Celebrad la vida

http://www.maripatxi.com/wp-content/uploads/2012/11/familia2.jpgQueridos nietos: hoy os voy a contar la suerte que habéis tenido de nacer en una familia tan folklórica y festiva. Enseguida nos apuntamos a cualquier juerga o evento, que es como los llaman ahora. Yo estoy convencida de que la vida es una fiesta y Dios nos ha puesto en ella para celebrarla y para ayudar a que otros la puedan disfrutar también. Y Jesús decía que cuando dos o más estamos reunidos en su nombre, El está en medio de nosotros y es porque en cuanto nos unimos varios surge su espíritu, esa “vidilla” que nos damos unos a otros, esas risas que nos contagiamos, o ese dolor que superamos.Si tuviera que elegir una canción que nos representara como familia sería esa, que me encanta, de CELEBRA LA VIDA, que, aparte de un ritmo agradable tiene un mensaje que no tiene desperdicio. Anima a despertar, a ser libre, a ayudar a la gente, a luchar con paciencia por lo que queremos, llevando poca carga y sin aferrarse a nada, porque en este mundo nada es para siempre y es mejor brindar lo que tenemos, y lo que somos, que guardarlo sin que lo aprovechen… Dice preciosamente “búscate una estrella que sea tu guía…” Perdón, que casi copio la canción entera, pero es que me fascina y, además me coincide completamente con nuestros planteamientos de vida, y con esa estrella que seguimos todos que es Jesús, que nos invita igual a repartir alegría, a ir ligeros de equipaje, a vivir desprendidos y a dejar en la tierra nuestra mejor semilla. Este mes me habría gustado que mi carta llevara un CD incluido con la canción.Cada cumpleaños, santo, boda, nacimiento, sacramento, Navidad, comienzo de temporada, o logro de alguno de la familia, nos hace disfrutar y sacar los sentimientos a pasear. ¡Por que mira que nos reímos juntos!… y eso que no nos faltan los problemas, pero sabemos echarle una carcajada al final, que lo suaviza y lo hace digerible. Cuando brindábamos el otro día porque los marcadores de la enfermedad del tío habían subido un poco menos que el trimestre pasado, me daba yo cuenta de lo positivos que somos.

Anoche, en el funeral de nuestra amiga Toñi, que pasó a los brazos de Dios cuando estaba con su marido en un viaje loco, me daba cuenta de lo importante que es la amistad para poder celebrar juntos la vida de una persona. Me gustaba ver a vecinos, comerciantes, compañeros de trabajos, coles, scouts y grupos varios. Me daba cuenta de que estábamos celebrando una vida aprovechada y disfrutada, poniéndole el lazo al regalo que ha sido esta mujer para todo el que se rozase con ella. Era una fiesta andante, una carcajada, una caricia, un detalle… Y creemos firmemente que estará disfrutando de la plenitud, en la casa del Padre.

Mirad, en toda vida hay dificultades y gozos, penas y alegrías, pero es muy importante cómo nos las tomamos. Dicen los expertos en inteligencia emocional que el diez por ciento de lo que sentimos es por lo que nos ocurre, pero el noventa por ciento restante es de nuestro sufrimiento, o de nuestro ánimo, lo provoca lo que nos decimos por lo que está ocurriendo. Y es verdad que somos lo que pensamos, lo que nuestra mente crea, magnifica, minimiza, dramatiza o permite que ocurra. Si sufrimos por no dejar que lo que pasa, pase, pues está claro que el secreto de la felicidad, o del vivir a gusto, tiene que ver con la aceptación serena de lo que ocurre. Si tengo un fuerte dolor de muelas y me encabrito por dentro, me enfurezco y me quejo constantemente, eso me impedirá vivir el día normalmente, porque el dolor me resta interés, ilusión y capacidad de trabajo y de comunicación. Pero si lo acepto, pongo los medios adecuados para reducirlo, pero no permito que sea el centro de mi mente el dolor, ni le dejo que se haga el señor de mi vida, sino que lo margino y pongo mi atención en lo que estoy viviendo, el dolor irá disminuyendo o le iré ganando poco a poco la partida, hasta que se me pase o se reduzca. Claro que si persiste, tendré que ir al dentista cuanto antes, pero la lucha con el dolor es una tarea importante en la que hay que intentar salir victorioso, para que no nos gane la atención y nos desgaste emocionalmente.

