ABUSO Y ACOSO… STOP!

Estas dos palabras, por desgracia, las escuchamos constantemente en los medios de comunicación y en la vida cotidiana. Antes eran impensables, casi desconocidas y ahora, cada día más, forman parte de nuestro vivir, de las noticias diarias y de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Todos hemos oído hablar del acoso escolar y de cómo sufren niños y jóvenes esta barbaridad que se está produciendo en los colegios, centros de trabajo y universidades.

Y el abuso, antes pertenecía a la intimidad de la persona, pero ahora se está dando entre niños, en cualquier espacio donde interactúan seres humanos. Se abusa de familiares, de niños, de trabajadores, de mujeres en cualquier lugar y de otras personas indefensas que tenemos alrededor.

Y detrás de todo esto hay una actitud humana importante, que está basada en la forma en que se ve la vida, las cosas y los acontecimientos. Dicen que cultura es educar la mirada para ver lo belloLa persona se diferencia del animal en que pone belleza en todo lo que hace. Por eso, para su necesidad de alimento, tenemos la gastronomía, que consiste en embellecer los alimentos. Y así, como a un animal le da igual que su comida esté tirada en el suelo o roto, como el arroz roto que se les da a los perros, a los humanos, nos gusta más un plato decorado, con los huevos fritos con puntilla, el arroz enmoldado y el tomate decorándolo alrededor. Para la necesidad de guarecernos del frío, tenemos la decoración y nuestras casas están adornadas y envueltas en belleza y no solo nos quitan el frío, sino que, además, ponemos belleza en nuestro entorno y decoramos nuestras habitaciones con gusto y con estilo. Para la necesidad de reproducirnos tenemos los humanos, el amor y el erotismo, con el que embellecemos nuestras relaciones sexuales. Para la necesidad humana de arroparnos, tenemos la moda y el estilo, que es también poner belleza en nuestro vestir y variedad y véase cómo vamos todos de bien vestidos y diferentes, hombres y mujeres, con gusto, con colores, con formas, según los consejos de la moda y de las tendencias de cada temporada o época. Los animales, en cambio, con su piel pasan toda la vida, sin cuidarla ni embellecerla. Nosotras, las mujeres y cada día más los hombres, tenemos además el maquillaje y cuidado de la piel, por lo que, cuando queremos estar estupendos, nos decoramos el rostro y la piel, para estar más atractivos y seductores, algo impensable en los animales, que se atraen por instinto y el olor, sin más medios que embellezcan su estado.

Curiosamente, cuando una persona está mal de ánimo o de equilibrio personal, no sabe o no puede poner belleza en su entorno y, cuando alguien está deprimido o desequilibrado, suele tener desorden alrededor y caos, incapaz de poner una flor en su mesa de estudios, o un cuadro o un adorno que lo embellezca y suele ir descuidado o poco limpio, en su cuerpo, como síntoma de ese malestar, que le hace llevarse mal con la belleza.

También el ser humano sabe poner belleza en el lenguaje y los hay que prefieren las palabras soeces y malsonantes, antes que el vocabulario correcto y normal con el que nos comunicamos habitualmente. Además, hay quien habla de forma bonita y musical, que sabe poner belleza en su lenguaje y hace atractivo su mensaje y su forma de comunicación. Todos somos capaces de instalarnos en el léxico grueso, pero elegimos expresarnos bien y con cierta estética, pues su contrario suena peor, a pandilla, a banda, a querer subrayar la diferencia entre los que hablan de una manera o de otra.

Todos aprendemos a comunicarnos y a ver de un modo o de otro. Y elegimos ver la belleza o la parte oscura de la vida. Al elegir a nuestros amigos, nos influye su lenguaje, si coincide con el nuestro o no. Los jóvenes se unen por su lenguaje común. Vivo yo frente a un instituto y compruebo cómo los adolescentes dicen burradas a los del sexo opuesto, para llamar la atención y para demostrar su diferencia con el entorno, como si quisieran ver lo menos bello de la vida, como si sus palabras gruesas rompieran el amor y ese deseo que tienen sus hormonas, en plena ebullición, del sexo opuesto. Les gusta provocar y así autoafirmarse. Necesitan sobresalir de la pandilla por sus barbaridades y así parece que en vez de seducir, lo que hacen es espantar, alejar y crear rechazo… Pero esa es mi opinión y, si se lo preguntáramos a ellos, igual pensarían todo lo contrario a mí.

Bueno, pues en esa necesidad de poner belleza en todo lo que hacemos, es algo en lo que tenemos que educar, algo que se aprende poco a poco en la vida familiar, en el colegio, con los amigos y en el entorno. Hay personas muy educadas y correctas, que, en cuanto se juntan con otros de su mismo sexo, se vuelven horteras y eligen palabras malsonantes y burdas, con el fin de impresionar, demostrar algo o simplemente presumir. En la base está la falta de respeto: esencia del maltrato, con estructuras abusadoras y acosadoras donde te lo esperas y donde no te lo esperas.

Pero el lenguaje es un tema social. Lo contagiamos todos y si hablamos bien las mujeres de los hombres y, al revés, y si sabemos decir lo bonito de la vida y expresar el cariño, y hablar bien de los tuyos, en vez de en tono despectivo y con hartura, pues pondremos belleza en nuestra familia y en nuestro entorno. No sé por qué, jóvenes majos, buenos hijos, que, en cuanto se juntan con su panda, hablan mal de sus viejos, como con desprecio y usan expresiones como “me la suda”, en vez de “me da lo mismo”, o estoy hasta los co…, en lugar de “estoy cansado…”

Y este lenguaje malsonante tiene mucho que ver con los acosos y los abusos, pues con el lenguaje se respeta al otro… y a uno mismo, ya que la imagen que uno da hablando soezmente no le gustaría a nadie verse grabado… Bueno, quizás no esté siendo muy adecuada, pues muchos jóvenes hacen burradas que luego disfrutan viéndose en video a sí mismos, hechos una pena y deshumanizados. Es extraño que estos chicos quieran provocar, en un momento de la historia en que se oyen estas expresiones en cualquier programa televisivo y se oyen zafiedades pueriles, que en muchos casos sonrojan a algunos espectadores. Ayer, frente a mi balcón, había un grupo de adolescente jugando y, cada vez que pasaba una chica, miraba desafiante a los chicos y les decía, “Putos, ¿qué miráis?…” Era una venganza, una provocación o una reivindicación femenina…, me pregunto yo, analfabeta de esos lenguajes.

