CARTA A MIS HIJOS MARTA Y JAVIER

CARTA A MIS HIJOS MARTA y JAVIER

Queridos hijos:
esta carta va dirigida a los dos, porque nacisteis el mismo día. Sé que sois muy distintos y que no os suele gustar leer las mismas cosas, pero en esta ocasión quiero que vaya dirigida a los dos precisamente por eso, por que sois tan maravillosamente distintos por vuestras diferencias de mujer y de hombre. Me parece importante que tanto uno como otro tengáis una buena relación con vuestro cuerpo y conozcáis su funcionamiento así como el del otro sexo.

Llegasteis a este mundo uno detrás de otro, con unos minutos de diferencia. Ya dentro de mí estaban vuestros cuerpos juntos. Luego habéis jugado durante mucho tiempo juntos y amigos, hasta que las diferencias os separaron. De pronto un día a ti Marta, tu hermano te resultaba un poco “burro” y a ti Javier tu hermana te parecía “mimosa”. Uno tenía preferencia por los coches mientras que otra quería jugar a las mamás con todo lo que tenía alrededor.

Crecisteis juntos, compañeros de juegos y de colegio, pero es ahora cuando más se diferencian vuestros cuerpos. Tú, Marta, te estás haciendo mujer. Tu cuerpo se va curvando, se está poniendo precioso, atractivo, femenino. Van tomando forma tus pechos, que se adivinan bajo tu ropa, nace vello en tu pubis y en las axilas y pronto tendrás la primera regla. Todo esto parece un poco caótico, pero es lo normal.

Mientras, tú, Javier, también vas cambiando, no sólo porque te crecen brazos y piernas, manos y cuello demasiado deprisa, como a tu hermana, sino que también tu pene está creciendo y dejándose notar, al igual que los testículos. También tus axilas y tu pubis se han cubierto de un vello. Pero es tu voz lo que más se nota distinta en esta época de la vida. Parece que todo tu cuerpo de hombre grita que ya no eres un niño.

Lo que está ocurriendo en vuestro cuerpo es que el organismo está poniendo en marcha un nuevo sistema hormonal. Es posible que os sintáis un poco torpes en este cuerpo nuevo. Os miraréis una y otra vez en el espejo, controlando la forma y el tamaño. Quiero recordaros que vuestro cuerpo se va preparando para el amor, para la comunicación, para el encuentro hombre y mujer. Todos los cuerpos son diferentes. No hay dos mujeres con el pecho igual, como no hay dos hombres con el mismo tamaño de pene. Os recuerdo a los dos que el tamaño no guarda relación con el placer sexual.

Vuestro cuerpo se está transformando, pero también dentro de vuestra personalidad se está produciendo un cambio tremendo. Ya no pensáis ni sentís de la misma manera. Ya vais teniendo vuestra propia opinión en muchas cosas. Os gusta contrastarla con la de los adultos y eso está muy bien, para que cada uno os hagáis un ser independiente, que sabe ocupar bien su lugar en el mundo, que está reservado sólo para él.

También habrá momentos en que nos os aguantéis a vosotros mismos. Estáis raros, picajosos, susceptibles y maravillosamente encantadores al mismo tiempo… Es normal, todos hemos sido un poco insoportables en la misma etapa de la vida y todos tenemos derecho a cambiar de humor. Pero en vuestra edad se nota mucho más y eso os hace sentiros mal. No pasa nada, aunque a veces nos impacientemos, que sepáis que nos tenéis incondicionales a todos los de la familia. Os ayudaremos a pasar esta etapa lo mejor posible y recordad que a vuestros hermanos también les llegará.

Cuando tengáis ratos de melancolía o deseéis encerraros en un mutismo total, para no ver ni oír a nadie, pensad que es vuestro lío psicológico natural el que os mantiene así, pero no os toméis demasiado en serio. Al momento siguiente posiblemente estéis de nuevo encantadores y dicharacheros.
Ser adolescente significa sufrir y disfrutar, amar y odiar, quererlo todo de una vez o pasar olímpicamente de todo lo que te rodea.

Queréis aprenderlo todo, vivirlo todo, verlo todo…, es vuestro derecho a la experiencia, a la vivencia, a conocer y disfrutar, ya que en cada uno de vosotros hay un mundo interior y exterior por descubrir y queréis hacerlo solos. Pues sabed que aquí, muy cerquita, está vuestra familia que os quiere, confía en vosotros y os tenderá una mano siempre que lo necesitéis.

Creced, disfrutad, amad mucho. Aprended los dos cómo es el cuerpo de una mujer. El milagro que se produce cada mes dentro de su cuerpo, preparado para la maternidad, como se prepara la habitación a un invitado que anuncia su visita. Luego no viene y se renueva el dormitorio. Eso pasa con la sangre que regla la mujer cada ciclo y que volverá a acumularse en espera de ser fecundado. Aprended también lo que le ocurre al hombre con sus poluciones nocturnas que le sorprenden, con su sexualidad más externa que la de la mujer. Es precioso pensar que cada uno de vosotros podría vivir un día la maternidad o la paternidad, si así lo decidís. Vuestro padre y yo tuvimos la suerte de vivir la espera de vosotros dos, que ocupabais más sitio que otros, dabais más guerra que otros y costó sacaros adelante. Hoy nos parece mentira que aquellos dos seres os hayáis transformado en ese hombre y esa mujer que tanto ocupan en esta casa..

Los hombres y las mujeres somos muy diferentes, incluso en alguna etapa de la vida parece que somos incompatibles… pero no es así. Dios nos ha creado complementarios, con unas capacidades especiales a cada uno. Y cuando en el encuentro hombre y mujer cada uno ayuda al otro a sacar lo mejor de sí mismo, los dos se vuelven unos seres fantásticos, completos, armónicos y plenos. Porque las mujeres tenemos unas cualidades femeninas, como son la ternura, la estética, la sensibilidad, y los hombres otras cualidades masculinas, como la lógica, la concreción, la racionalización. Pero dentro de cada persona están dormidas esas capacidades del sexo contrario y al vivir el amor la mujer se hace más práctica, más astuta, más racional y el hombre se hace más sensible, más tierno, más exquisito. Y esa es la maravilla de la pareja, que hace a cada uno aún mejor.

Javier, respeta a todas las chicas con las que trates como te gusta que respeten a tu hermana y tú, Marta, haz lo mismo, trata a todos los chicos como Te gustaría que tu hermano fuera tratado. Pensad que los cuerpos y la personalidad de los demás son tan sagrados como los vuestros.

La sociedad gasta muchas energías en marcar la diferencia entre hombre y mujer, pero no ayuda nada a que nos complementemos, a que nos hagamos amigos, a que nos hagamos el uno al otro más pleno, más persona. Vosotros dos, Marta y Javier, sed de los que construyen una sociedad nueva, donde vivan bien hombres y mujeres, porque todos nos ayudemos a crecer, a desarrollar lo mejor que llevamos dentro y a vivir nuestra propiainclinación sexual, que no todos la vivimos de la misma manera.