Todos conocemos gente quejita, a la que siempre le duele algo o le pasan cosas malas. Esas personas que se autocompadecen, son como pequeños ladrones de la felicidad de los de alrededor. Roban energía, agotan y ellos siguen tan satisfechos porque siguen mal, pero no quieren que se les pase. Y esto ocurre con la enfermedad, con las penas o con las dificultades. Hay gente que ha nacido para sufrir, para tener dificultades y regodearse en ellas, para que todo y todos le salgan mal; esa gente se siente mal en las celebraciones alegres, porque viven con el temor de que, cuando todo parece que va bien, es que va a llegar algo malo. Otras personas, en cambio, cuentan con alegría lo que les va bien y minimizan las desgracias o dificultades de la vida. Con esto que explico no quiero decir que personas que están en dificultades extremas, no tengamos que volcarnos en ayudarles y facilitarles la vida todo lo que podamos. Es más, creo que cuando uno gasta parte de su vida en facilitar la vida a otros, en entregar su tiempo para mejorar el de los demás, su vida se llena de sentido, de misión y de compasión, sintiendo la alegría profunda que ayuda a estar todavía mejor consigo mismo y a que todo lo negativo suyo lo lleve mejor, porque se asoma a otras realidades.

Dentro de unos días, en mi familia, celebraremos la Feria de la Tapa. Nos juntamos hermanos, hijos y nietos y en esta celebración tan aparatosa, en la que concursamos con los pinchos más divertidos, ingeniosos y ricos. Nos reímos un montón, aunque el primer premio es horrible y nadie lo quiere, también llevamos premios para entregar por la creatividad, la celiaquía, la exquisitez, la originalidad y todo lo que se nos ocurre. Todos somos jurado y concursantes, hacemos trampas, nos reímos… Hasta hay campañas turbias buscando el voto y andamos todos con la ilusión previa de inventar la super-tapa. El año pasado ganaron unas piruletas de queso, servidas cual flores en un jarrón. También se llevaron premio unos pinchos sanfermineros, de una navarrica, muy elaborados con pimientos con morcilla y no sé qué mas, simulando el toro y el torero. Había que echarle imaginación para acertarlo y para crearlos, pero pasamos una tarde estupenda y andamos todo el año preparando la fiesta.

La celebración y la fiesta ayudan a sacar a pasear al niño que llevamos dentro. Y nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz, es decir, que siempre estamos a tiempo de mejorar nuestra capacidad de jugar, festejar y gozar. El otro día en una reunión de catequesis a padres e hijos, los niños pedían a los padres que no fueran tan serios y que jugaran más, ya que siempre estaban ocupados o preocupados. Ahora se va perdiendo la celebración del domingo y los vamos a acabar convirtiendo en días normales. El domingo es un día en el que se celebra que somos hijos de Dios, que tenemos tiempo para estar en familia sin prisa, para juntarnos en la cama padres e hijos, para perder el tiempo no haciendo nada, o jugando a gozar de las pequeñas cosas o celebrando la maravilla de la naturaleza, de los amigos, de cocinar juntos, a dar un paseico con un hijo y hablar con él en privado, hacer una actividad conjunta y alguna en la que se dedique a un hijo la dedicación especial que necesite según su edad. Pero celebrar el ir al cine, no lo convirtáis en rutina, celebrar el hacer juntos unas pastitas, pero sin dejar que el “zafarrancho doméstico” rompa la fiesta familiar, que luego se recoge todo en un voleo y lo que se ha logrado ha sido especial e importante.

