los mayores de comportamientos erróneos que tenemos, así que es bueno que nos paremos a ver cómo piden atención, qué mecanismos utilizan cuando se caen, les duele algo, se frustran o se les contraría. Porque es en el hogar donde uno aprende a manejar el enfado, el dolor, la enfermedad, la contrariedad y el conflicto; y vosotros padres sois los maestros del vivir para esos niños crudos, a los que les falta la cocción de la vida y que vosotros aún podéis modelar y ayudar a ser personas sanas, libres y felices.

Y el tema de la resilencia, o capacidad de crecer con las dificultades, o de encontrar lo positivo que trae cada problema o situación aparentemente negativa, también se aprende en casa, según el lenguaje que se utilice. Cuando los padres viven en actitud de “ir tirando”, de “matar la semana”, de esperar a que los hijos crezcan para disfrutar de libertad, o a que se vayan del hogar, o a que termine el trabajo, para estar descansados… eso es no saber vivir, eso es perderse todo lo bueno que trae cada etapa y todo lo que cada momento tiene de esfuerzo y de disfrute, de reto y de alegría. La queja es una actitud socialmente aprobada y contagiosa, que nos llena de negatividad, que nos impide ver todo lo positivo que tiene cada momento, cada persona o cada situación. Solemos hablar mucho más de lo que nos falta por conseguir que de lo que ya tenemos. Es importante recordar que la felicidad no está en tener todo lo que quieras sino en saber ser feliz con lo que tienes. Y a nuestros hijos, al fin y al cabo, lo que queremos transmitirles es la sabiduría de ser felices y, de paso, o como consecuencia, hacer felices a los demás.

Vivimos en una sociedad en la que sólo es noticia lo negativo. “No news is good news” (“Si no hay noticias, son buenas noticias”) es la frase universal del mundo de la información, pero también en la vida cotidianacontamos solo lo malo que nos ha ocurrido y, a veces, incluso nos parece que es presunción hablar de las cosas bonitas que nos ocurren. Se cuenta cuando se está enfadado, enfermo o agobiado, pero no se informa de los momentos de felicidad, de ternura, de estar a gusto con los tuyos. Y los niños aprenden ese mismo tipo de información y también se instalan en la queja, en el aburrimiento o en los comentarios de las cosas que no van del todo bien.

Tenemos que fomentarnos unos a otros esa capacidad de descubrir el regalo que acompaña a cada problema de la vida o situación difícil. Esta mañanacomentaba un amigo cómo les ha unido a la pareja y a toda la familia la enfermedad, lo profunda que ha sido este año su navidad, cómo se ha fortalecido su relación y han aumentado los gestos de ternura que antes evitaban por pudor y ahora, por temor a perder a la madre o al caer en la cuenta del cariño que se tienen, han dejado brotar con libertad y están todos viviendo una preciosa etapa afectuosa, cercanay tierna. Y este ha sido el regalo que les ha traído un problema, pero todos han sido sabios y han puesto en marcha sus recursos interiores y se cuidan, se quieren igual que antes, pero ahora se lo expresan y unos a otros se están ayudando a vivir mejor esta situación nueva y difícil que en otro momento o a otras personas les habría hundido en mutismo, depresión o enfurecimiento.

Es curioso cómo cuando uno está atento a la propia vida y a la de los otros, recibe constantes lecciones para vivir. Yo tengo la suerte de tener de compañero de clase a Joaquín, al que el puñetero parkinson, le está reduciendo las capacidades físicas, pero como él se trabaja mucho y lucha para no venirse abajo, está creciendo social, mental y espiritualmente tanto que es el mejor amigo, amante, padre y compañero de juergas y hasta de rezos. Yo me aprovecho de su insomnio para pedirle trabajillos informáticos, porque sé que el se organiza sus días y sus noches para disfrutar y ser válido lo más posible.

Bueno, familia, como vivir es un arte y la obra de arte de cada uno es la propia vida, pues vamos a echarle salero e ilusión para disfrutar y regalar nuestra vida y así enseñar a los nuestros a que la gocen y la entreguen en la construcción de un mundo más cálido, más humano y más justo. Hasta la próxima, ahí va un abrazo.

Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR 109

Pareja, familia y sexualidad

PAREJA FAMILIA Y SEXUALIDAD Ponencia Instituto Superior de Pastoral

Mari Patxi Ayerra

Detrás de todo ser humano hay una familia. Es en ella donde uno aprende a ser persona. La ausencia de familia también es la familia soñada de uno. Por otro lado, la familia es la institución que ha sobrevivido a más cambios a través de la historia.

Aunque el FONDO de la familia es el mismo: UNA PAREJA QUE SE QUIERE, COMPARTEN CASA, LECHO Y ATENCIÓN DE LA PROLE, en la FORMA es en lo que se están produciendo una gran cantidad de cambios, de costumbres, leyes, formas y sexos.

Antiguamente el matrimonio era un arreglo de los padres y en algunas culturas el hombre compraba a su mujer. Hoy en día, afortunadamente, chicos y chicas tienen posibilidad de elección, de relación y de conocimiento mutuo, para elegirse entre sí, como la persona con la que van a ser felices.

Hasta hace muy poco tiempo, incluso todavía en algunos países, la relación hombre-mujer estaba marcada por la prepotencia del varón. La mujer no tenía acceso a la cultura ni a las responsabilidades. No tenía derechos y era casi sierva del varón.

De la pareja y de la familia de nuestros abuelos aprendieron nuestros padres, pero ya ahí se rompe el eslabón y ya nosotros y nuestros hijos inventamos otras modelos de familia, que también se reflejan en las leyes. Ocurre siempre que primero cambia la sociedad y después las instituciones y el sistema jurídico.

El Código civil definía el matrimonio como la unión de hombre y mujer que comparten techo y lecho, para su ayuda mutua, reproducción y “remedio de la concupiscencia”, que se comprometen ante la iglesia o la sociedad.

Existía un modelo de familia de vivencia de roles, de reparto de tareas, para todos igual. El hombre se ocupaba del mundo exterior y de conseguir dinero fuera de casa y la mujer era la responsable de las necesidades del hogar. Entre ellos habrán existido matrimonios felices, incluso admirables, pero hoy no nos sirven, ya que mujeres y hombres tenemos otras necesidades y planteamientos de vida.

Antes todos nuestros comportamientos en la vida familiar estaban prácticamente uniformados, en cuanto al respeto, la autoridad, los roles y los modelos concretos de pareja y familias.

YA NO NOS SIRVE EL MODELO TRADICIONAL DE FAMILIA.

Algunos afirman que el matrimonio es una institución caducada, que no tiene porvenir, que se ha supervalorado el amor. Están surgiendo nuevos modelos de parejas, como respuesta a las nuevas necesidades de la vida actual. Algunos jóvenes tienen miedo a repetir la relación rutinaria que ven en sus padres: “acostumbrados a la costumbre”, sin ilusión, sin comunicación entre ellos y viviendo una vida gris y repetitiva. Este es el bien llamado “matrimonio tumba del amor”, en el que han terminado muchas relaciones que no se han ocupado ambos de mantener vivas.

Los hijos relativizan los modelos anteriores y tienen miedo al compromiso, pues prefieren vivir juntos el tiempo que dure la ilusión, en vez de estancarse en una relación de pareja sin vida. Por eso muchos de ellos temen casarse por la iglesia, ya que es más difícil la ruptura oficial.

La expresión matrimonio viene de matren munere, es decir, proveer a la madre del alimento y de las necesidades, mientras está criando a los hijos. El movimiento feminista fue el que cambió el papel de la mujer en la sociedad y se recuperó el término pareja que viene de paridad y de igualdad. Desde entonces se está luchando en las parejas para conseguir un mejor reparto de tareas y roles, se está trabajando por la igualdad y hombres y mujeres están pasando de dejar de hacerse el amor y la guerra, para intentar ser amigos.