Aún así, yo estoy segura de que se siente mejor uno cuando se expresa con belleza que cuando habla mal, agrediendo a otros, descalificando o desvalorizando. Pero la familia tiene mucho que ver en cómo se tratan ambos sexos. Hay familias donde se desprecia a la mujer o hay una agresividad encubierta hacia el género masculino y eso luego se refleja en la calle, en las pandillas de jóvenes, en clase y en el ocio. La verdad es que urge más educación infantil y de los padres, que tenemos que conseguir educar esa mirada que vea la belleza, que la valore. A los animales les da igual estar todo el día sobre sus excrementos, en cambio, afortunadamente, las personas tenemos otro lugar para depositarlos y preferimos estar en espacio limpios y bonitos, rodeados de belleza y bienestar.

Y parece que el lenguaje no tiene que ver con los abusos, pero se empieza hablando mal, faltando al respeto y luego ya se utiliza al otro como una cosa, en vez de como una persona. Desgraciadamente, nos rodean situaciones de abusos y de acoso y tenemos todos que hablar de estas cosas en la vida familiar, en la mesa, en las tertulias y en todo lugar, para tener posturas claras, educativas y embellecedoras de la vida y del entorno. Porque la capacidad de la palabra para comunicar emociones no se limita al uso que hacemos de ellas para brindar apoyo a alguien en situaciones difíciles. Podemos decirnos a nosotros mismos palabras bonitas al levantarnos, tener un discurso interior positivo, de cariño, de potenciarnos, de animarnos y de felicitarnos incluso por algunas cosas conseguidas. Y, además, si se las regalamos a los demás, vamos generando un entorno de bienestar para todos, de buen rollo familiar, en la pandilla, en clase y en todos los grupos donde estemos. Además, cuando uno habla bien, se siente mejor, porque el cerebro se adecua al lenguaje y cuando decimos la palabra peligro, el cerebro se pone alerta y se alía con nuestra tensión para estar a la defensiva. Es como los que siempre están mal y hablan mal de todo, instalados en la queja, que al final se deprimen y hasta su postura corporal expresa su malestar con la vida y con todo lo que ocurre alrededor. 

Acosar es importunar al otro, molestar, perseguirle para conseguir algo. Y muchas veces chicos y chicas se acosan mutuamente o un grupo decide acosar a alguien porque es un poco diferente, en lo que sea, o porque es más listo, o lleva gafas, o le cae bien al profesor… y los compañeros deciden perseguirle e incomodarle y hacerle la vida imposible, para que pague caro el precio de la preferencia del profe. En otros casos se acosa a una chica, por guapa, o por cutre, o por lo que sea, y se hace lo mismo, enviarle mensajes por el móvil, mandarle cartitas en clase, o descalificarle constantemente, con el fin de que se sienta mal consigo misma y cambie de postura, de actitud o de imagen… Acosar es tratar al otro como una cosa, no como una persona, es interferir en su vida, tomándose unas libertades que no les corresponden y hacen daño a la persona físico o moral. Y este acoso se da en la vida laboral, en la escolar, en los barrios y en todos los lugares. Desgraciadamente, cada día es más frecuente conocer el caso de niños o mujeres acosados o perseguidas, por algún grupo o persona que ha decidido hacerle la vida imposible y lo malo es que en demasiados casos llegan a conseguirlo.

Y abusar es tomar de la persona algo que ella no quiere darte, como un abrazo, una caricia, una intimidad y se produce entre hombres y mujeres o entre chicos, o en cualquier otro grupo humano, de la misma forma que el acoso, pero este suele ser en intimidad, en el mundo laboral, de forma oculta o engañosa. Es frecuente “cobrarse en carne”, favores laborales, ascensos, privilegios y acciones cotidianas. Una persona le da algo a otra, cobrándose el precio que él decide, abusando de la fragilidad de la otra persona, de su cuerpo o de su sexualidad.     

Vivimos en un momento de la sociedad, en el que se paga por vender la intimidad de los demás, en el que los programas de televisión ofrecen dinero a quien cuente intimidades de famosos o a quien muestre el cubo de la basura de alguien y luego hacen sangre de ello y le dan vueltas y más vueltas hasta descubrir la verdad y los horrores de cada persona en su intimidad. Y, desgraciadamente, eso es contagioso y se hace en la vida normal con los amigos, los compañeros, los vecinos y se ve tan natural hablar mal de alguien y contar sus penas y averías, que nos deshumanizamos, sin acompañar con cariño la vida de los que nos rodean, sino hablando morbosamente de sus heridas y de su cubo de la basura. Y es que todos tenemos maravillas y basuras, pero no es lo primero que enseñamos, sino que tenemos pudor para lucirlo y nos da apuro que se vean nuestras miserias, pero hay programas que todo su argumento es pasearse ante las miserias humanas, con desprecio y superioridad, en vez de acariciarlas y acompañarlas con ternura y compasión.