Celebrad el primer diente que se pierde, el estreno de cole, el aniversario del noviazgo, de la muerte del abuelo, de lo mayor que se está haciendo el hijo que se ha hecho la cama, el que los niños pongan la mesa, aunque se les rompa un plato (¿no vale el niño mucho más que el ajuar?), los éxitos escolares y laborales, los momentos religiosos importantes y los tiempos litúrgicos… Celebrad la vida porque es un gran regalo al que solo tenemos que poner el lazo cada día o en cada situación. Acostumbrad a la familia a caer en la cuenta de todo lo que tenemos que celebrar; id educando en la contemplación, en la profundidad de vivir la vida con intensidad, con consciencia y en clave de agradecimiento.

Cuando montamos una meriendita con excursión, con los cuatro chinos de la tienda de enfrente y otros niños que se añaden, les regalamos una celebración de la vida por que sí, por querernos, por ser amigos, por disfrutar juntos. En mi escalera hacemos fiestas de vecinos y cada uno bajamos al portal algo de comer, de beber o de sentarse y compartimos las viandas, charlamos y nos queremos y, siempre que terminamos

de cenar se propone que no se tarde mucho en volver a celebrar otra fiesta. Y estos encuentros nos acercan unos a otros, liman tensiones, facilitan relaciones, ayudan a olvidar pequeñas rencillas y nos dejan el corazón más vecinal, más cercano, para encontrarnos en el día a día y para ayudarnos a vivir, que llevamos 43 años viviendo en la misma casa.

Los cristianos tenemos muchas celebraciones y es importante vivirlas con pasión y elegir las que sean más de tu estilo y te dejen el alma más en Dios, más amorosa y más feliz. Porque hay algunas celebraciones que son grises y repetitivas y no te cambian nada el corazón. Somos responsables de buscar para nosotros y para los nuestros aquellos espacios que te fortalezcan la fe, ilusionen con Jesús y te sientas comunidad, para juntos construir el reino de Dios, que eso sí que es la gran celebración que llegará el día que todos nos tratemos como hermanos.

Bueno, chicos, que brindo porque sois mi gente y me ayudáis a celebrar la vida. Os quiero mucho Mari Patxi.

Frenar, sostener o empujar

Anoche me sorprendió un señor de setenta y tantos años, de buena presencia y alto nivel profesional y académico, que ingresaba en un albergue para transeúntes, alabando las delicias de su reciente separación, pues aunque había perdido todo lo material había recuperado, al fin, su libertad…!…¡

Sin pararme a analizar el caso, recuerdo a varias compañeras mías que tras su viudedad han recuperado jovialidad, optimismo, apertura y compromiso… sin dejar de lado su nostalgia, su morriña y su soledad, pero me planteo yo ¿qué pasa con el matrimonio? Realmente es una relación que nos hace crecer o es una entrega que nos minimiza, que nos reduce el mundo y el horizonte, que nos quita las alas y nos produce un egoismo-generoso hacia los nuestros nada más y que nos aleja del mundo.

Siento yo mucha lástima cuando tiene que “pedir permiso” a su pareja para alguna actividad o cuenta con temor al otro lo que en su ausencia vivía con entusiasmo… Si nos unimos a la otra persona para ayudarle a que se cumpla y para cumplirnos nosotros, para hacer cada uno realidad la historia personal, aquella que Dios tiene pensada para cada uno de nosotros, que es la plenitud, el ser cada uno el mejor yo posible y empujar al otro y a cada uno de los que viven con nosotros a que lo consiga… ¿Por qué ese temor a plantear los propios deseos y las propias necesidades? Luego habrá que pactar, llegar a acuerdos, equilibrar las necesidades personales a las necesidades comunes y esos tiras y aflojas que dan forma a la cotidianidad matrimonial.