CAMBIA LA LEY

Y, como tras el cambio de las personas, se produce el de la sociedad y el de las instituciones, desde julio del 2005 cambió la ley y el Art. 68 del Código Civil dice que “en el matrimonio, los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deberán además compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y de otras personas dependientes a su cargo”. En otros artículos afirma que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o diferente sexo”; que “los cónyuges son iguales en derechos y deberes”; y que deberán respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia”.

En Madrid si no se dice lo contrario, se casan en régimen de bienes gananciales, mientras que en Cataluña lo hacen normalmente en régimen de separación de bienes.

Pero las parejas se rompen con demasiada frecuencia y aparece en escena una nueva profesión; los mediadores familiares, que intentan que las separaciones se lleven a cabo de mutuo acuerdo, para evitar el sufrimiento de la pareja y de los hijos. Hoy las parejas se amenazan con la separación con demasiada naturalidad, lo que les lleva a luchar menos por su relación. Nadie conoce la fórmula del éxito de una relación, pero sí la del fracaso.

LA MUJER EN EL MUNDO LABORAL

La integración de la mujer en el mundo laboral ha producido una serie de cambios sustanciales en la familia. Ella tiene autonomía económica, lo que hace que no se sienta atada al varón para toda la vida, o, mejor dicho, que si quiere separarse porque no se aman o son incompatibles, cuenta con una seguridad económica que le hace autónoma y no dependiente como fueron las generaciones anteriores, que muchas parejas siguieron por dependencia económica, en vez de por una historia de amor.

Las tareas domésticas que siempre fueron responsabilidad femenina, han pasado a repartirse entre los dos o entre toda la familia, lo que ha cambiado significativamente la forma de reparto del tiempo, del ocio y del trabajo. Una gran parte del tiempo de ocio se dedica a “hacer la compra” y hay más tensiones por el reparto de las tareas domésticas, pues las jóvenes no quieren verse a sí mismas atadas a la casa, como la generación anterior y tienen, en muchos casos, un gran rechazo al mundo doméstico. Los hombres, en cambio, aunque su modelo masculino no se ocupaba del hogar, están asumiendo las tareas domésticas, en muchos casos con mayor responsabilidad y dedicación que ellas, pues les supone un menor conflicto interior el realizarlas.

Los hijos se educan y atienden entre ambos. Tarea que siempre fue realizada por la madre y aparecen las guarderías y los canguros, de forma que en todo centro comercial hay un “parking children” o aparcamiento de niños, que consiste en una piscina de bolas o en un lugar para entretenerles, jugando o pintando, mientras sus padres hacen la compra, van al cine o a tomar algo. Estos centros comerciales se han convertido en las “nuevas catedrales del consumo” donde toda la familia se entretiene, a la vez que se ocupa de sus necesidades básicas.

Otro cambio significativo en la pareja actual es que la mujer es sexualmente activa. Lo que mejora su relación con el hombre y le mantiene más atractiva y joven durante más tiempo. Aunque esto también acarrea una vivencia de la sexualidad precoz y una insatisfacción constante con el propio cuerpo, ya que todo el mundo quiere mantener su imagen joven, como las modelos que ofrece constantemente la sociedad de consumo.

Se ha devaluado la virginidad y la fidelidad, hasta el punto de que, según las estadísticas, sólo uno de cada diez matrimonios es fiel… Se legaliza el aborto y aumenta su frecuencia, aunque antes se hacían de forma oculta y peligrosa. ASe legaliza la píldora del día siguiente y el preservativo es de fácil acceso, aunque se producen una gran cantidad de embarazos de adolescentes.

Ante tanto cambio, ya no hay pautas concretas de nada y cada uno tiene que estar inventando constantemente su propia familia.

LA PAREJA, UNA HISTORIA DE AMOR

Todos sabemos que la relación de la pareja y de la familia se basa en el amor y se nutre de comunicación. Amar y ser amado es una de las necesidades básicas del ser humano. Es más, cuando uno se siente amado, es decir aceptado, querido en su totalidad, potenciado, tiene una sensación de plenitud, de energía vital que le magnifica y le transciende. En cambio, cuando uno no tiene cubierta su necesidad de amor anda como perdido por la vida, descolocado, hasta que encuentra su madurez afectiva. La pareja esta formada por dos personas que se aman y deciden compartir el resto de sus vidas. El otro es una persona que te elige, y se siente elegido por ti, para vivir la vida juntos y hacer que ambos os cumpláis.

En el día a día de una pareja, se quieren, cubren sus necesidades básicas y se ayudan a ser personas. Es en estas necesidades básicas donde está el cambio fundamental. La casa, la ropa, la comida y el dinero ya son responsabilidad de ambos. Cómo se repartan estas tareas influirá en la forma de vida y en la armonía de su relación.

La pareja vive una explosión de enamoramiento que dura unos años, posteriormente esta relación pasa a convertirse en AMISTAD o en RUTINA. Hay muchas más parejas con una relación rutinaria que con una relación de amistad. Y es que la pareja se nutre de comunicación, se va haciendo cuando los dos se cuentan la vida, comparten lo que son y lo que fueron, lo que sueñan, lo que temen, lo que aman, lo que les divierte y lo que les pone mal.

Si se cubren mutuamente la necesidad de saberse amados, valorados, autónomos y en pertenencia, se sentirán felices y con deseo de seguir unidos. Necesitarán tiempo para el amor y para contarse la vida. Poner una dosis de romanticismo, pasión y aventura les hará más excitante el camino. Tendrán que cuidar de seducirse, de reconquistarse, de no dejar que se les desgaste el amor, que es como un fuego, al que si no se le echa leña se apaga.

Cuando una pareja formaliza su relación, con el matrimonio o la vida en común, en la fase de enamoramiento, sin haber pasado todavía a la fase de la amistad, puede suceder que la rutina y la cotidianidad apaguen esa relación amorosa, si no deciden ser amigos, es decir algo más que compartir la casa, la economía, el ocio y la relación corporal. En cambio, cuando una pareja siente que son amigos, que están cada día más cerca el uno del otro y notan que cada uno ayuda a su pareja a realizarse, a cumplirse, a llegar a ser el mejor él posible, buscarán el tiempo para dos, a pesar de las dificultades de la vida diaria y se irán haciendo pareja y familia.

A una gran parte de las parejas de hoy se les “muere la relación” aplastada por la aceleración de trabajo, ocio, amigos y realización personal, porque no han sabido sacar tiempo para ellos para cuidar el nosotros, ese espacio común que se va haciendo poco a poco, a base de intimidades, encuentros, palabra y silencio.

AMOR Y SEXUALIDAD

La relación afectivo sexual es de vital importancia en una relación y llegará a ser una fusión total, una comunión plena cuando se viva desde la parcela física, mental, social y espiritual de la persona, cuando se de el encuentro de dos vidas en la danza amorosa de sus cuerpos y sus almas. Con los años irán aprendiendo a recorrer los rincones del cuerpo del otro y a disfrutar más cada día, lo que les producirá un sentimiento de complicidad, de unión y de entusiasmo que revitalizará la pareja, si cuidan con creatividad, humor y belleza esta parcela tan especial de una relación.

A mi parecer, se pueden comparar las relaciones sexuales con una escalera, en la que, al término de la misma, existe una puerta que podría ser el coito. Todos sabemos cómo es este final. Todos conocemos el primer peldaño de una relación, ese rozarse mano a mano que le pone a uno los pelos de punta y le da un escalofrío que le recorre desde el dedo del pie al último cabello de la cabeza; ahí es donde comienza la atracción de los cuerpos. Entre el primer escalón y el último, hay muchos peldaños de ternura, de contarse la vida, de caricias, de recovecos, de recorrerse, sentirse, gustarse el uno al otro…

Y, como la naturaleza está tan bien inventada, todo ese juego amoroso es el que va dilatando a uno y a otro para llegar a ese orgasmo pleno que sería la puerta del final de la escalera. Del número de peldaños que tenga nuestra relación amorosa, del tiempo y el interés que nos dediquemos, del cuidado del otro, del saber pedir lo que uno necesita, de ser exquisito y variado en los detalles, de la no precipitación, depende el éxito final. No hay que olvidar que el placer no es solamente llegar al orgasmo, sino que todo el juego amoroso, toda la ascensión de esta escalera, es ya el placer en sí mismo, que puede culminar o no necesariamente con el orgasmo.