Es hora de tomar posturas claras ante estos comportamientos tan negativos. Vamos a cuidar la belleza que nos rodea, en el hablar, en la forma de dar noticias, en el trato a los demás, en el entorno en general, en el bolso, en la cartera, en la habitación, en la imagen, en la mesa de trabajo, en el cuarto de estudio y en todos los lugares que habito, a ver si cada día soy menos animal y me hago más humano… y más divino, si cabe.

yo_nosotros

Hasta la próxima Mari Patxi

ABANDONARSE Y ABANDONAR

Hoy el tema es serio y nos toca mirarnos hacia adentro. Enseguida sabemos cuando alguien ha abandonado algo o se ha abandonado en alguna parcela de su vida. Lo solemos decir cuando ha dejado de cuidar alguna actividad, o de aceptar compromisos. Lo normal es que cuando una persona está bien en equilibrio y armonía se haga cargo de su propia vida. Pero ocurre que personas que están mal de ánimo y fortaleza, dejan un trabajo, o el cuidado de la casa, o su arreglo personal y su dejadez es reflejo de su falta de ilusión en la vida y en las cosas normales: de alimentarse, descansar, asearse, embellecerse, cuidar la estética y el orden en su entorno.

Cuando una persona está deprimida, uno de los primeros síntomas es el desarreglo personal, el desorden que le rodea o la dejadez con la que trabaja, sea cual sea su trabajo, laboral o doméstico. La persona se diferencia del animal en que pone belleza en todo lo que hace. Por eso a los animales se les echa de comer, pero a las personas nos gusta más que el plato esté adornado y el huevo frito con puntilla. Y lo curioso es que en cada una de nuestras necesidades ponemos arte y belleza. Para la necesidad de comer tenemos la gastronomía, para la de guarecernos del frío tenemos la decoración, para la de arroparnos tenemos la moda, para la necesidad de reproducirnos tenemos el amor, y para la de comunicarnos tenemos la palabra, las cartas y la música y para comunicarnos con Dios tenemos la fe, la oración.

De niño, la responsabilidad de la propia vida la tienen sus padres. Luego, empieza a decir: “yo solo” y se quiere cambiar el pañal y comer solo e ir haciendo las cosas por sí mismo. Hasta que llega un día en que ya es autónomo e independiente, pero responde de sus actos y aprende a cuidar su aseo personal, su ropa, su orden, su imagen y sus cuartos. Los mayores son responsable de su alimentación, hasta que ya, de joven, quiere independizarse y se hace responsable de sí mismo. Se hace independiente e intenta ganar dinero para cubrir sus necesidades.

Las ilusiones y motivaciones que muevan su vida, le ayudarán a ir haciéndose cargo de sí mismo y de lo que le rodea, a nivel doméstico, alimenticio, de ropa, casa, cama y demás. Pero enseguida se nota si vive en abandono, si se va dejando caer y no se arregla igual, si le falta aseo, alimentación o descanso, y es importante recordarle que necesita dormir, comer adecuadamente, descansar, despejarse, relacionarse y vivir bien.

Algunos adultos se abandonan cuando pierden la ilusión por su familia o por su vida laboral y comienzan a dejar de lado su aseo, sus relaciones, su comunicación con la familia y en otras parcelas de su vida. En los albergues están las personas que viven en abandono: han perdido un trabajo, o se les ha roto la pareja, o están separados de todos los suyos y el propio dolor les lleva al abandono físico, social, humano y espiritual. Cuando una persona se siente abandonada, tiene un dolor profundo y cuando falla la familia, uno se viene abajo y no encuentra el espacio donde vivir y se siente como perdido. En muchos casos se refugian en la bebida o en compañías que no les hacen bien y su abandono suele ser mayor, por su falta de higiene, de limpieza en la ropa, de habilidades de relación y de modales.

El abandono puede ser físico, emocional o espiritual y uno deja de cuidar su aspecto corporal, sus relaciones o su comunicación. Mucha gente, que ha tenido una experiencia fuerte de Dios y vivido en amistad con El, la abandona por algún percance de la vida o por agobios, y vive alejado de El, por lo que pierde una fuente de equilibrio y bienestar que antes le hacía bien. Menos mal que Dios siempre anda por ahí, esperándonos y nos va tendiendo manos para que recuperemos la amistad con El.

El abandono relacional o social es una parte bastante peligrosa de la vida, que ocurre cuando se tiene excesivo trabajo o se está muy volcado en alguna tarea de la vida, y deja de frecuentar a los amigos, familiares, compañeros y personas que antes le hacían la vida más bonita y llevadera. Muchos, por exceso de trabajo laboral o doméstico, dejan a un lado a las personas y se sienten incompletos.

Hay un abandono social, que es cuando en las calles están las papeleras rotas, las colillas y papeles en el suelo y las bolsas de plástico volando por los jardines. Es un abandono general, pues lo que es de todos, al cuidado de todos se encomienda y todos somos responsables de que esté limpio y cuidado nuestro entorno. Cuando estamos rodeados de desorden y suciedad, nos desarmonizamos por dentro. Es como lo que les ocurre a los adolescentes, que tienen tal caos mental interior que su entorno lo refleja y tienen desorden en los libros, los papeles, la ropa, la habitación y hasta la cartera, porque están así de descolocados por dentro. Y al madurar, consiguen un orden y armonía exterior que expresa lo bien que van estando por los adentros.

Hay personas que saben cuidar lo común y las hay que destrozan lo de todos, e igual rasgan la tapicería del autobús, que rompen una papelera, o queman con los cigarrillos un banco del jardín, o hacen una gran pintada en un espacio público. Todas estas personas viven abandonando los servicios comunes. Yo me pregunto cómo serán en su casa, si pintarán en las paredes de su salón algún grafitti o si tendrán todo sucio y desordenado. 

También puede haber abandono en la sanidad, cuando hay demasiada gente y no pueden llegar a todo y te dan una cita urgente para dentro de ocho meses, y tú, que tienes una avería, te sientes fatal, porque crees que no se ha tomado más interés la persona que te ha hecho la gestión. Afortunadamente, estos servicios van mejorando.

