NACIDOS PARA DISFRUTAR

Este tema me apasiona, es algo en lo que pongo mucha atención cada día, en disfrutar al máximo de todo lo que la vida me ofrece y en animar a otros a que disfruten, pues mucha gente vive una vida gris, sosa, incolora, atentos a hacer siempre lo que deben hacer, las obligaciones y se les escapan los pequeños detalles preciosos de la vida, como es el amanecer, que esta mañana, por cierto, estaba en rosa y gris y era una gozada desayunar viendo moverse las nubes en esos tonos pastel. Disfrutar del relax que produce el colchón, en el que se desparrama nuestro cuerpo y pierde todo el cansancio del día anterior, o el calor de las sábanas alrededor del cuerpo y la luz que entra a rayas, por la persiana, cuando amanece, y sentir el calorcito del agua de la ducha que limpia y refresca nuestro cuerpo al caer, y el agua fresca al levantarse, que desatranca tuberías y conductos de la respiración, y el placer del café mañanero, que calienta las entrañas y y parece que se le siente recorrer el cuerpo y refrescarnos… y así tantos y tantos detalles de la vida cotidiana, que son para disfrutar, que nos alegran la vida y que muchas veces pasan sin que apenas nos demos cuenta de ellos, sin que caigamos en la cuenta de su existencia.

Dice el Talmud (sabiduría rabínica de los tiempos de Jesús), que todos tendremos que rendir cuentas de los placeres legítimos que hayamos dejado de disfrutar. Y la realidad es que hemos nacido para disfrutar, y que gozar es más una actitud mental que un conjunto de circunstancias); el disfrute es, en realidad, más una elección que una casualidad. Todos sabemos que unas `personas gozan de la vida mucho más que otras. Y los que disfrutan de la vida más, no están necesariamente más dotados ni son más afortunados, sino que, sencillamente, algunos han preparado sus programas internos para gozar de la vida, mientras que otros parecen empeñados en la lucha perpetua por abrirse camino en ella. Nos despertamos cada mañana con esa programación mental: a gozar de la vida o a lucharla. Esta programación fue instalada en nosotros en los primeros años de nuestra vida: fue el resultado de las sugerencias de los de alrededor y de los comportamientos aprendidos.

Hemos nacido para ser felices, no para ser perfectos, ni eficaces, ni para responder a lo que los demás esperan de nosotros. Es necesario analizar las causas que nos impiden disfrutar. Cada cual debe explorar sus espacios internos y entrar en contacto con las razones que pueden disminuir nuestra capacidad de gozo. Para algunos puede tratarse de un mensaje directo de la infancia de que la vida no está hecha para disfrutarla. Los mensajes que recibimos durante nuestra infancia tienden a seguir sonando de por vida dentro de nosotros, a menos que los identifiquemos y los saquemos a la luz. “La vida es lucha. No se debe estar mano sobre mano. El mundo es cruel : ”Piensa mal y acertarás, Mira tu hermano qué bien lo hace…”

A veces nos autocastigamos recordando todos y cada uno de nuestros errores. Llevamos un meticuloso inventario de nuestros fallos y, aunque Dios nos los perdone, nosotros no podemos perdonarnos jamás. Es como si nos hubiéramos juzgado y hubiéramos grabado nuestros fracasos en cada músculo y célula de nuestro ser. El complejo de culpa es sin duda una de las causas que más nos impide disfrutar y contra el que tenemos que luchar la mayor parte de los seres humanos.

Las víctimas del perfeccionismo viven una “trayectoria suicida”, ya que les priva de la plenitud de la vida. Como no son perfectos, son un continuo fracaso. Y cuando el fracaso se convierte en el color de nuestros días y nuestras noches, se apoderan de nosotros el desánimo y la depresión.

Todos tenemos algún complejo de inferioridad. Todos tenemos áreas de inseguridad. La inferioridad es lo opuesto a la superioridad y al mismo tiempo siempre implica comparación. Nos confrontamos con otros y nos parecen más inteligentes, más guapos, más capaces o más virtuosos que nosotros. La comparación siempre es el comienzo de sentimientos de inferioridad. Y es casi imposible disfrutar de algo cuando no gozamos de nosotros mismos.

El planteamiento del “todo o nada” también puede minar el placer. Una parte de nosotros es buena y hermosa, pero hay otra parte que no se ha transformado. Una parte de nosotros es luminosa y otra es oscura; una parte crece y otra duda; una parte es amor y otra es egoísta. El planteamiento del “todo o nada” no conoce la palabra proceso. Todo tiene que ir completamente bien y en todo hay que sacar sobresaliente o, de lo contrario, todo se convierte en la noche oscura del alma.

Finalmente, deberíamos revisar nuestras premisas. Algunos hemos construido nuestras vidas sobre presupuestos irracionales. Por ejemplo, “no puedo disfrutar si estoy solo” (lo que le produce un miedo enorme a la soledad y está siempre buscando a los otros). “Soy así y no puedo cambiar” (le inmoviliza y le estanca). “Tengo que hacer todo bien” (y no puede perdonarse nunca un error). “No se puede vivir sin salud” (huirá siempre de la enfermedad, o la negará, o se sentirá infeliz al menor dolor de cabeza propio o ajeno). “La felicidad ha de ser completa” (la más mínima cosa le estropeará su bienestar y lo contabilizará en negativo).”Tengo que agradar a todo el mundo” (en cuanto alguien les cuestiona algo, sufren por no gustar….)

Si estamos pasando un día agradable pero permitimos que un pequeño incidente lo eche todo a rodar, deberíamos preguntarnos por qué lo hicimos. Si hemos disfrutado de una gran película y regresamos a casa descontentos porque nos ha costado caro el aparcamiento, deberíamos hacernos una reflexión sobre lo que nos impide disfrutar y nos hace poner los peros que nos disminuyen el gozo.

Si en un grupo caemos bien a todos los componentes menos a una persona, y nos sentimos mal por culpa de esa única persona, es necesario investigar y poner nombre a aquello que nos niega el placer. Todos sabemos que podríamos ser felices pero siempre hay un gran sí o un gran pero. Pues ya es hora de que eliminemos los peros de nuestra vida. Para ello sería conveniente analizar detenidamente los que ponemos de manera habitual, con el fin de poder ir disfrutando cada vez más del viaje de la vida.

Cuando la vida resulta difícil, podemos ser más felices y sentirnos mejor con nosotros mismos cuando asumimos la dificultad, porque LO IMPORTANTE NO ES LO QUE NOS OCURRE, SINO LO QUE PENSAMOS POR LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO. La clave para superar una adversidad en la vida es la aceptación sabia y humilde del problema. Al principio lo niegas y parece que no lo vas a poder soportar, pero después lo reconocerás y podrás aceptarlo, si quieres ser honesto contigo mismo y con la vida. Para llegar a la aceptación es necesario dedicar tiempo a la reflexión, a escuchar la voz interior, a poner nombre a los problemas y así hacer brotar la fortaleza interior que todos poseemos. Hay que saber buscar el núcleo de nuestra insatisfacción, sin huir, sin lamentarse, pero reconociendo lo que necesitamos.

Hay que poner cuidado en no malgastar energía en el rencor o en comentarios negativos, quejas y autocompasiones. Mi vida me pertenece.

ES DIFICIL VIVIR SIN DINERO O SIN SALUD,
PERO ES MUCHO MÁS DIFÍCIL VIVIR SIN ILUSIÓN.
Conviene recordar que somos peregrinos en el viaje de la vida y lo importante es saber disfrutar del trayecto. Hay que tomar la decisión de vivir aquí y ahora, sin dejar que la memoria invada nuestro presente. Así evitaremos nostalgias y vivir más preocupados que ocupados. Es de sabios gozar de las pequeñas cosas como paseos, amaneceres y puestas de sol, partidas de cartas, álbumes de fotos o una comida rica. y saber vivir con humor para descubrir el arco iris y la amistad.