Este mundo os necesita. Quizás cada uno de vosotros forme una familia donde se viva el amor, donde nazcan unos hijos felices, constructores de ese mundo nuevo que está por hacer, porque, se me había olvidado recordaros, que el mundo anda muy pachucho, que hay mucha desigualdad social, sexual, racial, y que hace falta gente maja que aporte su grano de arena para que esto funcione
mejor.

Hoy le pido a Dios, que os quiere y os conoce todavía más que yo, que os mantenga bien abrazados, que os sugiera el mejor modo de crecer, de amar, de expresar, de gozar… y que os prepare para que con vuestra presencia desaparezcan algunas de las heridas que entorpecen la felicidad de tanta gente.

Marta, Javier, que viváis la vida con los cinco sentidos, mejor dicho, con los siete, también con sentido del humor y con sentido común. Que no se os quede nada por disfrutar, por amar, por mejorar… Os quiero tanto

MAMÁ

CINCO COSAS PARA DESAPRENDER

1.- El hombre es superior a la mujer en los temas de sexualidad.

2.- Mujeres y hombres siempre estamos discutiendo o buscándonos porque nos interesamos.

3.- Los hombres tienen que aprovecharse de las mujeres y ellas defenderse de ellos.

4.- Los chicos siempre quieren sexo y las chicas tienen que hacer lo mismo para no ser menos.

5.- El otro sexo tiene siempre más suerte. Es un rollo que las chicas se embaracen.

COSAS QUE HAY QUE TENER MUY CLARAS

1.- Mujer y hombre son complementarios y la sexualidad les ayuda en su encuentro y comunicación.

2.- Se nos ha enseñado a hacernos el amor o la guerra, pero no a ser amigos los hombres y las mujeres, que es lo más importante que puede conseguir una pareja.

3.- Hombres y mujeres somos responsables de nosotros mismos y no debemos hacer a nadie nada que no nos gustaría que nos hicieran. Es importante saber respetarse mutuamente.

4.- La relación afectiva-sexual es algo muy valioso y especial que se vive entre dos personas y hay que saber vivirlo con respeto, cariño, responsabilidad y delicadeza. Hay que ser adulto para amar, porque la sexualidad no es un juego de niños, es algo sagrado que brota del amor.

5.- La mujer y el hombre viven la sexualidad de muy diferente forma, ambas son preciosas. Los dos tienen que ser conscientes y responsables de su sexualidad y de las consecuencias posibles.

Mari Patxi Revista Humanizar

Pareja, familia y sexualidad

PAREJA FAMILIA Y SEXUALIDAD Ponencia Instituto Superior de Pastoral

Mari Patxi Ayerra

Detrás de todo ser humano hay una familia. Es en ella donde uno aprende a ser persona. La ausencia de familia también es la familia soñada de uno. Por otro lado, la familia es la institución que ha sobrevivido a más cambios a través de la historia.

Aunque el FONDO de la familia es el mismo: UNA PAREJA QUE SE QUIERE, COMPARTEN CASA, LECHO Y ATENCIÓN DE LA PROLE, en la FORMA es en lo que se están produciendo una gran cantidad de cambios, de costumbres, leyes, formas y sexos.

Antiguamente el matrimonio era un arreglo de los padres y en algunas culturas el hombre compraba a su mujer. Hoy en día, afortunadamente, chicos y chicas tienen posibilidad de elección, de relación y de conocimiento mutuo, para elegirse entre sí, como la persona con la que van a ser felices.

Hasta hace muy poco tiempo, incluso todavía en algunos países, la relación hombre-mujer estaba marcada por la prepotencia del varón. La mujer no tenía acceso a la cultura ni a las responsabilidades. No tenía derechos y era casi sierva del varón.

De la pareja y de la familia de nuestros abuelos aprendieron nuestros padres, pero ya ahí se rompe el eslabón y ya nosotros y nuestros hijos inventamos otras modelos de familia, que también se reflejan en las leyes. Ocurre siempre que primero cambia la sociedad y después las instituciones y el sistema jurídico.

El Código civil definía el matrimonio como la unión de hombre y mujer que comparten techo y lecho, para su ayuda mutua, reproducción y “remedio de la concupiscencia”, que se comprometen ante la iglesia o la sociedad.

Existía un modelo de familia de vivencia de roles, de reparto de tareas, para todos igual. El hombre se ocupaba del mundo exterior y de conseguir dinero fuera de casa y la mujer era la responsable de las necesidades del hogar. Entre ellos habrán existido matrimonios felices, incluso admirables, pero hoy no nos sirven, ya que mujeres y hombres tenemos otras necesidades y planteamientos de vida.

Antes todos nuestros comportamientos en la vida familiar estaban prácticamente uniformados, en cuanto al respeto, la autoridad, los roles y los modelos concretos de pareja y familias.

YA NO NOS SIRVE EL MODELO TRADICIONAL DE FAMILIA.

Algunos afirman que el matrimonio es una institución caducada, que no tiene porvenir, que se ha supervalorado el amor. Están surgiendo nuevos modelos de parejas, como respuesta a las nuevas necesidades de la vida actual. Algunos jóvenes tienen miedo a repetir la relación rutinaria que ven en sus padres: “acostumbrados a la costumbre”, sin ilusión, sin comunicación entre ellos y viviendo una vida gris y repetitiva. Este es el bien llamado “matrimonio tumba del amor”, en el que han terminado muchas relaciones que no se han ocupado ambos de mantener vivas.

Los hijos relativizan los modelos anteriores y tienen miedo al compromiso, pues prefieren vivir juntos el tiempo que dure la ilusión, en vez de estancarse en una relación de pareja sin vida. Por eso muchos de ellos temen casarse por la iglesia, ya que es más difícil la ruptura oficial.

La expresión matrimonio viene de matren munere, es decir, proveer a la madre del alimento y de las necesidades, mientras está criando a los hijos. El movimiento feminista fue el que cambió el papel de la mujer en la sociedad y se recuperó el término pareja que viene de paridad y de igualdad. Desde entonces se está luchando en las parejas para conseguir un mejor reparto de tareas y roles, se está trabajando por la igualdad y hombres y mujeres están pasando de dejar de hacerse el amor y la guerra, para intentar ser amigos.

CAMBIA LA LEY

Y, como tras el cambio de las personas, se produce el de la sociedad y el de las instituciones, desde julio del 2005 cambió la ley y el Art. 68 del Código Civil dice que “en el matrimonio, los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deberán además compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y de otras personas dependientes a su cargo”. En otros artículos afirma que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o diferente sexo”; que “los cónyuges son iguales en derechos y deberes”; y que deberán respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia”.

En Madrid si no se dice lo contrario, se casan en régimen de bienes gananciales, mientras que en Cataluña lo hacen normalmente en régimen de separación de bienes.

Pero las parejas se rompen con demasiada frecuencia y aparece en escena una nueva profesión; los mediadores familiares, que intentan que las separaciones se lleven a cabo de mutuo acuerdo, para evitar el sufrimiento de la pareja y de los hijos. Hoy las parejas se amenazan con la separación con demasiada naturalidad, lo que les lleva a luchar menos por su relación. Nadie conoce la fórmula del éxito de una relación, pero sí la del fracaso.