Hay un abandono sano, que es el de ir dejando cosas. Tenemos necesidad de tener cosas, de acumular, de acaparar y es muy bueno mirar lo que uno acumula en casa o en sus estanterías y empezar a despojarse de cosas: algunos libros que ya leíste, o que tienes repetidos, alguna música, que ya no escuchas o que le podría venir bien a alguien, alguna ropa, algunos zapatos,.. porque, sin querer, vamos acumulando cosas y cosas y, como dice una japonesa, Marie Kondo, en su libro LA MAGIA DEL ORDEN: hay que ir ligeros de equipaje y que las cosas enferman en las casas y sus dueños también, por tener tanto. Dice que es bueno ir tirando, o dando, o compartiendo con otros, e ir recuperando espacios libres, estantes, cajones y paredes, para sentirse más libre y más desahogado… Yo lo estoy intentando, pero no lo consigo del todo. Tengo más papelotes de los que me va a dar tiempo a leer, más camisetas de las que usaré y más libros de los que puedo releer en toda mi vida.

Es misterioso el ser humano. A veces te da una pena tremenda despedirte de una bobada, un adorno, un broche, o un cuadro, que te recuerda a alguien o que tiene para ti un sentido especial y no lo quieres dar por nada del mundo. Nos gusta acumular recuerdos, fetiches, bobaditas y cosas mil. Pero no sabemos bien por qué. Pero hay que aprender a abandonarlas y quedarnos más ligeros de equipaje, pues nada de lo que tenemos nos lo vamos a llevar en el último viaje.

Hay que abandonar viejos aprendizajes, que no nos sirven para ser libres, sino que los arrastramos por costumbre o por fidelidad a nuestra biografía y que no valen para nada. Todos tenemos alguna manía oculta que decimos que “no podemos soportar…” y sería bueno que la abandonemos y nos vayamos liberando de ellas.

Pues ya no se me ocurre qué más contar del abandono, del que tenemos que huir y el que tenemos que conseguir. No abandonemos a algún familiar, o a parte de la familia, o la pandilla, o de los que tenemos alrededor de la mesa de trabajo. Pero abandonemos las excesivas cosas que tenemos en la estantería, los cajones, los papeles, la cartera, el bolso, el armario y la casa en general, para ir más libres por la vida y más ligeros de equipaje. A mí, personalmente, me ha venido bien toda esta reflexión. Hasta la próxima.

Un abrazo. Mari Patxi

NACIDOS PARA DISFRUTAR

Este tema me apasiona, es algo en lo que pongo mucha atención cada día, en disfrutar al máximo de todo lo que la vida me ofrece y en animar a otros a que disfruten, pues mucha gente vive una vida gris, sosa, incolora, atentos a hacer siempre lo que deben hacer, las obligaciones y se les escapan los pequeños detalles preciosos de la vida, como es el amanecer, que esta mañana, por cierto, estaba en rosa y gris y era una gozada desayunar viendo moverse las nubes en esos tonos pastel. Disfrutar del relax que produce el colchón, en el que se desparrama nuestro cuerpo y pierde todo el cansancio del día anterior, o el calor de las sábanas alrededor del cuerpo y la luz que entra a rayas, por la persiana, cuando amanece, y sentir el calorcito del agua de la ducha que limpia y refresca nuestro cuerpo al caer, y el agua fresca al levantarse, que desatranca tuberías y conductos de la respiración, y el placer del café mañanero, que calienta las entrañas y y parece que se le siente recorrer el cuerpo y refrescarnos… y así tantos y tantos detalles de la vida cotidiana, que son para disfrutar, que nos alegran la vida y que muchas veces pasan sin que apenas nos demos cuenta de ellos, sin que caigamos en la cuenta de su existencia.

Dice el Talmud (sabiduría rabínica de los tiempos de Jesús), que todos tendremos que rendir cuentas de los placeres legítimos que hayamos dejado de disfrutar. Y la realidad es que hemos nacido para disfrutar, y que gozar es más una actitud mental que un conjunto de circunstancias); el disfrute es, en realidad, más una elección que una casualidad. Todos sabemos que unas `personas gozan de la vida mucho más que otras. Y los que disfrutan de la vida más, no están necesariamente más dotados ni son más afortunados, sino que, sencillamente, algunos han preparado sus programas internos para gozar de la vida, mientras que otros parecen empeñados en la lucha perpetua por abrirse camino en ella. Nos despertamos cada mañana con esa programación mental: a gozar de la vida o a lucharla. Esta programación fue instalada en nosotros en los primeros años de nuestra vida: fue el resultado de las sugerencias de los de alrededor y de los comportamientos aprendidos.

Hemos nacido para ser felices, no para ser perfectos, ni eficaces, ni para responder a lo que los demás esperan de nosotros. Es necesario analizar las causas que nos impiden disfrutar. Cada cual debe explorar sus espacios internos y entrar en contacto con las razones que pueden disminuir nuestra capacidad de gozo. Para algunos puede tratarse de un mensaje directo de la infancia de que la vida no está hecha para disfrutarla. Los mensajes que recibimos durante nuestra infancia tienden a seguir sonando de por vida dentro de nosotros, a menos que los identifiquemos y los saquemos a la luz. “La vida es lucha. No se debe estar mano sobre mano. El mundo es cruel : ”Piensa mal y acertarás, Mira tu hermano qué bien lo hace…”

A veces nos autocastigamos recordando todos y cada uno de nuestros errores. Llevamos un meticuloso inventario de nuestros fallos y, aunque Dios nos los perdone, nosotros no podemos perdonarnos jamás. Es como si nos hubiéramos juzgado y hubiéramos grabado nuestros fracasos en cada músculo y célula de nuestro ser. El complejo de culpa es sin duda una de las causas que más nos impide disfrutar y contra el que tenemos que luchar la mayor parte de los seres humanos.

Las víctimas del perfeccionismo viven una “trayectoria suicida”, ya que les priva de la plenitud de la vida. Como no son perfectos, son un continuo fracaso. Y cuando el fracaso se convierte en el color de nuestros días y nuestras noches, se apoderan de nosotros el desánimo y la depresión.