Jose Luis Martín Descalzo decía que hay tres tipos de pareja o de cónyuge. Uno el que frena, otro el que sostiene y otro el que empuja. Cuando uno se casa con alguien que le frena, le empequeñéce, será alguien egoista, egocéntrico, partidario de la felicidad barata que acaba recortando los sueños más grandes de la otra persona. Su vida se resignará a la mediocridad y no desarrollarán ni su faceta relacional, ni la espiritual, ni la de compromiso con el mundo.

Si uno comparte su vida con alguien que le sostiene, se sentirá apoyado en los momentos malos, fortalecido en el dolor, acompañado durante toda su vida e invitado a
la comodidad, a cuidarse los dos y cuidar la familia así, como está, de unida y de feliz. Pero esta persona será insuficiente como compañera para alguien que sueñe vivir en plenitud, para quien tenga el alma llena de esperanza.

En cambio, la pareja ideal es aquella en la que los dos empujan, que junta a dos multiplicadores, que se hacen cómplices de la realización plena del otro y le empujan a ser más, a estirar su alma. Son parejas que están vivas, que viven sus gozos y sus sombras y de todos ellos saben sacar lo positivo. Son matrimonios con los que se está agusto, que le abren a uno el corazón hacia la humanidad, que empujan a los suyos a ser felices y a construir esta sociedad nueva donde todo ser humano pueda alcanzar su plenitud.

No conozco ninguna pareja que lo haya conseguido del todo, pero sí conozco muchas que lo intentan. Que algunas veces se frenan un poco el uno al otro; que también tienen tentaciones de sostenerse, acomodarse, mediocrizarse, pero que dentro de ellos sienten el empuje y el entusiasmo de los hijos de Dios, que les dinamiza y les vuelve más amantes, más padres, más ciudadanos del mundo y más relajados, abandonándose en sus brazos de Padre.

Mari Patxi Ayerra

Religiosidad o espiritualidad

Querida familia al completo: Con las cosas que nos están ocurriendo últimamente, he decidido que hoy voy a ser menos pudorosa y voy a contaros cómo la relación con Dios fortalece para vivir mejor la vida y poder con las dificultades que, por cierto, ahora las tenemos y de muchos modelos. Del mundo espiritual se habla muy poco y en algunas familias se vive en opuestos extremos religiosos, desde el más radical ateísmo, o alergia a todo lo que huela a Dios, de unos, hasta los que practican con gran fervor, unos ritos que tienen poco que  ver con la experiencia espiritual.

Y lo más curioso es que algunos cambian de situación, según les venga la vida. Cuando hay una muerte o una enfermedad, unos se enfadan con Dios, “que permite esas cosas”, como la tía Ángela, que pone boca abajo al cuadro religioso de su mesilla, y solo le nombran para reprocharle, o echarle la culpa de todo lo malo que ocurre en el mundo. No piensan que nos ha hecho libres y que depende de nosotros, de nuestras acciones, alimentación y forma de vida el que alguien enferme o se cumpla en él el proceso natural que va de nacer a morir.

El otro día Maite contaba lo bien que les había venido no casarse, para beneficiarse de las ayudas a las madres solteras y así, conseguir llevar a sus tres hijos a un colegio religioso, junto a su casa. Pero como sus hijos quieren hacer la primera comunión, como todos los niños de su clase, les han bautizado unos días antes y así han hecho dos fiestas familiares, una por el bautizo y otra por la Primera Comunión. El colegio les está dando una educación religiosa a sus hijos, que ellos ni complementan ni contradicen en nada…

Cuado falleció el padre de Pedro, dejaron muy claro que “pasaban de lo religioso”, para no hacer un funeral, pero pidieron que algún creyente dijéramos unas palabras durante la incineración y se ofrecieron a hacer ellos mismos alguna lecturas del evangelio, ya que sin ello resultaba muy frío el acto.