LA MUJER EN EL MUNDO LABORAL

La integración de la mujer en el mundo laboral ha producido una serie de cambios sustanciales en la familia. Ella tiene autonomía económica, lo que hace que no se sienta atada al varón para toda la vida, o, mejor dicho, que si quiere separarse porque no se aman o son incompatibles, cuenta con una seguridad económica que le hace autónoma y no dependiente como fueron las generaciones anteriores, que muchas parejas siguieron por dependencia económica, en vez de por una historia de amor.

Las tareas domésticas que siempre fueron responsabilidad femenina, han pasado a repartirse entre los dos o entre toda la familia, lo que ha cambiado significativamente la forma de reparto del tiempo, del ocio y del trabajo. Una gran parte del tiempo de ocio se dedica a “hacer la compra” y hay más tensiones por el reparto de las tareas domésticas, pues las jóvenes no quieren verse a sí mismas atadas a la casa, como la generación anterior y tienen, en muchos casos, un gran rechazo al mundo doméstico. Los hombres, en cambio, aunque su modelo masculino no se ocupaba del hogar, están asumiendo las tareas domésticas, en muchos casos con mayor responsabilidad y dedicación que ellas, pues les supone un menor conflicto interior el realizarlas.

Los hijos se educan y atienden entre ambos. Tarea que siempre fue realizada por la madre y aparecen las guarderías y los canguros, de forma que en todo centro comercial hay un “parking children” o aparcamiento de niños, que consiste en una piscina de bolas o en un lugar para entretenerles, jugando o pintando, mientras sus padres hacen la compra, van al cine o a tomar algo. Estos centros comerciales se han convertido en las “nuevas catedrales del consumo” donde toda la familia se entretiene, a la vez que se ocupa de sus necesidades básicas.

Otro cambio significativo en la pareja actual es que la mujer es sexualmente activa. Lo que mejora su relación con el hombre y le mantiene más atractiva y joven durante más tiempo. Aunque esto también acarrea una vivencia de la sexualidad precoz y una insatisfacción constante con el propio cuerpo, ya que todo el mundo quiere mantener su imagen joven, como las modelos que ofrece constantemente la sociedad de consumo.

Se ha devaluado la virginidad y la fidelidad, hasta el punto de que, según las estadísticas, sólo uno de cada diez matrimonios es fiel… Se legaliza el aborto y aumenta su frecuencia, aunque antes se hacían de forma oculta y peligrosa. ASe legaliza la píldora del día siguiente y el preservativo es de fácil acceso, aunque se producen una gran cantidad de embarazos de adolescentes.

Ante tanto cambio, ya no hay pautas concretas de nada y cada uno tiene que estar inventando constantemente su propia familia.

LA PAREJA, UNA HISTORIA DE AMOR

Todos sabemos que la relación de la pareja y de la familia se basa en el amor y se nutre de comunicación. Amar y ser amado es una de las necesidades básicas del ser humano. Es más, cuando uno se siente amado, es decir aceptado, querido en su totalidad, potenciado, tiene una sensación de plenitud, de energía vital que le magnifica y le transciende. En cambio, cuando uno no tiene cubierta su necesidad de amor anda como perdido por la vida, descolocado, hasta que encuentra su madurez afectiva. La pareja esta formada por dos personas que se aman y deciden compartir el resto de sus vidas. El otro es una persona que te elige, y se siente elegido por ti, para vivir la vida juntos y hacer que ambos os cumpláis.

En el día a día de una pareja, se quieren, cubren sus necesidades básicas y se ayudan a ser personas. Es en estas necesidades básicas donde está el cambio fundamental. La casa, la ropa, la comida y el dinero ya son responsabilidad de ambos. Cómo se repartan estas tareas influirá en la forma de vida y en la armonía de su relación.

La pareja vive una explosión de enamoramiento que dura unos años, posteriormente esta relación pasa a convertirse en AMISTAD o en RUTINA. Hay muchas más parejas con una relación rutinaria que con una relación de amistad. Y es que la pareja se nutre de comunicación, se va haciendo cuando los dos se cuentan la vida, comparten lo que son y lo que fueron, lo que sueñan, lo que temen, lo que aman, lo que les divierte y lo que les pone mal.

Si se cubren mutuamente la necesidad de saberse amados, valorados, autónomos y en pertenencia, se sentirán felices y con deseo de seguir unidos. Necesitarán tiempo para el amor y para contarse la vida. Poner una dosis de romanticismo, pasión y aventura les hará más excitante el camino. Tendrán que cuidar de seducirse, de reconquistarse, de no dejar que se les desgaste el amor, que es como un fuego, al que si no se le echa leña se apaga.

Cuando una pareja formaliza su relación, con el matrimonio o la vida en común, en la fase de enamoramiento, sin haber pasado todavía a la fase de la amistad, puede suceder que la rutina y la cotidianidad apaguen esa relación amorosa, si no deciden ser amigos, es decir algo más que compartir la casa, la economía, el ocio y la relación corporal. En cambio, cuando una pareja siente que son amigos, que están cada día más cerca el uno del otro y notan que cada uno ayuda a su pareja a realizarse, a cumplirse, a llegar a ser el mejor él posible, buscarán el tiempo para dos, a pesar de las dificultades de la vida diaria y se irán haciendo pareja y familia.

A una gran parte de las parejas de hoy se les “muere la relación” aplastada por la aceleración de trabajo, ocio, amigos y realización personal, porque no han sabido sacar tiempo para ellos para cuidar el nosotros, ese espacio común que se va haciendo poco a poco, a base de intimidades, encuentros, palabra y silencio.

AMOR Y SEXUALIDAD

La relación afectivo sexual es de vital importancia en una relación y llegará a ser una fusión total, una comunión plena cuando se viva desde la parcela física, mental, social y espiritual de la persona, cuando se de el encuentro de dos vidas en la danza amorosa de sus cuerpos y sus almas. Con los años irán aprendiendo a recorrer los rincones del cuerpo del otro y a disfrutar más cada día, lo que les producirá un sentimiento de complicidad, de unión y de entusiasmo que revitalizará la pareja, si cuidan con creatividad, humor y belleza esta parcela tan especial de una relación.

A mi parecer, se pueden comparar las relaciones sexuales con una escalera, en la que, al término de la misma, existe una puerta que podría ser el coito. Todos sabemos cómo es este final. Todos conocemos el primer peldaño de una relación, ese rozarse mano a mano que le pone a uno los pelos de punta y le da un escalofrío que le recorre desde el dedo del pie al último cabello de la cabeza; ahí es donde comienza la atracción de los cuerpos. Entre el primer escalón y el último, hay muchos peldaños de ternura, de contarse la vida, de caricias, de recovecos, de recorrerse, sentirse, gustarse el uno al otro…

Y, como la naturaleza está tan bien inventada, todo ese juego amoroso es el que va dilatando a uno y a otro para llegar a ese orgasmo pleno que sería la puerta del final de la escalera. Del número de peldaños que tenga nuestra relación amorosa, del tiempo y el interés que nos dediquemos, del cuidado del otro, del saber pedir lo que uno necesita, de ser exquisito y variado en los detalles, de la no precipitación, depende el éxito final. No hay que olvidar que el placer no es solamente llegar al orgasmo, sino que todo el juego amoroso, toda la ascensión de esta escalera, es ya el placer en sí mismo, que puede culminar o no necesariamente con el orgasmo.