Todos tenemos algún complejo de inferioridad. Todos tenemos áreas de inseguridad. La inferioridad es lo opuesto a la superioridad y al mismo tiempo siempre implica comparación. Nos confrontamos con otros y nos parecen más inteligentes, más guapos, más capaces o más virtuosos que nosotros. La comparación siempre es el comienzo de sentimientos de inferioridad. Y es casi imposible disfrutar de algo cuando no gozamos de nosotros mismos.

El planteamiento del “todo o nada” también puede minar el placer. Una parte de nosotros es buena y hermosa, pero hay otra parte que no se ha transformado. Una parte de nosotros es luminosa y otra es oscura; una parte crece y otra duda; una parte es amor y otra es egoísta. El planteamiento del “todo o nada” no conoce la palabra proceso. Todo tiene que ir completamente bien y en todo hay que sacar sobresaliente o, de lo contrario, todo se convierte en la noche oscura del alma.

Finalmente, deberíamos revisar nuestras premisas. Algunos hemos construido nuestras vidas sobre presupuestos irracionales. Por ejemplo, “no puedo disfrutar si estoy solo” (lo que le produce un miedo enorme a la soledad y está siempre buscando a los otros). “Soy así y no puedo cambiar” (le inmoviliza y le estanca). “Tengo que hacer todo bien” (y no puede perdonarse nunca un error). “No se puede vivir sin salud” (huirá siempre de la enfermedad, o la negará, o se sentirá infeliz al menor dolor de cabeza propio o ajeno). “La felicidad ha de ser completa” (la más mínima cosa le estropeará su bienestar y lo contabilizará en negativo).”Tengo que agradar a todo el mundo” (en cuanto alguien les cuestiona algo, sufren por no gustar….)

Si estamos pasando un día agradable pero permitimos que un pequeño incidente lo eche todo a rodar, deberíamos preguntarnos por qué lo hicimos. Si hemos disfrutado de una gran película y regresamos a casa descontentos porque nos ha costado caro el aparcamiento, deberíamos hacernos una reflexión sobre lo que nos impide disfrutar y nos hace poner los peros que nos disminuyen el gozo.

Si en un grupo caemos bien a todos los componentes menos a una persona, y nos sentimos mal por culpa de esa única persona, es necesario investigar y poner nombre a aquello que nos niega el placer. Todos sabemos que podríamos ser felices pero siempre hay un gran sí o un gran pero. Pues ya es hora de que eliminemos los peros de nuestra vida. Para ello sería conveniente analizar detenidamente los que ponemos de manera habitual, con el fin de poder ir disfrutando cada vez más del viaje de la vida.

Cuando la vida resulta difícil, podemos ser más felices y sentirnos mejor con nosotros mismos cuando asumimos la dificultad, porque LO IMPORTANTE NO ES LO QUE NOS OCURRE, SINO LO QUE PENSAMOS POR LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO. La clave para superar una adversidad en la vida es la aceptación sabia y humilde del problema. Al principio lo niegas y parece que no lo vas a poder soportar, pero después lo reconocerás y podrás aceptarlo, si quieres ser honesto contigo mismo y con la vida. Para llegar a la aceptación es necesario dedicar tiempo a la reflexión, a escuchar la voz interior, a poner nombre a los problemas y así hacer brotar la fortaleza interior que todos poseemos. Hay que saber buscar el núcleo de nuestra insatisfacción, sin huir, sin lamentarse, pero reconociendo lo que necesitamos.

Hay que poner cuidado en no malgastar energía en el rencor o en comentarios negativos, quejas y autocompasiones. Mi vida me pertenece.

ES DIFICIL VIVIR SIN DINERO O SIN SALUD,
PERO ES MUCHO MÁS DIFÍCIL VIVIR SIN ILUSIÓN.
Conviene recordar que somos peregrinos en el viaje de la vida y lo importante es saber disfrutar del trayecto. Hay que tomar la decisión de vivir aquí y ahora, sin dejar que la memoria invada nuestro presente. Así evitaremos nostalgias y vivir más preocupados que ocupados. Es de sabios gozar de las pequeñas cosas como paseos, amaneceres y puestas de sol, partidas de cartas, álbumes de fotos o una comida rica. y saber vivir con humor para descubrir el arco iris y la amistad.

Todos tendremos sufrimientos, pero hay que intentar disfrutar lo más posible en el viaje de la vida.
VIVIR ES UN ARTE… Y TU OBRA DE ARTE, ES TU VIDA.
Y si, además, saber vivirla acompañado de Dios, todo será más fácil y más pleno, ya que El nos impulsa a la felicidad, a la armonía y a la plenitud.
y recordar que el disfrute es más una elección que una casualidad personal, que hemos venido a la vida para gozarla, para vivir en plenitud, para saborear cada instante y ser lo más felices posibles. Pues, ¡ála, vamos a disfrutar de este instante, de este día que no volverá a pasar nunca más!… Verás como cada día puede resultar apasionante. Hasta la próxima revista Humanizar, Mari Patxi

Resurgiendo …

Este blog se interrumpió en enero del 2013, porque me operaron de un tumor cerebral el día 9 y mi vida se paró del todo. Desde entontes, estoy de médicos, de rehabilitación cerebral y de experimentos, a ver si llego a ser la misma de antes, que no tengo nada que ver.