Mientras, las abuelas se juntan para ir a San Judas, a pedirle por todos los problemas de la familia; los viernes de principio de mes van al Cristo de Medinaceli, fielmente, con la misma misión y, además llenan su casa de lamparillas y estampas, que pretenden asegurar vuestros éxitos en exámenes y dificultades. ¡Ah! Y, a todos, os han regalado un San Pancracio, que preside sin pudor vuestros hogares, para que os vaya bien la economía.

El bueno de Carlos ha pedido a sus hijas que, cuando la abuela les acueste, que viene muchas noches, cuando a ellos se les complica el horario de trabajo, no le dejen rezarles y, si lo hace, que ellas le hagan burla, para que así “no les coma el coco”, con las cosas de Dios.

También me llama la atención la formalidad y fidelidad de toda la familia a todos los funerales y actos religiosos, mientras intercambiáis risitas maliciosas, tras los ritos. Me sorprende que la mayoría os casáis por la iglesia, porque luce mucho más el vestido y la ceremonia. Me disgusta que muchos niños vuestros puedan hacer la Primera y la última Comunión el mismo día. Me cuesta veros en las celebraciones religiosas, mascando chicle, en esa postura pasota de quien tiene que soportar un acto social absurdo y desconocido.

Pero lo que realmente me duele es que muchos de vosotros, la mayoría, no conozcáis a Dios y su propuesta de vida, ya que con El se vive la vida mejor y la llena de seguridad, entusiasmo, sentido y misión. Si tuviera más confianza, me gustaría tener una sentada íntima. sobre este tema, con cada uno de vosotros, pero como no la tengo, os escribo esta carta desde el fondo del alma. A ver si tengo la suerte de que me salga clara y concreta. Veréis, ser cristiano es tener la certeza de que Dios es tu Padre, que El es todo Amor y, por eso, solo amando podemos conocerle y disfrutarle y que en lo que se debería notar que somos sus seguidores, sería en que lo vivimos como El, a pleno pulmón, sin condiciones, sin freno y sin medida.

Dios nos quiere y nos conoce a cada uno. Como decimos en un salmo, tiene cada uno de los pelos de nuestra cabeza contados, conoce cada célula y neurona de nuestro organismo, cada pensamiento y palabra aún antes de pensarla o decirla. El nos ha hecho únicos e irrepetibles y no hay dos personas iguales. Tiene para cada uno de nosotros un sueño de plenitud y felicidad y nos impulsa hacia ello. Y cuando oramos o celebramos juntos, nos vamos animando unos a otros a intentar esa vida abundante y esa felicidad completa. Dios se hizo hombre en Jesús para contarnos que El tiene una historia de Amor personal con cada uno de nosotros y cómo lo único que nos invita es a vivirlo, a querernos mucho a nosotros mismos y a los demás de la misma manera.

Dios nos da las pistas para vivir en el evangelio y en el fondo del corazón, porque somos personas habitadas. Dios está dentro de cada uno y, cuando se vive la vida en comunión con El, en diálogo constante, se siente la gran fuerza de su Espíritu que impulsa por los adentros, que invita a ser más osado y a amar más, que quita los miedos, susurrándote que no temas porque El estará contigo hasta el fin de los días. Dios potencia lo mejor de cada persona y llena la vida de sentido y de misión, proporcionando una alegría desbordante, una sensación plenificante y un dinamismo interior que le vuelve a uno cada día más grande, alegre, coherente feliz, sosegado y confiado, en la seguridad de su Amor y su presencia.

A este Dios que os cuento, muchas veces se le presenta de forma enfermiza, como un juez controlador e implacable, como un ente mercantil, al que le ofreces algo y te concede lo que le pides, o como un ser lejano todopoderoso que nos controla, castiga e infantiliza y nos premia o condena según nos comportemos. En cambio el Dios del que nos habla Jesús es un Padre/Madre que nos amó primero e incondicionalmente y que tiene para cada uno de nosotros un gran sueño de felicidad y plenitud. Yo creo que nos vendría bien desaprender lo religioso. para poder avanzar en lo verdaderamente espiritual, en experimentar a Dios en nuestra vida cotidiana.