Hay relaciones tan rápidas, tan urgentes, que se fuerza esa puerta de entrada y esa relación es dolorosa, ya que no se ha preparado con la ternura y el juego anterior. También, comenzar nuestra relación, por los últimos peldaños, sin haber cuidado ternuras preliminares, dificulta la “armónica entrada de los dos por la puerta grande”.

Para disfrutar más de la sexualidad, se necesitará tiempo y madurez psíquica para que llegue a ser una experiencia de encuentro y relación. A la fusión con el otro se llega mediante el diálogo, el respeto, la ofrenda de cada uno, la creatividad y la iniciativa compartida. A veces se busca la técnica perfecta, lo cual predispone a la frustración, al temor a “fallar”, y se olvida la comunicación, el lenguaje de los cuerpos, la intensidad del momento.

CALIDAD SEXUAL Y COMUNICACION

Hemos pasado de una monotonía sexual a buscar tanto la variedad que se está más preocupado en los “efectos especiales” que en lo que cada uno siente por sus adentros. Se habla mucho de cantidad sexual y no de calidad en la comunicación, y mucho menos aún de la calidez en la relación. De todas formas, a vivir el acto sexual se aprende juntos. Así se crea un clima de complicidad y juego que lo hace más tierno, creativo y bonito, y al que favorece el cuidado del propio cuerpo, del entorno y de los detalles, con el fin de renovar el amor.

La sexualidad puesta al servicio de los dos se convierte en un medio de lenguaje y comunicación que enriquece a la pareja y hace crecer en el amor. Es un lenguaje en el que intervienen todos los sentidos y en el que la piel es muy importante. No es coraza ni muralla, sino lo que nos une al otro a través de esos millones de puertas que son los poros y terminaciones nerviosas.

Necesitamos ponernos desde lejos para ver al otro a distancia, para que la rutina no rompa nuestro interés, nuestra capacidad de sorpresa. Intentar verlo como si fuera por primera vez porque, para seguir siendo amigos, hay que practicar el arte de empezar cada día.

Pero la sexualidad ha cambiado, para bien y para mal. En unos casos se produce un mayor encuentro entre los dos, siendo activos, tiernos y creativos ambos. Pero para otros se ha trivializado tanto que se ha convertido en algo puramente físico y gimnástico, que se prueba ya desde la adolescencia, con un culto excesivo al cuerpo y a la actividad sexual, sin afecto ni compromiso por parte de ninguno de los dos.

Puede confundirse la atracción sexual con el enamoramiento y es algo muy diferente. Puede atraerte mucho una persona, incluso hacerte sentir pletórico y minimizarte otras parcelas de tu vida y de tu forma de ser. Hay que cuidar que el otro te plenifique, te potencie y te haga mejor (más divertido, más cálido, más comprometido, más…). Si el otro te empobrece es que no es lo mejor para ti, y viceversa.

QUÉ PINTA DIOS EN TODO ESTO?

Cuando uno tiene una historia de amor con una persona y también tiene una historia de relación con Dios, siente el deseo de hacerle partícipe de su relación y comunicarse también los dos con El. Y sabe que celebrar el sacramento del matrimonio es ponerse los dos en manos de Dios para que El, con su amor y su fuerza los bendiga, potencie y acurruque.

La boda en la iglesia es reconocer el amor ante los amigos y presentar ese trío que forman Dios y ellos dos y que pretenden ser compañeros para toda la vida, con un estilo de vivir el amor que proclaman públicamente, ante sus conocidos, sean creyentes o no. Dios será alguien muy importante en su vida y lo proclaman ante la sociedad. Y Dios que nos ha soñado felices y alegres, y que tiene un proyecto de magnificar a cada uno de los miembros de esa pareja, les acompañará y bendecirá para vivir esta historia de amor y de humor durante el resto de sus vidas.

La familia es un espacio privilegiado para proyectar la fe; es donde los niños aprenden a integrar a Dios en su vida y es desde la familia desde donde se va viviendo la iglesia doméstica y la parroquial. La familia es el centro integrador de la fe y sus valores y es la base de la acción apostólica y del compromiso con la justicia.

Las opciones como creyentes las toman los padres cuando los hijos están en época de crecimiento y son una forma de transmisión de valores y de transmisión de vida en abundancia.

Un problema serio que nos encontramos es que muchos creyentes se sienten incapaces de seguir la doctrina de la iglesia en materia sexual. Los jóvenes españoles dejan a un lado sus creencias cuando se trata de hablar de sexo. Mucha gente se siente con Dios, pero de espaldas a la iglesia. No se comprende la postura eclesial ante el uso de anticonceptivos y ante las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Los jóvenes, a medida que van conquistando su libertad y autonomía de pensamiento y actuación, van disminuyendo la importancia de los requisitos morales y culturales. No les coincide la abstinencia sexual con la religiosidad.

CUANDO VIENEN LOS HIJOS

Los hijos rompen el tiempo de los dos. Hoy en día se espera a tener un hijo hasta que tienen cubierta su realización profesional y una economía más holgada, con la convicción errónea de que un niño necesita infinitas cosas, que se encarga de ofrecer nuestra sociedad de consumo y que les convierte en “máquinas de gastar dinero” aún antes de nacer, en la explosión de boutiques de bebés que proliferan a nuestro alrededor y que pretenden convencernos de que uno no es un buen padre si no le compra la cámara para vigilarle de noche, la moto de Pedrosa, el wc. que aplaude al niño y le felicita por su deposición, la silla mágica, el balancín, el superbabero…

La pareja que esperaba ilusionada al niño y que lo puede vivir con exquisita ternura, se desencanta cuando nace porque se sienten entregados de alma y cuerpo, durante las 24 horas del día a ese ser que no tiene más que necesidades, que se interpone entre los dos y que les ha hecho dejar de ser amantes para convertirse sólo y exclusivamente en padres de esa maravillosa criatura. Al mismo tiempo que se sienten orgullosos del niño les brotan sentimientos de culpa porque tienen que trabajar, quieren superprotegerle y comprarle de todo, le adoran y en el fondo tienen sentimientos de rechazo porque es un invasor que les ha cambiado la vida, pero no se permiten expresar este sentimiento sino que adorarán a su bebé, igual que sus abuelos y tíos y le convertirán entre todos en un pequeño tirano que les complica la vida enormemente y que, sobre todo, ha dejado herida su vida sexual, sus ratos de intimidad y su romance, como no estén muy atentos a poner límites al pequeño vástago invasor. Estos padres luego serán incapaces de educar para la responsabilidad, se volverán permisivos, se sentirán atados de pies y manos ante una enfermedad que les descoloca el horario laboral o ante cualquier otro requerimiento escolar o cotidiano de la vida del niño.