No quiero dejar morir mi comunicación con vosotros y os cuento que el 30 de mayo me dieron el alta las neuropsicólogas del Hospital Los Madroños, de Brunete, un pueblo de Madrid, que me han tratado cada día, para ayudar a mi cerebro a ser el mismo de antes. Han hecho un gran trabajo, porque yo no soy nada fácil y no tenía ni idea de lo mal que estaba y me revolvía al comenzar mis clases de preescolar con ellas. Lo he pasado mal, las he odiado y querido al mismo tiempo y hoy estoy agradecidísima a su trabajo y constancia. Han luchado conmigo y contra mí y tras un combate de casi dos años, he salido airosa, con un montón de mermas, de esta batalla entre mi cirujano, mis rehabilitadoras, mi cerebro y yo.bienaventurados

Me han quitado el tumor y otras piezas que me hacían falta, como la glándula de la saciedad, que ahora como, como los perros, sin saciarme nunca y me voy a inflamar infinitamente, estoy cansada casi siempre y antes era rápida y activa y ahora también me han “lentificado”, es decir, que tardo en responder a todo un montón e impaciento a los de alrededor. También he perdido la memoria de trabajo y estoy desorganizada y caótica, por eso es un triunfo que hoy haga caso al blog y os cuente cómo estoy y los pasos que voy dando.

Bueno, también voy dando pasos, domésticos pocos, que estoy un poco vaga y “me dejo cuidar”, pero he escrito un libro contando mi experiencia de enfermedad, con Jose Carlos Bermejo, el director del Centro de Humanización de la Salud, que escribe la teoría y yo la practica y una oración. Se va a titular ESTOY ENFERMO y la idea es que pueda ayudar un poco a quien esté en situación como la mía.

También voy escribiendo alguna cosilla más y he dado algunas charlas y algún retiro, que no me han salido mal del todo. Necesito demostrarme a mí misma que sé, que recuerdo y que mi corazón y mi cabeza están llenas de vida como antes, pero no es muy fácil verlo, porque me despisto y se me olvidan las cosas.

Mi familia, que ha sufrido lo indecible conmigo y me han llenado de ternuras y cuidados, sigue creciendo, ya tengo 6 nietos y hemos estado unos días de vacaciones todos juntos, los 14, y he disfrutado como una enana. Tengo morriña de familia y ganas de encuentros, de hijos y de nietos. Es como aquello que dicen: “No es lo malo que enfermó, sino los mimos que cogió”… Pues eso me ocurre a mí, aunque queda un poco mal por lo mayorcísima que soy.

Otra dificultad que me ha traído la enfermedad es que me han dejado sin carnet de conducir y, para mí, mi cochecito me llevaba a todos los sitios y era muy cómodo y el transporte público me cansa mucho más y me hace todo más complicado.

Bueno, ya os he contado cómo estoy. He interrumpido toda mi vida pública y, a partir de ahora, no sé qué voy a hacer con mi vida. Tendré que inventar mi horario y mis ocupaciones. Creo que seguiré asistiendo a mis clases de formación permanente en teología, que me hacen mucho bien y a no sé aún qué cosas más. Me apasionaba mi vida anterior en la que escribía, daba charlas, encuentros, retiros, ejercicios espirituales, animaba grupos y valía para casi todo. Tenía dinamismo vital y podía con la casa y con lo de fuera. Ahora, tras este paréntesis, tendré que esperar a ver para qué sirvo o en dónde estoy. Me pondré en manos de Dios, que es desde donde he vivido hasta ahora y El me ha ido dando pistas para elegir mis tareas, para que siga dándomelas y me lleve de su mano.

He cambiado también de correo electrónico, que ahora es maripatxi2@gmail.com y todo lo demás creo que sigue igual. Ya sabéis donde podéis encontrarme, para lo que necesitéis. Os mando un abrazo desde la mitad de este verano del 2014. Mari Patxi

Calidad de vida

Queridos hijos, nietos y demás parentela: Hoy me vais a permitir que os escriba la carta de la abuela, ese papel que anda por ahí, amarillento, y que se relee en algunos momentos No me quiero poner marisabidilla ni melodramática, pero las cosas que ocurren entre nosotros y alrededor, me hacen alejarme un poco para mirar desde la distancia y tranquilizaros, esperanzaros e incluso felicitaros.

Ya llevamos un tiempo largo de quejas, lamentos y desesperanzas, de crisis, rescates y apuros económicos, de miedos laborales, reducciones salariales y alargamiento de jornadas. Pero hay que reconocer que, en medio de todo este secarral están brotando hojas nuevas que parecían no existir, pero estaban ocultas tras la anterior opulencia, bienvivir, derrochar y tener por tener, o ser lo que se tiene.

Os he visto vivir muy bien, sobradamente bien diría yo. Habíais convertido en normal todo lo extraordinario. Estabais familiarizados con el lujo, la supertecnología, los viajes insólitos y las experiencias más alucinantes. Hemos celebrado eventos que, sin ser ostentosos, han acarreado mucho gasto, que compartido con otros, habría tapado agujeros importantes para vivir mejor más gente. Juntos nos hemos dado caprichillos que, no porque otros se los dieran mayores, dejaban de ser un lujo, en nuestras vacaciones familiares y en algún otro caso.

Yo misma, cuando cuestiono mi vida con el evangelio, siempre me encasquillo en el joven rico y en el que “no se pueden servir a dos señores”… Bueno, pues compartiendo fallos vitales, caigo en la cuenta de que son granitos de arena que forman la playa, o gotas de agua de este mar que, a nivel mundial, está en plena marejada de derroche, crisis, tragedia y caos colectivo. El baile que estábamos bailando no nos sirve y hay que danzar otras danzas, aprender otros pasos o buscar otras pistas. Tenemos que reilusionarnos colectivamente con otros comportamientos que nos hagan pensar globalmente, que nos hagan sentir en plural, que nos lleven a actuar solidariamente con los que viven duramente porque en el reparto injusto de la vida, se les ha robado lo esencial, lo básico y hasta su dignidad.

Hay que echar creatividad a la vida cotidiana para abrir caminos nuevos, ya no de mejorestar, sino de más bienestar para todos. Y afortunadamente, en este momento de la historia me llena de esperanza encontrar los brotes positivos que ha traído esta crisis que nos envuelve y caigo en la cuenta de que se han creado nuevas organizaciones solidarias, actividades ecológicas y comportamientos de cuidado del bien común. El 15 M fue una explosión de solidaridad y de justicia que anda por ahí, como las flores que nacen rasgando el cemento, demostrando su vitalidad, fuerza y posibilidades. No apaguemos los sueños de los que quieren vivir atentos a los necesitados, desconformes con la injusticia y las diferencias sociales.