Hay relaciones tan rápidas, tan urgentes, que se fuerza esa puerta de entrada y esa relación es dolorosa, ya que no se ha preparado con la ternura y el juego anterior. También, comenzar nuestra relación, por los últimos peldaños, sin haber cuidado ternuras preliminares, dificulta la “armónica entrada de los dos por la puerta grande”.

Para disfrutar más de la sexualidad, se necesitará tiempo y madurez psíquica para que llegue a ser una experiencia de encuentro y relación. A la fusión con el otro se llega mediante el diálogo, el respeto, la ofrenda de cada uno, la creatividad y la iniciativa compartida. A veces se busca la técnica perfecta, lo cual predispone a la frustración, al temor a “fallar”, y se olvida la comunicación, el lenguaje de los cuerpos, la intensidad del momento.

CALIDAD SEXUAL Y COMUNICACION

Hemos pasado de una monotonía sexual a buscar tanto la variedad que se está más preocupado en los “efectos especiales” que en lo que cada uno siente por sus adentros. Se habla mucho de cantidad sexual y no de calidad en la comunicación, y mucho menos aún de la calidez en la relación. De todas formas, a vivir el acto sexual se aprende juntos. Así se crea un clima de complicidad y juego que lo hace más tierno, creativo y bonito, y al que favorece el cuidado del propio cuerpo, del entorno y de los detalles, con el fin de renovar el amor.

La sexualidad puesta al servicio de los dos se convierte en un medio de lenguaje y comunicación que enriquece a la pareja y hace crecer en el amor. Es un lenguaje en el que intervienen todos los sentidos y en el que la piel es muy importante. No es coraza ni muralla, sino lo que nos une al otro a través de esos millones de puertas que son los poros y terminaciones nerviosas.

Necesitamos ponernos desde lejos para ver al otro a distancia, para que la rutina no rompa nuestro interés, nuestra capacidad de sorpresa. Intentar verlo como si fuera por primera vez porque, para seguir siendo amigos, hay que practicar el arte de empezar cada día.

Pero la sexualidad ha cambiado, para bien y para mal. En unos casos se produce un mayor encuentro entre los dos, siendo activos, tiernos y creativos ambos. Pero para otros se ha trivializado tanto que se ha convertido en algo puramente físico y gimnástico, que se prueba ya desde la adolescencia, con un culto excesivo al cuerpo y a la actividad sexual, sin afecto ni compromiso por parte de ninguno de los dos.

Puede confundirse la atracción sexual con el enamoramiento y es algo muy diferente. Puede atraerte mucho una persona, incluso hacerte sentir pletórico y minimizarte otras parcelas de tu vida y de tu forma de ser. Hay que cuidar que el otro te plenifique, te potencie y te haga mejor (más divertido, más cálido, más comprometido, más…). Si el otro te empobrece es que no es lo mejor para ti, y viceversa.

QUÉ PINTA DIOS EN TODO ESTO?

Cuando uno tiene una historia de amor con una persona y también tiene una historia de relación con Dios, siente el deseo de hacerle partícipe de su relación y comunicarse también los dos con El. Y sabe que celebrar el sacramento del matrimonio es ponerse los dos en manos de Dios para que El, con su amor y su fuerza los bendiga, potencie y acurruque.

La boda en la iglesia es reconocer el amor ante los amigos y presentar ese trío que forman Dios y ellos dos y que pretenden ser compañeros para toda la vida, con un estilo de vivir el amor que proclaman públicamente, ante sus conocidos, sean creyentes o no. Dios será alguien muy importante en su vida y lo proclaman ante la sociedad. Y Dios que nos ha soñado felices y alegres, y que tiene un proyecto de magnificar a cada uno de los miembros de esa pareja, les acompañará y bendecirá para vivir esta historia de amor y de humor durante el resto de sus vidas.

La familia es un espacio privilegiado para proyectar la fe; es donde los niños aprenden a integrar a Dios en su vida y es desde la familia desde donde se va viviendo la iglesia doméstica y la parroquial. La familia es el centro integrador de la fe y sus valores y es la base de la acción apostólica y del compromiso con la justicia.

Las opciones como creyentes las toman los padres cuando los hijos están en época de crecimiento y son una forma de transmisión de valores y de transmisión de vida en abundancia.

Un problema serio que nos encontramos es que muchos creyentes se sienten incapaces de seguir la doctrina de la iglesia en materia sexual. Los jóvenes españoles dejan a un lado sus creencias cuando se trata de hablar de sexo. Mucha gente se siente con Dios, pero de espaldas a la iglesia. No se comprende la postura eclesial ante el uso de anticonceptivos y ante las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Los jóvenes, a medida que van conquistando su libertad y autonomía de pensamiento y actuación, van disminuyendo la importancia de los requisitos morales y culturales. No les coincide la abstinencia sexual con la religiosidad.

CUANDO VIENEN LOS HIJOS

Los hijos rompen el tiempo de los dos. Hoy en día se espera a tener un hijo hasta que tienen cubierta su realización profesional y una economía más holgada, con la convicción errónea de que un niño necesita infinitas cosas, que se encarga de ofrecer nuestra sociedad de consumo y que les convierte en “máquinas de gastar dinero” aún antes de nacer, en la explosión de boutiques de bebés que proliferan a nuestro alrededor y que pretenden convencernos de que uno no es un buen padre si no le compra la cámara para vigilarle de noche, la moto de Pedrosa, el wc. que aplaude al niño y le felicita por su deposición, la silla mágica, el balancín, el superbabero…

La pareja que esperaba ilusionada al niño y que lo puede vivir con exquisita ternura, se desencanta cuando nace porque se sienten entregados de alma y cuerpo, durante las 24 horas del día a ese ser que no tiene más que necesidades, que se interpone entre los dos y que les ha hecho dejar de ser amantes para convertirse sólo y exclusivamente en padres de esa maravillosa criatura. Al mismo tiempo que se sienten orgullosos del niño les brotan sentimientos de culpa porque tienen que trabajar, quieren superprotegerle y comprarle de todo, le adoran y en el fondo tienen sentimientos de rechazo porque es un invasor que les ha cambiado la vida, pero no se permiten expresar este sentimiento sino que adorarán a su bebé, igual que sus abuelos y tíos y le convertirán entre todos en un pequeño tirano que les complica la vida enormemente y que, sobre todo, ha dejado herida su vida sexual, sus ratos de intimidad y su romance, como no estén muy atentos a poner límites al pequeño vástago invasor. Estos padres luego serán incapaces de educar para la responsabilidad, se volverán permisivos, se sentirán atados de pies y manos ante una enfermedad que les descoloca el horario laboral o ante cualquier otro requerimiento escolar o cotidiano de la vida del niño.

Con la llegada de los hijos suelen producirse algunas crisis de pareja, por que pueden abandonar un poco su romance y dejar que el matrimonio se convierta en la tumba del amor, lleno de aburrimiento, estrés, falta de ocio común, intrusismo de los abuelos, que al tiempo que colaboran en la atención al nieto, invaden la intimidad de la familia. Si la pareja consigue equilibrar la paternidad con su tiempo de a dos, disfrutará plenamente de esa etapa bonita de ver crecer a los hijos, mientras ellos se van sintiendo más unidos y más maduros.

También el cansancio físico, el estrés laboral, la lucha por la conciliación de la vida laboral y familiar, son dificultades nuevas en las parejas, que hay que ir sorteando. Otras parejas en vez de plantearse la paternidad, montan su vida orientada hacia el ocio y la aventura, muchas de ellas por el temor a adquirir responsabilidades.