Todos tendremos sufrimientos, pero hay que intentar disfrutar lo más posible en el viaje de la vida.
VIVIR ES UN ARTE… Y TU OBRA DE ARTE, ES TU VIDA.
Y si, además, saber vivirla acompañado de Dios, todo será más fácil y más pleno, ya que El nos impulsa a la felicidad, a la armonía y a la plenitud.
y recordar que el disfrute es más una elección que una casualidad personal, que hemos venido a la vida para gozarla, para vivir en plenitud, para saborear cada instante y ser lo más felices posibles. Pues, ¡ála, vamos a disfrutar de este instante, de este día que no volverá a pasar nunca más!… Verás como cada día puede resultar apasionante. Hasta la próxima revista Humanizar, Mari Patxi

La Sagrada Familia

hogarfnComo todos los años celebramos el día de la Sagrada Familia, que es la que nos cuentan formaron María, José y su hijo Jesús, hijo de Dios, a su vez. Hay muy poco escrito sobre ellos pero sabiendo cómo fue su vida en general y el mensaje que Jesús vino a traernos de cómo es nuestro Padre y cuantísimo nos quiere, es fácil imaginar cómo se viviría en aquella casa. Me la supongo alegre, decorada, sencilla, con plantas, que María cuidaría con esmero, en la que se cocinaran guisos poco complicados, para tener más tiempo para atender a las personas. José trabajaría lo necesario para mantener a la familia, pero sin alargar excesivamente sus horarios para tener tiempo para ser un buen padre, amante y amigo. El niño sería como todos, rico al principio, travieso y juguetón, daría guerra, tendría catarros y rompería algún adorno con el balón. Les haría pasar a sus padres alguna mala noche, con las enfermedades propias de la infancia y muchos momentos preciosos, con el crecimiento y aprendizaje, conforme fuera haciéndose persona, como todos los hijos del mundo.

Tendrían una casa abierta a los demás, con un plato preparado siempre, para el que llegara y compartirían sus cosas y todos sus bienes con vecinos y familiares. Cuidarían la ropa, para poder pasársela a otros, especialmente la de Jesús que, se le quedaría pequeña conforme creciera y, aunque la heredaría de otros niños mayores, después se la pasarían a otros niños, zurciéndola con esmero, para que pudiera reutilizarla mucha gente. Jesús imagino que sería un niño colaborador, de los que ayudan a llevar el cesto de la ropa, o el de las patatas, pondría la mesa, ayudaría a recoger y a “matrimoniar calcetines”, compartiendo las tareas, pero no demasiado porque en aquellos tiempos las cosas de la casa eran solo responsabilidad de las mujeres. Pero como Jesús venía a cambiar las cosas, para mejorar la relación entre mujeres y hombres, pues ya iría compartiendo tareas y comprendiendo muy bien los cansancios y el trabajo que lleva la casa.

Seguramente sería un hogar en el que se reirían muchísimo, ya que el humor es una cualidad del amor y supongo que se amarían estupendamente. Se dirían las cosas con dulzura, se saludarían al levantarse con cariño, se servirían unos a otros, se adelantarían a recoger o a hacer cualquier cosilla pequeña, de las que forman la vida cotidiana. Imagino que Jesús aprendería de sus padres a ser cariñoso y a decir el amor, por eso luego supo ser tan buen amigo y comprender a toda persona que se encontraba.

También serían una familia religiosa en la que comenzarían el día saludando a Dios Padre y luego bendecirían y agradecerían los alimentos, rogando por los que hubieran participado en su cultivo o elaboración. Quizás, también hablarían un poco con su Padre Dios, al acostarse, dándole las gracias por los detalles y personas del día y por lo que leyeran en la Torá o en algún libro sagrado.

La realidad es que la Sagrada Familia, sería una familia de lo más normal. No harían nada especial, que no fuera lo que sueña toda pareja y persigue toda familia, que es el ayudarse a ser en plenitud, el potenciarse, salir queridos de casa, acompañarse mutuamente en las dificultades, consolarse, divertirse, descansarse unos a otros y cubrir las necesidades básicas en el hogar, como todo ser humano pretende. Muchas veces las imágenes no les han hecho un gran favor y nos han presentado una familia extraña, con posturas nada naturales, como si Jesús y sus padres estuvieran toda la vida posando, por si les hacía una foto cualquier paparazzi que pasara por su hogar, a la caza de la última foto privada de los famosos de Nazareth.

Dios nos hizo un gran favor al hacerse hombre en Jesús para enseñarnos a vivir en una familia normal, especialmente pobre y sencilla, con el fin de demostrarnos que los preferidos de nuestro Padre son los más pobres. Pues que Dios bendiga nuestra familia actual y nos ayude a conseguir la gran familia humana, en la que todos nos tratemos como hermanos.

Mari Patxi.

Religiosidad o espiritualidad

Querida familia al completo: Con las cosas que nos están ocurriendo últimamente, he decidido que hoy voy a ser menos pudorosa y voy a contaros cómo la relación con Dios fortalece para vivir mejor la vida y poder con las dificultades que, por cierto, ahora las tenemos y de muchos modelos. Del mundo espiritual se habla muy poco y en algunas familias se vive en opuestos extremos religiosos, desde el más radical ateísmo, o alergia a todo lo que huela a Dios, de unos, hasta los que practican con gran fervor, unos ritos que tienen poco que ver con la experiencia espiritual.

Y lo más curioso es que algunos cambian de situación, según les venga la vida. Cuando hay una muerte o una enfermedad, unos se enfadan con Dios, “que permite esas cosas”, como la tía Ángela, que pone boca abajo al cuadro religioso de su mesilla, y solo le nombran para reprocharle, o echarle la culpa de todo lo malo que ocurre en el mundo. No piensan que nos ha hecho libres y que depende de nosotros, de nuestras acciones, alimentación y forma de vida el que alguien enferme o se cumpla en él el proceso natural que va de nacer a morir.

El otro día Maite contaba lo bien que les había venido no casarse, para beneficiarse de las ayudas a las madres solteras y así, conseguir llevar a sus tres hijos a un colegio religioso, junto a su casa. Pero como sus hijos quieren hacer la primera comunión, como todos los niños de su clase, les han bautizado unos días antes y así han hecho dos fiestas familiares, una por el bautizo y otra por la Primera Comunión. El colegio les está dando una educación religiosa a sus hijos, que ellos ni complementan ni contradicen en nada…

Cuado falleció el padre de Pedro, dejaron muy claro que “pasaban de lo religioso”, para no hacer un funeral, pero pidieron que algún creyente dijéramos unas palabras durante la incineración y se ofrecieron a hacer ellos mismos alguna lecturas del evangelio, ya que sin ello resultaba muy frío el acto.

Mientras, las abuelas se juntan para ir a San Judas, a pedirle por todos los problemas de la familia; los viernes de principio de mes van al Cristo de Medinaceli, fielmente, con la misma misión y, además llenan su casa de lamparillas y estampas, que pretenden asegurar vuestros éxitos en exámenes y dificultades. ¡Ah! Y, a todos, os han regalado un San Pancracio, que preside sin pudor vuestros hogares, para que os vaya bien la economía.

El bueno de Carlos ha pedido a sus hijas que, cuando la abuela les acueste, que viene muchas noches, cuando a ellos se les complica el horario de trabajo, no le dejen rezarles y, si lo hace, que ellas le hagan burla, para que así “no les coma el coco”, con las cosas de Dios.

También me llama la atención la formalidad y fidelidad de toda la familia a todos los funerales y actos religiosos, mientras intercambiáis risitas maliciosas, tras los ritos. Me sorprende que la mayoría os casáis por la iglesia, porque luce mucho más el vestido y la ceremonia. Me disgusta que muchos niños vuestros puedan hacer la Primera y la última Comunión el mismo día. Me cuesta veros en las celebraciones religiosas, mascando chicle, en esa postura pasota de quien tiene que soportar un acto social absurdo y desconocido.

Pero lo que realmente me duele es que muchos de vosotros, la mayoría, no conozcáis a Dios y su propuesta de vida, ya que con El se vive la vida mejor y la llena de seguridad, entusiasmo, sentido y misión. Si tuviera más confianza, me gustaría tener una sentada íntima. sobre este tema, con cada uno de vosotros, pero como no la tengo, os escribo esta carta desde el fondo del alma. A ver si tengo la suerte de que me salga clara y concreta. Veréis, ser cristiano es tener la certeza de que Dios es tu Padre, que El es todo Amor y, por eso, solo amando podemos conocerle y disfrutarle y que en lo que se debería notar que somos sus seguidores, sería en que lo vivimos como El, a pleno pulmón, sin condiciones, sin freno y sin medida.

Dios nos quiere y nos conoce a cada uno. Como decimos en un salmo, tiene cada uno de los pelos de nuestra cabeza contados, conoce cada célula y neurona de nuestro organismo, cada pensamiento y palabra aún antes de pensarla o decirla. El nos ha hecho únicos e irrepetibles y no hay dos personas iguales. Tiene para cada uno de nosotros un sueño de plenitud y felicidad y nos impulsa hacia ello. Y cuando oramos o celebramos juntos, nos vamos animando unos a otros a intentar esa vida abundante y esa felicidad completa. Dios se hizo hombre en Jesús para contarnos que El tiene una historia de Amor personal con cada uno de nosotros y cómo lo único que nos invita es a vivirlo, a querernos mucho a nosotros mismos y a los demás de la misma manera.