Pero vivimos rodeados de tantos ruidos exteriores e interiores… Estamos dispersos con tantas cosas, con tanto exceso de información y de actividad, que no resulta fácil sumergirse en el silencio, que sabemos lleva al equilibrio, que ayuda a que todo en la vida se vaya encajando, que desnuda y vacía para poder después sentirse pleno y lleno. Por que, si haces silencio podrás encontrarte a ti mismo; si perseveras te liberarás de ti mismo, pero, si sigues es posible que halles el Amor, que es Dios. Cuando uno consigue hacer silencio se da cuenta de su propia prisión, de lo que le impide ser y dejar fluir el tanto amor que uno posee dentro, para experimentar el gozo completo.

Me gusta escribir todo esto porque me hace repensar mi cristianismo y revivir mi apuesta por el evangelio. A estas alturas de mi existencia he vivido tantas horas con El que siento que me da fortaleza interior para exprimir la vida, para comprometerme en el cambio del mundo, para disfrutar de los hermanos, para sorprenderme de las pequeñas cosas, para dar menos importancia al poder y al tener y para entender de qué va realmente  la vida. Dios nos invita a ser cada día más libres y con sentido crítico, serenos y fuertes, sencillos y austeros, sin estar jamás de vuelta de nada, atentos a las necesidades del otro, y sin quejarnos de ninguna tontería nuestra.

No me gusta mucho cómo os estoy contando estas cosas que son tan importantes para mí, quizás os resulte rollo o “marisabidilla”. Lo único que querría conseguir con mi carta es animaros a disfrutar de Dios que, como el sol, sale para todos, es gratuito y revitaliza. Y a regalárselo a los hijos, que es el mejor tesoro que les podéis dejar de herencia. Yo después de escribiros, doy gracias a Dios que me pone en comunicación con vosotros. Ahí va un abrazo Mari Patxi

Revista Humanizar.

Lo sencillo

Queridos todos: El tema de este mes me apasiona. Soy de las que apuesto por la calidad de vida y quiero huir de la mediocridad somnífera en la que se instala mucha gente, viviendo una existencia sosa, incolora e insípida, sesteando una forma de vivir rutinaria, con cada día igual al anterior, corriendo sin saber tras qué, sin entusiasmo, sin ilusión para poner color a la propia persona, a la vida, a la familia, al trabajo, al ocio, al hogar, a las relaciones, a la fe, al descanso…

Creo que sestear la vida e ir por el mundo “tirando” en vez de recogiendo y aprovechando lo que cada día nos trae, es un pecado me discutía una compañera que la vida es mucho más triste que alegre, dura que agradable, lucha que disfrute. Y yo le rebatía, convencida de que hemos nacido para ser felices y que tendremos que dar cuenta a Dios, al final de nuestra vida, de los placeres que no hemos disfrutado, de los buenos ratos que hemos roto, por dejadez o por falta de interés en ser felices o en contribuir a la felicidad de los de alrededor.

La verdad es que vivir una vida plena, una existencia de calidad, no tiene nada que ver con el tener sino con el ser. Por más que nos venden, por todos los frentes, que son los objetos los que nos dan felicidad, o el ser el primero en tener lo último, o el redecorar la casa, o los kilómetros de aventura que recorremos, lo cierto es que una vida de calidad, de armonía interior y plenitud, es aquella en la que vives de acuerdo con tu proyecto personal, en la que guardas todos los días un rato para reflexionar cómo quieres vivir, cuando gastas tiempo en los demás, cuando trabajas aportando a la sociedad lo mejor tuyo, cuando practicas la justicia en pequeños detalles laborales, familiares, sociales, cuando compartes, parte de lo que tienes de más, con los que sabes que no tienen lo necesario, cuando amas gratuitamente, es decir, a fondo perdido, sin esperar que el otro te corresponda, sino aceptándole empáticamente, permitiéndole ser distinto a ti y expresar sus afectos, como puede y como sabe. Y por último, cuando vives la vida como una fiesta y se la haces festiva, agradable y divertida a los demás; si, además, todo esto lo vives acompañado con la presencia y fortaleza de Dios, que nos pone las pilas, nos impulsa la misericordia, la justicia, el sosiego y la ilusión y nos da pistas para vivir una existencia apasionante, entonces ya es el colmo de la felicidad y la plenitud.