Nuestra capacidad altruista aflora en los tiempos difíciles. Y, aunque en algunas personas la estrechez le lleva a la mezquindad, cada día hay más personas, organizaciones y “empresas con corazón” que se han sensibilizado con la desigualdad social y están trabajando y compartiendo para que haya de todo para todos. Gente, mucha gente que antes vivía indiferente a la pobreza, está hoy luchando activamente para que todo el mundo cubra sus necesidades básicas. Ha surgido un gran movimiento social y una sensibilización al compartir, al reciclar, a la austeridad como beneficio común. El paro y los recortes han afectado a tantas familias, que nos ha hecho responder a todos, despertar de ese adormecido bienestar y tomar posturas activas.

Sueño yo con que llegue un día en el que no consumamos más que lo necesario, en que caigamos en la cuenta que el cine es un capricho, el aperitivo un lujo, la moda y la redecoración del hogar una locura que nos arrastra para tirar las cosas nuevas y el deseo de ser el primero en tener lo último, una enfermedad social que perjudica a todos y que, sobre todo, genera diferencias entre unos y otros y nos hace competir, en vez de ser más hermanos.

Se están creando redes de solidaridad y confianza que permiten seguir creyendo en el ser humano. Me gusta la iniciativa de llevarse cada uno las sobras de su comida del restaurante; la de pasarse las ropas unos a otros y, para ello cuidarlas mientras se utilizan, con sentido solidario; la de reutilizar los libros; el apurar los lapiceros, el renunciar a caprichos gastronómicos, porque son un gasto que podría ayudar a cubrir lo necesario de otro; la de invitar austera y sencillamente; la de montar los cumpleaños en casa, o en el parque, unificando el regalo con un aporte mínimo de cada uno, que no dañe ninguna economía y beneficie al que deja de recibir un montón de regalos; la de aprovechar el espacio en el coche e invitar a compartir viaje a otros, por ahorro y bienestar común… y así seguiría infinitamente.

Estamos pasando de una época en la que se nos llenaba la boca de la expresión “calidad de vida” y perseguíamos la calidad de los productos, a otra en la que está brotando la calidad humana. Es la hora de la vida en común, de no dejar a nadie en la cuneta, de mirar al otro, fortaleciendo el cuidado de los vínculos entre las personas, rehaciendo relaciones, echándonos una mano unos a otros, escuchando las necesidades que antes no oíamos porque estábamos distraídos en nuestro vivir bien y tener más. Vivir solidariamente es la gran transformación individual y social que urge adoptar como estilo de vida y que pueda hacer recuperar la esperanza a los caídos en esta batalla.

Este verano, mucha gente se ha quedado sin vacaciones. Bueno, no es que no haya descansado, igual es que sólo ha dejado de viajar o alejarse obligatoriamente de su vida habitual, pero es posible que muchos hayan disfrutado más que otros veranos corriendo tras su cámara de video, que inmortalizaba la experiencia cumbre de visitar la otra punta del mundo. Quizás este año haya disfrutado del vivir la vida cotidiana sin reloj, de echar una partida en familia, de leer un libro despaciosamente, de decir el cariño, de redescubrir el entorno, la ciudad o el pueblo, de vivir sin prisas ni carreras el aquí y ahora de cada día y cada encuentro con la gente, la pareja, la familia, los amigos, los vecinos, los de siempre, que son aquellos que forman la historia personal. Igual hasta alguien ha resucitado un antiguo ocio de pintar, pasear, fotografiar, ordenar los álbumes familiares o visitar a personas, que en la vida normal no encuentra uno tiempo para cuidar bien las relaciones.

Y los hay que pudiéndose haber ido lejos, han elegido ayudar a otros a hacer una chapuza, a cuidar unos niños, mientras sus padres trabajan, a compartir la extraordinaria y así poder vivir mejor juntos el veraneo, a integrarse en una actividad social comunitaria o a entregar parte de su tiempo en ir a leer, un rato, a unos ancianos que están en grupo, pero se sienten solos.

Muchas personas este verano han acompañado a los que desahuciaban de sus casas, otros han participado en campos de trabajo que echaban una mano a personas en situación de necesidad, otros han colaborado en acciones sociales a favor de los más vulnerables, otros se han ido a encontrarse a solas con Dios, otros han acogido en su casa a niños que no podían veranear en su tierra… Y tantos y tantos que se arriesgan, participan, comparten y salen de su ombligo para ver qué necesita el otro y qué pueden tener ellos que les facilite la vida.

En junio, alguien propuso por la red que quien quisiera cambiar las cosas que saliera a la calle, un día concreto, con una prenda del revés… Daba gusto coincidir con alguien que también llevaba las costuras y la etiqueta al aire, pero no por despiste, sino por demostrar públicamente que se sentía comprometido con el cambio del mundo y quería colaborar en dar la vuelta a la tortilla de la vida. Era un pequeño gesto de solidaridad, como tantos que os estoy contando y que no puedo seguir por que no caben en mi carta, pero lo que sí estoy pensando, mientras os escribo, es que me voy a poner todos los días algo del revés, por fuera o por dentro, a ver si consigo que se me de la vuelta el corazón y viva cada día más atenta y comprometida con los hermanos. Y a ver si en familia nos vamos contagiando solidaridad unos a otros. Os quiero,

Mari Patxi.

Ya he vuelto

YA HE VUELTO, sin enterarme casi de nada, resulta que he estado más de un mes en coma, que he tenido a todo el mundo disgustado y que ahora hay que conseguir que aprenda todo lo que he desaprendido en estos meses. No me acuerdo de nada del pasado y casi de nada de lo de hace un rato. Tengo que ir 2 horas al día a rehabilitación cerebral, para recordar números, letras y expresiones. No puedo con mi alma. Me han lentificado y hago todo despacio, despacísimo, me tumbo por las esquinas y me canso de todo. También me han tocado la hormona de la saciedad y resulta que, coma lo que coma, nunca me sacio y sigo teniendo hambre.