Dios nos da las pistas para vivir en el evangelio y en el fondo del corazón, porque somos personas habitadas. Dios está dentro de cada uno y, cuando se vive la vida en comunión con El, en diálogo constante, se siente la gran fuerza de su Espíritu que impulsa por los adentros, que invita a ser más osado y a amar más, que quita los miedos, susurrándote que no temas porque El estará contigo hasta el fin de los días. Dios potencia lo mejor de cada persona y llena la vida de sentido y de misión, proporcionando una alegría desbordante, una sensación plenificante y un dinamismo interior que le vuelve a uno cada día más grande, alegre, coherente feliz, sosegado y confiado, en la seguridad de su Amor y su presencia.

A este Dios que os cuento, muchas veces se le presenta de forma enfermiza, como un juez controlador e implacable, como un ente mercantil, al que le ofreces algo y te concede lo que le pides, o como un ser lejano todopoderoso que nos controla, castiga e infantiliza y nos premia o condena según nos comportemos. En cambio el Dios del que nos habla Jesús es un Padre/Madre que nos amó primero e incondicionalmente y que tiene para cada uno de nosotros un gran sueño de felicidad y plenitud. Yo creo que nos vendría bien desaprender lo religioso. para poder avanzar en lo verdaderamente espiritual, en experimentar a Dios en nuestra vida cotidiana.

Pero vivimos rodeados de tantos ruidos exteriores e interiores… Estamos dispersos con tantas cosas, con tanto exceso de información y de actividad, que no resulta fácil sumergirse en el silencio, que sabemos lleva al equilibrio, que ayuda a que todo en la vida se vaya encajando, que desnuda y vacía para poder después sentirse pleno y lleno. Por que, si haces silencio podrás encontrarte a ti mismo; si perseveras te liberarás de ti mismo, pero, si sigues es posible que halles el Amor, que es Dios. Cuando uno consigue hacer silencio se da cuenta de su propia prisión, de lo que le impide ser y dejar fluir el tanto amor que uno posee dentro, para experimentar el gozo completo.

Me gusta escribir todo esto porque me hace repensar mi cristianismo y revivir mi apuesta por el evangelio. A estas alturas de mi existencia he vivido tantas horas con El que siento que me da fortaleza interior para exprimir la vida, para comprometerme en el cambio del mundo, para disfrutar de los hermanos, para sorprenderme de las pequeñas cosas, para dar menos importancia al poder y al tener y para entender de qué va realmente la vida. Dios nos invita a ser cada día más libres y con sentido crítico, serenos y fuertes, sencillos y austeros, sin estar jamás de vuelta de nada, atentos a las necesidades del otro, y sin quejarnos de ninguna tontería nuestra.

No me gusta mucho cómo os estoy contando estas cosas que son tan importantes para mí, quizás os resulte rollo o “marisabidilla”. Lo único que querría conseguir con mi carta es animaros a disfrutar de Dios que, como el sol, sale para todos, es gratuito y revitaliza. Y a regalárselo a los hijos, que es el mejor tesoro que les podéis dejar de herencia. Yo después de escribiros, doy gracias a Dios que me pone en comunicación con vosotros. Ahí va un abrazo Mari Patxi

Revista Humanizar.

APRENDER A ENVEJECER

Querido familión: Caigo en la cuenta del gran abanico de edades que existe en nuestra familia, desde  cuatro meses hasta 70 años, y me llama la atención cómo los cuerpos marcan el paso del tiempo. Hace nada que nació el último personajillo del clan, lleno de posibilidades y todos comentamos admirados la rapidez de su crecimiento, evolución, socialización y espabile. Todo esto que sucede tan deprisa en la vida del bebé, ocurre igual de rápido en mi envejecimiento. Y eso que llevo años preparándome para su llegada, recordando que envejecer es obligatorio, pero crecer es opcional, y pretendo seguir creciendo como persona, casi a la misma velocidad que mi cuerpo se inflama, devalúa y envejece. Lo que no es nada fácil, ya que vivimos en una era en la que se valora en exceso la juventud y la moda te invita a disimular los años que cumples y a ocultar las deficiencias, para no bajar tu cotización en bolsa.

La sociedad gasta infinitas energías en investigar la crema, potingue, o secreto del antienvejecimiento, creo que el último ha sido el “ácido jasmónico”. La cirugía rejuvenece por partes a todo el que se deja, de forma que soy de la generación que vamos a despedirnos de la vida muy tarde, pero con unos cadáveres preciosos. Mientras que a las niñas se les mete prisa por parecer adultas y se les viste de mayores, a los maduros nos vende la moda el vestirnos como niños, de forma que te puedes encontrar a cualquier abuela con el mismo modelo que su nieta y a cualquier crío vestido de negro, color que impone la moda este año. Hasta una marca de ropa ha diseñado bikinis “con relleno”, para niñas de siete años. Menos mal que alguien ha tenido la sensatez de descatalogarlos.

Hay gente que vive en una sorprendente atemporalidad. Son personas, algunas de ellas famosas, por las que no pasan los años. Los vemos en los medios de comunicación o en nuestro entorno y nos contagian ese deseo de parecer eternamente jóvenes. Así tenemos a cantidad de gente de mi edad, 65 años, vividos y exprimidos con pasión, que no puede reconocer la edad que tiene y que vive como fracaso el deterioro lógico de los años y las carencias normales de todo cuerpo que ha vivido su proceso de nacer, crecer, florecer, reproducirse, madurar y envejecer, para luego morir, que es el destino de todos, a ese espacio donde se nos examinará del amor, y nunca de la talla, del peso o de la belleza exterior.

Se me olvidaba contaros que hay una franja de edad, de los 60 a los 75 años, que ahora le llaman la sexalescencia, en la que estamos gente que hemos vivido una vida plena  y hemos llegado a la ancianidad, con capacidad adquisitiva, que tenemos unas ansias locas de vivir, de gozar, de aprender, de crear, de hacer algo por los demás y no nos sentimos todavía ancianos como para pasarnos la vida pasivamente, enfermos y dependientes, esperando el final.

Todos los seres humanos nacemos sin terminar de ser y nos vamos haciendo conforme transcurre la vida. Todo este tiempo lo pasamos buscando la felicidad existencial. Unos creen encontrarla imitando a los que se dicen felices, o siguiendo los caminos y ofertas de la sociedad de consumo, que les invita a tener y les convence de que en la vida lo importante es el prestigio, el poder y las cosas.
Otros, en cambio, descubren que la felicidad tiene que ver con el ser y con su manera de pensar y estar en el mundo. Para estos últimos, la solidaridad es el gran regalo que les hace la vida, cuando tienen tiempo y posibilidades para entregarse, cuidar a otros o mejorar el mundo. Hay muchos mayores comprometidos en grandes proyectos, que hacen de su “sexalescencia” el tiempo sagrado en el que su vida es para los demás y eso les llena de sentido y de misión, que es lo que suele hacer la propuesta de Jesús, para todos los que le siguen, aunque existe otro montón de motivaciones, tan válidas y profundas como la fe.

Con los años uno puede ir aprendiendo a comunicarse mejor, aumentando sus “palabras miel”, siendo afectivo, divertido, entretenido y sabiendo expresar el amor, o puede utilizar cada vez más “palabras hiel”, volviéndose más cascarrabias, agresivo y cortante. Todos conocemos mayores insoportables y también ancianos que da gusto estar con ellos y son un regalo para los suyos y los de alrededor. Cada uno elegimos cómo queremos ser… y cuando no elegimos, nos dejamos llevar por la corriente de queja, negatividad y resentimiento que nos rodea.

Dicen que ser persona adulta consiste en asumir el pasado, sumergirse en el presente y preparar el futuro. La forma más sana de vivir es saboreando el presente, entrando del todo y saliendo del todo de cada situación. En cambio, quien vive en la memoria, recordando el ayer,  o preocupado por el futuro, se impide a sí mismo disfrutar, vivir una vida plena y además, estas personas, con su autocompasión, se convierten en pequeños ladrones de la felicidad de los de alrededor.

Todos vamos envejeciendo, porque ser mayor es una consecuencia de la vida biológica. Pero lo que sí podemos elegir es cómo envejecer, cómo vivir, llenando los años de vida, en vez de la vida de años.  Porque ser mayor no es volver a la infancia ni a la juventud, sino asumir la propia vida con sus deterioros, conocimientos, capacidades, aprendizajes y expectativas de futuro. No tenemos que llenar un tiempo muerto sino continuar construyendo el propio proyecto de vida.

Aunque nuestra sociedad sólo valora lo joven, al mayor le aporta diversión y bienestar pero sin respetar su autonomía. Le tutelan y dirigen sin contar con su parecer y sin comprenderle del todo. Un indicador de que una sociedad es sensible a los mayores es la comprensión que tiene hacia ellos. A los 65 años, aún queda mucha vida por delante y no hay que apartar a estas personas de la vida y dejarlas aparcadas como inservibles, sino ayudarles a conseguir un envejecimiento activo, potenciándole que mantenga su independencia, participación social y bienestar emocional y espiritual, con el fin de tener cubiertas sus necesidades básicas.