DIFERENTES MODELOS DE FAMILIAS

Hoy en día se dan todo tipo de parejas y familias. Aunque la familia nuclear clásica sigue siendo mayoritaria, ya no es la única con prestigio social. Las hay monoparentales, fruto de separación, las hay del mismo sexo, las hay de separados que forman parejas cruzadas, con hijos de otros padres, otras tienen hijos adoptados o inseminados artificialmente, de madre o padre soltero o casados, parejas interculturales, de diferentes religiones, edades y valores. Hay abuelos que crían a sus nietos. Hijos adultos que se quedan eternamente en casa de los padres…

También se dan parejas de conveniencia, en la que juntan el sueldo de los dos, compartiendo casa, “sin molestarse”, pasando la navidad cada uno con su familia y las vacaciones con sus respectivas pandillas.

Hay quien vive feliz, hay quien está instalado en el desencanto y hay quien rompe su relación. Dicen que en España, en el año 2005, cada 4 minutos se separa una pareja y que cada 2´se casa otra…

Ante esta variada situación, habrá que dirigir nuestros esfuerzos en modificar lo cambiable y en buscar formas creativas para vivir lo mejor posible con lo que nos toque a cada uno. Pero será necesario echarle imaginación, amor y tiempo para reinventar continuamente la familia y que no se quede estancada en la rutina. Hoy se trivializa todo, se prueba todo, se consume todo y la familia es algo mucho más serio, que no se puede ser usar y tirar.

En pocos años ha cambiado todo tanto que las estrategias de navegación para la vida ya no sirven de unas personas a otras y de una generación a otra. Hoy convivimos con jóvenes que piden permiso de paternidad para criar a su hijo, porque cuidar a un bebé, afortunadamente, ya no es femenino ni masculino; con parejas de solo amor-pasión que firman el contrato de matrimonio sin haber leído la letra pequeña y en cuanto se les pasa el capricho amoroso, rompen su relación en busca de novedad; con familias que viven historias de amor y de amistad intensas; con triunfadores laborales que sacrifican a su familia, en aras de su profesión… y así un largo etcétera de vidas variadas.

La realidad es que todos llevamos a la espalda una familia, que es aquella en la que nacimos; que tenemos que dejar brotar nuestro entusiasmo para aprender el arte de inventar la mejor manera de vivir en la familia presente, o en la propia comunidad religiosa, que funciona prácticamente como cualquier familia; y sobre todo, la que más urge es que construyamos entre todos la gran familia humana, esa en la que todavía muchos viven muy mal, porque le falta el amor y la justicia.

Mari Patxi Ayerra

PAREJA, FAMILIA Y SEXUALIDAD

Mari Patxi Ayerra

LA FAMILIA DE AYER Y LA DE HOY

La familia es la institución que ha sobrevivido a más cambios a través de la historia.

Aunque el FONDO de la familia es el mismo: UNA PAREJA QUE SE QUIERE, COMPARTEN CASA, LECHO Y ATENCIÓN DE LA PROLE, en la FORMA es en lo que se están produciendo una gran cantidad de cambios, de costumbres, leyes, formas y sexos.

NUEVAS SITUACIONES, NUEVAS MANERAS DE VIVIR EN PAREJA.

PAREJA ,SEXUALIDAD Y AFECTIVIDAD

NECESIDADES BÁSICAS DEL HOMBRE Y DE LA MUJER DE HOY

LA FAMILIA COMO COMUNIDAD DE PERSONAS

FAMILIA COMO LUGAR DE VIDA PLENIFICADORA

LA FAMILIA COMO ESPACIO DE SOCIALIZACIÓN DEL INDIVIDUO

LUGAR QUE OCUPA DIOS EN LA FAMILIA DE HOY

HIJOS, EDUCACION, TRANSMISIÓN DE VALORES

VIDA FAMILIAR Y COMUNICACIÓN

NUEVOS MODELOS DE RELACIONES, separaciones, nuevas parejas, hijos, homosexualidad

LA SOLIDARIDAD SE APRENDE EN CASA

LA SOLIDARIDAD SE APRENDE EN LA FAMILIA

Queridos hijos y nietos: Aprovecho que esta sección va de familia, para escribiros mi primera carta, que le pueda también servir a cualquier familia. Me gusta cuando veo que os implicáis en la vida de la gente. Me admiro ante vuestra casa abierta y acogedora. ¡Tengo tanto miedo a esta individualidad que nos uniformiza!, que hace que estemos informados de todo lo que ocurre en el mundo en el momento que sucede y, en cambio, sabemos poco de lo que le pasa al vecino de enfrente, o al vendedor que tratamos cada día. Es curioso que sabemos a la perfección la vida del doctor Vilches, los últimos detalles de los avances de la técnica en la producción de las sandías cuadradas, o el dineral que han pagado por un futbolista, pero no sabemos lo que sucede en el piso de arriba, a alguien con el que llevamos viviendo años y años, o todavía no hemos subido a saludar a los vecinos nuevos, que se trasladaron hace unos meses.

Los seres humanos, que hemos nacido para la relación y para el encuentro, nos sentimos mal cuando vivimos tan aislados, cuando vamos tan a lo nuestro, cuando nuestras vidas no se interactúan. Nos estamos acostumbrando a pasar ante la gente sin mirarla, a recibir servicios sin agradecerlos y sin darnos cuenta de si nos ha atendido una persona o una máquina expendedora.

Todos necesitamos amor y relación, dar y recibir ternura, saber que soy importante para alguien y yo también soy significativo para esa persona. Por eso vuestros amigos están sintiendo que son importantes para vosotros y recibiendo vuestro amor. La segunda necesidad que tenemos todos es de seguridad, de confianza y apoyo, que la suele dar la familia y los amigos, que son de los que te fías y en los que te apoyas, alguien que te pueda acompañar o enseñar la luz cuando te sientes a oscuras. Y en tercer lugar, también necesitamos autonomía y libertad, es decir, que cada uno tiene que ser el autor de su propia vida, el que elige su forma de comportarse, el que decide al final cómo vivir, teniendo su propio espacio y tiempo. Esto es muy importante vivirlo, sentirlo y disfrutarlo, para alcanzar la felicidad y plenitud a la que estamos llamados.

Cuando este verano falleció la niña de cuatro años de vuestros compañeros, me emocionó vuestra respuesta, al acompañar el dolor de esta familia. La noticia nos hizo llorar a todos, pero me gustaba especialmente oír al nieto pequeño, entre lágrimas, contarnos las cosas que iba a hacer, al volver al colegio, para que a su amiguito le doliera poco la ausencia de su hermana Lucía. Os implicasteis en la situación y pusisteis patas arriba todo vuestro verano, pero creo que a la otra familia le hicisteis un gran favor, una compañía cercana y respetuosa, silenciosa y sin avasallar, empática y saludable. Todavía seguís inventándoos citas, cafés, recados o planes, que les distraigan un poco, o momentos de intimidad en los que puedan desahogarse, y eso es muy necesario. ¡Ah! Y me quito el sombrero porque hicisteis el esfuerzo de leer, en pareja, un libro sobre “La pérdida de un ser querido”, para aprender a acompañar ese dolor tan nuevo que os tocó vivir de cerca y que, seguro, os habrá hecho crecer a todos.

Ando yo preocupada por lo sola que se encuentra mucha gente. Me asusta lo juntos que vivimos y los pocos encuentros que potenciamos, sabiendo que ellos son el motivo de nuestra vida, lo mejor de la existencia. Cuando uno vive en relación, disfrutando de compartir la vida, de comunicarse a nivel profundo, siente una armonía interior especial, porque en el hondón del alma somos todos tan parecidos… y nos ayudamos a vivir cuando nos vamos contando las andanzas de unos y otros, los gozos y las sombras, las necesidades y las posibilidades.

Esta mañana he subido a pasar un rato con una anciana que vive sola, aunque acompañada por personas que le atienden en diferentes turnos y por su “medalla”, ese colgante por el que puede pedir auxilio en cualquier momento, y que le da sensación de seguridad e incluso de compañía, cuando de vez en cuando le llaman por su nombre y le preguntan cómo se encuentra. Todo está maravillosamente organizado en nuestra sociedad, pero aún lo podemos hacer mejor, derrochar amor para inventar con mucha misericordia nuevas formas de acompañamiento, de ir a leerle algún rato, de organizar un turno de visitas frecuentes, para que se sienta acompañada y querida, incluso de rezar junto a ella un ratillo, para sacarle de su pequeño mundo y universalizarle el corazón. Mientras lo escribo me doy cuenta que tengo que hacerlo, vaya, que me estoy comprometiendo a no dejarlo pasar, a ofrecerle algo de lo que acabo de escribir.