 Muchos habéis llamado y no os han invitado a verme porque me lío en cuanto hay tres personas. Por eso han graduado nuestros encuentros, pero, por favor, dejádlos para más adelante, que os necesitaré para que me saquéis a dar un paseo o leerme un rato. A mis hombres los tengo tullidos. Doy mucha lata y a mi pobre marido le vuelvo loco de noche y de día…  Y mis hijos me sacan a pasear uno cada día y también les agoto… Me han prohibido conducir, con lo que me siento menos libres, pues el coche me hace sentir como un pájaro, que puedo volar a donde quiera y ahora no me muevo de casa. 

Me han dado unas semanitas de vacaciones en la clínica y ya me he ido una a Huelva, a casa de mi hermana Roncesvalles y hemos disfrutado, descansado y comido mucho pescaíto, que me encanta. Nos iremos este mes de julio una semana a la Manga, toda la familia, los 16, a esperar juntos
el nacimiento de Olivia, la próxima nieta y el curso próximo está en blanco, porque no sé cual será mi tarea ni qué lugar ocuparé en el mundo. Tengo que encontrarlo. No sé si algún día volveré a ser la misma, creo que no, pero os pido que me queráis igual, para ayudarme a ser. Mis hijos me piden mucho que me ría y es que se me ha quedado un gesto serio que me preocupa y no nos gusta
nada. Pero en el fondo del alma estoy contenta, de mi gente, de mi vida, de que siento que Dios acompaña este tiempo tan difícil y que descanso mucho en El. Espero que me siga ayudando a ser feliz y a hacer felices a los demás. Sobre todo a Joaquín, que le tengo muy preocupado y muy triste, al verme así, que parece que se me ha olvidado cantar con todo lo que cantaba yo antiguamente…

Os mando un abrazo bien fuerte a todos mis amigos, a los que os habéis molestado en leer mi curriculo con tanto cariño y a mi hijo Javier, que lo ha ido poniendo al día. Le paso esta carta para que la una a lo anterior.

Mari Patxi

Mejores noticias

Hola,

Esta mañana he estado con mi madre cuando se ha levantado. Hay que reconocer que se ha hecho la remolona un buen rato, y que nos ha costado, a mi padre y a mí, un mundo convencerla para que saliese de la cama.

Después de eso se ha duchado y vestido ella sola y ha desayunado bastante bien. A continuación ha leído los periódicos dominicales que había traído mi padre. Yo le he hecho especial hincapié en las letras más pequeñas y las leía bien, aunque al rato estaba cansada del esfuerzo.

Parece ser que la visión le ha mejorado con la operación claramente, pero todavía tenemos efectos secundarios. Entre ellos que está muy cansada y en cuanto puede se recuesta en el sofá a descansar.

Vamos a probar algún tipo de rehabilitación para ver si conseguimos que se recupere lo mejor posible. Ya os iremos contando.

Por cierto, a última hora de la mañana le ha dicho a mi padre que quería ir a misa, y se han acercado los dos a la misa del barrio. Esto también es buena señal. Lo que no sé es como habrá vuelto de cansada.

Un beso a todo el mundo.

Vuelta a casa complicada

Hola,

Desde el pasado viernes, mi madre está en casa. La verdad es que le está costando bastante acoplarse. Como ella dice, está un poco “lenta” de cabeza. Le cuesta hacer las cosas y tiene que pensarlas antes de poder ejecutarlas.

Además, algunas de las cosas que antes hacía con total naturalidad no le salen del todo bien. No sabemos que parte de estas cosas son debido a la intervención, y que parte son debidas a estar tanto tiempo en la UCI.

La verda es que no sabemos muy bien como ayudarla. No sabemos si es mejor darle un tiempo para que mejore, o es mejor buscar un sistema de rehabilitación que le ayude a mejorar lo antes posible.

En cualquier caso, estamos todos con ella, cuidándola e intentado que se sienta a gusto y se recupere lo mejor posible.

Un beso a todos y gracias por vuestro apoyo.

Nos vamos a casa

Buenos días,

No estoy con mi madre ahora mismo, pero parece ser que a lo largo de la mañana le van a dar el alta y enviarla a casa.

Está bastante mejor, pero todavía está un poco desubicada. Según nos han dicho esto puede deberse a los días que lleva en el hospital, y que en cuanto vuelva a casa mejorará mucho.

En definitiva, que empezamos una nueva etapa en el proceso de recuperación.

Estamos encantados con la idea.

Besos a todo.

Estamos casi de vuelta

Hola,

Le he pedido he mi madre que escribamos este texto a medias.

Le he preguntado como titularlo, y quiere poner “Estoy de vuelta”, pero yo creo que es mejor dejarlo en casi de vuelta.

Hoy está cansada pero cada vez se la ve mejor. Esta tarde ha ido al baño andando prácticamente sola, lo cual es un gran avance si tenemos en cuenta que ha estado casi tres semanas en la UCI y había perdido casi toda la fuerza en las piernas.

Le he pedido a mi madre que me dicte algo para contaros y dice lo siguiente:

Ya se han superado las palabras más gordas: ceguera, fallos de memoria, etc.

 

Me encuentro bien, extraña, y algo asustada. Asustada porque mi cuerpo pesa más de lo que yo creía, me cuesta moverlo.

 

Mis enfermeros son perfectos. Me tienen envuelta en una alfombra de amor y de ternura.

La verdad es que le cuesta un mundo decir estas cosillas, pero esta mucho mejor que estos días. Como hemos comentado siempre va a ser una cosa lenta, y tendremos que fijarnos en lo positivo de cada momento.

Un beso a todos.