La persona mayor vive dentro de sí misma una contradicción entre lo que desea y la realidad que le acompaña. Le cuesta no alcanzar objetivos que en su día fueron fáciles para él, siente el deseo de presumir de joven y de mostrar sus habilidades, pero ha de adaptarse a lo que es lo propio del mayor, que es vivir un tiempo libre de prisas, con serenidad de espíritu, con tiempo para la reflexión, lejos de impulsos juveniles, e irá alcanzando cada vez mayor sabiduría y paz interior, como premio a abandonar prisas y rivalidades.

Seguir creciendo integralmente, atentos a los demás, es lo que nos mantiene vivos y nos hace levantarnos con ilusión cada mañana, para así llegar al final de los días sin amarguras, resentimientos ni depresiones, sino con paz, serenidad y armonía. En resumen, hay que vivir la vida con un claro proyecto personal, eso facilitará la vivencia de todas las etapas de la vida, especialmente la final.

La vejez no se improvisa, se va preparando poco a poco, con una dosis de aceptación, de humor, de flexibilidad interior y de ilusión para seguir descubriendo cosas, personas y situaciones nuevas, para encontrar el sentido a cada nuevo día y un motivo por el que vivir. Es tiempo de sensibilidad, de saborear la buena música, la naturaleza, los amigos, el amor, los niños y las pequeñas cosas que la vida nos ofrece, si sabemos encontrar la belleza que encierran.

Y hay que saber vivir en comunicación con uno mismo, para autoconocerse y reflexionar lo que vamos viviendo en relación con los demás, aprovechando este tiempo para decir el cariño, para potenciar a la gente, para transmitir valores, para entusiasmar con la vida, y también es necesario compartir la experiencia de Dios, cuidando la parcela trascendente, para prepararse para terminar la vida vivo, es decir, con serenidad y dejando a los demás bien queridos, sosegados y reconciliados. Hace falta mucha sabiduría para llevar todo esto a cabo. Muchos lo han conseguido. Hagamos nosotros lo imposible.   Mari Patxi

SE OYE, SE COMENTA, SE RUMOREA…, QUE SE AVECINA UNA NAVIDAD ESPECIAL

Después de haber celebrado un montón de fiestas navideñas, durante 65 años, me he enterado que, como consecuencia de la crisis económica mundial, tan brutal, que estamos viviendo, en vez de volver a representar otro ensayo de la navidad, y ya que el pasado diciembre fue el ensayo general, por lo visto, este año se va a producir la navidad auténtica.

No me he enterado demasiado bien, pero, como hay tantos avances tecnológicos, tantos descubrimientos científicos impresionantes y tantas personas llevando a cabo exhaustivos estudios sobre la situación de la humanidad, creo que se ha inventado una especie de perfume que, lanzado al espacio, purifica la atmósfera que envuelve el globo terráqueo y produce un efecto estimulante, compasivo, revitalizante, sosegante, conciliador, armonizador, universalizador y justo al que lo respira.

El tema es serio, pues, resulta que unos cuantos científicos inquietos, soñadores, investigadores, gente de fe en el género humano y sensibles a los gritos de parto con que hoy gime la humanidad, han inventado un producto que, inhalado, producirá un cambio inmediato en el corazón de las personas, que afectara a su propia vida, estructuras sociales y realizaciones humanas, de forma que el bien común será prioritario en la forma de ser y actuar de todos.

En resumen, se trata de un artilugio que con un solo clic que se de, en cualquier parte del globo terraqueo, envolverá la atmósfera de esta especie de “perfume emocional” que llegará a todos los seres humanos, los cuales nada más inhalarlo, sentirán una agradable y definitiva transformación del sentir personal. Será como si se llenaran de la seguridad de saberse hijos de Dios y sentirse hermanos de todos los hombres y mujeres de la tierra. También experimentarán que Dios se hizo hombre en Jesús, para enseñarnos la mejor manera de vivir, para contarnos cuánto nos quiere Dios y el gran sueño de felicidad y plenitud que tiene para todos los seres humanos. Inmediatamente se abandonará todo lenguaje lírico y poético sobre el amor, que con frecuencia oculta el auténtico mensaje de Jesús y se hará realidad la fraternidad, el reparto de los bienes del mundo, con justicia y habrá, por fin, comida, trabajo y goce para todos los seres de la tierra y se amará de verdad, en la vida de pareja, en las familias, en el trabajo, en la calle, en los gobiernos, y todo el mundo tendrá música en el corazón, se le llenará el cuerpo de risas y la boca de cantares. Desaparecerá toda pobreza, se aliviarán todos los sufrimientos, se reestablecerá la dignidad a los pobres, se descubrirá que vivir es apasionante y que uno puede ser feliz a tope y hacer felices a los demás, compartiendo los bienes, dando limosna de lo de dentro, confidenciando la propia vida, generando amistad y encuentros por doquier, sintiendo la misma felicidad de los pobres al ser libres y necesitar poco, para que haya de todo y para todos, como respuesta al sufrimiento y problemas de tantos hermanos que antes no podían cubrir sus necesidades básicas, ni tener una vida digna.

Con estos sentimientos tan puros en el corazón de las personas, ya no se quedarán tranquilos y satisfechos con ser buena gente, sino que sentirán las necesidades y problemas ajenos como propios y se comprometerán todos en resolverlos, hasta que no quede en toda la humanidad un solo ser que viva una situación injusta, explotación, necesidad, soledad o tristeza, porque todos, hechos una piña, se ayudarán entre sí a levantarse el ánimo, la casa, la salud o la familia.

Un perfume embriagadorY con estos estímulos en el corazón, habiendo desaparecido toda vanidad y codicia, habrá para todos menores jornadas laborales, que coincidirán con las de los estudios y habrá tiempo para hacer familia, tener ocio, sosiego, descanso y reflexión. La ilusión será contagiosa y todos, todos, todos, vivirán felices y contentos, inventando juntos el futuro, tan opuesto al sistema anterior, seguirán aumentando los sueños y encontrando los pequeños trucos para hacer de la propia vida una obra de arte y de implicarse para que la de los demás también lo sean. Y gozarán una alegría nueva, al no sentirse nunca más huérfanos, sabiendo que tienen un Padre que les quiere tanto. Todo esto se irá preparando a últimos de noviembre y se logrará del todo esta NAVIDAD 2011.

En cuanto tenga más noticias os las confirmo. Os mantendré informados. Mientras, ahí va un abrazo,

Mari Patxi

LA AUSTERIDAD, LA SOLIDARIDAD, VALORES DE LA FAMILIA

Queridos sobrinos: Contabais el otro día el planazo que tenéis para este verano y me llamaba la atención lo poco que tiene que ver con los viajes que se monta todo el mundo. Vosotros vais a ir de campamento con chavales de familias desestructuradas, a hacerles disfrutar de una experiencia de grupo divertida, solidaria y educativa. Siempre he envidiado vuestra pertenencia a un grupo scout, entre otras cosas porque en mis tiempos no había y es de las cosas que me habría gustado experimentar, igual que vivir una temporada en un colegio mayor y acompañar una jornada de trabajo en un barco de pescadores. Son cosas que habría querido vivir, casi tanto como el visitar el tercer mundo, para dejarme interpelar y convertir por sus gentes, que es algo que haré algún día.

Os decía que me gusta vuestro plan de vacaciones porque, me parece, que va a ser un verano que no os va a dejar indiferentes. A toda la familia nos interpelan y nos gustan vuestros planteamientos de vivir comprometidos con el mundo y de seguir trabajando para dejarlo mejor de cómo lo encontrasteis, que es el lema scout que os he oído expresar durante toda la vida. Y además podría asegurar que lo habéis conseguido porque se está bien a vuestro lado, cuidáis las relaciones familiares, nos implicáis en vuestras cosas y, con las “jornadas de puertas abiertas” que montáis en vuestros cumpleaños, conseguís que nos conozcamos y queramos todos vuestros amigos, compañeros, parientes y conocidos. No tenéis pudor en contarnos vuestros sueños, demostrarnos vuestro talante austero y pedirnos que no os hagamos regalos, para no fomentar vuestra parcela caprichosa y consumista.

Es bonita esa opción vuestra de hacer que por cada cosa que entre en vuestra casa, ha de salir otra igual, es decir, que si os regalamos un libro, vosotros regaláis otro, si llevamos unos guantes para la niña, salen otros guantes de la casa y si le llevamos un juguete, ya sabe la niña que daréis otro de sus juguetes a otros niños, para no acumular y no tener tanto de todo. En vuestra casa se conjuga mucho el verbo compartir y hasta los niños pequeños lo expresan con naturalidad y frecuencia. Es importante y un buen testimonio que, en un momento de la historia en el que todos queremos tener de todo, mucho, y ya… vosotros elijáis tener poco y vivir austeramente como valor, como libertad, para caminar ligeros de equipaje y sin agobios de espacio y de chismes.