Creo yo que los cristianos deberíamos tener la vida más a disposición de los demás cada día, cayendo en la cuenta en los pequeños detalles, inventando caminos que faciliten la vida a los otros, que aminoren la soledad, que dinamicen los recursos… Me estoy acordando de que a una de mis nietas le han pasado ropa y chismes de bebé un montón de gente, pero ahora les da apuro ofrecérsela a otra familia vecina inmigrante llena de niñas, por si no están acostumbrados o sienten que es hacerles de menos. Yo me imagino a Jesús viviendo en su escalera en relación con todos, dinamizando encuentros, pidiendo y ofreciendo, siendo osado en el detalle, en simpatía y en amor.

A vosotros, mis hijos, me gustaría deciros que no perdáis la oportunidad de compartir, de caer en la cuenta de vuestros privilegios, para hacerlos llegar a los demás. También en las necesidades, tened la sencillez de pedir, de llamar a otra puerta para solicitar algo y así les será más fácil a los demás pediros a vosotros. Haced que en vuestra escalera, en vuestro entorno, entre vuestros compañeros y amigos se compartan las cosas y también, en vez de acumular, dad salida a todo para que lo puedan utilizar otros, sin guardar “porsiacaso” que, en definitiva, no es otra cosa que pensar en mí y en los míos, en vez de en los demás.

Sin darme cuenta me he centrado en el compartir cosas, pero también es muy importante compartir el tiempo, sacar un espacio para los demás, para facilitar otras vidas, para atender, acompañar o ayudar a alguien. El vivir solo para mí y los míos raquitiza la vida, le vuelve a uno egótico familiar, egoísta en grupo. En cambio, el dejar algo de tu tiempo para un voluntariado te convierte el corazón en universal, te saca del jugar al yo-yo, de pensar solo en tus cosas y tu gente, para colaborar en la construcción de un mundo más humano, más justo y más solidario que, en definitiva, es el proyecto del reino, ese que nos enseñó Jesús y que sería la plenitud para todos. Os quiero… Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR 108

FAMILIA ABIERTA, escuchando al mundo

FAMILIA ABIERTA, QUE ESCUCHA AL MUNDO

Querida familia: Ando dando vueltas y más vueltas a la cabeza. Mi cuerpo no anda bien, hay algunos problemas de trabajo en la familia, la enfermedad parece que nos visita y andamos un poco apretados económicamente. ¡Vaya, que tenemos coartada para no hacer otra cosa que preocuparnos sólo de nosotros!

Al caer en la cuenta de esta actitud familiar, de escucharnos sólo a nosotros mismos, compruebo que es algo socialmente “bendecido”, que se ve como lo más natural del mundo, e incluso que lo “antinatural” es vivir escuchando los gritos de la humanidad, los quejidos de los hermanos que sufren. La verdad es que no tienes más que echar una ojeada a la prensa o escuchar las noticias y, por muy insensible que sea uno, se da cuenta de la cantidad de dolor e injusticias que envuelven la vida de muchas personas. Lo malo es que, aunque uno quiera escuchar con el corazón y captar cómo viven los otros hermanos, se nos ha ido creando una especie de pátina en el oído, o en la mente, o no sé bien donde, que hace que inmediatamente de sentir compasión por alguien, pasemos a hablar de un anuncio de cualquier bobada, en la fracción de un segundo. ¡vaya, que nuestra solidaridad es instantánea, de urgencia, y que el efecto fraterno de removernos para actuar en favor de los otros, para apoyar su causa, o para trabajar en que las cosas cambien, nos dura lo que tardamos en leer, escuchar o ver la noticia. Nada más despertársenos la misericordia, viene un anuncio que nos produce un deseo y la inmediatez de la solidaridad se nos queda dormida en un flash instantáneo.

Hoy he recibido un montón de correos electrónicos y algunos de ellos me invitaban a donar zapatos para Africa, juguetes para niños necesitados, firmas para apoyar causas injustas, personas que necesitaban trabajo, gente que buscaba trabajadores y hasta una amiga me ha propuesto avalar la compra de una casa a una inmigrante. Estaba agitada por la tarea y mi solidaridad ha sido floja. He pasado los correos solidarios a un montón de familiares y amigos, que sé se van a comprometer a su vez, pero apenas he tenido tiempo de leer despacio las causas que necesitaban mi apoyo y me he escaqueado, como he podido, de avalar a mi amiga… Aparentemente he sido políticamente correcta, pero, realmente, me pregunto, ahora, al escribirlo, si he actuado con corazón, si de verdad he reflexionado un poco en todo lo que estaba haciendo y cómo actuaba desde mi tener de todo, desde mi vivir bien.

Y lo más grave de todo esto es que me ha llegado una multa de tráfico que me ha encabritado muchísimo y, he pasado de todos los demás, para enfurecerme contra la autoridad que me pilla en la más mínima infracción y me roba lo que me pagan por escribir esta carta. Mientras se lo cuento, me lo digo a mí misma y me avergüenzo de ello. Creo que voy a intentar hacer una sentada familiar para cuestionarnos nuestra escucha al mundo y nuestra respuesta compasiva o escurridiza. Entre nosotros nos escuchamos, nos queremos, nos cuidamos y nos repartimos un cuarto de queso a cada uno, cuando a alguien se lo regalan, pero para mí eso no es solidaridad, eso es la forma normal de hacer circular el cariño y los bienes de una familia que es, la gente que se quiere. Pero yo creo que lo que se nos pide va más allá que este compartir roñosillo, casero, para mí y los míos…

Cuando a Jesús le dijeron que su familia andaba disgustada buscándole contestó: “¿Y, quienes son mi padre y mis hermanos?”… y ahí nos dio una de las lecciones más claras de universalidad amorosa, de vivir para los demás, de ser familia de todo el mundo. Y es que, el que es de Dios, se convierte en un ser para los demás, en un personaje público, accesible, atento a los otros, escuchador de todos los gritos, susurros y goces de la humanidad entera. Por eso es tan importante nuestra actitud de escucha, como personas, como familia, como grupos, como iglesia, como creyentes que, a fuerza de vivir en comunicación profunda con Dios, vamos teniendo el corazón más abierto a los otros, las entrañas más misericordiosas, los oídos casi del tamaño de Dumbo, para que no se nos escape nada y así, acompañar la vida de todos los seres humanos.

Ya que en la vida siempre estamos aprendiendo, no estaría de más que una asignatura a trabajarnos fuera la escucha y que vayamos adquiriendo habilidades, capacidades, exquisitez emocional y permeabilidad de esponja para acoger la realidad del otro de forma cóncava, en vez de vivir convexamente, alejando a los demás de lo nuestro.

Me he metido en un tema importante y difícil, que se vive especialmente bien entre toda esta gente del Centro de Humanización de la salud y entre mis compañeros de esta revista, que tan amablemente ustedes leen. Porque ellos son especialistas en el escuchar, en el acompañar vidas, en el mediar en los conflictos, en el enseñar a decir hola y adiós a la vida, y en el ponerle a uno en contacto con lo mejor de sí mismo, en el dolor y la enfermedad.

Una, que es un poco “analfabeta emocional”, me pillo a mí misma con frecuencia, con los oídos taponados por mis ocupaciones urgentes y abandono lo importante, o caigo en la cuenta de que no he escuchado algo sagrado que alguien ha contado en un momento dado y a mí se me ha escapado, porque estaba agitada, ocupada, a la vez, en cualquier otra cosa doméstica o cotidiana. Y, al rato, al hacer moviola, o al echar un recillo por esa persona, me viene a la mente aquello que ha contado y no he percibido inmediatamente, o un dato cualquiera que, luego caigo en la cuenta, era importante para él y le llamo, con todo el cariño posible, para pedir disculpas, para hacerle hueco en mí, para que me lo cuente, o me de más detalles o, simplemente, para prestarle mi apoyo y amistad.