Con la llegada de los hijos suelen producirse algunas crisis de pareja, por que pueden abandonar un poco su romance y dejar que el matrimonio se convierta en la tumba del amor, lleno de aburrimiento, estrés, falta de ocio común, intrusismo de los abuelos, que al tiempo que colaboran en la atención al nieto, invaden la intimidad de la familia. Si la pareja consigue equilibrar la paternidad con su tiempo de a dos, disfrutará plenamente de esa etapa bonita de ver crecer a los hijos, mientras ellos se van sintiendo más unidos y más maduros.

También el cansancio físico, el estrés laboral, la lucha por la conciliación de la vida laboral y familiar, son dificultades nuevas en las parejas, que hay que ir sorteando. Otras parejas en vez de plantearse la paternidad, montan su vida orientada hacia el ocio y la aventura, muchas de ellas por el temor a adquirir responsabilidades.

DIFERENTES MODELOS DE FAMILIAS

Hoy en día se dan todo tipo de parejas y familias. Aunque la familia nuclear clásica sigue siendo mayoritaria, ya no es la única con prestigio social. Las hay monoparentales, fruto de separación, las hay del mismo sexo, las hay de separados que forman parejas cruzadas, con hijos de otros padres, otras tienen hijos adoptados o inseminados artificialmente, de madre o padre soltero o casados, parejas interculturales, de diferentes religiones, edades y valores. Hay abuelos que crían a sus nietos. Hijos adultos que se quedan eternamente en casa de los padres…

También se dan parejas de conveniencia, en la que juntan el sueldo de los dos, compartiendo casa, “sin molestarse”, pasando la navidad cada uno con su familia y las vacaciones con sus respectivas pandillas.

Hay quien vive feliz, hay quien está instalado en el desencanto y hay quien rompe su relación. Dicen que en España, en el año 2005, cada 4 minutos se separa una pareja y que cada 2´se casa otra…

Ante esta variada situación, habrá que dirigir nuestros esfuerzos en modificar lo cambiable y en buscar formas creativas para vivir lo mejor posible con lo que nos toque a cada uno. Pero será necesario echarle imaginación, amor y tiempo para reinventar continuamente la familia y que no se quede estancada en la rutina. Hoy se trivializa todo, se prueba todo, se consume todo y la familia es algo mucho más serio, que no se puede ser usar y tirar.

En pocos años ha cambiado todo tanto que las estrategias de navegación para la vida ya no sirven de unas personas a otras y de una generación a otra. Hoy convivimos con jóvenes que piden permiso de paternidad para criar a su hijo, porque cuidar a un bebé, afortunadamente, ya no es femenino ni masculino; con parejas de solo amor-pasión que firman el contrato de matrimonio sin haber leído la letra pequeña y en cuanto se les pasa el capricho amoroso, rompen su relación en busca de novedad; con familias que viven historias de amor y de amistad intensas; con triunfadores laborales que sacrifican a su familia, en aras de su profesión… y así un largo etcétera de vidas variadas.

La realidad es que todos llevamos a la espalda una familia, que es aquella en la que nacimos; que tenemos que dejar brotar nuestro entusiasmo para aprender el arte de inventar la mejor manera de vivir en la familia presente, o en la propia comunidad religiosa, que funciona prácticamente como cualquier familia; y sobre todo, la que más urge es que construyamos entre todos la gran familia humana, esa en la que todavía muchos viven muy mal, porque le falta el amor y la justicia.

Mari Patxi Ayerra

PAREJA, FAMILIA Y SEXUALIDAD

Mari Patxi Ayerra

LA FAMILIA DE AYER Y LA DE HOY

La familia es la institución que ha sobrevivido a más cambios a través de la historia.

Aunque el FONDO de la familia es el mismo: UNA PAREJA QUE SE QUIERE, COMPARTEN CASA, LECHO Y ATENCIÓN DE LA PROLE, en la FORMA es en lo que se están produciendo una gran cantidad de cambios, de costumbres, leyes, formas y sexos.

NUEVAS SITUACIONES, NUEVAS MANERAS DE VIVIR EN PAREJA.

PAREJA ,SEXUALIDAD Y AFECTIVIDAD

NECESIDADES BÁSICAS DEL HOMBRE Y DE LA MUJER DE HOY

LA FAMILIA COMO COMUNIDAD DE PERSONAS

FAMILIA COMO LUGAR DE VIDA PLENIFICADORA

LA FAMILIA COMO ESPACIO DE SOCIALIZACIÓN DEL INDIVIDUO

LUGAR QUE OCUPA DIOS EN LA FAMILIA DE HOY

HIJOS, EDUCACION, TRANSMISIÓN DE VALORES

VIDA FAMILIAR Y COMUNICACIÓN

NUEVOS MODELOS DE RELACIONES, separaciones, nuevas parejas, hijos, homosexualidad

FAMILIA ABIERTA, escuchando al mundo

FAMILIA ABIERTA, QUE ESCUCHA AL MUNDO

Querida familia: Ando dando vueltas y más vueltas a la cabeza. Mi cuerpo no anda bien, hay algunos problemas de trabajo en la familia, la enfermedad parece que nos visita y andamos un poco apretados económicamente. ¡Vaya, que tenemos coartada para no hacer otra cosa que preocuparnos sólo de nosotros!

Al caer en la cuenta de esta actitud familiar, de escucharnos sólo a nosotros mismos, compruebo que es algo socialmente “bendecido”, que se ve como lo más natural del mundo, e incluso que lo “antinatural” es vivir escuchando los gritos de la humanidad, los quejidos de los hermanos que sufren. La verdad es que no tienes más que echar una ojeada a la prensa o escuchar las noticias y, por muy insensible que sea uno, se da cuenta de la cantidad de dolor e injusticias que envuelven la vida de muchas personas. Lo malo es que, aunque uno quiera escuchar con el corazón y captar cómo viven los otros hermanos, se nos ha ido creando una especie de pátina en el oído, o en la mente, o no sé bien donde, que hace que inmediatamente de sentir compasión por alguien, pasemos a hablar de un anuncio de cualquier bobada, en la fracción de un segundo. ¡vaya, que nuestra solidaridad es instantánea, de urgencia, y que el efecto fraterno de removernos para actuar en favor de los otros, para apoyar su causa, o para trabajar en que las cosas cambien, nos dura lo que tardamos en leer, escuchar o ver la noticia. Nada más despertársenos la misericordia, viene un anuncio que nos produce un deseo y la inmediatez de la solidaridad se nos queda dormida en un flash instantáneo.

Hoy he recibido un montón de correos electrónicos y algunos de ellos me invitaban a donar zapatos para Africa, juguetes para niños necesitados, firmas para apoyar causas injustas, personas que necesitaban trabajo, gente que buscaba trabajadores y hasta una amiga me ha propuesto avalar la compra de una casa a una inmigrante. Estaba agitada por la tarea y mi solidaridad ha sido floja. He pasado los correos solidarios a un montón de familiares y amigos, que sé se van a comprometer a su vez, pero apenas he tenido tiempo de leer despacio las causas que necesitaban mi apoyo y me he escaqueado, como he podido, de avalar a mi amiga… Aparentemente he sido políticamente correcta, pero, realmente, me pregunto, ahora, al escribirlo, si he actuado con corazón, si de verdad he reflexionado un poco en todo lo que estaba haciendo y cómo actuaba desde mi tener de todo, desde mi vivir bien.