Pues en vuestra campaña de vivir felices, de trabajar por la justicia y el bien común, os habéis planteado ir al campamento a compartir con estos niños vuestros días de vacaciones, porque es un gran regalo que hacéis a vuestros hijos, el vivir con otros, el compartiros, el que aprendan a querer y se sientan queridos por otros niños que habitualmente no están envueltos en cariño. Estoy segura que yo me habría planteado si mis

hijos se “deseducarían”, si les atendería poco, si aprenderían cosas negativas o si les estaría restando una ración de padres, en vacaciones. En cambio vosotros nos habéis contado, con ilusión, que para ellos puede ser un aprendizaje, ya que son tan cariñosos, comunicativos y tiernos que facilitarán la comunicación del amor a estos chicos, aparentemente rudos, bruscos y poco afectuosos. Estáis convencidos de que toda la familia podéis ser un regalo bonito, para estos muchachos tan poco familiares, que verán cómo os queréis vosotros dos y cómo os comunicáis el cariño los cuatro.

Yo entiendo que, tontos no sois, y sabéis muy bien que ir al crucero, que os invitó vuestro suegro, habría sido fantástico, pero habéis sido valientes al renunciar, ya que habíais adquirido este compromiso con vuestro grupo, en el que durante todo el año colaboráis como voluntarios. Habéis sido muy generosos y, además, lo hacéis sin alardear, sin haceros los mártires sino con el orgullo del bonito regalo que va a ser este verano para vosotros cuatro y compartiéndonos vuestros proyectos y planes, para hacer que los chicos disfruten de una experiencia casi familiar, de vivencias, ocio, aprendizajes y límites.

Me alegra un montón saber que hay cantidad de gente que gasta sus vacaciones en otros. Mi ginecóloga se va todos los veranos al tercer mundo, a operar. Nuestro amigo el óptico, el que recoge gafas usadas para llevarlas a Africa, se pasa dos meses cada verano practicando cirugías oftalmológicas, junto a otros dos amigos que fielmente regalan su veraneo a gente que lo necesita. Me sigue sorprendiendo cuántos sois los que adivináis lo que necesita la gente. Parece que tenéis un radar especial para detectar lo que les hace falta a otros. Es como si fuerais por la vida de forma cóncava, y ahí os caben los demás, mientras otros vivimos de forma convexa… solo llenos de nosotros mismos y ocupados de nuestras necesidades y temores y por eso no nos cabe nadie dentro, porque tenemos la mente ocupada solo en nosotros y en los nuestros y en los miedos a lo que les podría ocurrir.

Os escribo esta carta para daros las gracias, porque vuestra generosidad nos cuestiona, vuestro compromiso nos interroga, vuestra austeridad nos anima a acumular menos, vuestra disponibilidad nos hace plantearnos si no estaremos instalados en un permanente acariciar nuestro yo, nuestro ombligo y, por eso no sabemos mirar al otro, al tú que nos acompaña, al que sufre cerca, al que nos necesita, al que está siendo injustamente tratado en este mal reparto que tenemos hecho de la vida y sus pertenencias.

Dicen que el que es de Dios es de todo el mundo y eso creo que es lo que os ocurre a vosotros. Me consta que vivís en estrecha relación con Dios, que es Él el que os carga las pilas, el que os moviliza, compromete y entusiasma. Y realmente Jesús nos pregunta también a nosotros… ¿quiénes son tu padre y tus hermanos? Pues muchos más que los que están inscritos en tu libro de familia, tus hermanos son todos los seres humanos, mis hijos, especialmente los más pobres y los que sufren… y ante esta respuesta, no tengo nada más que decir que, que lo estáis haciendo muy bien, muy requetebién y que tenéis sólo una vida, que se pasa pitando, y la estáis viviendo coherentemente, de acuerdo con lo que queréis ser y soñáis construir, ese Reino de Dios de paz y de justicia, donde todas las personas vivan bien. ¡Os quiero tanto! Mari Patxi.

EL DIFÍCIL ARTE DE HACER FAMILIA

Querida sobrina: Acabas de comunicarnos tu próxima boda y nos has puesto a todos tan contentos y sorprendidos, pues vuestro noviazgo ha sido de lo más fugaz. Parece que siempre alegra la noticia de un enlace, aunque he de decirte que tras felicitarte con pasión, te propondría que os pararais a tener en cuenta unas pocas cosillas que, además del amor y la atracción, son importantes para formar una familia.

No quiero hacer de tía temerosa, ni marisabidilla, pero, como te quiero tanto y, además eres mi ahijada, me voy a tomar la libertad de hacerte unas poquitas recomendaciones. Os conocisteis en un viaje de ensueño, en su tierra, donde el lujo, el despilfarro y la aventura eran los reyes de la fiesta. Mohamed, que me parece adorable, era el guía y te conquistó con la primera mirada. Después estuvo todos los días acompañándoos y llenándoos de detalles, obsequios y sorpresas, de forma que no solo tú, sino todas tus amigas, os rifabais a ver quién era la que se llevaba al chico “buenorro” al huerto… Pasasteis juntos unos días de lujo y fantasía y a esos les siguieron unas cartas apasionadas, otra visita de él a tu terreno y tu comportamiento de perfecta azafata, guía, anfitriona y, final… “amiga especial”.

Ahora estáis programando a toda prisa esa boda alucinante que, nos contabas, va a ser una auténtica obra de arte, creada por los dos y que nos sorprendería y encantaría a todos. Estás radiante, guapísima, agobiada y llena de sueños. Me gusta verte así, entre otras cosas porque había esperado mucho este momento, ya que el calendario corre y los años de fertilidad pasan muy deprisa, cuando se está sumergido en la realización personal y en vivir para viajar. Quiera Dios que lleguéis a tiempo para ser padres, que será lo que coronará vuestro amor y que inventéis una familia estupenda, de la que salga gente feliz, sabia y generosa.

Quiero recordarte que no es nada fácil el acople de dos vidas que vienen de situaciones diferentes. Porque en todas las parejas hay que pasar una etapa de acoplamiento larga y costosa. No hay dos casas en las que se viva igual y cada uno viene a la pareja con la mochila llena de aprendizajes, costumbres y hábitos, que habría que compartir y pactar la forma nueva en que se va a vivir juntos. Siempre es difícil inventar un hogar nuevo, al que cada uno aporta lo que aprendió en su casa. Porque, de niño, uno aprende en la familia qué es el amor, la casa, la enfermedad, los amigos, el dinero, el uso de las habitaciones y los muebles, el tener invitados o el temer a los que llegan de fuera, el uso del baño, el descanso, la fiesta, la comida, la enfermedad, la relación con el otro sexo, la valoración del hombre y de la mujer, el reciclaje, la decoración, la forma de ordenar o desordenar los espacios, los ritmos de vida, los bebés, los hijos, el ocio, las ilusiones, el ritmo vital… y así podría decirte las mil cosas que se quedan tatuadas en la mente de los niños y que son los aprendizajes vitales con los que saldrá al mundo.

Harán falta miles de conversaciones para pactar acuerdos, intentando no molestar al otro y creando una relación y un hogar que os sea agradable para los dos. Ahí está la auténtica dificultad de todas las parejas y ese es el verdadero arte, el de construir una forma de vivir nueva, diferente y única, sumando lo que cada uno siente, sueña, desea y necesita, quedando los dos igualmente satisfechos, sin que nadie tenga que hacer un holocausto de renuncia radical por el otro. Hace falta ser muy artista para adquirir nuevas formas, decoración, hábitos y modos de vivir que os deje a los dos satisfechos.

Por eso, no puedo por menos que recordarte algunas dificultades que pueden surgir en vuestra relación. Venís de dos culturas completamente diferentes. No es lo mismo ser mujer y hombre, en su país y en el tuyo, no es lo mismo creer en un Dios que prohíbe, que creer en uno que ama y libera, no es lo mismo tener un concepto del hogar como espacio de encuentro, acogida y comunicación, como el de tener un museo intercultural en el que cada uno lucha por potenciar su estilo y preferencias.

No quiero hacerte daño, sobrinilla, que te quiero mucho, pero necesito recordarte que vivir es un arte y vuestra obra de arte es vuestra vida, esa que tenéis cada uno y a la que estáis llamados a ser en plenitud los dos. Mirad si juntos os hacéis crecer, os frenáis, os empujáis u os sostenéis. Si tú a él no le haces mejor persona, no te cases con él, si piensas cambiarle y forzarle para que piense como tú y termine abandonando su religión para bajar el nivel de tu compromiso con Dios y con el mundo y juntos vivir una fe light, que os aune, minimice y empobrezca… no merece la pena que forméis una familia que os raquitice.