Dicen que tardamos tres años en aprender a hablar y el resto de la vida en conseguir escuchar. Y es en la vida familiar donde uno aprende la habilidad de la escucha, ya que uno vuelve cada día al hogar con la necesidad de ser escuchado y comprendido. Pues yo, que estoy en avanzado estado de vida, sesenteando a pleno pulmón, me comprometo hoy en esta carta a dejar más espacio al otro, a vaciarme más de mí, para tener hueco para que quepan los gozos y sombras, las ocupaciones y vivencias de los demás. Pido a Dios, ya puestos, que nos regale a todos un corazón como el suyo, amplio, acogedor, misericordioso, en el que quepa todo el mundo, del que broten detalles, caricias, calorcico familiar, de brasero, de mesa camilla, para que juntos vayamos construyendo la gran familia humana, esa que es en definitiva, el Reino de Dios, ese que El nos invita a crear.

Perdonen que haya hablado tanto, sin escucharles. Ya podía alguno de ustedes contestarme, sugerirme algún tema, comentarme algo de mi correspondencia o compartir lo que deseen…y así nos contagiaremos mutuamente el saber escuchar. Ahí va un abrazo Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR 108

FAMILIA Y CONTAGIO DE VALORES

VALORES QUE SE CONTAGIAN EN LA FAMILIA

Queridos hijos y nueras: Os veo trabajándoos la difícil tarea de educar a vuestros hijos, mis nietos, y me doy cuenta de que hoy es todavía más complicada de lo que era en mis tiempos. Todo cambia constantemente, pero por otro lado, la mente de los más pequeños es como una hoja en blanco sobre la que estáis escribiendo su futuro. Decía un afamado psicólogo: “Dejadme un niño hasta que cumpla 7 años y os devolveré un hombre”, confirmando la gran importancia de los primeros años en la formación de la persona, pues es durante esta etapa cuando se estructuran las aptitudes físicas y se fundamenta su personalidad.

Por eso quiero recordaros, con mucho cariño y respeto, que, aunque vuestro trabajo y realización personal y profesional sea una tarea importante y requiera de vosotros más tiempo del que deseáis, no perdáis de vista que los primeros años de vuestros hijos son decisivos para impulsar el desarrollo de su cerebro y encauzarlo hacia la optimización de sus inmensas capacidades. Estáis viviendo un tiempo sagrado en vuestro acompañar el hacerse personas de los niños, por eso el que lo viváis sosegados, les habléis en positivo para potenciarles sus posibilidades, el ayudarles a encontrar sus valores y capacidades únicas y especiales y recordárselas con frecuencia, les impulsará a la plenitud y a cumplirse como esa gran persona que Dios ha soñado para cada uno.

No sé por qué demonio, en la vida familiar se recuerdan mucho los defectos y errores, con el deseo positivo de corregirlos, pero la verdad es que, de tanto repetirlos, se quedan tatuados a fuego en el subconsciente del niño, y luego, de adulto, le frenarán para lanzarse a investigar la vida, a abrir nuevos caminos y a desarrollar lo que también tiene de positivo. Es curioso como el mensaje de los padres sobre uno mismo funciona a modo de “profecía autorrealizadora”, con la que uno anda por la vida, respondiendo a las expectativas de sus padres, siendo esa persona mediocre que le decían que era, o ese gran tipo, o ese genio creativo, o ese niño adorable, o ayudador, o puñetero… con el que a cada uno le catalogaban en el hogar o en el colegio.

Bueno, pues lo que quiero recordaros es que aún estáis a tiempo de grabar en vuestro hijos una gran fe en sí mismos, ya que están como el cemento fresco en el que quedan marcadas todas las huellas, o el barro blando que todavía es manejable y flexible y, cuando endurece, ya no hay forma de cambiarlo. Por eso es muy importante que crezcan rodeados de estímulos. Pero un peligro que existe es el no corregirles, para no frustrarles, el no ponerles límites, para no contaminar con normas el poco tiempo que pasáis juntos. No les pasa nada por que les digamos que no a algo, porque se tengan que aguantar un deseo, retrasar una comida, ordenar un cuarto o negarles un capricho. Que ahora estamos en un tiempo en el que hay una adoración social excesiva al niño y tenemos a los adultos sirviéndoles constantemente o haciendo, como peleles, todo lo que a los niños se les antoja.

Una cosa es tener un lenguaje positivo en el hogar, apoyarse en todos los logros y estimularse con frecuencia y otra es permitir todos los caprichos, enfados, mimos y pataletas. No, estáis acompañando el hacerse persona de vuestro hijo y tiene que aprender a llorar poco cuando se de un golpe, a evitar los melodramas, esos tipo jugador de futbol que cae cual enfermo terminar tras una patada, permaneciendo unos segundos medio muerto y que se levanta inmediatamente con cara de víctima, pero sigue jugando… Ojo, que son muy peligrosos los lloros y quejas excesivas. Hay familias en las que ven a un adulto que recibe mucha atención y cuidados por estar enfermo y los niños aprenden a utilizar la enfermedad como medio de obtención de atención y cuidados o para ser el centro de la familia.

Los niños sirven para hacernos de espejo a los mayores de comportamientos erróneos que tenemos, así que es bueno que nos paremos a ver cómo piden atención, qué mecanismos utilizan cuando se caen, les duele algo, se frustran o se les contraría. Porque es en el hogar donde uno aprende a manejar el enfado, el dolor, la enfermedad, la contrariedad y el conflicto; y vosotros padres sois los maestros del vivir para esos niños crudos, a los que les falta la cocción de la vida y que vosotros aún podéis modelar y ayudar a ser personas sanas, libres y felices.

Y el tema de la resilencia, o capacidad de crecer con las dificultades, o de encontrar lo positivo que trae cada problema o situación aparentemente negativa, también se aprende en casa, según el lenguaje que se utilice. Cuando los padres viven en actitud de “ir tirando”, de “matar la semana”, de esperar a que los hijos crezcan para disfrutar de libertad, o a que se vayan del hogar, o a que termine el trabajo, para estar descansados… eso es no saber vivir, eso es perderse todo lo bueno que trae cada etapa y todo lo que cada momento tiene de esfuerzo y de disfrute, de reto y de alegría. La queja es una actitud socialmente aprobada y contagiosa, que nos llena de negatividad, que nos impide ver todo lo positivo que tiene cada momento, cada persona o cada situación. Solemos hablar mucho más de lo que nos falta por conseguir que de lo que ya tenemos. Es importante recordar que la felicidad no está en tener todo lo que quieras sino en saber ser feliz con lo que tienes. Y a nuestros hijos, al fin y al cabo, lo que queremos transmitirles es la sabiduría de ser felices y, de paso, o como consecuencia, hacer felices a los demás.

Vivimos en una sociedad en la que sólo es noticia lo negativo. “No news is good news” (“Si no hay noticias, son buenas noticias”) es la frase universal del mundo de la información, pero también en la vida cotidiana contamos solo lo malo que nos ha ocurrido y, a veces, incluso nos parece que es presunción hablar de las cosas bonitas que nos ocurren. Se cuenta cuando se está enfadado, enfermo o agobiado, pero no se informa de los momentos de felicidad, de ternura, de estar a gusto con los tuyos. Y los niños aprenden ese mismo tipo de información y también se instalan en la queja, en el aburrimiento o en los comentarios de las cosas que no van del todo bien.