Y lo más grave de todo esto es que me ha llegado una multa de tráfico que me ha encabritado muchísimo y, he pasado de todos los demás, para enfurecerme contra la autoridad que me pilla en la más mínima infracción y me roba lo que me pagan por escribir esta carta. Mientras se lo cuento, me lo digo a mí misma y me avergüenzo de ello. Creo que voy a intentar hacer una sentada familiar para cuestionarnos nuestra escucha al mundo y nuestra respuesta compasiva o escurridiza. Entre nosotros nos escuchamos, nos queremos, nos cuidamos y nos repartimos un cuarto de queso a cada uno, cuando a alguien se lo regalan, pero para mí eso no es solidaridad, eso es la forma normal de hacer circular el cariño y los bienes de una familia que es, la gente que se quiere. Pero yo creo que lo que se nos pide va más allá que este compartir roñosillo, casero, para mí y los míos…

Cuando a Jesús le dijeron que su familia andaba disgustada buscándole contestó: “¿Y, quienes son mi padre y mis hermanos?”… y ahí nos dio una de las lecciones más claras de universalidad amorosa, de vivir para los demás, de ser familia de todo el mundo. Y es que, el que es de Dios, se convierte en un ser para los demás, en un personaje público, accesible, atento a los otros, escuchador de todos los gritos, susurros y goces de la humanidad entera. Por eso es tan importante nuestra actitud de escucha, como personas, como familia, como grupos, como iglesia, como creyentes que, a fuerza de vivir en comunicación profunda con Dios, vamos teniendo el corazón más abierto a los otros, las entrañas más misericordiosas, los oídos casi del tamaño de Dumbo, para que no se nos escape nada y así, acompañar la vida de todos los seres humanos.

Ya que en la vida siempre estamos aprendiendo, no estaría de más que una asignatura a trabajarnos fuera la escucha y que vayamos adquiriendo habilidades, capacidades, exquisitez emocional y permeabilidad de esponja para acoger la realidad del otro de forma cóncava, en vez de vivir convexamente, alejando a los demás de lo nuestro.

Me he metido en un tema importante y difícil, que se vive especialmente bien entre toda esta gente del Centro de Humanización de la salud y entre mis compañeros de esta revista, que tan amablemente ustedes leen. Porque ellos son especialistas en el escuchar, en el acompañar vidas, en el mediar en los conflictos, en el enseñar a decir hola y adiós a la vida, y en el ponerle a uno en contacto con lo mejor de sí mismo, en el dolor y la enfermedad.

Una, que es un poco “analfabeta emocional”, me pillo a mí misma con frecuencia, con los oídos taponados por mis ocupaciones urgentes y abandono lo importante, o caigo en la cuenta de que no he escuchado algo sagrado que alguien ha contado en un momento dado y a mí se me ha escapado, porque estaba agitada, ocupada, a la vez, en cualquier otra cosa doméstica o cotidiana. Y, al rato, al hacer moviola, o al echar un recillo por esa persona, me viene a la mente aquello que ha contado y no he percibido inmediatamente, o un dato cualquiera que, luego caigo en la cuenta, era importante para él y le llamo, con todo el cariño posible, para pedir disculpas, para hacerle hueco en mí, para que me lo cuente, o me de más detalles o, simplemente, para prestarle mi apoyo y amistad.

Dicen que tardamos tres años en aprender a hablar y el resto de la vida en conseguir escuchar. Y es en la vida familiar donde uno aprende la habilidad de la escucha, ya que uno vuelve cada día al hogar con la necesidad de ser escuchado y comprendido. Pues yo, que estoy en avanzado estado de vida, sesenteando a pleno pulmón, me comprometo hoy en esta carta a dejar más espacio al otro, a vaciarme más de mí, para tener hueco para que quepan los gozos y sombras, las ocupaciones y vivencias de los demás. Pido a Dios, ya puestos, que nos regale a todos un corazón como el suyo, amplio, acogedor, misericordioso, en el que quepa todo el mundo, del que broten detalles, caricias, calorcico familiar, de brasero, de mesa camilla, para que juntos vayamos construyendo la gran familia humana, esa que es en definitiva, el Reino de Dios, ese que El nos invita a crear.

Perdonen que haya hablado tanto, sin escucharles. Ya podía alguno de ustedes contestarme, sugerirme algún tema, comentarme algo de mi correspondencia o compartir lo que deseen…y así nos contagiaremos mutuamente el saber escuchar. Ahí va un abrazo Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR 108

FAMILIA Y CONTAGIO DE VALORES

VALORES QUE SE CONTAGIAN EN LA FAMILIA

Queridos hijos y nueras: Os veo trabajándoos la difícil tarea de educar a vuestros hijos, mis nietos, y me doy cuenta de que hoy es todavía más complicada de lo que era en mis tiempos. Todo cambia constantemente, pero por otro lado, la mente de los más pequeños es como una hoja en blanco sobre la que estáis escribiendo su futuro. Decía un afamado psicólogo: “Dejadme un niño hasta que cumpla 7 años y os devolveré un hombre”, confirmando la gran importancia de los primeros años en la formación de la persona, pues es durante esta etapa cuando se estructuran las aptitudes físicas y se fundamenta su personalidad.

Por eso quiero recordaros, con mucho cariño y respeto, que, aunque vuestro trabajo y realización personal y profesional sea una tarea importante y requiera de vosotros más tiempo del que deseáis, no perdáis de vista que los primeros años de vuestros hijos son decisivos para impulsar el desarrollo de su cerebro y encauzarlo hacia la optimización de sus inmensas capacidades. Estáis viviendo un tiempo sagrado en vuestro acompañar el hacerse personas de los niños, por eso el que lo viváis sosegados, les habléis en positivo para potenciarles sus posibilidades, el ayudarles a encontrar sus valores y capacidades únicas y especiales y recordárselas con frecuencia, les impulsará a la plenitud y a cumplirse como esa gran persona que Dios ha soñado para cada uno.

No sé por qué demonio, en la vida familiar se recuerdan mucho los defectos y errores, con el deseo positivo de corregirlos, pero la verdad es que, de tanto repetirlos, se quedan tatuados a fuego en el subconsciente del niño, y luego, de adulto, le frenarán para lanzarse a investigar la vida, a abrir nuevos caminos y a desarrollar lo que también tiene de positivo. Es curioso como el mensaje de los padres sobre uno mismo funciona a modo de “profecía autorrealizadora”, con la que uno anda por la vida, respondiendo a las expectativas de sus padres, siendo esa persona mediocre que le decían que era, o ese gran tipo, o ese genio creativo, o ese niño adorable, o ayudador, o puñetero… con el que a cada uno le catalogaban en el hogar o en el colegio.