La verdadera obra de arte no es inventar una celebración más loca que las de tus amigos, ni unos efectos especiales más sorprendentes, ni que tenga maquilladora el salón del banquete, ni que haya baile toda la noche para desayunar todos los invitados juntos y hacer una aventura mañanera, para que dure mucho la ceremonia. No se trata de que te cambies de vestidos, como en las bodas de la familia de Mohamed, ni de que regaléis a los asistentes el recuerdo más estrambótico y sorprendente que se haya podido imaginar. No… la obra de arte que os traéis entre manos los dos es la de construir un hogar en el que los dos viváis felices, una relación que os potencie a ambos, una casa abierta, que se enriquezca con la presencia y la confidencia de los amigos y familiares, un ocio que os descanse y os entusiasme, un romance que os haga crecer y vivir ilusionados por reencontraros, por hacer el amor, sin prisas, por hacer que el tiempo común sea gozoso para los dos y sea algo que estáis esperando con ilusión.

Os queda mucha tarea por hacer, y no es sólo el follón de la boda y sus efectos especiales. |No, lo más importante sería que hagáis un buen cursillo prematrimonial, que os enriquezca, que aprendáis de otras parejas a complementaros, a reíros juntos, a manejar la ira y acortar los enfados, a frenar los reproches que castran y raquitizan al otro, a potenciar el hablaros bien, el regalaros estímulos, el cuidar los detallicos de ternura, de sorpresa, de novedad en el d’ia a d’ia. También sería importante que vuestro acople sea corporal, pero también mental, porque vais aprendiendo y creciendo juntos, social, porque os relacionáis acogiendo la familia del otro, cuidando de los amigos, siendo alguien que enriquece el lugar donde está, sea el trabajo, la familia, el super, el ocio, el mundo o la sociedad. Y, por ‘ultimo os deseo que enriquezcáis vuestra parcela espiritual y cuidéis ambos vuestro encuentro con Dios, aunque le llaméis por distinto nombre, pero que os ha soñado felices y plenos.

Que no sea vuestro principal interés el vestido, el banquete, la invitación, el baile, el regalico a los invitados, la tarta sorprendente, el lugar donde se celebre, la batukada de después, la barra libre, las alpargatas para los que les duelan los pies, por los zapatos nuevos, el coctel de media noche o el carrito de chuches que se paseará por el baile.…

Me vas a perdonar, pero lo más importante es que cuidéis la ceremonia, que os comprometéis públicamente a quereros para siempre, que expreséis vuestro amor, de forma que sea auténtico, contagioso para los asistentes y fiel a vosotros. Y si, además, nos compartís vuestro proyecto de pareja, la forma en que queréis vivir vuestro complicado amor, si hacéis de la ceremonia algo cálido, fresco y humano, que todos entendamos y podamos celebrar vuestro cariño y pedir a Dios que os bendiga e impulse para conseguir juntos una vida bonita y feliz para los dos y que el mundo esté un poco mejor porque vosotros sois un regalo para quien viva a vuestro lado, sea hijo, trabajador, compañero, vendedor, mecánico, autobusero, … en todos ellos puede repercutir vuestro amor, si conseguís ir aumentándolo cada día, como la chimenea a la que cada uno va echando leña, para mantener el calor de hogar y el bienestar para los de dentro y los de afuera.

Sobrinísima, te he metido un buen rollo, y estoy encantada de que os caséis, pero sólo he hecho advertiros de algunas cosillas que con el subidón del enamoramiento se os podían pasar de largo.

Que Dios bendiga vuestro amor y os ayude a comunicaros, pactar y comentar todo, para que sigáis queriéndoos cada día un poco más. Yo también os quiero un montón. Un abrazo a ambos MP.

EL HUMOR SALUDABLE

Querida familia: Hoy, cuando he ido a ver a mi amigo a oncología del hospital me ha encantado que, al preguntarle cómo estaba, me ha contestado que “en la gloria”, porque estaba maravillosamente atendido y porque además, con un poco de mala suerte, también podría estar cerca de la Gloria… Luego nos hemos estado riendo de que no quiere tener aspecto de enfermo y cada mañana, internado, se levanta, se ducha y se viste de calle, porque le deprime verse en pijama conectado a su chute de quimioterapia. Nos han contado que, como la cama del acompañante es muy incómoda, esta noche ha dormido su mujer en la del enfermo y él en la del acompañante, aunque ella no ha descansado del todo por temor a que le confundieran y le pusieran una inyección, una sonda o cualquier otra fechoría hospitalaria que debería recibir su marido. Nos hemos reído un buen rato con sus ocurrencias y al volver pensaba yo lo bueno que es saber poner humor en las situaciones negativas para suavizarlas.

El sentido del humor es una cualidad del amor que hace soportable lo más duro, que suaviza un dolor, magnifica una emoción o ridiculiza una situación. Cuando mi amigo decía que estaba cerca de la Gloria, me gustaba comprobar que sabe bien dónde está, pone nombre a lo que le ocurre y no necesita mentiras piadosas de los de alrededor, porque es suficientemente adulto para saber con quién se la está jugando. Pero al contarlo con humor se lo hace más llevadero a sí mismo, a sus hijos, amigos, familiares y a todo el entorno y, además, como decía él, deja de sentirse en el mundo de los que se están despidiendo de la vida, para estar en el grupo de los vivos, los que tienen ilusión, los que se ríen de sí mismos, los que saben poner chispa aún en la tragedia.

Dicen que es la familia la escuela de casi todo, pero desde luego es en ella donde uno aprende a dramatizar trágicamente los pequeños y grandes reveses de la vida, o a tomarlos con humor, intentando quitarles importancia o, por lo menos procurando vivir más ocupados que preocupados, más poniendo la lupa en lo positivo que en lo negativo que ocurre, o puede ocurrir.

Ya desde niños aprendemos de nuestros padres cómo se viven los problemas, la enfermedad, el dolor, la muerte, las preocupaciones, las tragedias y las dificultades comunes de la vida. También es en casa donde aprendemos a autocompadecernos y hundirnos o a desdramatizar, a reírnos de nosotros mismos, a tomarnos menos en serio y a sobrellevar con humor las dificultades y los defectos propios y de los demás miembros del hogar.

Realmente, si supiéramos tomarnos a broma muchas cosas, la vida sería mucho más sencilla, porque lo que hoy es un drama mañana puede ser una anécdota, sin más importancia. Además, todo se pasa, como dice el refrán, “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”, así que hay que saber relativizar, para poder superar cada situación. Sería bueno iniciar el día como asomándonos al balcón de la vida, desconociendo lo que nos deparará la jornada, pero con ganas e ilusión de poder con lo que venga, de reírnos de lo de ayer, de procurar llorar poco por lo de siempre y de disfrutar al máximo las pequeñas cosillas cotidianas.

Dicen que somos lo que pensamos, pues según lo que nos decimos por dentro, así sentimos y en consecuencia actuamos. Es la fórmula del PSA, que no es el partido socialista andaluz, ni la fórmula prostática, sino el Pienso, Siento y Actúo, lo que rige nuestra vida. Si viene un revés que me cambia los planes o la vida, puedo pensar y recrearme en todo lo negativo que se avecina, entonces sentiré tristeza, amargura, autocompasión y bajón de energía y actuaré sin ganas de vivir, serio, inapetente ante todo lo que la vida me ofrece y me sumergiré en mi dolor. En cambio, si ante ese mismo revés, o conjunto de ellos, que a veces los males parece que nunca vienen solos, pues pensaré en qué es lo peor que puede pasarme y qué puedo hacer para encontrar algo positivo o actuar construyendo, sentiré energía para buscar las mejores soluciones, para dejarme ayudar, para aceptar apoyo, cariño, ayuda y recursos y actuaré buscando personas y actividades nutricias que me hagan este trago más llevadero, para mí y los míos, intentando que haya el menor desgaste de energía, tiempo y pena y, al mismo tiempo, brote de mí lo mejor para cuidar a quien lo necesite y autocuidarme, al mismo tiempo, para dejar fluir recursos que quizás hasta ahora nunca había utilizado, pero que poseo, como saber decir el cariño, aprovechar el tiempo, disfrutar al máximo los pequeños momentos de comunicación, de ternura, de generosidad y de felicidad, que también están presentes en toda dificultad.

Para los que vivimos la vida sabiéndonos hijos de un Padre que nos quiere tanto, que tiene cada cabello de nuestra cabeza contado y nuestro nombre tatuado en la palma de su mano, podemos hacer lo que nos propone y acudir a descansar en Dios nuestros cansancios y agobios, convencidos de que nos sosegará y aliviará e iremos viviendo el cada día apoyados en su presencia, dejando que su Espíritu y su fuerza hagan brotar nuestros recursos interiores y los de los demás, para que nos llene el corazón de risas y la boca de canciones y así poder con los contratiempos y gozar la vida a plena pulmón y con humor.