Tenemos que fomentarnos unos a otros esa capacidad de descubrir el regalo que acompaña a cada problema de la vida o situación difícil. Esta mañana comentaba un amigo cómo les ha unido a la pareja y a toda la familia la enfermedad, lo profunda que ha sido este año su navidad, cómo se ha fortalecido su relación y han aumentado los gestos de ternura que antes evitaban por pudor y ahora, por temor a perder a la madre o al caer en la cuenta del cariño que se tienen, han dejado brotar con libertad y están todos viviendo una preciosa etapa afectuosa, cercana y tierna. Y este ha sido el regalo que les ha traído un problema, pero todos han sido sabios y han puesto en marcha sus recursos interiores y se cuidan, se quieren igual que antes, pero ahora se lo expresan y unos a otros se están ayudando a vivir mejor esta situación nueva y difícil que en otro momento o a otras personas les habría hundido en mutismo, depresión o enfurecimiento.

Es curioso cómo cuando uno está atento a la propia vida y a la de los otros, recibe constantes lecciones para vivir. Yo tengo la suerte de tener de compañero de clase a Joaquín, al que el puñetero parkinson, le está reduciendo las capacidades físicas, pero como él se trabaja mucho y lucha para no venirse abajo, está creciendo social, mental y espiritualmente tanto que es el mejor amigo, amante, padre y compañero de juergas y hasta de rezos. Yo me aprovecho de su insomnio para pedirle trabajillos informáticos, porque sé que el se organiza sus días y sus noches para disfrutar y ser válido lo más posible.

Bueno, familia, como vivir es un arte y la obra de arte de cada uno es la propia vida, pues vamos a echarle salero e ilusión para disfrutar y regalar nuestra vida y así enseñar a los nuestros a que la gocen y la entreguen en la construcción de un mundo más cálido, más humano y más justo. Hasta la próxima, ahí va un abrazo Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR 109

MI CUMPLE… ¡Cuánto tiempo!

MI CUMPLE… ¡Cuánto tiempo!

Querida familia: Aprovecho que el domingo celebramos mi cumpleaños, para hacer con vosotros una reflexión sobre la cantidad de tiempo que llevo vivido. Cuando pienso que ya hace 64 años que estoy en este mundo, me sorprendo. Tengo la sensación de haber comenzado la vida hace nada y ya estoy casi terminándola. Miro para atrás y me vienen recuerdos borrosos y sensaciones concretas, más dulces que amargas. Siempre he tenido la suerte de olvidar pronto lo negativo y recordar más lo positivo. Eso es un legado que me dejaron mis padres y que me ha ayudado mucho a disfrutar más el cada día, pues me queda la música interior agradable de la belleza, de las buenas gentes, de amores y amistades, de los gestos de ternura y armonía vividos el tiempo anterior.

Es curioso cómo las sensaciones y los sentimientos son atemporales. Cuando las recuerdas, las vuelves a sentir, a resentir. Por eso debe ser tan bueno eso de saber cerrar las puertas bien, perdonar lo doloroso y limpiarse de rencores, para que no vuelva la música triste a inundar el presente. Dicen que las personas somos presente y memoria y que las hay que eligen vivir en la memoria, recordando siempre el ayer, “nostalgeando” con lo pasado o programando el futuro. En cambio, otras eligen vivir en el presente y se sumergen del todo en cada momento, sin dejar que su mente se les escape en nostalgias y preocupaciones. Y saber “entrar del todo y salir del todo” en la vida es una forma de añadir intensidad vital a cada situación, de vivir unificados, integrados y completos en todo momento.

Esto del manejo del tiempo es algo que se aprende en la vida familiar. Hay hogares donde siempre están fantaseando en lo que llegará, con añoranza, o recordando, con morriña, tiempos anteriores, o planeando acciones futuras y en ello ponen todas sus energías. En otras familias se concentran en cada acción, actividad o vivencia y la disfrutan con pasión, intentando sacarle a cada momento todo su encanto y su jugo y con cada persona vivir un encuentro. Hay familias que cuidan mucho sólo los momentos solemnes especiales y luego, en el día a día, viven una rutina fría, en la que no hay apenas detalles afectivos, ni cuidados de los unos hacia los otros, ni ternura, ni pequeños gestos que hacen la vida más agradable.

La realidad es que el tiempo, la vida, está formada por la suma de segundos, minutos, horas, días, meses y años y hay que ver lo largo que se hace el tiempo cuando estás con alguien que no te agrada, o con quien mantienes una relación superficial o lejana, y lo corto que se hace cuando estás con alguien con quien conectas en el fondo del alma, con quien compartes tu música interior, tus sueños, tus alegrías y tus adentros. Yo he vivido muchos encuentros, muchos momentos de amistad, confidencia, risas y lágrimas, consuelo y apoyo y todo ese tiempo vivido en relación es el tesoro que amontono en mi corazón, por el que doy gracias a Dios cada cumpleaños. Podría hacer una lista de las personas a las que podría estar agradecida cada año, por lo que me han ayudado a ser, a vivir, a disfrutar, a llorar, a querer, a acompañar, a acariciar, a crear, a crecer y a llenar mi vida de sentido, de misión y, sobre todo de agradecimiento.

Porque el paso del tiempo, de mi tiempo, este tan largo como intenso, difícil y bonito, pachucho y divertido, está entretejido siempre con personas que la vida me ha ido poniendo al lado, cercanos y lejanos, familia y desconocidos, compañeros de camino y de cruces, receptores de mi trabajo y servidores del suyo… y me habría gustado ser para cada uno una caricia, una sonrisa, una mano tendida, un favor recibido, una discípula, una maestra, una comida rica, un café calentico, un abrazo apretado, una confidencia, una carcajada, una oración, un amor apasionado, una escucha atenta…

Me gusta mirar a la vida de frente, para no gastarla en vano. Y ya, puesta a soñar, veo cuántisimas cosas me gustaría haber hecho con estos 64 años que celebro el domingo. Pero como el contador sigue en marcha, voy a dejar de escribir, para que no me pille la vida teorizando, y ahora mismo me voy a poner a hacer esa llamada pendiente, esa carta prometida, esa fiesta que voy a montar, esa compañía a un enfermo, o esa partida de cartas por jugar. Voy a manifestar el cariño a los míos como si fuera el último día que les viera, voy a saborear el café calentico de media tarde, la puesta de sol y el paseo con mi marido, como si no se volviera a repetir, voy a mirar a los ojos a la gente, acariciándoles con mi mirada, voy a hacer del día de hoy un día de fiesta, aunque aún no sea mi cumple, pero voy a vestir mi corazón de capacidad de sorpresa y escucha atenta y voy a pasear contemplando mi entorno como el pintor que busca el rincón más bello para plasmarlo en su lienzo.

Y como el único tiempo que me pertenece es este, y es con esta ilusión vital con la que me siento invitada por Dios a estar en el mundo, celebro con ustedes la maravilla de la técnica que me hace poder contarles mis intimidades, así, a corazón abierto y hacernos juntos una transfusión de entusiasmo vital, que para mí no es otra cosa que hacer realidad el gran proyecto de Jesús, ese de que vivamos todos la vida en abundancia, o sea que vivamos todos, por fin, divinamente. Pues que El nos ayude a no ser unos incoherentes teóricos sino unos profetas del bienvivir y del trabajar para que todos lo consigamos. Perdonen que no me despida, es que tengo prisa, que ya voy siendo mayorcita…

Mari Patxi REVISTA HUMANIZAR 110

p.d. Estoy pensando en mi amiga Mary, a la que le molestará un montón mi carta, seguro, pues ella tiene la mala pata de ver siempre lo negativo de la vida, propia y ajena, y no le suele gustar charlar conmigo, porque le parezco una inconsciente de mil demonios.

Dicen que en la vida hay dos tipos de personas. Unas son como las moscas, que van de excremento en excremento, de caca en caca,

de mierda en mierda (no sé si es correcto escribirlo aquí), descubriendo y comentando todo lo malo de la vida; y otras son como las abejas, que van de flor en flor y hacen miel. Estas personas ven la belleza de la vida y de las personas, la cuentan y la comparten, y así endulzan la vida a los demás. No sé si estamos programados para ser

mosca o abeja y si cada uno juega el juego que le ha tocado, sin ser consciente de que recibe instrucciones de un disco duro. Pero, por si acaso se pudiera cambiar esta programación, yo elegiría ser persona abeja, para disfrutar de tantas flores como hay en el mundo y fabricar miel para los demás. Y si alguna persona mosca no es muy feliz, igual le va mejor probar a comportarse como abeja.