El otro día leía que en el mundo hay dos grandes potencias; una es EEUU y la otra soy yo, o eres tú, vaya, con tus capacidades personales y posibilidades, siempre que las pongas al servicio de lo mejor para ti y para los demás. Tenemos posibilidades autodestructivas y adormecedoras o potenciadoras y plenificantes. Pero cada uno elige las que quiere usar. Cuando todas van armónicamente dirigidas hacia la excelencia, expresión que tanto utiliza la otra gran potencia mundial, conseguiremos para nosotros y para los demás una vida de calidad, una historia interesante, una existencia fructífera.

Bueno, no vayan a pensar que estoy hablando líricamente de la vida, como si estuviera en una nube y no recordara que estamos en plena crisis económica. No, es precisamente porque estamos viviendo un momento duro y difícil, porque hay que apretarse el cinturón, porque vamos a tener que bajar nuestro poder adquisitivo y renunciar a lujos que, a fuerza de tenerlos habitualmente los hemos convertido en necesidades y sin los que podremos vivir a nada que nos lo propongamos.

La crisis puede ser una oportunidad de crecimiento, un momento para compartir más, para vivir atentos al que necesita lo que a nosotros nos sobra, para ser más austeros y vivir con menos, para comportarnos con los otros como si fueran nuestros hermanos, es decir, que nuestra familia no sea solo la que consta en el libro de familia, sino que abramos nuestro corazón y nuestra economía y posesiones a vecinos, a amigos, a organizaciones, al mundo en general. Ojala esta crisis nos haga cuestionar el sistema de vida, despertar y retornar de ese camino de ida, que llevábamos hacia el tener y volvamos al del ser, al del estar. Que recuperemos la comunicación, el compartir, el trabajar creando, el hacer familia, el tener ratos para la pareja, para los hijos, para la amistad, para el ocio casero y natural, sabiendo renunciar a cosas como el coche, las exquisiteces gastronómicas, o los mil archiperres que nos han encarecido la vida y llenado de esclavitudes.

Hace falta cubrir las necesidades básicas propias y ajenas, pero cuidado con los deseos, que son imposibles de satisfacer, como pozos sin fondo, que tiran de nosotros para hacernos creer que necesitamos mucho más de lo que tenemos, para una vida digna y de calidad. Frenemos la prisa, el gasto loco, el despilfarro contagioso, el lujo que se nos ha colado en la vida cotidiana y amemos más, adivinemos lo que necesita el otro y compartamos, reciclemos, acojamos, pidamos y ofrezcamos. Invitemos en casa, ya que comer fuera es un lujo, juguemos una partida de cartas, montemos una tarde de cine doméstico (con palomitas mejor), inventemos un ocio en transporte público, recuperemos los paseos, la contemplación, las tertulias, el préstamo de libros, música o cine, las excursiones a la naturaleza, la visita a exposiciones, parques y zonas de nuestro entorno, que nos seguirán sorprendiendo. Y también dejemos ratos para no hacer nada, que es tan sano y relajante.

Este es un momento sagrado e importante para conseguir una vida de calidad, unos encuentros profundos, unas redes sociales sólidas que nos ayuden a entusiasmarnos con esta nueva etapa de bajón económico y de subidón de lo principal, lo importante, lo bello, lo sosegado, lo sagrado y lo gratuito. Que Dios nos ayude a hacer la revolución del Amor, que es en definitiva lo que estoy escribiendo. Ahí va un abrazo.