La mayoría de los filósofos han tenido también un gran sentido del humor. Recuerdo en este momento aquella frase de Beltran Rusell que decía: El secreto de la felicidad está en haber elegido unos buenos padres”… así que ójala los nuestros nos hayan educado con humor, además de con amor. Pero para hablar del sentido del humor, es curioso, que sólo puede hacerlo quien lo posee, cosa que no ocurre en otras materias como, por ejemplo la belleza, que puede describirla hasta la persona más fea del mundo.

Y, como dicen también que toda cosa negativa que nos ocurre trae un regalo, intentaré descubrirlo para vivir la situación como oportunidad de crecimiento y comunicación, de unidad y de florecer fortalezas vitales. Recordemos también que toda persona tiene sus agujeros negros en su historia vital, así que yo voy a sanear un poco los míos y reírme de la última bronca que estoy alargando, pidiendo perdón pronto y perdonándome a mí misma por haberme tomado tan en serio. Ahí va un abrazo Mari Patxi

La familia soñada

LA FAMILIA SOÑADA

Querida familia: Aunque ya os he escrito un montón de veces, que la familia ideal no existe, os cuento hoy la fantasía de la familia que me habría gustado conseguir. Quisiera que hubiera estado basada en una relación de pareja sólida, con un proyecto de pareja que fuera la suma de la realización de ambos, dos seres que se unen para impulsarse en la tarea de ser cada uno alguien único y especial. Que en esta fusión no se frene, ni se sostenga al otro, sino que se le empuje a cumplir sus sueños, a crecer, a desarrollarse en todas sus capacidades, no sólo en las que tienen que ver con la vida familiar y de relación, sino también con las posibilidades únicas que cada cual posee. Que se viviera un amor abierto, por el que se creara un hogar feliz, alegre, sencillo y acogedor, donde los de fuera, los vecinos, los familiares, los cercanos y los lejanos se sintieran como en su casa.

La familia soñada

Me gustaría que esta pareja hiciera crecer su amor antes de decidir tener un hijo, para que les pillara la paternidad con cierta madurez y supieran que ser padres es ser carril del amor de Dios y que se tiene para ayudarle a ser persona y también para los demás. Que su paternidad y maternidad estuviera muy bien vivida por los dos, en la que la afectividad, el reparto de tareas, el juego, los límites, el ocio y el descanso, se viviera juntos, ayudando al niño a que no fuera caprichoso y tuviera pocas necesidades. A este hijo se le enseñaría a vivir en el amor y a darlo, a caer en la cuenta pronto de que él puede ser fuente de cariño y de alegría para los padres y para los demás seres humanos con los que se relaciona.

Esta familia que sueño sería un elemento socializador de ese niño, que interactúe lo antes posible con mucha gente, que se comparta, se preste, se cuide por otros, se le abra el horizonte del hogar a un grupo mayor de amigos, familia, y guardería, para que aprenda a compartir, a relacionarse con otros, a ser abierto y generoso, siempre cuidando que se siente bien arropado por sus padres que, sin superprotegerlo, le den la seguridad de su cariño, de su pertenencia y de sus límites.

En este hogar habría alegría. Se podrían levantar con la música de “Hoy puede ser un gran día”, de Serrat, a modo de despertador, con el fin de ir inoculándose pensamientos positivos e inteligencia emocional, para vivir sin quejas y con un talante común potenciador. Se comería sin ver televisión y se harían ratos familiares de lectura y de contarse cuentos. Todos los días habría un ratico para orar, antes de acostarse, y acostumbrar a los niños a saberse en manos de Dios. También al comenzar el día, se haría una oración breve de pedir al Señor vivir el día con El y, cuando los hijos sean un poquito mayores, leerían el evangelio en el desayuno, todos juntos, a modo de impulso para “salir rezados de casa”.

En esta familia soñada, se dirá el cariño con mucha frecuencia. Se ahorrarán los reproches innecesarios, que sólo enrarecen el ambiente y rompen la ternura. Todos saldrán queridos de casa, evitando enfados, sabiendo que el cariño es lo mejor que se pueden dar los unos a los otros y que es la defensa y la fortaleza para la vida.

Cuando tengan el segundo hijo y los siguientes, ayudarán a los anteriores a vivir el síndrome del príncipe destronado, sabiendo que es doloroso pasar a segundo plano, pero ayudando al proceso de aprendizaje y aceptación del nuevo hermano. En esa familia se comentarán las dificultades con naturalidad y se dejará expresar las emociones, que no son ni buenas ni malas, sino que es lo que se hace con ellas lo que está bien o mal. Se pondrá nombre a la envidia del nuevo hermano, sin culpabilizar, a la competencia del que hace las cosas mejor, sin poner de modelo unos a otros, sin comparar, competir, ni preferir a nadie sobre nadie.

Serán generosos en el perdón y así se lo harán sentir a sus hijos, a los que desde temprana edad se les enseñará a autoperdonarse y perdonar a otros. Se comentarán las dificultades del perdón y los beneficios que proporciona a quien lo vive y lo regala. También se cuidará el enfado, que se aceptará como algo normal en las relaciones humanas, pero se enseñará a los niños a hacer que sean breves y que rompan poca armonía familiar. Como manejar la ira es algo que se aprende en la familia, en ella se cuidará la resolución de los conflictos, de cualquier tamaño, para evitar chantajes emocionales y deterioros de la relación tanto por no expresarse la ira, como por dejarse llevar por ella en exceso. Serán una familia pacificadora entre ellos mismos y en su entorno.

Los padres cuidarán el seguir siendo amantes, además de padres, por lo que sacarán un tiempo para ellos, sin hijos, a los que se les acuesta, se les deja solos a ratos, para que aprendan a no tener que estar siempre con mayores, o constantemente estimulados. También la pareja procurará tener algún kanguro, una vez cada semana o cada 15 días, que atienda a los niños y les permita salir solos para cuidar su relación y su romance.

Esta familia, que querrá vivir comprometida con el mundo, enseñará a los hijos a ser solidarios en la ecología, en el compartir, en el usar ropa y juguetes de otros y en el cuidarlo para volver a pasarlo a otras personas que lo necesitan. Se vivirá como valor el consumir menos, el tener poco y el ser austeros, como fruto de su libertad interior. También aportará salud y testimonio a sus amigos y familiares, comentando lo que quieren vivir y pidiéndoles una complicidad en el no regalar, no consumir y no ser exagerados en celebraciones y gastos. Esto también invitará a que los amigos, unos a otros, se vayan contagiando un estilo más sencillo, austero y solidario.

La familia que yo sueño tendrá un compromiso con alguna ONG, grupo, o espacio con el que compartir bienes, compromiso y preocupación por los más pobres. Así vivirán más atentos a lo que otros necesitan, que a lo que los de su entorno van consiguiendo. Se les ofrecerá como valor de libertad el no ser el primero en tener lo último, sino en la valentía de haber tardado mucho tiempo en adquirir la “maquinita esclaviza niños” o algún archiperre de los muchos que hoy tienen todos los niños, que hacen que parece que vivan en jugueterías, en vez de en hogares normales.

La forma de invitar en esta casa será la de “la puerta siempre abierta… la mesa extendida… para un nuevo sitio disponed para un amigo más. Y este aprendizaje será un valor para los hijos y un compromiso de los padres, que se supone lo tendrán que fortalecer en algún grupo o comunidad cristiana, que les ayude a vivir con esos sueños e ideales que les lleve a comportamientos radicales de compromiso, austeridad, sencillez y desprendimiento, que van contra los que se viven en la sociedad en que estamos inmersos.

Y, como estamos en esta etapa difícil de la conciliación de la vida familiar y social, en la que se pone en cuestionamiento el tiempo que se dedica a los niños, la liga de la lactancia indefinida, el colecho (o que los niños duerman con los padres y mamen cuando quieran)… tendrán que ir buscando la mejor manera de vivir y de hacer familia, intentando equilibrar su vida laboral con la familia y las necesidades de todos. Son tiempo de abrir nuevos caminos e inventar nuevas respuestas, desde el Duérmete niño, hasta la educación en libertad de Summer Hill y otras escuelas.

Mientras todo esto va ocurriendo, los hijos serán educados en la responsabilidad y reparto de tareas del hogar, valorando más la cama hecha por ellos, aunque quede como una cordillera, que la que hacen los padres, más rápidamente y mejor. Se les dejará ir haciendo pinitos domésticos, cocinando, limpiando, recogiendo y otras tareas con los que se aprendan los roles familiares compartidos. Todos podemos hacer algo para que la familia funcione mejor, para que alguien descanse más, para tener detalles de servicio y cuidado de los padres a los hijos, entre sí y los hijos hacia sus padres y hermanos.