APRENDIZAJES EN LA SEPARACIÓN

APRENDIZAJES DE LA SEPARACIÓN                                    

Querida sobrina, sé lo mal que lo estás pasando desde que te separaste, y que este aviso del colegio en el que diagnosticaban a tu hijo de 5 años tristeza, te ha hundido ya en la miseria, por eso hoy me gustaría echarte una mano, a ver si entre las dos conseguimos mirar tu familia con lupa y ver la forma de ponerle un poco más de salud mental a la situación o, por lo menos, suavizar un poco el dolor.

Te ha ocurrido algo dolorosísimo, como es la ruptura de vuestro matrimonio. Es verdad, y dicen que después de la muerte de un hijo, es el duelo mayor que pueden sufrir unas personas, la separación conyugal, la ruptura de vuestro proyecto de pareja, que os deja a los dos con la vida paralizada, con todos vuestros sueños rotos, con el corazón partido, por lo que sufrís los dos y el niño, que quiere vivir en una sola casa y quiere juntaros como sea.

 Sé que es tremenda vuestra separación y no por ser muy frecuente es menos dolorosa. Me molesta a mí mucho cuando alguien comenta, a la ligera, que está de moda separarse y se hace muy alegremente, con lo que lleva consigo de sangre, sudor y lágrimas. Las personas que hablan así es porque no han vivido el deterioro de una pareja de cerca y saben poco del corazón humano. También me consta que hay personas que lo superan antes que otras, que parece que encuentran antes motivos para ilusionarse, para llenar su vida de sentido y para reorganizar su nueva manera de vivir.

Llevabais muchos años construyendo vuestro proyecto de pareja y ha tardado poco en romperse, en apearse uno de los sueños comunes y conformarse con una vida mediocre y uniformada. Es duro ver cómo te echan la culpa los que esperaban de ti un comportamiento sacrificado y abnegado, en el que te conformaras con la armonía, al precio que fuera, aunque sea el de vivir una vida gris y sin sentido, uniformada con la de otros seres humanos que sólo aspiran a vivir trabajando, comprando, redecorando su casa, corriendo y gastando las horas restantes delante del televisor. A ti te gustaba crear hogar, tener una casa abierta, tener amigos, vivir un compromiso con el entorno,  gastar algo de tu vida en mejorar el mundo, en cuidar las relaciones y la ayuda a los de alrededor. Tú no te conformabas con gastar tu existencia en llenar de caprichos al niño, ahorrar para llevarle a Euro Disney y esperar las vacaciones viviendo los días cada uno igual al anterior, sin disfrutar de lo pequeño, de lo sencillo, de vuestro amor, de las sorpresas cotidianas de la vida y de llenarla de detalles del uno hacia el otro, para hacer crecer vuestro amor y fortalecer vuestra relación.

Has de reconocer que creíste que le ibas a cambiar, que lo que él no valoraba en el noviazgo, acabaría eligiéndolo, al vivir la vida contigo… y no fue así. El no necesitaba la dosis de ilusión y novedad que tú le echas a la vida diaria. A él le bastaba con vivir en blanco y negro, sin utilizar el resto de pinturas con que Dios le dotó al llegar a este mundo, para vivir una vida de colores. Y tú pusiste color a su vida mucho tiempo… y su seriedad llegó a robarte tus colores y enfermaste de depresión varias veces, aunque nos lo quisiste disimular a todos. Y es que no sé qué demonio pasa en el noviazgo, que uno tiene una miopía total, ve las cosas como las quiere ver, en vez de cómo son, y está convencido de que luego conseguirá cambiar al otro.

A él le volvías loco con tus coloridos, le entusiasmabas la vida, se la iluminabas… pero al mismo tiempo no lo podía soportar y te rechazaba tanto como te admiraba, le gustabas tanto como le invadías, le producías envidia, rabia y humor al mismo tiempo. El caso es que todos nos emparejamos buscando en el otro lo distinto, lo opuesto, lo complementario y luego, nada más casarnos, queremos cambiarles porque, aquello por lo que les hemos elegido, lo que nos hacía gracia, nos incomoda, nos irrita, nos aleja y nos rompe el amor. Hay motivos que son pequeños y superables. Los vuestros son graves e insalvables. Lo sé por la de veces que has pedido consejo, asesoramiento, apoyo a expertos y acompañamiento en la conciliación.

Como dice Antoine Filissiadis en el libro “Persigue tus sueños”, la mayoría de las personas vive la vida como un autómata, ignorando que vivir es un arte, que tenemos que ir inventando. Nos pasamos la vida intentando, al precio que sea, respetar las consignas acordadas. Y si el juego no nos hace felices, pues sufrimos y, en un tono fatalista, exclamamos: ¡es la vida! Y no es verdad. La vida no es para sufrir. ¡Somos artistas! Nuestra historia es una obra de arte. ¿Por qué vivirla en blanco y negro? ¡Podemos pintarla de colores añadiendo un toque de alegría, un reflejo de placer, un abanico de felicidad!

¡Tú has sido una valiente, la verdad! Te has currado la pareja y después te has trabajado mucho el romper sin causar dolor, intentando que hubiera poca sangre, poco desgarro emocional para los tres… pero no lo has conseguido. Me consta que una y otra vez te preguntas si te habrás equivocado, que si habría sido más fácil rendirte y conformarte con una vida gris, rutinaria y mediocre, antes que montar esta guerra dolorosa en la que él ha querido acabar. Tú eres una persona buena, buenísima diría yo. Y los demás te acusan de no haberte sabido “santificar con el hombre que Dios puso en tu vida”. Y esa crítica sé que te hace daño, que te cuestiona, que te duele en el alma porque es lo primero que te planteaste, lo que luchaste durante años, antes de dar el paso.

Como ya te he dicho muchas veces, una vez más os pongo a los tres ante el Señor, pidiéndole que os haga sentir su compañía y su impulso y a ti, especialmente, que te de mucha fuerza para vivir este tiempo doloroso, de rechazo familiar, de tensión al inventar esta nueva manera de vivir, de pactar los ratos del niño, de utilizar las matemáticas para programar las vacaciones, de sentirte fiscalizada, acusada, casi psicológicamente apedreada, como la adúltera del evangelio, porque no entienden tu separación no habiendo malos tratos, ni infidelidad, ni otra causa grave, simplemente por sentirte empujada a vivir como una mujer bonsái, una vida pobre, sosa, gris, rutinaria, anodina y sin ilusión. Eso la mayoría de la gente lo considera “pecata minuta” y no lo encuentra motivo para romper un matrimonio e intentar reiniciar una nueva vida de colores, sola o con alguien que como tú, sueñe con disfrutar del arcoiris de la vida.

Me imagino a Jesús a tu lado diciéndote, yo tampoco te condeno, vete en paz… y vive, y sé libre por dentro, porque ninguna de esas piedras que te tiran es justa ni pensada, sólo es un hábito social de juzgar a los otros con una ligereza nada fraterna, nada comprensiva ni compasiva. Sigue adelante, hija mía, que yo he soñado para ti, y para tu hijo, la Vida en Abundancia, que vivas divinamente, que vengas a mí cuando estés cansada y agobiada, que yo te aliviaré y empléate en el afán de cada día, siendo pobre, sencilla, trabajando por la justicia y por la paz y dejando este mundo mejor de cómo lo encontraste al llegar.  A ver si conseguimos que este duelo dure poco y sientas el impulso de Dios a vivir, día a día, a poquitos, una vida bonita, sin culpa, sin tener que agradar a todos, fallando a lo que se esperaba de ti, “oficialmente”… y construyendo tu vida, esa gran obra de arte que has empezado en contra de los que te quieren uniformar y meter por el carril oficial…Sabes que me tienes, para lo que quieras… ¡te quiero tanto!  

 Un abrazo Mari Patxi                                                                                                                                             REVISTA HUMANIZAR 112