Bueno, pues lo que quiero recordaros es que aún estáis a tiempo de grabar en vuestro hijos una gran fe en sí mismos, ya que están como el cemento fresco en el que quedan marcadas todas las huellas, o el barro blando que todavía es manejable y flexible y, cuando endurece, ya no hay forma de cambiarlo. Por eso es muy importante que crezcan rodeados de estímulos. Pero un peligro que existe es el no corregirles, para no frustrarles, el no ponerles límites, para no contaminar con normas el poco tiempo que pasáis juntos. No les pasa nada por que les digamos que no a algo, porque se tengan que aguantar un deseo, retrasar una comida, ordenar un cuarto o negarles un capricho. Que ahora estamos en un tiempo en el que hay una adoración social excesiva al niño y tenemos a los adultos sirviéndoles constantemente o haciendo, como peleles, todo lo que a los niños se les antoja.

Una cosa es tener un lenguaje positivo en el hogar, apoyarse en todos los logros y estimularse con frecuencia y otra es permitir todos los caprichos, enfados, mimos y pataletas. No, estáis acompañando el hacerse persona de vuestro hijo y tiene que aprender a llorar poco cuando se de un golpe, a evitar los melodramas, esos tipo jugador de futbol que cae cual enfermo terminar tras una patada, permaneciendo unos segundos medio muerto y que se levanta inmediatamente con cara de víctima, pero sigue jugando… Ojo, que son muy peligrosos los lloros y quejas excesivas. Hay familias en las que ven a un adulto que recibe mucha atención y cuidados por estar enfermo y los niños aprenden a utilizar la enfermedad como medio de obtención de atención y cuidados o para ser el centro de la familia.

Los niños sirven para hacernos de espejo a los mayores de comportamientos erróneos que tenemos, así que es bueno que nos paremos a ver cómo piden atención, qué mecanismos utilizan cuando se caen, les duele algo, se frustran o se les contraría. Porque es en el hogar donde uno aprende a manejar el enfado, el dolor, la enfermedad, la contrariedad y el conflicto; y vosotros padres sois los maestros del vivir para esos niños crudos, a los que les falta la cocción de la vida y que vosotros aún podéis modelar y ayudar a ser personas sanas, libres y felices.

Y el tema de la resilencia, o capacidad de crecer con las dificultades, o de encontrar lo positivo que trae cada problema o situación aparentemente negativa, también se aprende en casa, según el lenguaje que se utilice. Cuando los padres viven en actitud de “ir tirando”, de “matar la semana”, de esperar a que los hijos crezcan para disfrutar de libertad, o a que se vayan del hogar, o a que termine el trabajo, para estar descansados… eso es no saber vivir, eso es perderse todo lo bueno que trae cada etapa y todo lo que cada momento tiene de esfuerzo y de disfrute, de reto y de alegría. La queja es una actitud socialmente aprobada y contagiosa, que nos llena de negatividad, que nos impide ver todo lo positivo que tiene cada momento, cada persona o cada situación. Solemos hablar mucho más de lo que nos falta por conseguir que de lo que ya tenemos. Es importante recordar que la felicidad no está en tener todo lo que quieras sino en saber ser feliz con lo que tienes. Y a nuestros hijos, al fin y al cabo, lo que queremos transmitirles es la sabiduría de ser felices y, de paso, o como consecuencia, hacer felices a los demás.

Vivimos en una sociedad en la que sólo es noticia lo negativo. “No news is good news” (“Si no hay noticias, son buenas noticias”) es la frase universal del mundo de la información, pero también en la vida cotidiana contamos solo lo malo que nos ha ocurrido y, a veces, incluso nos parece que es presunción hablar de las cosas bonitas que nos ocurren. Se cuenta cuando se está enfadado, enfermo o agobiado, pero no se informa de los momentos de felicidad, de ternura, de estar a gusto con los tuyos. Y los niños aprenden ese mismo tipo de información y también se instalan en la queja, en el aburrimiento o en los comentarios de las cosas que no van del todo bien.

Tenemos que fomentarnos unos a otros esa capacidad de descubrir el regalo que acompaña a cada problema de la vida o situación difícil. Esta mañana comentaba un amigo cómo les ha unido a la pareja y a toda la familia la enfermedad, lo profunda que ha sido este año su navidad, cómo se ha fortalecido su relación y han aumentado los gestos de ternura que antes evitaban por pudor y ahora, por temor a perder a la madre o al caer en la cuenta del cariño que se tienen, han dejado brotar con libertad y están todos viviendo una preciosa etapa afectuosa, cercana y tierna. Y este ha sido el regalo que les ha traído un problema, pero todos han sido sabios y han puesto en marcha sus recursos interiores y se cuidan, se quieren igual que antes, pero ahora se lo expresan y unos a otros se están ayudando a vivir mejor esta situación nueva y difícil que en otro momento o a otras personas les habría hundido en mutismo, depresión o enfurecimiento.

Es curioso cómo cuando uno está atento a la propia vida y a la de los otros, recibe constantes lecciones para vivir. Yo tengo la suerte de tener de compañero de clase a Joaquín, al que el puñetero parkinson, le está reduciendo las capacidades físicas, pero como él se trabaja mucho y lucha para no venirse abajo, está creciendo social, mental y espiritualmente tanto que es el mejor amigo, amante, padre y compañero de juergas y hasta de rezos. Yo me aprovecho de su insomnio para pedirle trabajillos informáticos, porque sé que el se organiza sus días y sus noches para disfrutar y ser válido lo más posible.

Bueno, familia, como vivir es un arte y la obra de arte de cada uno es la propia vida, pues vamos a echarle salero e ilusión para disfrutar y regalar nuestra vida y así enseñar a los nuestros a que la gocen y la entreguen en la construcción de un mundo más cálido, más humano y más justo. Hasta la próxima, ahí va un abrazo Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR 109

Familia y Dios

LA FAMILIA Y DIOS

A pesar de que conozco un montón de gente con una familia no creyente, que se siente llamado al seguimiento de Jesús, estoy totalmente convencida de que a Dios donde mejor se le conoce es en la vida familiar. Y es que forma parte del entramado de la persona ya desde sus comienzos. No sé si me paso de soñadora, pero creo que cuando un niño ya en el claustro materno siente el abandono de su madre en Dios, o la oración del matrimonio, o la unión del proyecto de vida de sus padres al proyecto de Dios, ese bebé ya llega a este mundo “tocado de fe” y con el virus del amor en sus entrañas. Incluso la contemplación, durante el embarazo, del milagro que se va produciendo dentro y entre los dos, fruto de su encuentro y de su amor y que es lo más parecido a “tocar a Dios”, les va uniendo a los tres en esa presencia, que es el mejor regalo para toda la vida.

Luego por los trajines de la vida, de la atención del niño principalmente, por el trabajo y las mil ocupaciones cotidianas, en muchas familias se suele ir “traspapelando” un poco el disfrute de ese proyecto de vida con Dios. El bautizo, con su preparación y celebración, ayuda a fortalecer de nuevo la elección de pertenecer al grupo de sus seguidores, como ocurrirá con los siguientes sacramentos que se vayan celebrando en familia. Aunque hay hogares en los que Dios está

muy presente, en otros, en cambio, lo tienen como desconocido o como visitante de momentos especiales. ¡Uff!, ¡Qué barbaridad estoy diciendo!…Por supuesto que Dios está en todas las familias, pero no todas disfrutan de tener su vida entretejida con El y es ahí donde está la diferencia entre unas y otras.