El tiempo de comida será un espacio de comunicación en la que todos se interesen por todos, en el que no haya demasiadas correcciones, para que lo importante sean las personas. Habrá que poner cuidado con las normas, que existan, pero no rompan la armonía familiar. Sería bueno comenzar bendiciendo la mesa, para acostumbrarse todos a sentirse agradecidos por los alimentos que se tienen y para caer en la cuenta de la presencia de Dios en su familia, por las peticiones o agradecimientos de toda la familia. Este gesto es algo que crea una complicidad espiritual importante. Nadie comienza a comer, sin haber dado gracias y sin escuchar qué necesidades tienen lo demás comensales y el mundo en general. Este es un hábito que, cuando se adquiere de pequeños, dura para toda la vida.

Habrá que sacar tiempo en la vida de familia para el diálogo y la comunicación profunda, a nivel de sentimientos. Tendrán algún rato especial en el que se cuenten cómo están en la familia o qué les gustaría cambiar. Y de esta familia feliz brotará y se cuidará el humor, como cualidad del amor, las risas, las carcajadas y el saber reírse de sí mismos será algo que adorne y facilite la vida común, aunque se tomen muy en serio los momentos de crecimiento y desarrollo que esté viviendo cada uno de sus miembros. La música de fondo de esta familia será como la de los Tres Mosqueteros: Todos para uno y cada uno para todos, es decir, que vivan con la seguridad de que se tienen, se quieren y se apoyan y el núcleo familiar es algo que da seguridad y descanso, al tiempo que favorece la independencia de todos los miembros y la vida familiar y la social.

La amistad será un valor importante en esta familia, no sólo por su forma sencilla de ser anfitriones, sino por la calidez con la que se acaricie la vida de los otros y las relaciones, tanto las de los padres, como las de los hijos, los vecinos, la macro familia, el barrio, el colegio y la sociedad en general. Serán una familia con corazón universal, abierta a lo que ocurre en el mundo y muy atenta a lo cercano y común. Conforme vayan creciendo las personas de esta familia se irán integrando en la vida social y la vuelta a casa será el descanso y el impulso donde uno se siente amado, comprendido, estimado esperado y descansado para salir al mundo fuerte, para mejorarlo y ser un regalo para los demás.

Estos hijos, cuando se vayan haciendo mayores, vivirán el valor del compartir, del acoger, del saber ser amigos, que participarán de esta apertura y calidez familiar. También se sentirán potenciados por todos para ocupar cada uno su lugar en el mundo, a la hora de elegir estudios, trabajos y relaciones.

Y todas estas cualidades que esta familia poseería, vendrían avalados por una buena relación con Dios que potencia y fomenta lo mejor de cada uno, manteniendo una forma de oración, participación de la liturgia eclesial y comunicación con Dios, que se irán adaptando a las edades y ritmos de los participantes. Incluso sabrán vivir la época adolescente o juvenil en la que los hijos “necesitan borrarse de la fe de los padres, para encontrar la propia”. Los padres contagiarán su fe, contando, con sencillez y naturalidad, lo que Dios va haciendo en sus vidas, es decir, que ”darán limosna de lo de dentro”, con una comunicación profunda e íntima que haga apetecible la amistad con El, o se viva como el gran impulso a la felicidad de los seres humanos.

Temas como la enfermedad, el dolor, el paro, la vejez, la muerte, la economía, etc., se irán hablando con claridad en la vida común, que es donde uno aprende a dar la importancia que cada uno va teniendo en la vida de la familia y de los de fuera, sabiendo que es en la casa donde se da el gran aprendizaje de todas las cuestiones y la escala de valores vitales.

Mari Patxi Ayerra

Querida yo

Querida mía, o malquerida yo misma: Hoy me van a permitir que no les escriba a uds, porque algo chungo pasa por mis adentros, que no consigo salir de mi ombligo. Estoy mal, y me doy muchísima pena. Es más, estoy tan mal, que no quiero que se me pase. Por eso vuelvo a darle vueltas y más vueltas a este estado de ánimo mío en el que no cabe nadie. Y el caso es que echo la culpa a los demás de lo que me pasa, que eso me alivia mucho, pero no consigo levantar cabeza.

He de reconocer que nunca he sido sencilla de entender. Es más, creo que tengo un alma complicada. Creo que he intentado luchar contra las dificultades e ir sobreponiéndome de todas ellas, pero las que más me han costado han sido siempre las de las relaciones. Me gusta la gente, necesito a las personas para vivir y me pone bien la comunicación desde el fondo del alma. Da igual que sea de la propia basura o de las excelencias, pero la libertad de expresión de lo propio y común me mejora el estado de ánimo. Soy consciente que necesito ser amada, como todo el mundo, o incluso un poco más que los demás y eso me hace tratar a los otros como me gustaría que me traten a mí. Por ello soy simpática, servicial, atenta y cariñosa. Bueno, quizás más de lo primero que de esto último. Digo el cariño, pero soy más servicial que afectuosa… y el caso es que me muero por que me quieran.

Yo, que siempre he trabajado en cosas de voluntariado y he llenado de detalles la vida de los de alrededor, aprendí mucho de esto de regalarse a los otros, cuando en uno de los mil cursos de formación que una recibía, para estar a la altura del trabajo, nos hicieron el ejercicio de tener que dar las gracias a todas las personas que se dejaban ayudar por nosotros, es decir, las que hacían posible que mantuviéramos el estatus de ayudador, voluntario o acompañante de sus dificultades. Ahí caí en la cuenta, muy bien, de que mi necesidad de echar una mano al otro me hacía sentirme válida e importante, y añadía a mi vida un valor añadido. Es decir que yo, soy la que soy, gracias a tantos seres humanos que, a lo largo de mi vida se han dejado acariciar, prestar, ayudar, acompañar, poner inyecciones, tomarse mi gazpacho, preparar una celebración, un escrito o un rezo, homenajear, invitar, animar, leer mis libros, acoger mis afectos, ser mis amigos, compartir orgías gastronómicas, pías, artísticas, carnavaleras o folclóricas, ser amante, tener hijos, hacer familia, amar, gozar y reír, educar, festejar, celebrar, sufrir, enfermar y curar…. Y tantos infinitos verbos que saldrían en este recuento vital.

El caso es que ya he llegado a la edad de la jubilación. Ya debería dejar mi vida pública, no iniciar nada, dejando que sean otros los que las inventen, no querer ser el perejil de todas las salsas y dejar la actitud de dar, para situarme en la de recibir. Porque además tengo una necesidad espantosa de que me quieran, de que me valoren, de que me echen en falta… y ahora resulta que en la vida familiar estamos en el momento en el que los hijos tienen que inventar su vida y están trabajándose la independencia, con lo cual es bueno saber desaparecer, para no invadir, atosigar ni controlar. En la vida de pareja los ritmos son diferentes y los sexos nos han llevado a tener necesidades absolutamente distintas… casi opuestas diría yo. Las actividades disminuyen, las tareas domésticas pierden su atractivo, si es que alguna vez lo tuvieron, pero disminuye su inmediatez e importancia. El cuerpo está menos lucido; no sé por qué demonio el cuerpo pierde lozanía y un día te miras al espejo y te ves comouncallorecalentado y otro te ves fantásticaparatuedad, pero ya nunca más te encontrarás divinadelamuerte… Siempre tienes alguna tarea pendiente, pero las ganas aprietan menos y te ronronean por dentro los deberías, que te recuerdan que has de hacer limpieza de aquel agujero negro recién descubierto, o de aquella costura que te espera fielmente en la caja de la labor, o que has de llamar o visitar a alguien, o que tienes que escribir ese correo que siempre pospones, o que sería bueno que comenzaras de nuevo el régimen, o que quizás los tiestos necesitan que les dediques una tarde…

Pero va y tus deseos son otros, como estar con amigos, ver un rato a los tuyos, que te coman de besos los nietos, que te inviten a su casa, en vez de ser tu siempre la que montas comidas multitudinarias, con cara de que no te cuesta nada hacerlo, que te hagan un regalo sorpresa, que te pregunten por tus cosas y sean capaces de escuchar la respuesta, que te llame algún amigo traspapelado, que alguien te proponga un planazo, que se adecuen a tu ritmo, aceptando con naturalidad que ya no eres la que eras, que no se harten de tus correos, que te escuchen un rato, en el que te sientas tan aceptada que no termines la historia maquillándola para no aburrirles…

Y deseas que te quieran, que te lo digan, que te lo demuestren, que te tengan en cuenta, que comprendan que salirse de la vidilla de la vida es duro y la rutina, sin planes es angustiosa y aplastante