Cuando una historia familiar se vive acompañada de la presencia de Dios su relación está fortalecida por el encuentro que produce el orar juntos, el celebrar la fe y el comunicarse la vida a un nivel mucho más profundo. Porque cuando una persona cree en Jesús, se siente llamada a vivir una historia de Amor con ella misma, con los demás y con Dios. Y al inicio de la familia, cuando uno se enamora y desea vivir con otro ser humano el resto de su vida, surgirá el compartir su vivencia de fe, como dinamizadora de su proyecto personal y la necesidad de vivirlo también en su proyecto de pareja.

Quizás suene radical pero yo estoy convencida de que no puede vivirse una buena relación de pareja si uno tiene una vivencia profunda de fe y el otro la tiene light o se llama creyente, pero el hecho de serlo no le afecta a su forma de vivir ni a su cercanía con Dios. Y si uno de los dos es ateo, o alérgico a las cosas espirituales, y el otro es verdaderamente religioso, creo que es una dificultad tremenda para la comunicación de la vida y de las cosas que vive cada uno por los adentros, al ser totalmente opuesto el meollo de sus planteamientos personales y su vida tiene distinto sentido.

Como “perro viejo” que soy, con más de cuarenta años de vida en pareja a mis espaldas, me gusta avisar a los novios de la gran dificultad que supone el tener distinto planteamiento religioso. Casi siempre se pasa por alto o se minimiza, convencido el creyente de que acabará cambiando al otro, y el alejado de que ambos serán siempre profundamente respetuosos. Además, afirman que nunca se impedirán el uno al otro continuar con sus ritos. Pero es que el seguimiento de Jesús no es simplemente el dedicar un tiempo semanal a acudir a una celebración, sino que sobre todo es una llamada a plantearse todo de otra manera. Es vivir una vida sabiéndose habitado, con una compañía interior que llena de sentido la propia historia y que tanto impulsa a vivir comprometido con uno mismo y con el mundo, como a descansar en Dios soltando todo el peso de la vida. Por eso la forma de preocuparse será diferente. También la llamada a estar más atento a los demás, a trabajar por la justicia y a vivir una vida entregada, mientras haya alguien que le necesite. Necesitará el creyente tener unos espacios de oración y de silencio, quizás pertenecer a una comunidad cristiana que le acompañe su caminar cristiano e incluso alguna lectura o formación determinada para ir creciendo en su fe. Todo esto le hará al creyente un poco “bicho raro” en esta sociedad nuestra ruidosa, competitiva, consumidora infinita e individualista.

Cuando la pareja tiene a Dios incluido en su vida común se sentirá fortalecida en su proyecto vital, en sus planteamientos cotidianos y en sus momentos bajos. Les impulsará para disfrutar más de las pequeñas cosas de la vida y les facilitará las dificultades. Les hará vivir con unos valores que dan sentido a su existencia personal, de pareja y de familia, y les entusiasmará con la transformación de este mundo nuestro inhóspito en el Reino de Dios, en ese lugar en el que nos vayamos tratando como hermanos.

Los años, si no espabilas, te pueden llenar de rutina, pero cuando se camina con Dios, cuando uno se deja cada día cuestionar y dinamizar por El, uno se siente renovado en la llamada a ser en plenitud y a intentar que los demás también lo sean, empezando por la propia familia y llegando hasta toda persona que camine la vida a nuestro lado o que habite este mundo. Porque uno de los efectos de la llamada de Dios es el sentir un corazón universal, es decir, que nada que le pase al otro te deja indiferente, y la propia familia no acaba en la biológica sino que llegas a sentir hermano a todo ser humano.

Es misión de la familia ayudar a la persona a cumplirse y el sueño de Dios para cada uno de nosotros es la felicidad y la plenitud, así que con estas dos músicas de fondo en el hogar, la familia es el lugar donde uno conoce a Dios, lo disfruta, se siente acompañado y llamado por El y a través de la oración, las celebraciones y las conversaciones, se va compartiendo en la familia la llamada personal de cada uno a ocupar su lugar, único e irrepetible, a sentir la vocación de ser buena noticia y liberador de los demás.

Cuando yo era joven parecía que casi la única forma de seguir a Jesús era perteneciendo a una congregación religiosa y con unos votos de pobreza, castidad y obediencia. En cambio, hoy somos muchos los que nos sentimos llamados a vivir con El y para El, mejor dicho en El, e intentando vivir a su manera que es la mejor manera de ser feliz y hacer felices a los demás. A mí personalmente la familia me ayuda a ser más yo, es decir, a responder a mi vocación de persona enamorada de Cristo, lo que me ilusiona aún más con la vida y lo que me hace quererme y querer aún más a los demás. Esta vocación personal se va haciendo familiar cada día al orar juntos, al bendecir en la mesa, al comunicar la experiencia personal de reflexión y oración y al ir contándonos la vida cotidiana y los compromisos de cada uno intentando ser buena noticia y transformadores de nuestro entorno.

Quiero yo pensar que la familia, ese mundillo en el que yo he gastado tantas energías, haya sido y sigue siendo para todos nosotros un impulso para el seguimiento de Jesús, la ilusión para trabajar y vivir según su proyecto y la tranquilidad de descansar en El todas las dificultades de la vida. Porque aunque somos humanos, incoherentes y frágiles, tenemos la seguridad de que Dios es el más interesado en nuestra felicidad y en que vayamos construyendo su revez más y públicamente, vuelvo a poner a los míos en manos de Dios, confiando en que El se ocupe de seguir llamándoles continuamente a lo largo de sus días para responder a la vocación de llegar a cumplirse cada uno de ellos, marido, hijos, nueras y nietos y a crear fraternidad allá donde estén. Y a ver si así me despreocupo un poco y tengo más fe en El, que sé

les quiere a todos ellos mucho más que yo misma.

Y aunque en la familia tenemos el peligro de utilizar esa cuartada de que el amor de padres es dar lo mejor a los hijos y, en muchas ocasiones lo aprovechamos para que no les falte nada material, yo quiero recordar que lo mejor que podemos regalarnos unos a otros es la vivencia conjunta y profunda de la fe, que se traduce en llenar nuestra vida de sentido, echar juntos algún recillo, contagiarnos austeridad, involucrarnos los unos a los otros en la mejora de este mundo y contarnos sin pudor las maravillas que Dios va haciendo en cada uno, para mantenernos entusiasmados, fuertes y fieles a esa llamada que, por otro lado, es lo más alucinante que le puede ocurrir a uno en la vida y lo más seguro. Pues yo a los míos no les puedo asegurar salud, trabajo, ni que funcione su historia de amor, pero lo que sí les puedo asegurar, y quisiera tatuárselo a fuego en el corazón, es que Dios les tiene envueltos por delante y por detrás y está con ellos para que vivan la Vida en abundancia. Y para mí esta es la mejor lotería…